Pasados de copas

Aún no es navidad y ya está el Real Madrid pasado de copas y con los brazos fatigados de levantarlas al cielo una, dos y hasta cinco veces. Ebrios de gloria y con una resaca de ocho títulos acumulados en menos de dos años. Así llegamos al clásico, saciados de triunfos y con cinco copas de más. El Barcelona, más rezagado -como lo ha estado a lo largo de toda su historia con respecto al Real Madrid- llega a la cita con apenas una copa, deficiencia que compensa llegando con su habitual seny (aún desconozco su significado porque no aparece ni en internet) y con los valors que predican y van con ellos a todas partes.

Pasados de copas

El club catalán, acostumbrado a predicar con el ejemplo, se ha negado a hacerle el pasillo al bicampeón del mundo y ha rebuscado a la carrera un plausible, pero no muy convincente pretexto. Resulta que el club de los valors estima que el pasillo no procede en este caso porque ellos no han participado en el Mundial de Clubes. Excusa que hubiese calado, sino fuese porque aún no jugando la Europa League, le hicieron pasillo al Sevilla cuando estos quedaron campeones, cosa que deja al descubierto la falaz evasiva. Predicar con el ejemplo es el mejor argumento, tal vez por eso el Barcelona -desde la deportividad y la humildaT- se niega a hacernos el pasillo.

En honor a la verdad, el bendito pasillo es lo de menos. No hay mejor pasillo que el que nos hacen las 33 ligas y los 26 títulos internacionales, entre los que se destacan dos Copas Latinas, 12 Copas de Europa, dos Copas UEFA, cuatro Supercopas de Europa, tres Intercontinentales y tres Mundiales de Clubes. El único pasillo que nos importa es el que se forma con pinta de victoria y nos conduce a dar un paso agigantado y firme para seguir vivos en la competición doméstica, esa en la que, algunos de a poco y otros de golpe, vamos perdiendo el interés cuanto más se desvela lo adulterada de la misma. Bien nos lo advirtió el presidente del comité de árbitros que “el Real Madrid no cae bien en este estamento” y vaya que sí nos ha hecho sentir su desprecio Sánchez Arminio y su colegiado. Lo hemos padecido en cada jornada con los Undianos, Iglesias Villanueva, Burgos “Bengo(AEcharACristianoYaRamos)etxea, Fernández Borbalán y los Hernández de turno que nos recuerdan durante los 90´ lo mal que caemos en el estamento arbitral. Es lo que hay, y contra eso, también hay que guerrear.

La temporada pasada ganamos la liga recurriendo a la épica, a la brava, estallando de rabia ante las injusticias arbitrales, luchando hasta el final, solos contra todo y todos, proeza que con arbitrajes sibilinos y tendenciosos nos está costando repetir, aún así, no perdemos la ilusión ni la fe en el equipo, porque cuanto más difícil y complicado el panorama, cuando más se hable de “liga sentenciada” desde octubre, y cuando más nos den por muertos, es cuando más peligroso es el Real Madrid. Es allí, en medio de lo irrealizable e imposible para otros, cuando agranda su leyenda y escribe otra página de gloria para la historia.

El Real Madrid llega al clásico con cinco copas de más y con un penal y expulsión en contra, ya saben, por aquello de conservar las costumbres y tradiciones de la liga. Zidane, como lo dije en mi artículo anterior, todo lo sabe, y sabrá preparar un partido con 10 para enfrentar a 12, y hasta más, si los linier también conspiran en nuestra contra. El Barcelona en cambio llega sin el pasillo, pero con mucho seny y valors, ah, y con una agresión y una tarjeta roja perdonada, mientras que los antimadridistas y el periodismo deportivo, que vive para meter mierda e intentar desestabilizar al club, llegan relamiéndose y frotándose los dedos, imaginando la posibilidad de que el Real Madrid le entregue en bandeja de plata la liga al Barcelona. Albergan la esperanza de salir del Bernabéu con un “A 14” y con mucho material virulento para justificar su salario hasta fin de año. De Zidane y sus muchachos depende dejarlos otra vez con la miel en los labios y con la obligación de comentar y escribir, a regañadientes, cosas similares a las que estuvieron forzados a publicar después de la Supercopa de España.

En la Supercopa, pese al arbitraje en contra, el Madrid nunca bajó los brazos y supo sobreponerse, ratificando su grandeza ante su máximo rival español y dando una exhibición y cátedra de fútbol que quedará plasmada en nuestra retina hasta el fin de nuestros días, sin embargo, a mí esto del juego bonito, esquema, táctica, planteamiento etc., me da exactamente igual si al final no se logra la victoria, porque en ella descansa el único estilo y filosofía que conozco del Real Madrid, siendo fiel a ella no traicionamos nuestra esencia ni a nuestro envidiado gen ganador.

El Madrid de Zidane y Cristiano representa a la perfección nuestro ADN madridista: En algunas ocasiones con fútbol esplendoroso y sometiendo al rival a un dominio absoluto, y en otras con poco o nada de fútbol, sin puta idea, jugando a nada, o con flor, pero cualquiera que sea el caso, siempre fiel a nuestro gen ganador, siempre cerca de la senda de la victoria, y el sábado no será la excepción. Cualquier resultado que no sea sumar tres puntos sería un fracaso y un adiós a la liga.

Si hay un equipo capaz de revertir la situación y remontar los 11 puntos que nos saca el equipo catalán en la liga, ese es precisamente el Real Madrid. Cerca estuvo de remontar 12 puntos en la temporada 2015-2016, quedando solo a un punto del campeón en aquella famosa liga de los récords de penales a favor del barça, de las expulsiones del rival y de los goles en fuera de juego. En aquella temporada estuvimos a 12 en el mes de febrero, ahora estamos en diciembre, a 11, y con un partido menos, suficiente razón como para no dar por perdida esta competición, suficiente motivo como para plantarle cara al Barcelona y ponerlo de rodillas otra vez.

Es hora de emborracharlos con copas de bilis, de hacerlos brindar por la amargura, de embelesarlos con envidia y escozor. Es hora de ver a Piqué hundido, volviendo a declarar, con el cinismo que lo caracteriza, que: “es la primera vez en nueve años que me siento inferior al Madrid” cuando la inferioridad y el complejo de segundón lo viene padeciendo desde la cuna.

El clásico para los culés es un título más, para nosotros es el trampolín para seguir vivos en la liga. Equipo y afición deben sincronizar los corazones para latir al unísono un constante y fervoroso ¡Hala Madrid! El grito que aprendí y el único que espetamos, desde hace varios días, apenas despertamos cada mañana.

El Bernabéu debe estar a la altura, nadie puede venir a nuestra casa a robarnos el mandado, y menos el Barcelona, aunque en cuestiones de robos, ellos son expertos. Hay que hacer respetar el santuario blanco, honrar nuestro escudo y mantener en lo más alto nuestra bandera.

Millones de madridistas, en todos los confines del planeta, paralizarán sus vidas, y alentarán al equipo desde el primer minuto, y el equipo desde el primer segundo debe buscar la victoria, incluso desde antes del partido, una vez se enfundan con orgullo la camiseta blanca, esa que puede mancharse de sudor, barro e incluso hasta de sangre, pero nunca de vergüenza.

A la hora del partido, no nos interesa más nada que no sea verlos correr y luchar por cada balón como si lucharan por salvar su propia vida. Que sientan el escudo arder en su pecho y que sus piernas se muevan al mismo ritmo del corazón.

Estaremos a muerte con ellos, no es momento para ser de Sergio o Cristiano y no tanto Benzemá o Marcelo. No es momento de cuestionar a Zidane o de pedir minutos para Ceballos. No es momento para ser de Isco o de Bale, es momento de ser del Real Madrid y remarle con todo, cualquiera que sea el once titular.

Se nos antoja un clásico con momentos gratos e inolvidables, como los vividos en la Supercopa de España, se nos antoja ver a un equipo inyectado de orgullo y rabia, con sangre en los ojos, buscando perennemente la victoria, sin rendirse y luchando hasta el final, sin que el cansancio y la fatiga se cuele en sus cuerpos. Se nos antoja que le arruinen los planes a todos esos que desean verlos caer derrotados… se nos antoja pasar una feliz y muy blanca navidad, la más blanca que no hayamos tenido jamás, a la que hemos llegado con cinco copas de más.

¡Hala Madrid, a ganar el clásico y nada más!

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