
Un nuevo partido fuera de casa para el Madrid, una nueva victoria, un nuevo gol en contra y más minutos para ese centro del campo donde Kroos y Kovacic forman ese curioso doble pivote con el que sobrevivir a las ausencias de la imaginación de Modric y la contundencia de Casemiro. Como ante el Betis o como en los últimos minutos del encuentro frente a la Cultural fuera de casa, o como frente al Athletic en el Bernabeu hace unos días.
Esta vez, sin embargo, no funcionó. O al menos no igual de bien que en los últimos días, porque este Alavés, aun con la ausencia de Marcos Llorente, es un acorazado atrás: La defensa de cinco planteada por los vascos desconectó por completo a la BBC del partido, mientras que su presión y genial contragolpe a manos de un peligrosísimo Theo, aprovechaban la soledad del dúo croata-alemán en el centro del campo, castigaban cada concesión de una pareja de centrales que resalta en nombre pero no en coordinación y mordían en cada error de un desafortunado Danilo.
Así llegaría el primer gol del encuentro, donde una pérdida del brasileño (que recordó a sus peores días), unido a la pasividad de los centrales y una mala salida de Keylor dejaron la portería completamente vacía.
No tardaría el Madrid en empatar sin embargo, el primer penalti de la temporada dejó el empate en el marcador y (por fin) una diana de Cristiano tras varias jornadas de sequía, pero las sensaciones eran las mimas: El Alavés tenía estudiado el partido y los blancos no eran capaces de trenzar las jugadas como era debido, y encima Pepe se retiraba lesionado dando entrada a Nacho (candidato al premio Puskas). Pero claro, el gol había desatado a Ronaldo.
Mediada la primera parte, CR7 hizo lo que lleva repitiendo varias temporadas en la banda izquierda: Robo y pase de Karim, balón con espacio y misil tierra aire a la red…con rebote incluido. El gol del desempate no reflejaba lo que se veía en el campo, donde el Madrid sufría demasiado, pero daba un balón de oxígeno importante al equipo, que se iría al descanso por delante y con confianza.
La segunda parte comenzó con un apunte táctico importante: Isco abandonó la mediapunta y se colocó de interior izquierdo para volver a ese 4-3-3 que había fracasado frente al Eibar jornadas atrás, pero esta vez el socio del malagueño era Marcelo, no un Danilo a pie cambiado. Este movimiento tuvo varias repercusiones en el equipo: Primero permitió al equipo una salida más limpia, con Kroos ocupando en solitario la zona de mediocentro y con el juego volcándose en la banda izquierda, lo que activo a Ronaldo con ese dúo malagueño-carioca detrás, y exilió ligeramente a Bale en la derecha (que sin embargo sirvió para que bajara más en ayuda a un superado Danilo), pero dejó a los centrales desguarnecidos con tan solo el alemán cubriéndoles por delante.
Así, hasta la entrada de Morata, el partido veía como el Madrid era dueño y señor de la pelota, pero concedía demasiadas ocasiones atrás. Keylor se tuvo que lucir y Zidane dio entrada al delantero suplente de la BBC. Ahí acabó el partido.
Con el Alavés volcado a por el empate, Morata degustó los espacios y dio una dimensión nueva al equipo, que castigaba cada pérdida vasca con ocasiones claras, llegando a fallar un penalti Cristiano (la ley del ex, con Pacheco) y posteriormente cerrando el partido tras un pase Xabialonsesco de Marcelo que acabó en el 1-3. Ya finiquitado el encuentro, Cristiano cerró su hat-trick en otro contragolpe, y Lucas Vázquez entró para impedir que los ataques en la banda de Danilo dieran algún susto final.
Tres puntitos, líderes, y el nuevo quebradero de cabeza al perder a otro central. ¿Quien ocupará su central? ¿Lienhart? ¿Tejero? ¿Kroos o Coentrao más atrasados? Zizou lo sabrá.
