Todos para uno y uno para todos

Como si de la novela de Alexandre Dumas ‘Los tres mosqueteros’ (1844) se tratara, Zinedine Zidane este año ha rendido homenaje a la importancia del todo por encima del individualismo.

Zidane ha demostrado este año que la taquilla de Cristiano es igual de grande que la de Lucas Vazquez, que la camiseta de Modric pesa lo mismo que la de Kovacic o que los tacos de Ramos están igual de gastados que los de Nacho.

-»Mi espalda sobre tu espalda y nuestras espadas matarán odio enemigo. Hermanos»

La globalidad, el equipo, el sujeto antes del predicado y el Barça (el cardenal Richelieu) a años luz del mejor espadachín del mundo. Eso y nada más que eso, ha construido D’Artagnan Zidane desde que el pasado año cogió las riendas de este magnífico vestuario de mosqueteros.

-»Todos para uno y uno para todos». Y el calvo consiguió, que los espelucados, ricos y egocéntricos jugadores del Madrid (periodistas mediante), volvieran a ser niños felices jugando en el parque.

El equipo desde que comenzó el año ha creado una regularidad en la excelencia, que no se recordaba desde la mítica liga de Mourinho. En esta liga no se han conseguido 100 puntos como hizo el entrenador luso, sin embargo los chicos de Zidane han fabricado una liga en el que solo se han perdido tres partidos de liga, de los cuales dos de estos tres partidos, se perdieron en la última jugada de partido (Barça y Sevilla).

Cuando el Madrid de Zidane ha salido a un terreno de juego, el madridismo (y este es su mayor logro) ha podido siempre dormir tranquilo, porque la camiseta, la taquilla y los tacos del club, siempre han estado bien representados por estos jugadores.

Todos para uno y uno para todos

Atrás quedaron las noches en las que nos quisieron matar con un alcalde. Lejos quedaron las noches en las que celebraron una victoria en Sevilla, como su sexta Uefa ganada. Atrás quedaron las noches en las que un equipo como el Valencia se transformaba en la Holanda de Cruyff, para ganar a su mayor odio del mundo. Y por último, atrás quedaron las noches en las que partido tras partido, el Barça ha ido haciendo penaltis con la libertad con la que Urdangarín se pedía un Gin Tonic mientras ajustaba cuentas con uno de sus ‘amigos’.

Esta liga se recordará cuando pasen 20 años, por ser la liga en la que el Real Madrid (en su totalidad) la ganó contra viento y mareas. Un equipo al servicio de una plantilla, una plantilla al servicio de un club y un club al servicio de una causa; ganar. Esta liga se recordará porque vencimos a los mafiosos, a los violentos y a los corruptos. Esta Liga se recordará por la reacción tan maravillosamente meteórica que tuvo el equipo después de la decepción del Clásico. Y es que ahí, en ese momento, se empezó a fraguar este mágico final de esta inolvidable liga. Victoria ante el Deportivo, ante el Valencia, ante el Granada, ante el Sevilla, ante el Celta y ante el Málaga. Y por si fuera poco, esta camada de Mosqueteros se despecharon cual ‘sandwich de mermelada’ al casposo y correoso Atlético de Madrid en Champions.

Un año y medio después de que Rafa Benítez abandonara el Real Madrid, los mosqueteros que sirven al rey francés Luis XIII (Zidane) ya han recaudado para la tesorería de la casa real, la friolera cuantía de una Copa de Europa, una Supercopa de Europa, un Mundial de Clubes, una Liga y…

-»Ay Cardiff​, que bonito sería si tu luna fuera mi sol».

Por ello madridistas, celebrad como si fuera la última liga que vayáis a celebrar, enorgulleceros cuando lleguéis mañana al trabajo con vuestra camiseta del Madrid pegada al pecho, llorad cuanto tengáis que llorar sin miedo a parecer débiles y alzad vuestras barbillas cuando el tonto de turno te bese el betún de tus zapatos, que anoche ensuciaste de gloria. Porque eso es precisamente ser un leal y fiel mosquetero; ‘protector en la derrota y terriblemente orgulloso en la victoria’.

-»Que se preparen los perdedores, porque mi florete clama ajuste de cuentas».

Trotan caballos, suena la marsellesa y las rodillas se clavan en el albero de Versalles. Zinedine Zidane llega a Cibeles.


 

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