Uno di loro

Decía el presidente americano Franklin Delano Roosevelt del dictador nicaragüense Somoza “quizá sea un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”.

Al final, lo importante es eso: el lado de la valla, el color preferido, en qué dirección apunta el fusil. Que sea uno de nosotros, “uno di noi” o que sea uno de ellos “uno di loro” que es como lo llaman los italianos.

Pensamos muchas veces en los árbitros españoles como en una masa indistinguible. Una manada de monos amaestrados que al ritmo de la flauta de Hamelin que toca la federación escamotean penaltis y se sacan tarjetas rojas de la manga.

Y muchos árbitros son así. Pero ni todos, ni todos en la misma medida. Dentro del antimadridismo generalizado de todos los árbitros españoles, no todos son iguales. O al menos como decía George Orwell en Rebelión en la granja, unos son más iguales en su antimadridismo que otros.

Hay una liga de hombres extraordinarios del odio al blanco, unas fuerzas especiales del probarcelonismo, una legión no extranjera de siervos de la federación. No son tan dañinos como los otros. Lo son mucho más. Son uno de los suyos. De la federación, del Barcelona, del otro lado de las cosas. Uno di loro.

Siendo madridista sabes que no te van a regalar nada. Pero hay árbitros cuya infamia les precede. Árbitros que tienen (in)fam(i)a especial por habernos perjudicado en diversas ocasiones. Entre esos árbitros están Clos, Fernández Borbalán, los descendidos hermanos Teixeira Vitienes, y recientemente Hernández Hernández. Son ellos. Unos de loro.

Lo hemos visto con Hernández Hernández. El árbitro que echó hace una temporada a Sergio Ramos y anuló un gol de cabeza a Bale. Se sabía de su peligro y lo ha demostrado. Ha dejado de pitar un penalti y ha vuelto a echar a Sergio Ramos. Crónica de una muerte anunciada. Trabajo de uno di loro.

En la Champions League, cuando la UEFA quiere favorecer a un equipo, utiliza lo que yo llamo one match referee. Árbitro de un solo partido. Un individuo oscuro que alcanza la fama en un día, opera su magia negra y desaparece de la vista dejando un pestilente recuerdo de olor a chamusquina y carteras vacías. Es lo que pasó con Ovrebo ( me niego a hacer el esfuerzo de cambiar de o por ese pájaro) De Bleeckere o Aytenkin.

En España ocurre lo contrario. En España no se sacan un árbitro nuevo de la manga, sino que utilizan a árbitros especialmente escogidos. Los Uruk-hai de las orcoordas antimadridistas.

¿Por qué la diferente manera de proceder?

En España hay una mayor impunidad. En España nadie les reprocha las ayudas al Barça. Y mientras en Europa basta con un par de actuaciones al año, en España hay ocasión cada fin de semana.

No se trata de que esos árbitros sean malos, que no nos engañen. Malo es un árbitro que no aplica bien el reglamento. Pero un árbitro malo se equivoca por igual para los dos lados.

El problema de esos árbitros es que salen al campo pensando en cómo van a perjudicar a un equipo. Porque su misión no es juzgar limpiamente, sino servir a la federación. No son uno di noi, ni uno de nadie, son uno di loro.

Si en una partida de dados salen tres veces dos unos, tengo mala suerte. Si en un partida de dados salen treinta veces dos unos, tiro la mesa y me echo la mano a la cartuchera, porque estoy jugando contra el tahúr del Misisipi. Y cuando juegas con un tahúr, el silencio es la mejor manera de acabar desplumado.

Don Pelayo nos enseñó en Covadonga que para defender un desfiladero de un ejército invasor, no es necesario tener otro ejército. Basta con un puñado de soldados bien instruidos y ubicados en lugares estratégicos.

Para trucar una liga no hace falta un arbitraje nefasto en todos los partidos. Basta con un puñado de árbitros deshonestos colocados en partidos estratégicos.

Cada vez que se acerque un partido esencial, mira el nombre del árbitro. Si su nombre te suena de alguna fechoría, si es uno di loro, tiembla. Ten por seguro que llevará instrucciones para quebrantar el partido y asesinar el azar. Porque los árbitros honestos se equivocan a veces, pero los deshonestos aciertan siempre para el mismo lado.

Y no tendrán que preocuparse. No tendrán que salir en un cesto, ni esconderse por las esquinas. Porque los perioencubridores ( en Madrid, Barcelona y viceversa) del #Asport y el #Marcadeportivo echarán cal viva sobre el cadáver maloliente del penúltimo atraco. Y después buscarán a toda prisa y con lupa alguna jugada dudosa para entonar su mantra falso preferido:

“los grandes no tienen motivos para quejarse”. Como si los grandes fueran iguales y no hubiera unos más iguales que otros.

Solo me queda una duda.

¿Por qué nunca se denuncia desde el club lo que ocurre? ¿Por qué seguimos aceptando que los que nos la han liado nos la vuelvan a liar? ¿Cuándo ha servido el silencio de los corderos para ahuyentar al lobo?

Cuenta la leyenda que el señor Guruceta ( que en paz descanse) se equivocó en un partido de Copa del Generalísimo (lo siento Carmena, se llamaba así). Era 1970. Hasta 1985, cuando desapareció el derecho a hacerlo, permaneció vetado por el Barcelona. Después solo les pitó a los culés un amistoso en Mallorca.

Aun hoy, en 2017, escucho a algunos culés mencionar el nombre del fallecido Guruceta. Son unos maestros en el lloro. Pero el bebé que tiene la cuna al lado del bebé llorón siempre acaba quedándose sin leche.

En un país en el que se puede recusar a un juez, no se puede recusar a un árbitro. Quizá se podría intentar cambiar eso. Quizá ya que no podemos evitar la mala fe de la federación de dañarnos, podríamos disminuir las armas disponibles. Reclamar la recusación, el VAR, cualquier cosa que quite algo de poder a los peones de Villar.

Y si no, al menos, nos queda el derecho al pataleo. El señalamiento. El grito desesperado. Para que se lo piensen, para que no les salga gratis. Mourinho lo hizo con su lista de errores. Pero desde que se fue Mourinho se bajaron las lanzas y se levantaron las flores. Y las flores no sirven para ganar las guerras, sino para adornar las tumbas de los incautos.

La justicia en los cuentos de hadas la da el destino. Pero en la vida la justicia no suele ser un derecho, sino el resultado de una lucha.

En un mundo ideal, con una prensa independiente, no sería necesario quejarse. En este mundo imperfecto nosotros somos el único obstáculo entre una masacre arbitral y la siguiente.

Levantemos la voz. Y el que no lo haga, que no se queje de que se gane una liga en 9 años o en 109. Porque ni en Lourdes hay milagros todos los días, ni hay equipo que gane todos los partidos siempre.

No dejemos que levanten una nube de humo para la huida del mago. Mencionemos al árbitro que nos perjudica cuando hablemos del partido. Aunque nuestro partido sea un desastre.

Aunque los jugadores no hayan corrido o hayan dejado de meter el pie. El desastre futbolístico es compatible con el robo flagrante. Que yo lleve la cartera en el bolsillo de atrás de los pantalones no impide que el que me la quita me esté robando.

Al menos pongamoslo difícil. Al menos chillemos. Al menos hagamos que Villar tenga que rotar los truhanes para no quemarlos. Consigamos que al menos no nos tomen el pelo siempre los mismos.

No pido que nos pite “uno di noi”. Somos el Madrid, no queremos ayuda. Lo que pido es que nunca más dejemos que nos pite “uno di loro”.

1 comentario en «Uno di loro»

  1. Joder, lo as clavado, la táctica es tal así como le planteas, árbitros colocados en determinados momentos de la liga para así salvar el primer tercio de competición al Barcelona, que lo mantienen en la lucha por el título, este año en el derby del Camp nou El Madrid llegó con seis puntos el partido todos lo pudimos ver, cuatro penaltis y el gol de Luis Suárez en claro fuera de juego afortunadamente pudimos empatar el partido con gol de Sergio Ramos, salimos de la jornada con seis puntos cuando podríamos haberlo dejado a nueve con una depresión Camp Nou.
    En el partido del Santiago Bernabeu contra el Barcelona donde no se nos quita a favor dos penaltis claros y expulsado a Sergio Ramos dejando al equipo en inferioridad.
    No me creo las casualidades y Hernández Hernández nos ha pitado dos partidos contra el Barcelona y en ambos ha sido decisivo en su favor

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