Estado de excepción

Estado de excepción

Desde hace ya un tiempo vengo detectando una ansiedad inusitada en gran parte del Madridismo a cuenta sobre todo de los malditos fichajes, algo que se ha reactivado de forma exagerada en estos tres últimos meses, debido al mal momento de Benzema, coincidente con el frustrado fichaje de Kylian Mbappe este pasado verano.

Un fichaje que, por distintos motivos y que no vienen al caso citar ahora, no se pudo llevar a cabo y el joven jugador galo, sin duda uno de lo mayores talentos -si no el mayor- que ha dado el fútbol en estos últimos años, dio con sus huesos en el Paris Saint Germain.

Sin embargo, ese verano se llegó a crear una especie de estado de excepción entre la afición que los más pijos llaman «hype«, rayano en la ansiedad y la histeria, llevados por las informaciones, muchas de ellas erróneas cuando no inventadas que, desde la prensa, daban por hecha la llegada de Mbappe al Santiago Bernabéu casi en cuestión de horas.

Una ansiedad que, por desgracia, se ha instalado en parte del Madridismo que se traga como un tragasables del antiguo Circo Price las constantes noticias sobre llegadas de jugadores a cuál más «galáctico» y rimbombante.

Noticias que, para más inri, son en su mayoría mentira como la reciente información que situaba al argentino Mauro Icardi en Madrid a finales de diciembre para pasar reconocimiento con el club blanco e incorporarse de inmediato a sus filas en este mismo mercado invernal.

No hay jugador que haya despuntado mínimamente en el mundo y que haya firmado apenas un par de partidos buenos para que, de inmediato, no le hayan buscado rápidamente acomodo en el Real Madrid.

Desde Pogba al citado Mbappe, la lista de futuribles para el Real Madrid es infinita. Gabriel Jesús, Vardy, Icardi, Kane, Timo Werner, De Gea, Courtois, Lewandowski, Kasper Dolberg, etc. Jugadores que, en muchas ocasiones, gran parte del Madridismo que suspiraba ahora por su llegada ni conocía de su existencia antes de que tal o cual medio comenzase a filtrar el supuesto interés del Real Madrid en su contratación.

El problema no es tanto que estos medios de comunicación desinformativa, esta especie de Brunete Mediática antimadridista mientan, algo de lo que en todo caso deberían rendir cuentas a sus cada vez más exiguos lectores, televidentes u oyentes y, por descontado, a sus respectivos Consejos de Administración.

La verdadera cuestión es que estas mentiras han llegado a crear un estado de ansiedad absurdo entre la afición, a la que llenan la cabeza con fichajes de nombres de moda y generan unas falsas expectativas que, cuando no se cumplen, frustran a estos aficionados que reaccionan, en su mayor parte, arremetiendo con furia visigoda contra la Dirección Deportiva del club, su presidente, el entrenador y hasta los utilleros.

Más madera, ¡es la guerra!

Esta situación de ansiedad y frustración casi constante ha vuelto irrespirable el clima en el seno del Madridismo y ha dinamitado la convivencia entre los aficionados, que como ya pasó con el caso Casillas, se ha vuelto a fracturar en dos frentes.

Por eso la prensa, en su mayoría antimadridista, no ha dudado en potenciar esta situación, echando más madera a la caldera.

El por qué es bien sencillo. Porque esa parte de la afición canaliza su frustración acusando constantemente al club de no tener proyecto, de descuidar la planificación o incluso -¡mátame camión!- de ahorrar y de obsesionarse con no gastar de más, en aras de la sacrosanta escala salarial.

Por tanto, y en vez de darle la espalda a tanto farsante y tanto fabulador, ese Madridismo, mucho de nuevo cuño, pasto de Twitter y videojuegos, prefiere perder el tiempo dedicándose a atacar a la presidencia del club por la no concreción de dichos fichajes, por más que sólo hayan existido en las mentes calenturientas de los directores de determinados medios.

Gente que, en base a esta frustración mal entendida, se permite hacer bromas con cuestiones que en un pasado no muy lejano, llegaron a hipotecar seriamente el club. Hasta el punto que, hasta la llegada de Florentino Pérez al Real Madrid en 2000 saneó las cuentas, nos había dejado en una situación económica lamentable, con el club en quiebra técnica y al borde de su conversión en Sociedad Anónima Deportiva.

No creo que haga falta recordar cómo acabó financieramente el club en esa época, al que una disparatada política salarial entre finales de los años 80 y mediados de los 90, nos había llevado al despropósito de tener que vender en 1998 a una de nuestras estrellas como era Clarence Seedorf para poder pagar las nóminas.

Disparar con pólvora del rey

Pero eso les da igual. Que hay que pagar 180 millones de euros al Mónaco y 18 netos a Mbappe, pues se pagan gustosamente, que para eso somos ricos… aunque el dinero no sea nuestro. Que nos piden 120 por Icardi, pues como estos, que el dinero está para gastarlo, sobre todo el ajeno…

Que el chaval tiene contrato en vigor y, sencillamente su equipo no quiere vender, no pasa nada, le regamos de millones y que, como somos el Madrid, el chaval va a venir aunque sea andando, aunque no quiera cambiar de aires. Pues menudos somos, oye…

Ya nos libramos de una buena el verano de 2016 cuando no se concretó el fichaje de Paul Pogba por el Madrid y el excéntrico (y sobrevaloradísimo) centrocampista galo cambió Turín por Manchester para jugar por el equipo de José Mourinho, por la nada despreciable cifra de 120 millones de euros.

Los primeros días de agosto y parte de septiembre, a raíz de apenas tres empates consecutivos, ya se empezó a lanzar el mensaje de la mala planificación deportiva.

No era de recibo, pues, que el Madrid hubiese dejado escapar a la perla del fútbol europeo de entonces por un puñado de millones y, por contra, apenas se reforzase con la vuelta de Morata por «sólo» 30 millones de euros y la incorporación de Marco Asensio, que encima volvía gratis.

Afortunadamente, el pésimo desempeño de Pogba en el Manchester United, muy por debajo de las expectativas despertadas con su fichaje, y sobre todo la fastuosa campaña del Real Madrid, con cinco títulos acalló las bocas de los agoreros y profetas del pasado.

Sin embargo, esos personajes que, como digo, pueblan las gradas del Bernabéu y juegan a ser Directores Deportivos y General Managers del club desde sus cuentas de Twitter y el mando de la PlayStation ahora han saltado de nuevo a escena y, con la excusa de que los títulos ganados son ya parte del pasado y una mal entendida exigencia, no paran de pedir que el club pague lo que sea por quien sea.

El que ese domingo haya marcado más goles en Europa, aunque sea en la Liga eslovena, y al que, por descontado, los medios se encargarán de darle eco a bombo y platillo para ir «macerando» a la gente.

Da igual el nombre, el origen y su club. Si marca dos o más goles y encima se da la circunstancia que hemos cosechado un mal resultado o, aun habiendo ganado, nuestros delanteros no marquen, ya les tenemos en tromba repitiendo que hay que ficharlo cueste lo que cueste. Y que no se respire miseria, qué demonios, que «semos» el Madrid.

Neymar, otro ejemplo de frustración absurda

Y qué decir de Neymar. Un caso arquetípico de esta frustración ante meros nubarrones de puro humo negro es el del hipotético fichaje del delantero brasileño con el que la prensa lleva semanas dando la matraca.

Así pues, la prensa (y la gente que ya lo ha «comprado») habla de Neymar y pone su nombre encima de la mesa con una naturalidad que espanta. Un jugador que este mismo verano rompió la baraja fichando por el PSG por la friolera de 220 millones de euros y a razón de 30 millones netos por año y que dicen que se ha cansado de París y va a venir a Madrid para culminar la obra de Florentino Pérez.

Una operación que, además de falsa, se antoja disparatada y económicamente inviable para cualquier economía que no tenga una inyección de petrodólares por detrás entrando en carretillas.

Vamos, que el dueño del PSG, el jeque Nasser Al-Khelaïfi, que acaba de destrozar el mercado fichando el pasado mes de julio a Neymar a base de meter dinero qatarí, nos lo va a regalar porque somos el Real Madrid. Seguro. Pero claro, con el dinero ajeno todos somos grandes compradores…

Y no sólo por el coste del fichaje, que se antoja astronómico. A eso habría que unirle la comisión de Papá Neymar, que nunca ha sido barata (que pregunten en Barcelona, a ver qué opinan de eso) y los «toys» y el cumpleaños de su hermana, los carnavales de Rio y las corruptelas de la empresa familiar, denunciada por estafa en Brasil.

Por tanto, y como se ve a simple vista, se trata de un fichaje que, seguramente, en el Real Madrid nadie se ha planteado siquiera por su entramado económico y por las consecuencias extradeportivas que, sin duda, va a acarrear su llegada.

Pues bien, con todo lo que se ha sabido del brasileño y lo que le cuelga, que como se ve no es moco de pavo, aún hay madridistas que se lamentan, primero, de que Florentino Pérez desestimase su fichaje en 2013 y, peor aún, de que Neymar no recale en el Real Madrid hoy mejor que mañana.

Aun así, ya hay madridistas rasgándose las vestiduras porque el Madrid no haya fichado ya al carioca, a pesar de que un fichaje así pueda suponer hipotecar al club en los años venideros. Pero claro, qué más dará, si «semos el Madrí» y tenemos el dinero por castigo…

Fichar sí, pero no a cualquier precio

Para ir concluyendo, diré que no veo mal que se quiera buscar algo para mejorar lo que hay. Lo único que pido -aunque sé que es mucho pedir- que la gente no se haga ilusiones con cada nombre que, por desgracia, cada semana nos ponen encima de la mesa ni tampoco hagan un drama con cada futbolista que, por el motivo que fuere, decide no fichar por el Real Madrid.

Por eso quiero atreverme a pedirle al Madridismo dos cosas:

1ª) Que no muerda el anzuelo que la prensa le va a ir poniendo a base de «cromos», a cuál más suculento y a precios a cuál más disparatados.

2ª) Que en caso de que esos hipotéticos fichajes no se lograsen llevar a cabo no sean considerados sistemáticamente como fracasos del club porque, primero, a lo mejor nunca estuvieron encima de la mesa y por tanto el club nunca se planteó su fichaje y, segundo, porque nos guste o no, en el fútbol ya no están solo Madrid y Barça y hay además no se puede fichar todo ni a cualquier precio

Asimismo, querría recordarle a aquellos fans de fichar como en el FIFA o el PES,  que desgraciadamente, y como ya anticipó hace un par de años el propio Florentino Pérez, ya hay otros actores en el mercado con más dinero y con posibilidad de ofrecer proyectos como mínimo tan competitivos como el Real Madrid, al menos desde el punto de vista económico.

Además, el mercado está cada día que pasa más hiperinflacionado y eso hace que ni siquiera economías tan saneadas como las del club blanco puedan o sobre todo deban aventurarse en según qué tipo de inversiones.

Por eso, y para acabar sólo quiero romper una lanza por la Dirección Deportiva del club, cuya gestión de estos últimos años está siendo refrendada por unos resultados que no dejan lugar a la duda. Se ha fichado bien, con cabeza y no por el hecho de fichar «barato» significa que se fiche mal.

Todo lo contrario. En una política iniciada con la llegada de José Mourinho al club blanco en 2010 y, salvo los fichajes de Bale en 2013 y James en 2014, estos últimos años al equipo han llegado jugadores cuya relación coste-beneficio ha sido altamente rentable, demostrando que no hace falta gastarse grandes sumas de dinero.

En su día, llegó al club gente como Özil, Khedira, Di María y más recientemente jugadores como Marco Asensio, Isco, Asensio, Keylor Navas, Lucas Vázquez, Kovacic y en menor medida Modric o Morata, que son claros ejemplos de eso. Y los resultados del equipo ahí están.

Y ssi afirmar eso me convierte en un peligroso «oficialista», pues bien. Lo soy. Pero lo que yo no quiero es volver a ver a mi equipo dentro de 10 años como estuvo hace 20. Sin dinero, teniendo que vender a las pocas estrellas que nos queden para pagar las nóminas y asumiendo que ni Dios con un mínimo de caché va a querer venir a jugar a nuestro equipo.

Tengo la suficiente edad para haber pasado ya por eso y, sinceramente, después de la larguísima travesía en el desierto que muchos madridistas como yo tuvimos que pasar durante casi 30 años, no me apetece que mis hijos vuelvan a pasar por lo mismo.

1 comentario en «Estado de excepción»

  1. El Madrid tiene un problema!!! La cantidad de periodistas o pseudoperiodistas que parasitan en su entorno, que mienten nueve de cada diez veces, faltando el respeto al Madrid al madridismo y al propio periodismo.

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