Me he propuesto hacer un resumen futbolístico de 2016 en forma de novela que une a todas las competiciones y jugadores en una misma historia. Pero en realidad este 2016 es el acto final de una maravillosa y bélica historia que tendría su inicio en mayo de 2008. Porque el 2016 se cerró de una forma magistral, con un giro de guion imprevisible. Con un final que dejaría en pañales cualquier producción de Hollywood. Solo me detendré un momento a introducir el año 2016, para meteros en contexto a alguno de vosotros que todavía andáis despistados. Porque es en 2016 que muere la rebelión Guardiolata. El pensamiento único. El secuestro del balón. La posesión infernal.

Corría el año 2008 con un Barcelona que había ganado su segunda Champions y se había dormido. Ronaldinho les enseñó a ganar, a sonreír, a dejar atrás ese sentimiento de rendición histórica ante el Real Madrid. Aquel fútbol de Rijkaard era en verdad hermoso (y lo dice un madridista). Pero no era dictatorial. Y es que se estaba germinando una rebelión que todavía no había aparecido en primera plana. Laporta hizo un giro inesperado de los acontecimientos y pondría a un Guardiola en el banquillo del Barcelona. Ya a partir de aquí todos conocéis la historia. Tan solo aclararé el concepto impuesto y cómo se perpetró. Esto no nace con el triplete. Se lleva a cabo con años de manipulación a jóvenes en el Masía. Lugar donde se les educa en un odio exacerbado a España y el Real Madrid. Ese caldo de cultivo generara unos capitanes dispuesto a morir por su equipo y contra su rival. No solo en el campo. Provocará una unión para conseguir el fin máximo de destruir a su enemigo. A todo esto se le añade un poder en la Real Federación Española de Fútbol en un movimiento que debería ser estudiado en Harvard por parte de Laporta y Gaspart. Cuando Guardiola llega al Barcelona, se encuentra con un club preparado para su total superioridad.
Guardiola cuenta con jugadores que han jugado juntos y conocen el juego que quiere hacer y que encima son los mejores del mundo en ese mismo juego, tanto individualmente como colectivamente. Su sistema de secuestro de balón, en el que llegaría al 80% de la posesión solo tendría un resquicio de debilidad. Algo así como ese hueco minúsculo de la Estrella de la Muerte donde Luke dispararía. Ese 20% podría ser muy molesto si el rival se encierra y sale a la contra. Quizás no contra rivales con déficit de calidad en sus delanteros, pero contra grandes europeos existiría el riesgo de chocar contra una pared y morir a la contra. Aquí es donde entran varios factores:
Un factor importantísimo y que eliminó la amenaza de ese 20% de la posesión rival fueron las faltas tácticas. Y es que eran pocas las veces que el Barcelona perdía el balón en movimiento dentro del campo al tener tan buenos jugadores de toque, pero al menos unas 10 veces tenían que soportar esos ataques brutales con todo el equipo echado hacia delante. ¿Cómo se consigue superar ese problema? Con la falta táctica sin sancionar con tarjeta. Ya que son 10 veces las que debes detener al equipo rival por las malas, el peligro de que un jugador repita falta y se vaya a la calle es grande. Pero ¿y si en esas 10 ocasiones solo te pitan 1 o 2 amarillas? Entonces has creado el equipo perfecto. 80% de la posesión, puedes hacer faltas tácticas y encima tienes a Frankenstein en tu equipo con unas piernas como buques americanos. Y si encima de todo eso el rival lo hace de puta madre, entonces, el árbitro cierra los ojos hasta 6 veces en tu área.
Estas victorias irían acompañadas de una locura generalizada en la sociedad que se echó a los pies de ese Dalai Lama vencedor del Real Madrid. El Antimadridismo vio entonces a un Dios que se elevaba por encima de los madridistas y les arrinconaba tras años de vagar por el desierto. Guardiola encima era un orador pésimo, un hipócrita que ni se molestaba en mentir con la clase de los grandes malvados del cine americano. Llegaba a una rueda de prensa y era capaz de tener la caradura de elevar a los altares a un rival inferior sin que creyera en sus propias palabras. Era capaz de esconder ataques brutales a los árbitros cuando se equivocaban de camino. Sentenciaba en cada rueda de prensa unos valores que nunca ha tenido ni él ni los suyos. Porque todo lo que decía era la verdad y si no estabas con él todo era mentira. Y su lugarteniente en el campo, Xavi Hernández, fiel guardián de la palabra de su maestro, así te lo expone ahora. Porque nadie hace historia si Xavi no da su consentimiento. El Chelsea de Di Matteo no hizo historia, el Real Madrid de Mourinho no hizo historia, ni el de Zidane lo está haciendo. Tampoco el Leicester ha ganado bien una Premier, por eso dijo que Guardiola iría a enseñar a los ingleses a jugar al fútbol. Porque ellos te dicen quién es el mejor jugador del mundo y de todos los tiempos y encima saben el futuro, porque no habrá nadie igual. Pero llegó 2016 tras muchas historias y temporadas.
Porque es en este año que todo ha sido destapado. Todo. Guardiola se marchó a un Bayern ganador de todo y en el que solo ganó en una Bundesliga donde desplumaba a sus rivales de jugadores. En Europa fue eliminado consecutivamente por equipos españoles. Más tarde iría al City donde gastaría más que nadie en fichajes y que terminaría el año, en la noche de Nochevieja, cayendo y quedando a 10 puntos del líder. Porque sin ese confort arbitral, Guardiola no ha sabido imponer ni su fútbol ni su sello personal. Porque solo hay tres equipos en los últimos años que han podido imponerse mediante la posesión. El Barcelona de Guardiola, la Selección española y Alemania. Y como todo ha tenido su momento y su final. Porque ha habido una generación de grandes jugadores de toque que pudieron llegar al secuestro total del balón. Los altavoces de la Posesión exageraron las victorias y llegaron a decir que solo se podía ganar de esta forma. Al final se llevó al fútbol a un fascismo que dejaría el Nazismo en poca cosa. No se podía criticar ese tipo de juego y quien se saliera de esa forma de jugar era un hereje. Todo ello con el añadido de ocultar victorias con otros estilos de juego.
Pero 2016 ha sido un año cruel. Primero llegó el Madrid de Zidane que se repuso de un Estado Crítico y terminó ganando a la contra y con un juego muy vistoso la Champions y posteriormente Supercopa y Mundialito. Además con épica y con un fútbol de fe que le hizo imponerse en los minutos finales, llegando fresco.
También el Leicester ganó jugando al contragolpe la Premier. Encima este año el Chelsea de Conte está violentando a sus rivales con ese sistema que estaba prohibido por los gurús del fútbol español.
Entremedias vimos a Portugal ganando “de aquella manera” una Eurocopa. Y para colmo Guardiola naufragando en la Premier, aquel que iba a enseñar a los ingleses a jugar al fútbol. La guinda el Balón de Oro para el malvado Cristiano que ya le ha quitado 4 al dios del Universo y único jugador que será el mejor por los siglos de los siglos, venga quien venga y haya estado quien haya estado.
Pero la traición mayor del Pensamiento Único no vino de fuera, esa la perpetró Luis Enrique, que ha dotado al Barcelona de unos contragolpes que ya los firmaría en estos días Mourinho con su Manchester United. Esa es la mayor traición y lo que ha terminado por matar todo rastro del Guardiolato. Porque lejos del Barcelona, de España y Alemania en estos años, lejos de ellos no ha triunfado el juego de Guardiola. Los entrenadores como Wenger, Pellegrini o Paco Jemez le han emulado sin éxito.
Porque es un sistema de juego que necesita aquello que tuvo Guardiola. Unos jugadores con sangre en los ojos contra el Real Madrid y unos árbitros permisivos. Por ello, Guardiola nunca será el mismo que en ese Barcelona, será un Paco Jémez. Y por ellos Messi no será el mismo que lejos del Barcelona, ya lo hemos visto en Argentina o si se va a otro equipo.
