Cruces

No me considero supersticiosa, pero no era el momento para desafiar a Dios y quitarle la cruz al escudo. Vale que a aquél de las alturas se le ha demandado en numerosas ocasiones por los favores al Madrid y la manipulación del tiempo a su favor, pero la herejía es algo que pocas veces se perdona. El Madrid necesitaba de toda fuerza sobrenatural que se terciase, para no sucumbir a los encantos de la queimada de Berizzo y sin embargo, el equipo de Zidane se ha vuelto terrenal. La emotividad y la lluvia encumbraron a un Celta frente a un Madrid de sacudidas, de momentos, pero sin regularidad a lo largo del partido.

Zidane se atrevió con Casemiro de central, pero no a contratar a algún chamán para que Danilo se lo haga mirar. Hasta entonces, el brasileño no será ni recurso, ni parche, ni revulsivo, sólo un jugador hundido en su estado de ánimo y en un red de despropósitos que ayer le hizo perder la cabeza y sonreír tras su gol en propia puerta. Sálvele quién pueda.

Cruces

La electricidad fue la causante de imprecisiones y de un partido alocado, donde el Madrid cometió el error de no coger las riendas y sumirse en un descontrol por aquello de la buena estrella. Esa que ya no tiene Cristiano, que se topa con los palos y con su propia ansiedad. La que brilla por su ausencia en Benzema, culpable también de una indiferencia con la causa inexplicable. Y Zidane insiste, como buen creyente. El Celta se defendía y era peligroso cuando robaba el balón, aunque tardó en desperezarse por la importancia de la cita. Empató el Madrid con un gol de Cristiano Ronaldo más por pesadez que por juego y fueron los momentos más peligrosos del equipo blanco. Sin embargo, sin el timón de Modric y con un centro del campo más de pulmón que de piernas, el Madrid se perdió en la inmensidad del océano.

El Celta tuvo varias ocasiones claras para sentenciar la eliminatoria antes de que Wass completara un ataque bien tejido del equipo gallego, para firmar sentencia de muerte a un remontada que nunca se vio tan clara. Se divirtió el Divino con el empate de Lucas Vázquez a falta de cuatro minutos, pero esta vez, le negó el milagro al Madrid.

Se cantó “A Rianxeira”, con el Madrid atraviesando su propio via crucis. Y ya no hay tiempo para más oraciones.

Deja una respuesta