La principal doctrina del ser humano no es la más común y la que muchos creen que es, no es la religión, no son los dogmas y mucho menos el fanatismo.
La humanidad para poder existir solo necesita un requisito, necesita creer, creer en algo sin importar que esto sea real o ficticio. Los indígenas son devotos del sol y la luna, los cristianos de la Biblia, los científicos de la Ciencia y cierta parte del «madridismo» que acude al Bernabéu son fieles devotos de nada más y nada menos que de los periodistas.
Quiero ser sincero, hace aproximadamente 15 años creía en el periodismo español, leía con absoluta devoción a Tomás Roncero y Alfredo Relaño, escuchaba con emoción las narraciones de Manolo Lama, pensaba que Santiago Segurola era uno de los grandes exponentes del periodismo español, me parecían de los más grandes y honestos defensores del buen fútbol y de la verdad.
Creía que estos personajes eran de lo más cojonudo que podía existir. Luego, con el pasar del tiempo, llegó el tan agradecido como venerado despertar y pude darme cuenta que estuve totalmente engañado, como hoy lamentablemente lo siguen estando muchos, muchísimos, más de lo que realmente deberían estarlo.
En esa época en la cual creía en sus doctrinas, puedo excusarme diciendo que solo ellos y unos cuantos más tenían secuestrada la información de nuestro Club, ya que eran ellos y solo ellos los portavoces del deporte que tanto me ha apasionado desde que tengo uso de razón.
Hoy mucho tiempo después de haber despertado de aquel penoso letargo en el cual nutría mis aptitudes fanáticas de las manos y voces de dichas personas que manejaban egoístamente todo lo referente a la actualidad del Real Madrid y del fútbol español, no puedo entender cómo a estas alturas, teniendo la diversidad de opiniones y los medios alternativos tan al alcance, con tantas personas realmente honestas trabajando en pro del Real Madrid, puedan existir «madridistas» que sigan, escuchen, crean y sobre todo compartan ideales profesados por los que pululan en los diversos medios masivos de comunicación, hoy es pecado capital el que alguien que tenga el tupé de etiquetarse «madridista» crea y predique acerca de los valores blancos a través de los ideales dictados por los farsantes que dirigen el periodismo español.
Puedo entender que muchos de estos confesos «madridistas» no usen Twitter, puedo comprender que no escuchen los podcasts de Meritocracia Blanca, El Radio de Richard Dees, El Diario de Mou o El Quinto Grande.
Puedo resignarme a que muchos entiendan que los están en los puestos de mando de los diversos medios masivos de comunicación sean los poseedores de la «verdad», debido a que son las supuestas voces autorizadas.
Pero, realmente, lo que jamás podré aceptar es que si sólo tienes tres dedos de frente y no sufres de ninguna discapacidad que afecte tu sistema mental, aceptes y profeses que tu creencia acerca del Real Madrid se vea influida por personas que solo buscan crear polémica negativa que perjudica a el funcionamiento normal y natural del Club que dices ser seguidor.
No es tan complicado saber que si pitas a un jugador de tu equipo, lo más seguro es que empeore su rendimiento y, por consiguiente, afecte negativamente a los tuyos en el terreno de juego. M
Mucho menos difícil es entender que para un equipo de fútbol rinda como debe ser durante toda una larga temporada en la cual se van a disputar seis competiciones oficiales, es esencial tener una plantilla numerosa y competitiva con 25 jugadores aptos.
Es obvio que existen las lesiones, las suspensiones, los muchos kilómetros de viaje, los descansos y cualquier otro tipo de percances deportivos naturales en los cuales todos los jugadores se ven envueltos durante un largo año de dura y ardua competición.

De hecho, la temporada pasada nuestro entrenador Zinedine Zidane lo demostró aplicando su famoso sistema de rotaciones, utilizando y haciendo sentir importantes a todos y cada uno de los integrantes de la plantilla, consiguiendo el 95% de los títulos a los cuales optaba tu supuesto y venerado Club.
Por consiguiente, querido «madridista», puedo decirte que en este mundo cada quien escoge qué creer, qué seguir o qué venerar. Existe el libre albedrío, y créeme que lo respeto. Pero si profesas y vociferas los mismos argumentos de ese «madridismo» que proviene de la caverna periodística de este país, permíteme decirte que tus lamentables doctrinas son tan penosas y perjudiciales como las que emiten los fanáticos extremistas de las religiones que sólo buscan perturbar a todos aquellos que no se enfilan con la negatividad y la destrucción espiritual. Y que al final de su libro de enseñanzas ortodoxas, solo tienen como objetivo destruir a la humanidad.
Creo que debería existir un credo del madridista real, en el cual se incluya una lista de pecados capitales siendo el primero y más importante de todos: «NO CREERÁS EN DOCTRINAS, NI PALABRA ALGUNA DE LOS FALSOS PERIODISTAS».
El resto de dichos mandamientos lo dejaré para el próximo artículo…
¡Hala Madrid y nada más!
