Harto

El Real Madrid no pasó del empate ante el Atlético en el derbi inaugural del Wanda. Entró adormilado el Madrid al partido—como tantas otras veces— aunque fue desperezándose poco a poco según avanzó el encuentro, pese a una ya alarmante y crónica falta de acierto en la definición. Pero estas líneas no quiero dedicarlas a escribir una crónica más sino a decirles que estoy harto. Podría hablarles del decepcionante estado futbolístico de Marcelo. Del maleficio de Cristiano frente al gol o de esa intrigante criatura llamada Benzema, capaz de brillar con alguna genialidad en algún partido y después volver a la opacidad de la instrascendencia durante jornadas y jornadas. Podría hablarles de un inseguro Casilla o, por ser más positivo, de esa fantasía barroca con botas llamada Isco, las magistrales tiralíneas de Kroos o de un guardián cada día más ciclópeo llamado Casemiro. Pero no. Hoy vengo a contarles que estoy harto.

Harto

Harto de asistir al pintoresco espectáculo de que una plancha salvaje al tobillo de Kroos no se traduzca en tarjeta roja directa. Harto de cómo un balonazo intencionado de Correa a un Benzema ya derribado acabase impune. Harto de indignarme por la nariz rota de la patada a Ramos y que todavía haya quien pretenda hacerme creer que es «juego peligroso» del camero. Harto de que el Atlético jugase al voleibol en su área sin que eso despertase la más mínima curiosidad arbitral. Harto de que con un encuentro trufado de faltas e interrupciones el árbitro añadiese dos minutos como un Cronos cicatero. Estoy harto, sí. Harto hasta de tenerme que disculpar por estar harto. Harto de un tipo como Sánchez Arminio, Cofrade Mayor de la cofradía de la Santa Infamia y de sus procesiones arbitrales de fin de semana. Harto de Villares y Soulés con sordina mediática. Harto del prostituido concepto del señorío que viene a significar sumisión, o algo así. Harto de hartarme. Harto de explicar que el mal juego y el mal arbitraje pueden darse simultáneamente, que a veces es justo ganar incluso jugando regular, o mal. Harto de que a este ritmo los penaltis contra el Barça habrá que irlos a buscar, ya fosilizados, al estrato del pleistoceno y exponer el hallazgo después como una curiosa extravagancia de la arqueología futbolística en algún museo del despropósito. Harto de una cavidad artificial de diez puntos de altura abierta con dinamita arbitral. Harto, repito: Muy harto.

Y por todo ese hartazgo pienso que deberíamos reenfocar la temporada. Tomarnos los partidos de Liga como una rutina de entrenamiento para mantener el nivel competitivo de cara a Champions, y esperar a que la próxima temporada el VAR al menos dificulte un poco esta insoportable indignidad, porque hay que decirlo claro: La Liga dejó hace tiempo de ser una competición y el arbitraje se ha transformado en sabotaje.

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