La almohada de Juanito

Cada bóveda del corazón de un niño se sostiene por columnas de ídolos mitificados, que el pasado (y los padres) han ido sembrando a lo largo de sus playmobils y muñecas arrugadas.

Un servidor creció familiarizado con seres tan extraordinariamente perfectos como el ‘Ratoncito Pérez’ y don ‘Juan Gómez Juanito’. En realidad Juanito (un hombre bonachón y accesible a todo el mundo), trabajaba en la misma línea molar que el Ratoncito Pérez. Mientras que el roedor consolaba con chucherías nocturnas las caídas de mis lechosos dientes; Juan Gómez Juanito consolaba cada goleada que recibíamos en contra con ‘Noventa Minuti’ de incontralada devoción. Uno rellenaba la ausencia de incisivos; el otro, el malagueño, era incisivamente irrellenable.

Juanito

 

Dientes ensangrentados por ilusión. Goleadas sangrientas por ilusión. He ahí el recibo, he ahí la magia. Niños profanadores de ilógica realidad.

El día de mañana me pedirá mi hijo (con vulva o pene), que le explique »¿Quién era Juanito?», que le diga »¿Qué hizo para que se le recuerde tanto?». Pues bien cuando llegue ese momento, solo podré sonreir a mi alter ego particular y mostrarle mis preciados dientes suplentes, mientras con voz baja decirle:

-»Juanito lo fue todo».

Jugador y aficionado; césped y hormigón…un artista afortunado. Y es que la tela de su número 7, la de su camiseta, tenía más poder que la tela que forraba el sillón del presidente del Real Madrid por aquel entonces. Juanito vivió siempre con el maravilloso sino de ser el camino más cercano que un niño madrileño cualquiera, tenía con algún día ser ‘Jugador del Real Madrid’. Era tan fácil encontrar un símil físico en Juanito con uno mismo, como difícil culminar ese sueño.

Juan hubiera sido titular en las grandes selecciones mundiales si ni siquera levantar la vista, porque su fútbol tenía algo de todas ellas. Alemania, Italia, Francia, Inglaterra, Holanda, Brasil o Argentina hubiera hecho un hueco en su once titular a ese genio sureño si su pasaporte lo hubiera permitido. Pero no, Juan amaba demasiado a aquella melenuda España, como para postrarse a otras ajenas patrias. Juan era ante todo eso. Tierra, bandera y afición. Y por eso su afición ha hecho de él su bandera aún llevando ya 25 años bajo tierra. Tierra, bandera y afición.

Años después, en la tela de mi almohada adulta y mis dientes consagrados, comprendí que siempre ha existido un Juanito en nuestras vidas, lo que pasa es que lo conocimos con distintos nombres. Un día un Juanito vino de Argentina apellidándose Di Stefano, a otro Juanito lo bautizaron en Almansa como Bernabéu el grande y por último, el último de los últimos Juanitos que nos ha nacido, creció en Camas por nombre de Sergio Ramos y con 93 razones para no dejar de amarlo.

Hoy 2 de abril don Juan Gómez Juanito cumple 25 años desde que se nos fue…y quedó para siempre. Por eso ahora sólo falta que el Ratoncito Pérez (Florentino) haga del próximo Trofeo Santiago Bernabéu a finales de agosto, el merecido recuerdo del inolvidable por todos. El italiano Giuseppe Bergomi y el caballero Lothar Matthaus, saben de lo que hablo. Legado, miedo escénico y piernas agarrotadas.

Real Madrid Club de Fútbol y don Juan Gómez Juanito. Indescriptibles, inseparables. Almohadas que todo niño abraza al dormir.


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