Zidane sabe que, hasta hace nada, nadie ponía en duda que era el mejor entrenador del mundo. Hasta hace nada, era quien mejor había gestionado el vestuario de un equipo repleto de estrellas, había manejado bien sus egos y los tenía a todos trabajando en armónica colaboración, muy enchufados y dispuestos a partirse la cara por él cada vez que les daba la oportunidad.
Zidane sabe -puesto que él mismo lo admitió en rueda de prensa- que la delantera, con la salida de Morata y Mariano, se descompensó y que falta un delantero. De hecho, también sabe que James le aportaba mucho en ataque. Por supuesto que también sabe que la planificación no fue la mejor.

Zidane sabe de sobra que James y Morata eran alternativas que incidían en el juego y le resolvían partidos, y que entre los dos podían hacer más de 30 goles. Sabe también -y es lo que muchos han olvidado- que ellos quisieron irse, con o sin justa razón, pero pidieron salida. El primero por falta de minutos, y porque a pesar de presentar una estadística y promedio de asistencias y goles impresionante, eso no le alcanzaba para disputarle la titularidad a nadie, aunque también es evidente que no entraba en el esquema de Zidane y tal vez por eso nunca le dio continuidad en el once ni le tuvo la paciencia que tiene con otros. Morata en cambio, a pesar de ser el suplente que contó con más minutos, no fue paciente y no se conformó con su rol. La postura de ambos es perfectamente entendible y respetable. Lo que no es entendible es vestirse de luto por James, Mariano y Morata, añorarles cada día y llorarles un mar.
Hace unos meses escribí un artículo autoproclamándome viuda de James (“Viuda por JAMÉSima vez”, lo titulé), por lo tanto sé muy bien lo que es tener predilección por ciertos jugadores, encariñarse con ellos y echarles de menos, y todo eso está muy bien, lo que no está bien, es darse golpes de pecho y rasgarse las vestiduras por los jugadores que ya no están, o lo que es peor, no superar el inesperado NO de aquel jugador que todos queríamos que viniera y nos dejó plantados. Más inexplicable aún, es especular e inventarse mil razones para justificar ese NO por respuesta, cual novia despechada, olvidando que somos el Real Madrid, el campeón y supercampeón de España, el bicampeón y supercampeón de Europa y del mundo, si alguien debe sentir nostalgia y pesadumbre, son los que se han ido del club y los que pudiendo venir, no lo hicieron y prefirieron otro club. Ellos, no nosotros.
Zidane sabe la importancia de rotar para mantener con ritmo a sus jugadores y sobre todo para que al final de la temporada estén en un estupendo estado de forma, tal y como ocurrió en la temporada pasada, todos a tope y rindiendo al máximo.
Zidane sabe la importancia del recambio, por eso se ocupó de buscar uno para la posición de Casemiro, quien era el único que no tenía.
Zidane sabe que si él le hubiese pedido a Mariano que se quedara, el dominicano encantado se quedaba, pero también sabe que sería una maldad mantenerlo en la plantilla cuando lo más conveniente para este crack eran más minutos y continuidad para su progresión, cosa que en el Real Madrid evidentemente no iba a tener esta temporada. Y sabe también que desde el ventajismo, ahora muchos le extrañan y dicen que fue un error dejarle ir, cuando el año pasado nadie le pedía en el once ni reclamaban más minutos para el canterano.
Zidane sabe que la autocrítica es importante y necesaria ¿o crees que no es el primero en hacerla? Pero también sabe que la prensa espera que él raje (cual Paco Jémez con su Cruz Azul), del club que le da de comer, o que tenga una salida de tono y que en vez de defender a sus jugadores les cuestione y ventile públicamente sus debilidades, defectos y desaciertos, y él no está dispuesto a darles ese gusto.
Zidane sabe que en la temporada pasada, se decía que él no tenía ni puta idea de lo que hacía y que el Madrid no jugaba a nada. No olvida que para estas mismas fechas también se hablaba de crisis y que en Champions clasificamos como segundo del grupo e igual nos dieron por muertos… y ya sabemos cómo terminó todo.

Zidane sabe que para ganar la liga tiene que volver a rozar la perfección, porque en una competición tan adulterada no hay margen de error. Él sabe que “Ahí pasa algo” y tuvo el valor de decirlo en rueda de prensa, para dejar claro que pendejo no es, pero también sabe que desde que soltó aquella célebre frase nos ha ido peor y que evidentemente algo tiene que ver aquello de que “El Real Madrid no cae bien en este estamento.” Victoriano Sánchez Arminio, dixit.
Zidane tiene la responsabilidad de entrenar al equipo que no goza de la simpatía del presidente del Comité Técnico de Árbitros (una nimiedad para algunos) y que no corre con la misma suerte que el Barcelona, que cuando juega para la mierda, el gol en fuera de juego, el penal o la expulsión a favor no se hacen esperar. La clemencia con las faltas y tarjetas, tampoco; por el contrario, cuando el Real Madrid juega mal, hay prisa para que de inmediato se refleje en el marcador, ya sea beneficiando al rival con goles en fuera de juego (como en los últimos partidos), o con expulsiones injustas como la que le aplicaron a Cristiano. Ni hablar de la cantidad de penales que nos han birlado y de las rigurosas amonestaciones que condicionan a nuestros jugadores, mientras que para el rival hay barra libre.

Zidane sabe, y si no lo sabía, ya se tuvo que haber enterado por boca de Modrić, que el problema del Madrid ahora mismo no es físico, sino de fútbol y que “hay que hacer todo para recuperar nuestro estilo de juego.” Luka Modrić sí sabe de qué va esto, y por eso, con su experiencia y la espontaneidad que lo caracteriza, se lo hizo saber al periodista que le entrevistaba. Zidane, más que nadie, debe saber que lo que más nos favorece y que mejor encaja con el estilo del Madrid es el juego rápido y vertical, pero inexplicablemente ha querido complacer a la prensa y a la afición que se decanta por el toque-toque inútil, que no conduce a nada, y así nos va… pero él lo va a solucionar, saes.
Zidane sabe que los síntomas de barriga llena, la saciedad de triunfos y la autocomplacencia pueden estar afectando a sus muchachos, pero no está preocupado porque sabe que eso también lo va a arreglar, saes.
Zidane está enterado de las encuestas tendenciosas de la prensa en la que participan “madridistas” que lo responsabilizan del descalabro del equipo. Sabe que aunque gane todo y tenga a la afición embriagada con copas, una tras otra, al menor pinchazo lo ponen a parir y piden su cabeza. No hay crédito ni clemencia. Debe fastidiarle saber que después de un par de derrotas, gran parte del madridismo le asesta una declaración unilateral de guerra, cierran el puño y alzan las armas contra él por considerarle enemigo público y el mayor causante de sus desgracias, mientras se alían en batalla con la desmemoria y la ingratitud.
Zidane sabe que existen genios capaces de hacer un once inicial con sus respectivos suplentes en menos de 140 caracteres, y hasta les alcanza para indicar el minuto exacto en el que se debe hacer cada cambio; una pena que Zidane no pueda leerlos por estar ocupado tomando decisiones al instante, no después del partido, con el resultado puesto sobre la mesa, como suelen hacer los periodistas y tertulianos de programas de radio, televisión y podcast. Zidane, el de la flor, le toca la parte más fácil, los otros en cambio, tienen que bregar con la difícil labor que supone opinar desde el ventajismo.
Zidane sabe más que todos nosotros, más que cualquier tuitstar y que cualquier analista, tertuliano, estrella de podcast, comentarista o periodista deportivo, porque ninguno de ellos ha jugado al fútbol, y si lo ha hecho, no ha sido mejor que Zidane. Ninguno de ellos ha ganado Balón de Oro como jugador y The Best como entrenador. Tampoco Champions, ligas y hasta un mundial.
Zidane todo lo sabe todo, y lo que no sabe lo improvisa o se lo inventa. Tal vez lo único que Zidane no sabe Zidane -o lo sabe pero le ha faltado poner en práctica- es la meritocracia. Solo Zidane sabe si cambiará o no su plan de rotaciones, si para él “todos los jugadores son importantes y todos van a tener su oportunidad” -como nos lo ha repetido hasta el cansancio- o si nos miente y lo que en realidad existe es un once titularísimo con suplentes que hagan lo que hagan, jamás les alcanzará para disputar la titularidad. El técnico francés solo esboza una sonrisa y nos deja con la duda y la libertad para sacar nuestras propias conclusiones. La mía, es decir, mi conclusión, es que Zizou está para dar y no para que le den lecciones de fútbol, porque lo que Zinedine no sabe, tampoco lo sabe nadie.
¡Hala Zidane, a cerrar bocas y nada más!

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El madrid comienza la temporada dándole un baño al United y otro doble al barça, que sucede después? Bueno, de una “no falta” en Riazor en el min92 expulsión de Ramos, 2º partido de liga en el Bernabéu contra el Valencia y que pasa? Pues que el árbitro se traga 2 penaltis en el área del valencia, llega el Levante y otra vez un penalti que no se pita, después el Betis y el árbitro se vuelve a tragar al menos 2 penaltis y el primero mano bajo palos que supondría la expulsión del jugador del Betis.
Quizás el equipo podría haber echo más en esos partidos pero la pelota no entró.
Lo que no se puede es jugar con reglas diferentes, pues algunos partidos los puedes ganar con el árbitraje en contra, pero imposible ganar siempre con ese lastre.
El Madrid molesta! Ya lo dijo zinedine en cierta ocasión.