Villarreal 2-3 Real Madrid: «Así , así, así gana el Madrid»

El Real Madrid se ha llevado tres importantísimos puntos del Estadio de la Cerámica, en un partido absolutamente demencial en el que el club blanco logró remontar un 2-0 adverso y marcado por una profunda polémica en la práctica totalidad de los goles de ambos equipos.
Y es que, cuando todo está perdido, si hay un equipo que se encuentra como pez en el agua en ambientes hostiles y, sobre todo, ante resultados adversos, ése es el Real Madrid. Un equipo para el que, históricamente y con más motivos que nadie, ese viejo refrán que dice que nunca se debe vender la piel del oso antes de cazarlo le viene como anillo al dedo.
Exactamente eso le pasó al Villarreal, un equipo que, si bien jugó un partido más que aseado y que mantuvo bastante controlado al Real Madrid durante la primera hora del partido, pero que cometió el craso error de dar por ganado el encuentro tras su segundo tanto.
Por eso no debe extrañar a nadie que, a partir de ese momento y cuando nadie daba un euro por el club blanco, llegaron sus mejores minutos. El conjunto madridista, a base de espíritu y, por qué no, de juego, logró embotellar al equipo castellonense hasta acabar dándole la vuelta al resultado, llevándose tres puntos que se antojan vitales.
No sólo porque esos puntos que no sólo le permiten seguir en la pomada, comandando la clasificación, tras el afrortunadísimo triunfo del Barça ante el Atlético de Madrid en el Calderón, sino porque además, han supuesto un refuerzo moral importantísimo, sobre todo tras el batacazo del pasado miércoles en Mestalla.
45 minutos de infructuoso dominio del Real Madrid
El encuentro arrancó con el «once» de gala del Real Madrid, prácticamente por vez primera desde que arrancó la temporada y no defraudó. Al igual que en Mestalla, el club blanco se hizo rápidamente con los mandos del encuentro desde el pitido inicial, aunque sin crear excesivo peligro ante el marco de Asenjo.
Sin embargo y tal y como ocurrió en el feudo valencianista, el Villarreal fue el que gozó de la primera gran oportunidad, al filo del cuarto de hora del partido, dejando una vez más en muy mal lugar a la endeble defensa madridista.

Así pues, Trigueros trenzó una gran internada por la banda derecha y, prácticamente sin oposición, llegó a la línea de fondo, cedió a Mario que seguía la jugada. El centrocampista amarillo, completamente libre de marca, armó bien la pierna pero Keylor Navas respondió a sus detractores y a aquellos que andan buscándole recambio con la mejor parada de la noche, mandando el balón a córner.
Aquel fogonazo sirvió para meterle el miedo en el cuerpo al Real Madrid, que cedió en su presión y bajó sensiblemente su ritmo, al tiempo que el Villarreal se fue encontrando más cómodo en su juego. Bien replegados atrás, no tuvieron empacho en darle el balón al Madrid, esperando la mejor ocasión para salir al contragolpe.
A pesar del dominio blanco, en todo momento se percibía la sensación de que el Madrid estaba más bien donde quería el Villarreal que al revés, aprovechando además la evidente endeblez defensiva del Madrid. Eso se pudo ver cuando una gran jugada de Adrián estuvo a punto de costarle un nuevo disgusto al Madrid pero Pepe, muy atento, interceptó el balón cuando se cantaba ya el gol en las gradas.
A pesar de todo, el Madrid, con un ritmo cansino, lento, previsible y en el que todos pedían el balón al pie, hubo tiempo para ver la mejor oportunidad blanca de la primera parte. En el minuto 25, un gran centro de Marcelo desde la izquierda era rematado al alimón por Benzema y Víctor Ruiz, obligando a Asenjo a realizar una magnífica intervención.
Desgraciadamente para el meta amarillo, esa gran acción le costó bien cara. Una nueva rotura del ligamento cruzado de su rodilla, la cuarta en su carrera que le obligó no sólo a dejar su puesto a Andrés Fernández sino, lo peor, como mínimo, a despedirse de esta temporada.
Aquel infortunio espoleó al Villarreal, que dio un paso al frente y, a base de mover rápido el balón y subir un peldaño su presión, se hizo con el control del partido. Además, cada ataque amarillo era una puñalada en la defensa del Real Madrid, absolutamente descolocada y en la que sólo Pepe lograba mantener mínimamente el control de la zaga.
Esos minutos fueron, sin duda, los mejores del Villlarreal en ese período y cuando llegaron las mejores oportunidades del Villarreal, con varias llegadas a cargo de Samu Castillejo -que estaba volviendo literalmente locos a Marcelo y Ramos- y Bakambu, ante un Madrid casi noqueado.
La entrada de Isco, clave para la remontada
La segunda mitad comenzó con una gran oportunidad del Real Madrid a cargo de Benzema, que culminó con un disparo muy flojo y al centro una gran jugada de Bale por la derecha.
Pero como le está ocurriendo últimamente al Real Madrid, apenas dos minutos de tener el 0-1 en sus botas, una gran jugada de ataque del Villarreal pésimamente defendida por el Madrid, acabó con un centro de Samu Castillejo -ayudándose, eso sí, de la mano para el control- a Trigueros para hacer el 1-0.

Un auténtico mazazo que dejó absolutamente groggy al Real Madrid, totalmente roto en el centro del campo y que seguía siendo incapaz de presionar con un mínimo de intensidad la circulación de balón del Villarreal. Por eso, a nadie sorprendió cuando en el minuto 56, un balón al espacio de Bruno hacia Bakambu, lograba ganarle la espalda a Ramos y el delantero congoleño, ligeramente adelantado, batía a placer a Keylor Navas.
Aquel desastre, con el Madrid en situación absolutamente desesperada, motivó la adopción de medidas igualmente desesperadas. Zidane llamó rápidamente a Isco, que entró por un errático Casemiro al filo de la hora de partido. Aquel cambio supuso una auténtica revolución en el partido, con el malagueño en modo imperial.
Entre que los jugadores del Villlarreal dieron un par de pasos atrás y que el Madrid se hizo por fin con el control del partido, merced a las intervenciones de Isco, el equipo blanco fue embotellando poco a poco a su rival y a crear más peligro, especialmente por las bandas.
El primer aviso serio lo dio Cristiano Ronaldo, muy desaparecido toda la noche. El portugués remató muy bien un gran pase de Bale, pero su disparo se estrelló contra el palo de Andrés Fernández, el relevo de Asenjo, sin que Benzema acertase a aprovechar el rechace.
Así las cosas, y con los centros a Samu Castillejo como único recurso, el Villarreal entregó definitivamente la cuchara cuando, en el minuto 64, Bale remachaba de cabeza en el mismo área pequeña un gran centro de Carvajal desde la derecha.
A partir de ese momento, el miedo se apoderó del Villarreal, a cuyos jugadores apenas les duraba el balón en los pies, sabedores que el dominio casi asfixiante del Madrid iba a acabar más pronto que tarde con el empate en el electrónico.
De hecho, sólo cuatro minutos más tarde, un remate de Bale,t ras una gran jugada del ataque blanco, se estampaba contra el cuerpo de Jaume Costa cuando se cantaba el empate en las gradas. Un aperitivo de lo que estaba por llegar.
En el minuto 71, un disparo de Kroos impactó en un defensor del Villarreal y el balón, rebotado, acabó dando contra el brazo en alto de Bruno Soriano. Una mano clara que llevó a Gil Manzano a señalar el punto de penalti, a pesar de las protestas de los jugadores del Villarreal y, en especial de su entrenador Fran Escribá, que acabó expulsado.
Cristiano Ronaldo ejecutó el penalti con la precisión de un cirujano y, a pesar de la estirada de Andrés Fernández, se apuntó el merecido empate con un disparo seco y a media altura, pegado al poste derecho.
El problema para el Villarreal es que tenía por delante casi 20 minutos y estaban completamente rotos. Apagados físicamente por el esfuerzo y desquiciados con el colegiado extremeño, se encontraron con un empate inesperado cuando, apenas un cuarto de hora antes, ya se veían con los tres puntos en la buchaca.

Por este motivo, y oliendo la sangre y el miedo, el Real Madrid no se conformó con el empate y se lanzó decididamente a por la victoria. Zidane sacó a Morata por un nefasto Benzema y aquella decsión cambió definitivamente el curso del partido. El delantero madrileño puso el ímpetu y la energía de la que había adolecido el francés y el Madrid terminó de hacerse con el partido.
Con un control casi absoluto del balón, sin embargo, el Madrid no terminaba de encontrar ese último pase que le permitiese mirar a la portería de Andrés. Pero a falta de tan solo seis minutos para el final, Isco recuperó con fe un balón dividido en el centro del campo.
El malagueño vio perfectamente a Marcelo, que se sacó un centro magistral que Morata cabeceó con furia visigoda y, entre sus ganas y la colaboración del meta, el caso es que el Madrid logró la hazaña de darle la vuelta al marcador.
Finalmente, y a diferencia del partido contra el Sevilla, el Madrid gestionó perfectamente los últimos minutos del partido. Supo contener el último arreón castellonense e incluso tuvo la oportunidad de aumentar su distancia en el marcador.
Así, prácticamente con el tiempo cumplido, una magnífica contra de Carvajal por la derecha era desaprovechada lastimosamente por Morata, que totalmente libre de marca y a placer, mandó desviado un balón que era medio gol.
Sin tiempo para más, y ante la bronca del público con Gil Manzano, el Madrid se acabó llevando por las bravas, al más puro ADN madridista, tres puntos que son oro puro. Máxime viendo como está el calendario para el Madrid, que con ésta, ya habría cumplido visita a sus principales rivales en esta temporada.
De esta forma, el Madrid sigue dependiendo, aún más si cabe, de sí mismo para llevarse una Liga que, a pesar de todo lo que está ocurriendo a nivel arbitral y federativo, cada día que pasa tiene un color más blanco.
