Hay una verdad, muchas veces escrita y no lo suficientemente repetida, que conviene no perder de vista antes de proceder a leer este sesudo mini ensayo sociológico. Esta verdad irrefutable basada en el empirismo se puede formular del siguiente modo: en España solo existen dos tipos de aficionados al fútbol, así en general. Están los que quieren que gane el Madrid y están los que quieren que siempre pierda el Madrid (antimadridismo) por encima de todas las cosas y ya, si eso, que gane el equipo por el que se tienen ciertas simpatías. Son las aficiones del Real Madrid Cf y del Anti-Real Madrid Cf. Aclaro que yo soy de los que pertenecen a la primera de ellas.

Mucho se ha dicho sobre la poliédrica afición del Madrid. Que si el piperío, el florentinismo, el antiflorentinismo, la grada, los ultras, los casillistas, los mourinhistas, etc. Pero poco se ha dicho de la afición rival del madridismo, la del antimadridismo. Nada extraño si pensamos que los que podrían hacerlo son antimadridistas de manual y copan todos los puestos de relevancia desde los cuales se imparte doctrina. Obviamente, Alfred Ouija jamás escribirá sobre el antimadridismo, siendo él uno de sus principales cabecillas. Hoy les aportaré mi humilde granito de arena al respecto. Se hace necesario conocer con quién nos estamos jugando los cuartos.
Anda el antimadridismo muy revuelto estos días (más que nunca, diría yo) debido a la sucesión de una serie de hechos a los que no terminan de encontrar explicación…racional, porque gilipolleces, ni les cuento. Unos son deportivos y otros no estrictamente deportivos. Estamos asistiendo a un rebrote febril de antimadridismo, cuyo inicio habría que datar justo el día en el que Cristiano lanzó el último penalti de Milán. A partir de ese instante, hemos asistido a todo tipo de argumentaciones, razonamientos, justificaciones y análisis. Unos rozaban la paranoia, otros la imbecilidad, otros el complejo, otros la rabia, otros el cretinismo, otros, repito, la suprema gilipollez. Y fuera caretas.
Y la grieta por la que supura la bilis no ha hecho más que agrandarse a partir de aquel día. Si no querían café, tomaron dos docenas de tazas. Los minutos noventaytres se han sucedido uno tras otro. Y después llegaron el Balonazo de Orazo, el Mundialazo y, para rematar, el TASazo. Válganos de ejemplo el último mundial de clubes para comprobar el modus operandi del antimadridismo.
Sabían que las posibilidades de que el Madrid ganase el título eran altísimas, así pues, se dedicaron a desprestigiarlo a priori, a pesar de lo cual no les importó mandar al evento a unos cuantos enviados especiales. Posteriormente nos vendieron que la final del domingo no haría que el personal modificase su rutina dominical. Pero hete aquí que, si uno se daba una vuelta por el twitter y otras redes sociales a esas horas de la mañana, resulta que todo el mundo estaba viendo el partido. Aquí es donde a mí se me escapa el comportamiento del antimadridismo; me resulta inextricable. Yo siempre quiero que pierda el Barcelona y no precisamente por estrictos motivos deportivos (pero ese es otro tema), pero no veo un puñetero partido suyo, ni así me aspen. Me entero de los resultados por el teletexto. ¿Ustedes consumirían un producto que les repele? No, ¿verdad? Pues algo parecido me pasa a mí. Solo veo lo que juega contra el Madrid y punto. Ya sé que es cosa mía exclusivamente, pero ése el motivo por el que no entiendo al antimadridismo en cualquiera de sus múltiples facciones y corrientes de opinión.
El partido lo estaba viendo todo quisque y supongo que la audiencia iría aumentando exponencialmente conforme se iban desarrollando los acontecimientos. Cada cual con sus motivos. Lo estaba viendo el madridismo (lógico) pero sobre todo y por encima de todo lo estaba viendo el antimadridismo por razones más obvias aún, al menos hasta que Cristiano marcó el cuarto.
Me imagino al antimadridismo, nervioso, zapeando de un lado para otro. Ora un aspirante cocinero, ora Jorge Javier, ora una pava del Gran Hermano, ora una peli de Chuck Norris, ora Jordi Hurtado, ora Juan Imedio en uno o varios canales… que sé yo. Con indisimulado temor, el mando a distancia marca el canal que televisa el partido del Madrid. Ya les digo, más o menos, minuto veinte de la segunda parte y aquello ardiendo. El antimadridista comienza a segregar todo tipo de fluidos corporales. Y como no hay nada más goloso para un antimadridista que un potencial hostión del Madrid, ahí los tendríamos a todos, pegados a la pantalla, a medio metro, como la niña de Poltergeist. Comiéndose las uñas, los muñones y apartando a empujones a la parienta que ha tenido la desgraciada ocurrencia de ponerse en medio, justo en el momento en el que atacaban los simpáticos japoneses, para reprocharle que estuviera todavía en calzoncillos a esa hora de la mañana y que sus padres les estaban esperando para comer.
Después pasó lo que pasó y la riada de bilis empezó a inundar las redacciones de los tebeos y las arradios, porque el asunto ya venía calentito después de los minutos noventaytres de la final de la Supercopa de Europa, del Sporting de Portugal, del Nou Camp y del Depor de la última jornada de liga que jugó el Madrid. Todo ello más el acumulado de la final de Lisboa y el BdO.
Ocurrió entonces que dicha riada, junto con otro material de desecho, alcanzó el nivel de los balcones de mi casa (y vivo en un 5º) y fue justo ahí cuando comprendí la enormidad del asunto. Fue justo ahí cuando el mundialito de clubes se transformó, para mí, en el Mundialazo de Clubes. Hasta ese momento, nunca le había dado demasiada importancia. Es más, de todos los títulos que disputa o ha disputado el Madrid este año, me parece el menos relevante. Hasta el domingo. Mi consejo particular es que si algunos de ustedes lo veían como yo, retranquéense y denle la misma importancia que el antimadridismo le ha dado. Toda.
No se engañen amigos, el Anti-Real Madrid Cf, al menos en España, es tan grande como el Real Madrid Cf. Es un enemigo formidable que nos pelea todos los títulos y que nos gana muchas veces. Algunas de ellas, no demasiado honestamente, la verdad. Es tan grande que tiene repartidas franquicias por toda España. Salvo Espanyol, puede que Betis, Málaga o Real Sociedad (quién nos lo iba a decir), casi todo lo demás, es suyo. El antimadridismo goza, además, de una sólida base intelectual alimentada desde diversas corrientes de pensamiento y opinión. Un enorme ejército de gente muy leída e instruida capaces de responder como un solo hombre.
Está el culeríonacionalismo, con sus periódicos, que borran abdominales, sus cadenas de TV y de radio, sus infiltrados en Madrid, su apoyo político a gran escala y su apoyo federativo. Con sus bolas calientes, sus conspiraciones y la flor de ZZ. Está el relañismo, con el As de la Ouija y sus informes, auditorias, balances y encuestas con estadísticas basadas en los últimos modelos de predicción. Con sus sesiones de ouijas. Y sus fotos de contraportada con señoras estupendas, de las de carne que rebota, y medio en cueros. Solo para gente inteligente. Están los gurús de salón que basan sus peroratas en horas y horas de meditación para decirnos que Bale no sabe jugar al fútbol, que Beckenbauer fue un jeta o que Red Bull se distribuye con frutas del bosque.
Más a más, tenemos al gurú dizque entrenador y pensaor, todo en uno, despotricando de los clubes como el Madrid, sin modelo y basado solo en el dinero, que están destruyendo el fúrbol, mientras que otras almas altruistas, como la de Pep, están intentando recuperarlo para humildes equipos como el City. Pensaores capaces de iluminarnos con aquello de que gol de Bale en Valencia estuvo mal o aquello de si quitamos el resultado, gana el Bayern. Creadores de escuela con alumnos tan aventajados como el Lobito Carrasco, Pacojemez, Juanmalillo u Onéismo.
Está el brotonismo, el giñakismo, el foutismo, el palomarismo o el pulidismo. Intelectuales que, sin alcanzar las altas cotas del gurú, están forjados a base de horas y horas de meditación, acodados en la barra de cualquier bar y al calor de gintonics de Larios con Cocacola. Capaces de dejarnos grandes frases para la eternidad: Song será más importante para el Barça que Modric para el Real Madrid; algo habrá hecho Benzemá; Zidane no pudó ganar a La Roda; Mourinho atropella viejas y se da a la fuga o la Cuatro solo da información. O ese otro as del léxico y la semántica que acaban de nombrar jefazo de la arradio del Marca. Sí, ése. El de monchito.
Está el wandanismo. Habituales mamporreros del culeríonacionalismo y dispuestos al trabajo sucio. Permanentemente cabreaos con el Madrid. Unas veces es el presupuesto, otras veces el árbitro, otras la suerte, otras las bolas calientes y otras el perro del vecino que vino y se lo comió. Otras subcorrientes del wandanismo son el abellanismo, el moleculismo o el franguillenismo. No desaprovechan ninguna tertulia y charleta para atizar, da igual el tema a tratar. Observen el peculiar caso de HijodeMamaMiró y sabrán.
Está el pseudoantiflorentinismo que dice ser madridismo antiflorentinista, motivo que le sirve para justificar su deseo a cualquier derrota del Madrid (sic). De su cabecilla, Mr Chis, siempre nos quedará lo de “a ver si les toca el Bayern y los mando para casa”…el muy madridijta.
Ahora con su permiso me explayaré un poco más. El caso lo merece. El Mundialito y el peculiar caso del manolismo, versión lamamista. “¡¡S’ha tirao, s’ha tirao!!”, clamaba y berreaba Manolito, mientras narraba el partido del Madrid contra los japoneses. Lucas Vázquez acababa de ser atropellado, dentro del área, por un simpático japonés con nombre de moto. Manolito no pudo reprimir su instinto primario y eructó lo primero que le salió de las entrañas. Manolito estaba viendo lo que todos ustedes y yo: Lucas emparedado entre dos simpáticos japoneses y poco más. Para ver, con detalle, lo que en realidad pasó, había que haber estado justo donde estaba el árbitro (o en los alrededores) o esperar la repetición. A Manolito le traicionó el subconsciente y gritó lo que cualquier forofo grita al árbitro de turno al atisbar la posibilidad de que éste pite algo en contra de sus intereses. Lo he visto muchas veces en el Bernabéu, “¡¡árbitro, penarti!!”, “¡¡árbitro, la hora!!” o el mucho más prosaico “¡¡árbitro, joputa!!” y similares. Gritos de forofos angustiados y horrorizados. Más que una reclamación, el Manolito parecía estar suplicando: “por favor, no lo pites, no lo pites, no me amargues el día”. Pero el árbitro sí lo pito. El manolismo se caracteriza por dar rienda suelta a sus instintos primarios aprovechando las retransmisiones en directo. Y tienen una gran clientela por motivos obvios. Dentro de esta corriente tenemos al pelopinchismo y al robinsonismo, capaces, incluso de insultar a algún jugador si se terciara la ocasión. Seguro que lo recuerdan: Isco y el pelopincho.
La desgarradora exclamación de Manolito advirtiéndonos de que Lucas s’había tirao fue seguida de comentarios variados de compañeros de Manolito de la redaccioncita de la Copecita, a mitad de camino entre la desolación y la rabia por tamaña injusticia. Maldinito, posiblemente el ser vivo que más partidos de fútbol se haya visto nunca jamás, exclamó: “no me lo puedo creer”, seguramente porque lo que acababa de contemplar era un hecho insólito de toda insolitez. Maldinito buscó en su cerebro obturado por millones de partidos de fútbol y no encontró nada similar. Ni tan siquiera en aquel Bután – Sri Lanka sub15. Un puñetero árbitro desconocido, pitando un penalti, ¡mecagüentó! “¡Qué vergüenza, qué vergüenza!”, se le escuchó a otro fulanito. Y así, todos ellos, periodistitas profesionales. Extraños sujetos comportándose como ultras forofoncitos incapaces de reprimir sus instintos. Incapaces de esperar unos segundos para ver la repetición de la jugada. Y llegó la repetición. No vimos sus caras, pero nos las imaginamos. El ejperto arbitral se hizo el lonchas: “puede ser penalti”. Puede.
Finalmente, amigos/as, observen la paradoja. Unos periofilfas españoles clamando y exigiendo justicia porque a un equipo español le habían, teóricamente, favorecido. Insólito. Observen otra paradoja, quizás aún mayor. Es muy posible que un resultado favorable del Madrid favoreciese los intereses comerciales de las empresas que les pagan. Pues ni por esas. Son las maravillas que solo el antimadridismo es capaz de conseguir. Solo me queda por añadir que dentro de esta corriente hay que reseñar la existencia de una escisión: el manolismo carroñista que es igual que el manolismo lamamista, solo que ya no intercambian fluidos corporales.
Está el resentidismo. Solo dos palabras: los ex. Siempre hablan de que los tiempos pasados fueron mejores. Curiosamente, son los tiempos en los que ellos jugaban. Supongo que un carguito en el club acallaría sus profundos resentimientos. Profundos pensamientos que van desde reclamar entradas (por la cara) para ver una final de Champions, hasta reclamar el papel de los canteranos porque son los que sienten la camiseta de verdad (dicho por un excanterano que se fue del Madrid por dinero). Capaces de abrazarse con un sujeto que ha comparado a su antiguo club con una piara de cerdos. Hablemos del mojabraguismo. Desconfíen de las cheerleaders. Son de jugadores, no de un equipo. Se fue Casillas y no fueron pocos los que desearon todos los males del infierno para el Madrid. Si el mojabragas es periofilfa, todo en uno, ya ni les cuento. En su despedida hubo hasta lágrimas. Hubo quien hasta llegó a las manos. Su ídolo nunca se equivoca y la culpa la tendrá otro. Cuando el ídolo se va o es vendido, se acabó el idilio. Hablarán y no pararán. En estos casos, actúan como unos antimadridistas más. El club les importa una mierda. Si les menciono a Diego López, sabrán.
Abordemos el caradurismo. Dicen una cosa aquí y allí otra distinta. Los hay que incluso van, inexplicablemente, al canal del Madrid a decir digo dónde dijeron Diego. Estos normalmente se guían por sus intereses particulares. Allí dónde haya algo que rascar, allí estarán. Pueden montar una campaña en favor de la renovación multimillonaria de tal o cual jugador. A contrario sensu, te montan la inversa para perjudicar a ese otro que no les hace ni caso. Si les menciono a Gareth Bale, también sabrán. Les importará un carajo ir contra el Madrid si los chuletones a engullir así lo aconsejan. Y quien dice chuletones dice todo aquello que a ustedes se les pueda imaginar. Muy, muy nocivos. Sobran los ejemplos. Sí, ése, podría valer.
Está el cristobalismo. Corriente filosófica consistente en ganarse unos eurillos haciendo el gilipollas hablando pestes del Madrid. Para conseguir ambas cosas (forrarse y hacer el gilipollas) es necesario que haya un número indeterminado de gilipollas dispuestos a perder su tiempo y a comprar el producto. Haberlos, haylos, por lo que cristobalizarse puede ser muy rentable. Ahí tenemos el caso de Jorgito D’Alessandro que ha pasado de ser un gurú, dizque portero y pensaor de manual a engrosar las filas del cristobalismo, hablando tabernariamente de la sala de trofeos del Bernabéu. Debe ser que quiere que le llamen del Gran Hermano VIP. Tenemos al gorrinismo que es la facción grosera del cristobalismo, que ya es decir. Su cabeza visible es Risto Transfusiones. Han dejado para la historia aquello de que las seis primeras copas de Europa del Madrid están manchadas de sangre. Frase dicha por ese fulano con voz de pito y al que parece faltarle lo mismo que a Farinelli. Dentro del culeríonacionalismo es fácil encontrar a varios integrantes de esta corriente filosófica. Amparados por las tragaderas del público al que se dirigen, son capaces de las barbaridades que todos ustedes conocen y todas las que se puedan imaginar. Lo de las hienas y la foto del gorrino de Risto, entre otras.
Forofismo&Piperismo. Las dos caras de una misma moneda. Los que nunca ven nada mal y los que nunca ven nada bien. Los que justifican a cualquier jeta que se ha reído (y vestido) de esa camiseta y los que se parten las manos aplaudiendo a Totti y le niegan el pan y la sal a Cristiano hasta que le vieron tuerto, cojo y manco o la toman con Gareth Bale porque así se lo han dicho el relañismo, el gurú de turno o cualquier gilipollas de cualquier redacción. No son antimadridistas, strictu sensu, pero no se engañen, pueden ir al Bernabéu embutidos de bufandas, camisetas y gorros de cascabeles y pueden llegar a ser tan nocivos como el culeríonalismo o el relañismo.
Y hasta aquí hemos llegado. Una última reflexión. A pesar de todo lo malo del antimadridismo, no puedo negar un efecto positivo. Gracias a ellos, disfrutamos, esta vez sí, como gorrinos en chacos de mierda, y más que nunca, de esos inolvidables minutos noventaytres, de esos títulos y de esos B’sdO de Cristiano. Hasta el TASazo nos ha sabido a gloria bendita. Sin ellos, sin su bilis y su inferioridad, no hubiera sido lo mismo.

Muy bueno, una verdad como un templo
Grande. Pero corto. Solo hablas de la prensa. Habria que incluir aficiones, jugadores y arbitros.
Maestro!!! » Y como no hay nada más goloso para un antimadridista que un potencial hostión del Madrid, ahí los tendríamos a todos, pegados a la pantalla, a medio metro, como la niña de Poltergeist. » *slow clap*
Amigo Erzuru, no estás solo A mí me pasa lo mismo, tengo prohibido por el médico ver nada en lo que participe una camiseta azulgrana,,, Un abrazo.
Simplemente fantástico. No quitaría ni una coma…. Grande!
Genial, genial y mil veces genial