Real Madrid 2-3 Barcelona: «Remar para morir en la orilla»

El Real Madrid ha sufrido hoy una dura, durísima derrota en el Bernabéu de la misma forma que, casualmente, ha logrado varios de sus más importantes triunfos estos últimos años, con un gol en el último instante del partido, obra de Messi.
Demasiado castigo para un equipo que, a pesar de la más que rigurosa expulsión de Sergio Ramos en el último tercio del partido y perdiendo por 1-2, supo sobreponerse y lograr el empate, contra viento y marea. Un empate que habría permitido al Madrid continuar en la cabeza de la Liga y con sus opciones al título, intactas.
Sin embargo, ese afán luchador innato en la idiosincrasia del Real Madrid que le permitió levantarse tras el golpe recibido acabó por ser su tumba.
Con el Madrid volcado en el área blaugrana, una contragolpe fulminante conducido por Sergi Roberto, un pase de Jordi Alba al corazón del área y Messi pasaportó el Clásico con un zapatazo que le dio los tres puntos al Barça, cuando lo más justo habría sido un empate, tanto por juego como por ocasiones.
Ahora la pelota está en el tejado del Barça, que se ha aupado al liderato pero con un partido más que los blancos. No obstante y pese a la crudeza del golpe recibido hoy, que a nadie se le escape el detalle de que el Madrid sigue dependiendo de sí mismo para ganar esta Liga.
Eso sí, este mal resultado, deja varias consecuencias negativas. La primera, las bajas seguras de Ramos por sanción y de Bale, que se ha vuelto a lesionar.
La segunda, y en mi opinión más importante, que la figura de Zidane ha quedado seriamente lastrada por su enésima apuesta por una BBC de nuevo inoperante, en detrimento de jugadores como Asensio o Isco, que venían cumpliendo un magnífico papel en el equipo estas últimas semanas.
En todo caso, huyamos de catastrofismos porque las opciones siguen prácticamente intactas, aunque es cierto que ya sin el más mínimo margen de error, a menos que el Barça -como ya le pasó en Málaga- decida quitarle de nuevo emoción a esta Liga.
Un arbitraje polémico
Ahora bien, no quiero olvidarme del polémico arbitraje de Hernández Hernández. Muy mal atendido en las bandas, el colegiado canario ha firmado una actuación desastrosa que no ha dejado satisfecho a nadie.
Siguiendo con la infame teoría de que los penaltis en los Clásicos, si son al inicio del partido, no se deben pitar, el árbitro dejó sin señalr un penalti nada más empezar el partido, por un clarísimo derribo de Umtiti a CR7.

Asimismo, no aplicó con el mismo rasero las tarjetas amarillas y se equivocó gravemente al sancionar como tarjeta roja una dura entrada de Ramos a Messi en el centro del campo, en una acción que recordó mucho a la expulsión que sufrió Pepe en aquella semifinal de Champions del año 2011, por una patada inexistente a Dani Alves.
Es cierto que el camero entró con los pies por delante al argentino, que saltó para esquivar el impacto y cayó retorciéndose en el suelo como si hubiese perdido las piernas. Pero no es menos cierto que el astro rosarino se levantó después como si nada en el momento que el central madridista vio la cartulina roja.
También se le reclamó la expulsión de Casemiro por un par de entradas a Messi en el centro del campo cuando ya tenía amarilla y es cierto que, quizás, el brasileño tuviese que haberse ido a la ducha antes de tiempo. Además se pidió la roja para Marcelo por un codazo, absolutamente fortuito del brasileño sobre Messi.
En todo caso, una labor que no dejó satisfecho a nadie por más que, en mi opinión, los errores hayan sido más relevantes en contra del Madrid ya que ese penalti no señalado al inicio pudo marcar claramente el devenir del encuentro.
Una primera parte ciertamente irregular
El partido arrancó con un Madrid muy bien plantado ante un Barça con tres líneas muy juntas y la defensa muy adelantada. Una bicoca inicialmente para el equipo blanco, que pronto abrió las hostilidades con un disparo que obligó a la primera gran intervención de Ter Stegen.
Con el Madrid dominando el juego el Barça enseñó pronto los dientes por medio de Luis Suárez y Jordi Alba, pero el lanzamiento del charrúa salió desviado por poco.
Y como en otras tantas ocasiones, el dominio del balón y la presión, aunque tímida del Madrid sobre la salida de la pelota del Barça, el Madrid comenzó a dar poco a poco pasos hacia atrás. Con un Messi cada vez más líder y sobre todo, más suelto, empezaron a llegar los primeros sustos.
Con apenas un cuarto de hora, Casemiro ya había visto la primera amarilla del partido por una dura entrada por detrás del brasileño, que era el único que se atrevía a meterle la pierna al argentino, ante la pasividad de Modric y Kroos.
Esto hizo que el Madrid perdiese el centro del campo y el Barça comenzase a sentirse más cómodo sobre el terreno de juego y a tener más la pelota, algo de lo que había adolecido durante los primeros 20 minutos. Prácticamente, el tiempo que tardó CR7 en tirar una diagonal por la izquierda pero Ter Stegen sacó una mano providencial.
Aun así, volvió a golpear el equipo de Zidane un par de minutos más tarde con una buena combinación que acabó con un débil golpeo de Benzema, que acabó suavemente en los guantes de Ter Stegen.
En paralelo, Messi recibió un duro codazo de Marcelo en la disputa de un balón. Un codazo aparentemente involuntario ya que el brasileño, que se protegió de la entrada del argentino pero al que no vio llegar. Aun así, el codo de Marcelo impactó contra el rostro de Messi y el astro argentino quedó tendido sobre el césped sangrando abundantemente por su boca.
Con Messi groggy y con un aparatoso apósito en la boca, el Barça tembló durante unos minutos, que coincidieron con una leve mejoría recuperación en el juego del Madrid que desembocó en su primer gol del partido.
Corría el minuto 28 y, tras un saque de esquina que salió rebotado acabó en los pies de Marcelo que puso un maravilloso centro al área que Ramos, saliendo desde atrás remató acrobáticamente al palo y el balón le cayó a Casemiro que, completamente libre de marca, empujó el balón al fondo de la red.

Pero este Madrid de Zidane es así, absolutamente imprevisible y como ya ha pasado tantas veces esta temporada, bajó los brazos, siquiera unos minutos y el precio pagado volvió a ser muy alto.
En apenas cinco minutos, la pasividad enfermiza del centro del campo blanco permitió elaborar una jugada de ataque, que pudo conducir el balón sin apenas oposición hasta que una triangulación en la zona de tres cuartos madridista entre Busquets, Rakitic y Messi.
El argentino recibió sin que nadie le encimase y con total tranquilidad, como el cuchillo caliente entra en la mantequilla, Messi penetró en el centro de la defensa batiendo por bajo a Keylor Navas en su salida.
A pesar del golpe, el Madrid dispuso en el minuto 35 de una nueva oportunidad en las botas de Modric con un disparo lejano desde fuera del área, al que respondió Ter Stegen con un buena mano.
Aquello fue el principio del fin, al menos hasta acabar la primera parte. El Madrid perdió definitivamente el sitio y a punto estuvo de perder algo más, cuando Messi, primero, y Jordi Alba, después, estuvieron a punto de engatillar en boca de gol sendos centros desde la derecha del ataque culé.
Y como a perro flaco, todo se le vuelven pulgas, en el minuto 38, el efecto sorpresa de la vuelta de Bale al once inicial acabó de la peor forma posible y el galé volvió a lesionarse, teniendo que dejarle el puesto a Marco Asensio.
Tras dos interminables minutos de descuento, coronados con un nuevo susto, en forma de córner botado que Keylor Navas, claramente obstaculizado por Luis Suárez, no pudo alcanzar y Messi no llegó a rematar, el colegiado se fue al descanso dejando 45 trepidantes minutos y un merecido empate.
Vuelve el Madrid de las dos caras
La segunda mitad nos dejó un panorama muy similar al del arranque del partido. El Madrid salió con mucha más frescura y desparpajo y volvió a asumir el control del partido.
Así, con tan solo dos minutos disputados, un rapidísimo contraataque del Madrid por su banda derecha conducido por Marco Asensio culminó con el pase de la muerte hacia CR7 pero Piqué desvió a córner cuando el portugués ya había cargado el arma. Demasiada generosidad la del balear, que quizás debió disparar a puerta.

Apenas un minuto más tarde, una gran internada de Marcelo por su banda acabó con un centro hacia la frontal del área, que remató Toni Kroos pero, de nuevo, Ter Stegen se mostró infranqueable, desviando a córner el chut del alemán.
Eran los mejores minutos del Real Madrid, que había salido con una mejor actitud al campo y dominaba a placer el encuentro, que gozó de una nueva gran oportunidad en el minuto 53. Con Marcelo entrando por su banda como un martillo pilón, un nuevo centro del brasileño fue rematado en semifallo de cabeza por un desaparecidísimo Benzema pero otra vez Ter Stegen, casi como un portero de balonmano, acabó por desbaratar la ocasión.
Sin embargo, inexplicablemente -como tantas cosas que le pasan a este equipo durante la mayoría de los partidos- el Madrid volvió a perder el oremus y le entregó el balón al Barça, que hasta ese momento apenas sí había cruzado el centro del campo con peligro.
En el minuto 57 , en la primera vez que llegaba el Barça a la zona de tres cuartos madridista, un balón filtrado por Rakitic hacia Alcácer, que en un nuevo error de marca se encontró solo entre los dos centrales del Real Madrid, pero su remate, flojo y al muñeco, se estrelló en el cuerpo de Navas.
Esta oportunidad dio alas al Barça, que tuvo en la cabeza de Piqué a la salida de un córner otra gran oportunidad al filo de la hora de juego, pero el testarazo del polémico central catalán se encontró con una respuesta felina de Keylor.
En ese momento, el partido entró en un momento de calma chicha. Algo parecido a una tregua, en la que el ritmo cansino barcelonista dominaba al Madrid pero no terminaba de dar el golpe de gracia. Eso, a los rivales de un equipo como el Madrid de Zidane suele acabar pasar factura.
Así, cerca del minuto 70, una nueva contra conducida otra vez por Marco Asensio por la derecha era culminada por CR7 pero su precipitación o tal vez su ansiedad ante su desacierto de cara al gol hicieron que su remate a puerta vacía se fuese por encima del larguero.
Esto espoleó al Barça que decidió intercambiar golpes con su rival y a la jugada anterior le respondió Luis Suárez con un remate a bocajarro pero Keylor Navas, de nuevo rapidísimo, le respondió con una gran intervención.

Un par de minutos más tarde, era el Madrid el que lo volvió a intentar por la banda derecha con Marco Asensio. En una jugada muy similar a la que falló Cristiano a puerta vacía, el jugador mallorquín decidió jugársela esta vez, pero su disparo seco y raso, lo detuvo Ter Stegen pegado al palo.
Y como suele ocurrir en el mundo del fútbol, el que perdona lo acaba pagando y en la siguiente jugada, una conducción lenta, parsimoniosa pero efectiva de Rakitic culminó con un disparo con rosca desde fuera del área que se coló pegado al poste, ante la pasividad de Toni Kroos. El alemán no sólo no hizo nada por meter la pierna sino que se dio la vuelta cuando el croata disparó a puerta, facilitando aún más su remate.
Con el partido ahora más cuesta arriba que nunca, Zidane movió el banquillo. Primero sustituyó a Casemiro, que otra vez se había vuelto a jugar la expulsión con una nueva entrada a Messi, para dar entrada minutos más tarde a James, en lugar de Benzema, casi inédito hoy.
La expulsión de Sergio Ramos, clave
En pleno aluvión madridista sobre el área culé, llegó otra nueva jugada polémica. En el minuto 76 arrancaba Messi desde la medular del campo, muy cerca de la banda derecha barcelonista.
Sergio Ramos, en una acción quizás demasiado impulsiva entró muy fuerte con los dos pies por delante y Messi, hábilmente, saltó por encima del camero y cayó entre espasmos, como si le hubiesen partido la tibia y el peroné.
Hernández Hernández no se lo pensó dos veces y le mostró la roja directa al central sevillano, en una acción muy rigurosa que, siendo merecedora de amonestación, no era ni mucho menos acreedora de expulsión.
Esto provocó una airada reacción de Ramos sobre Piqué, al que hizo un claro gesto de «habla ahora» y se dirigió con aplausos irónicos al banquillo culé, algo que le puede acarrear una grave sanción si estos actos quedan registrados en el acta arbitral.
Sin embargo y contrariamente a lo que cabría esperar, el Real Madrid se lanzó con fe hacia el empate y, lejos de rendirse ante las adversidades, dio un paso adelante tan tardío como necesario. Esto fue aprovechado por el Barça para trazar una combinación con tiralíneas por la banda derecha que culminó Messi con un disparo a quemarropa que Navas sacó cuando ya se cantaba el tercero.
Con Kovacic de comodín, entre la defensa y el centro del campo, y el recién incorporado James con total libertad, el Madrid empezó el asedio al área azulgrana con un fútbol rápido y vertical que desarboló por completo al Barça.
Precisamente el colombiano fue el protagonista de este resurgir del Real Madrid. Primero, en el minuto 85 con un disparo lejano que atajó Ter Stegen y, acto seguido, cuando le ganó la espalda a Busquets y remachó desde el área pequeña a las mallas un magnífico centro de Marcelo desde la banda izquierda.
El gol suponía un balón de oxígeno importantísimo para las aspiraciones del Madrid en la Liga y salvar así un punto de break vital, además de un nuevo golpe moral al Barça, que veía cómo se esfumaba su asalto al título de la forma en que suele hacerlo este Real Madrid; es decir, apelando a la épica.
El Madrid vio tambalearse al Barça y lejos de dar por cerrado el partido, decidió dar una nueva vuelta de tuerca y siguió persiguiendo a los culés por todo el campo para darles el golpe de gracia. Y a punto estuvo de conseguirlo Marco Asensio a falta de un minuto para cumplirse el tiempo reglamentario pero su disparo, raso y al palo, una vez más, se volvió a encontrar a Ter Stegen que rechazó el balón.

Pero cuando todos daban por buenas las tablas en el marcador, a menos de un minuto para llegar al minuto 92, que era lo que el colegiado canario había dispuesto para finalizar el partido, ocurrió lo imprevisible y el digno colofón a un partido absolutamente loco.
Una arrancada furiosa de Sergi Roberto, para la que nadie puso la más mínima oposición, le permitió cruzarse prácticamente de costa a costa todo el campo madridista. Con todo el equipo blanco a contrapie, sirvió do un balón franco a André Gomes que vio entrar a Jordi Alba como extremo derecho.
El catalán vio completamente desmarcado a Leo Messi a la altura del punto de penalti y ahí el argentino definió maravillosamente bien, mandando el balón raso y pegado al palo derecho de Navas, ante la desesperación del público. Pero sobre todo, de un Real Madrid que, jugando en inferioridad numérica y contrarreloj, había logrado remar en la tormenta para acabar muriendo en la orilla…
Ahora toca levantarse de este duro golpe, sobre todo moral y sacar la lectura positiva de que, a pesar de la derrota -que elimina todo colchón de seguridad- el Real Madrid sigue dependiendo de sí mismo para ganar esta Liga.
Y desde luego, esperar a que este Barça, que si bien mostró hoy una mejor imagen que contra PSG, Málaga, Depor o Juventus, se ha visto que es vencible y que no tendrá tampoco un camino de rosas de aquí al final de la temporada y algún punto tendrá que dejarse en la gatera.
Por tanto, no hay tiempo para lamentaciones y, como en otras tantas ocasiones, sólo queda sacudirse el polvo de esta dura derrota y afrontar con la actitud que se afrontaron estos últimos minutos y otros tantos instantes del partido. Sólo con esa actitud será posible la victoria.
Podcast 4×50 ‘Escuadrón suicida’ Real Madrid 2-3 Barcelona
¿Te ha gustado el artículo? ¡SUSCRÍBETE y no te pierdas nada!
[wysija_form id=»1″]
