Crónica: Sevilla 3-3 Real Madrid | vuelta de Copa del Rey

Sevilla 3-3 Real Madrid: «El ADN no es una flor»

Sevilla 3-3 Real Madrid
Sergio Ramos celebrando su gol | Sevilla 3-3 Real Madrid

 

El partido de vuelta de octavos de final de Copa del Rey se presentaba a priori como un mero trámite, en el que además, vista la alineación incial del equipo hispalense, sin Mariano, N’Zonzi ni «Mudo» Vázquez, sin mucho más en juego que el orgullo de batir al Campeón del Mundo y de mantener el récord de imbatibilidad madridista.

Sin embargo, nada más lejos de la realidad. El partido tuvo un ritmo trepidante, en el que sobre todo la primera mitad, el Sevilla sacó literalmente del campo a base de coraje e intensidad ante un Madrid timorato y que acusó bastante la alineación de circunstancias que Zinedine Zidane presentó para afrontar este partido.

Un Sevilla arrollador y un gol tempranero:

Sin Modric ni Cristiano Ronaldo, en la capital por decisión técnica y sin Varane ni Carvajal ni tampoco Benzema, todos en el banquillo, como medida de descanso ante el próximo compromiso liguero, de nuevo ante el Sevilla en Heliópolis, el Madrid salió absolutamente descentrado. Entre el empuje sevillista y la falta de conexión entre las líneas madridistas, los primeros minutos del partido se jugaron prácticamente en el terreno de juego blanco, hoy de morado, embotellado en su área y sin apenas posibilidad de jugar la pelota.

De hecho, en los primeros cinco minutos ya tuvo trabajo Kiko Casilla, al repeler de puños un disparo lejano de Heredero, primero, y resolviendo con una estirada un disparo de Ben Yedder desde la frontal del área blanca. Y el gol, el temido gol tempranero con el que muchos esperaban que el Sevilla iniciase su remontada, se produjo.

Los peores presagios para el Madrid se produjeron cuando apenas llevaban transcurridos siete minutos y de la peor forma posible, cuando un gran centro desde la izquierda del área blanca por parte de Sarabia se fue envenenando. Ramos hizo por ir pero se vio superado por el esférico y entonces un desafortunado Danilo metió la cabeza para intentar despejar pero lo que hizo fue anotar el gol en su propia portería.

Aquello espoleó aún más a la afición sevillista, pero contrariamente a lo que podía entrar en el guión, lejos de acogotar al Madrid hizo que el equipo blanco, se asentase en el campo y empezase a tener más criterio y calma en el manejo del balón y a, como dicen ahora los expertos «todólogos» futbolísticos, comenzó a «proponer» su juego.

Si bien no se puede decir que el Madrid se hiciese dueño de la situación, lo cierto es que se sacudió bastante el dominio acuciante del que había disfrutado el Sevilla en esos primeros compases del partido, convirtiendo el monólogo hispalense en un diálogo apasionante, con alternativas para los dos equiops.

Así pues, el Madrid empezó a tocar de forma más pausada y a llegar al área sevillista. Primero fue Asensio, con un tiro lejano desde el borde del área que se marchó fuera por poco.

Unos pocos minutos más tarde fue Lucas Vázquez, con un disparo que se le fue alto. Dos oportunidades que metieron el miedo en el cuerpo al Sevilla, que a punto estuvo a punto de encajar el empate al llegar al ecuador de la primera parte. Ocurrió en el minuto 23, cuando Mariano se encontró con un rechace del portero sevillista, David Soria, pero el balón no quiso entrar.

La primera parte continuó con un continuo intercambio de golpes, con dos o tres oportunidades, a cargo de Ben Yedder y Toni Kroos, respectivamente, y aunque es cierto que el Sevilla continuó dominando, la sensación de que el empate podía caer en cualquier momento flotaba en el ambiente.

El gol de Asensio cambió el panorama en un partido loco:

La segunda parte comenzó de la mejor forma posible para el Madrid, cuando, con tan solo tres minutos transcurridos, una galopada de Marco Asensio por la banda izquierda del Sevilla acabó batiendo por bajo a Soria, Un gol descomunal del mallorquín,, que recordó mucho al ya mítico tanto de Bale en la Final de Copa del Rey de 2014.

Este gol supuso un jarro de agua fría sobre las gradas y el club sevillista, que con este tanto necesitaba ahora de cinco goles para eliminar al Madrid. Sin embargo, el Sevilla siguió en sus trece y, lejos de venirse abajo, empezó a achuchar nuevamente hasta acabar embotellando de nuevo a los blancos.

Este dominio no tardó en transformarse en el segundo gol del Sevilla. Apenas cinco minutos del tanto de Asensio, un centro desde la izquierda por parte de Escudero, rematadamente mal defendido por la defensa madridista, encontró al debutante Jovetic, que acababa de entrar en el campo sustituyendo a Correa y el montenegrino, totalmente solo, remató a placer, batiendo a Casilla.

Este nuevo latigazo, unido al paso hacia adelante que dio el Sevilla, ofreció al Madrid muchísimos espacios. Una circunstancia que fue rápidamente observada por Zidane, que aprovechó para realizar un cambio que dio bastante juego al Madrid. Entre el minuto 57 y el 64, el Madrid reemplazó a un agotado Lucas Vázquez por Kovacic y a Mariano por Carvajal, con lo que el centro del campo madridista gozó de más trabajo y la banda derecha, ahora con Danilo de interior y Carvajal, en el lateral, se convirtieron en un peligro constante.

El partido se convirtió entonces en un continuo correcalles, jugado de poder a poder entre ambos, con un constante intercambio de golpes. Así pues, Kiko Casilla sacaba un par de despejes espectaculares a sendos disparos de Jovetic e Iborra, mientras que Morata se dejaba el empate en una contra brillantemente hilada por la banda derecha, Soria sacaba con la mano un buen tiro lejano de Kroos y Rami estaba a punto de introducirse el balón en su portería.

Sin embargo, y cuando más peligro parecía que estaba llevando y más cerca parecía la igualada, en el minuto 77 un ataque por la derecha del Madrid, de nuevo muy mal defendido, permitía a Nasri entrar prácticamente hasta la línea de fondo. El futbolista francés logró rematar pero su disparo fue rechazado en corto por Casilla e Iborra, que seguía la jugada, remachó el balón desde el área pequeña, anotando el tercer gol.

Nunca se debe dar por muerto al Real Madrid:

Cuando todos daban por muerto y enterrado el récord de imbatibilidad del Madrid de Zidane, el Sevilla cometió un error que muchos equipos, incluido ellos mismos (como se pudo ver, por ejemplo en la Supercopa de Europa el pasado mes de agosto) han venido cometiendo históricamente ante el club blanco y es pensar que el partido estaba ganado.

El Sevilla dio un paso atrás, bien porque pensaba que todo estaba hecho o bien porque el Madrid volvió a sacar la raza y el espíritu competitivo que tantas alegrías le ha dado al madridismo, lo cierto es que el Madrid recuperó la pelota y siguió atacando con más criterio y con mucho peligro, especialmente por las dos bandas.

Por eso no sorprendió que seis minutos después del gol del Sevilla, una nueva llegada al área del Madrid dejase prácticamente solo a Casemiro. El brasileño fue derribado con un claro empujón por Kranevitter cuando se disponía a armar la pierna y, a pesar de las injustificadas protestas de los jugadores sevillistas, el penalti fue señalado por Undiano Mallenco.

Ante la ausencia de los tiradores habituales en el Madrid como Cristiano Ronaldo, James o Bale, la ejecución de la pena máxima corrió a cargo de Sergio Ramos, que sorprendió con una ejecución a lo Panenka que llevó el 3-2 al marcador y sepultó las remotas posibilidades del Sevilla para remontar la elminatoria.

Los últimos 10 minutos del encuentro siguieron con el intercambio de golpes entre los dos equipos, traducido en un disparo al palo de Lenglet en un remate de cabeza y una magnifica intervención de Casilla a tiro de Jovetic, respondido por un buen disparo de Marcelo que se iba por encima del larguero.

Y cuando todo el sevillismo se frotaba las manos pensando que, si bien no habían logrado remontar la eliminatoria, al menos habían conseguido el premio menor de destronar al hasta ahora imbatible Real Madrid de Zidane, ese ADN madridista -caracterizado por no rendirse jamás- volvió a obrar el milagro.

En el minuto 92, una maravillosa pared de tacón trenzada en la zona de tres cuartos del Sevilla entre Marcelo y Benzema, acabó con una jugada sensacional del francés, quien en una veloz diagonal, dejó sentados a tres rivales, baitendo por bajo al meta sevillista, ante la desesperación de las gradas.

Sin tiempo para más, el partido tocó a su fin y el récord de Zidane no sólo continúa intacto sino que el Madrid va a seguir haciendo historia, por más que le pese a mucha gente.

En este momento y, tras 40 partidos invicto, el club blanco rompe la marca de partidos del Barça de Luis Enrique -que había igualado con la victoria sobre el Granada del pasado sábado-  iguala la del Nottingham Forest  de 1978 y se sitúa a tan solo tres partidos de alcanzar el récord absoluto de encuentros imbatido, en manos de la Juventus de Antonio Conte desde 2012.

Podcast 4×28 ‘Rompiendo portadas’ Sevilla 3-3 Real Madrid

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