El Real Madrid, ese trasatlántico futbolístico, que se ha empeñado en que los madridistas nos quedemos sin calificativos para definir la magnitud pasional que, este club, puede llegar a hacernos sentir en nuestro día a día.
Podríamos escribir acerca de los goles en los minutos finales porque, como decía Zinedine Zidane en rueda de prensa, «ganar en los minutos finales es excitante». Pero los madridistas no podemos quedarnos en eso. Ganar en los últimos minutos del partido está de PM, es decir, igual que se siente nuestro entrenador y de lo que dejó constancia delante de la prensa cuando le preguntaron por su situación. La felicidad que nos hace sentir nuestro equipo se escapa de toda racionalidad humana. Algo indescriptible para los seres vivos.
Mi padre y yo siempre nos limitamos a observarnos, decir ¡qué grande es el Real Madrid! y fundirnos en un abrazo caluroso para celebrar todo lo que nos aporta el equipo de nuestra vida. Con una simple mirada sabemos que no necesitamos decir nada más. Solo dejar que nuestros corazones blancos se acerquen y abrazarnos con fuerza. El Real Madrid es mucho más. El Real Madrid cada día nos da lecciones de vida y nos muestra los valores que debemos ejecutar en nuestra vida. Hace de la cotidianidad una virtud. Único. Irrepetible. Legendario.

El Real Madrid nos enseña a no rendirnos nunca, a buscar un objetivo con el ahínco e ímpetu que solo nuestro equipo sabe. A menudo, me acompaña a la Peña Madridista de mi pueblo un niño de 8 años, mi cuñado Diego, quien en el segundo gol de Isco en Gijón, me dijo «Isaac, esto es el Madrid, no rendirse nunca». Mi respuesta se podría intuir. Tras el éxtasis, silencio absoluto. Silencio de orgullo. El orgullo me invadió y no me dejaba articular palabra. Éstas se movían dentro de mí como alma que lleva el diablo sin encontrar un resquicio por donde escapar.
Las palabras del pequeño secuestraron a las mías cuando entraron por mis oídos. Grandeza madridista. Esto se trata, solamente, de un momento más entre las innumerables ocasiones que el Real Madrid nos enseña a través de sus acciones. Para ejemplarizar las pasiones desenfrenadas que vivimos quienes amamos al escudo del Real Madrid, podría relatar cualquier día que juega nuestro equipo porque, cada uno de ellos, son fiesta en todos los corazones que bombean el color blanco por los cuatro costados.
Además, mención especial merecen todos y cada uno de nuestros guerreros, nuestros jugadores, nuestros genios del balón o quienes nos hacen soñar despiertos, que se encargan de que nuestros ojos se llenen, en algunos momentos, de lágrimas de felicidad que resbalan por nuestro rostro sin encontrar un pañuelo que las seque y gritos despavoridos que no encuentran oído que los escuche.
Toda esta blanca pasión alocada se encuentra llena de motivos con los que definirla pero para qué explicar esta bendita locura a quienes comparten nuestros mismos sentimientos hacia un escudo.
Amigos, la felicidad es ser madridista. Dejad que vuestro corazón bombee madridismo porque es la avenida principal que te conduce a ser feliz en este regalo, llamado vida.
Te quiero Real Madrid.
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