El sentimiento de pérdida es inherente al ser humano. Esa apódosis condicional que es el «y si…», y que muestra, en ocasiones, cierta nostalgia por aquéllos que se fueron y que ya no están, o que, directamente, nunca llegaron del todo. Ya lo decía Santa Teresa de Ávila: «Se lloran más las mercedes recibidas que las mercedes por recibir».
La derrota del Madrid contra el Girona posiblemente suponga la despedida del título liguero (salvo por las excepcionales circunstancias que, en la temporada 2003-04, rodearon precisamente al club blanco). Nadie ha ganado el título de la regularidad con una desventaja de ocho puntos sobre el primer clasificado en la décima jornada (el Valencia, futuro campeón en la temporada antes citada, acabó la primera vuelta a siete puntos del líder). Tras la derrota, las redes se llenaron de comentarios críticos con la llamada “escala salarial”, que fueron de la mano de los nostálgicos de Morata, actualmente en las brumosas orillas del Támesis.

El odio dirigido hacia esta directriz del club (que se haga un reparto de los salarios en función de la jerarquía del jugador) no lo comparto, pero me parece justificado. Justificado, porque la terrible falta de gol que estamos sufriendo hace inevitable ver las imágenes de Mbappé con el PSG con cierta nostalgia, con el “y si…” que encabeza este artículo. No lo comparto, porque es deber del Real Madrid asegurar su supervivencia a cualquier coste, y eso empieza por una estabilidad financiera que sólo es posible con dicha escala salarial. El ejemplo paradigmático de ello lo encontramos en la Ciudad Condal, donde uno de sus equipos está buscando vender jugadores a toda costa, a pesar de presentar ingresos récord, porque el gasto de pago de salarios se traga el 80% de todo el dinero que entra en la entidad.
No voy a entrar a analizar los motivos que hacen que los dos delanteros merengues lleven cada uno un gol en cinco partidos. En esta web encontraréis a gente más y mejor capacitada que un servidor para hacer un diagnóstico de los males del equipo. Lo que sí llama poderosamente la atención es que ese atacante madrileño que salió este verano camino a la “pérfida Albión” ahora, en un arrebato muy poco nostálgico, reniega de su segunda etapa en la Capital del Reino en una entrevista a un medio italiano, señalando que le trataron “como el chaval que era antes de irse”. Yo no sé si este individuo vive en un mundo paralelo o directamente en otra de las seis dimensiones Calabi-Yau que conformarían este universo de ser correcta la teoría de cuerdas, pero creo que a pocos “chavales” se les organiza una presentación multitudinaria el día de su regreso y se les pone en el tercer escalafón de la escala salarial. Es más, pocos “chavales” conozco que durante la tercera década de vida cobren varios millones de euros al año. Cosas mías.
La nostalgia es un poderoso aliado, pero también un poderoso enemigo, y el partido del pasado domingo es viva muestra de ello. La nostalgia que nos lleva a decir “y si hubiéramos tenido un delantero” (a Mayoral, ni se le ve, ni se le espera), comentario acertado en mi humilde opinión, ya que la dirección deportiva del Club ha errado estrepitosamente este verano en su negativa a traer un recambio que permita no sólo rotar a los delanteros del once titular, sino que además permita la búsqueda de garantías en partidos que no acaben de desatascarse. Por otro lado, esa misma nostalgia nos lleva a plantear la frase errónea “y si hubiéramos tenido a Mbappé”. Errónea porque no han sido Florentino Pérez, Zinedine Zidane o Chendo los que han impedido el fichaje del joven este verano. Es más, la labor primordial de los dos primeros es salvaguardar la integridad del club amparándose en el respeto de su ordenamiento interno (frase muy oída estos días en otro contexto, por cierto). Ha sido el francés el que tomó la decisión de marcharse a París (decisión tan respetable como incomprensible, y que deberá asumir con todas sus consecuencias, tanto buenas como malas). No todos los delanteros del mundo se llaman (y suponen el mismo gasto que) Kylian Mbappé.
En el caso del de Madrid, la rabieta infantil ha sido una constante en su carrera profesional ya desde joven, algo muy propio del que exige ser tratado como un adulto. Sin ir muy lejos, véanse los motivos que, según la Wikipedia, le llevaron a abandonar la cantera del Atlético. No se puede negar su brillante aportación en la consecución de los éxitos de la pasada temporada, pero ello no justifica que pueda escupir el plato que le dio de comer durante años y que, menester es recordarlo, le permitieron irse a dos de los equipos punteros en Europa ahora mismo.
El Real Madrid ahora mismo está en una posición complicada, pero no todos los males del equipo pueden ser achacados a la falta de captación de refuerzos durante la época estival. Zidane debería hacer autocrítica, en la medida que ha tenido planteamientos un tanto discutibles. La sombra de Villar en la RFEF sigue siendo muy alargada. Con la Liga prácticamente perdida antes de llegar a los momentos duros de la temporada, ahora toca centrarse en Copa, Champions y Mundialito, torneos en los que el mínimo error puede suponer quedarse fuera. Es por ello que, aunque la ira y la nostalgia puedan ser sentimientos muy tentadores, hemos de aprender a dosificarlos y a enfocarlos en lo que, precisamente, necesita el Madrid de los aficionados ahora mismo. Os digo lo de siempre. Esto es muy largo.
