Celta 2-2 Real Madrid: «La historia interminable»

El Real Madrid volvió a mostrar su cara más triste, la más amarga, en un partido en el que volvió a ofrecer su versión más decepcionante. Un conjunto al que sólo el acierto de Gareth Bale de cara al gol en la primera parte y una parada salvadora de Keylor Navas, que detuvo un penalti a Iago Aspas en la segunda, impidieron un desastre aún mayor, por lo que el punto arrancado de Balaídos podría considerarse incluso de un gran premio.
El equipo de Zidane volvió a caminar sobre el alambre y, lo que es peor, sin red despachándose un encuentro en el que, salvo los citados Bale y Navas y, en cierta medida, Nacho, se salvaron. El resto, especialmente Marcelo -por cuya banda llegaron los dos goles celtiñas- fue un grupo sin alma, carente de ambición y exageradamente previsible.
De nuevo, la pasividad y el incomprensible hecho de bajar los brazos cuando el equipo estaba por delante tras una primera parte digamos que mínimamente potable, dando un paso atrás y esperar lo inevitable, que era el gol del Celta en la segunda mitad, como, desgraciadamente, así fue. Y gracias, porque la cosa aún pudo ser peor…
Ahora la Liga no es que esté en chino, con el Barça a 16 puntos (eso sí, con un partido menos) sino que el subcampeonato está empezando a ponerse muy cuesta arriba ya que, merced a los últimos tropiezos blancos, el Atlético de Madrid se encuentra ya a ocho puntos y el Valencia, incluso, empieza a cobrar también una ventaja sustanciosa.
Bale y sus goles, lo mejor del Real Madrid en la primera parte
El Real Madrid vistió para este encuentro prácticamente sus mejores galas, con las entradas obligadas de Achraf por Carvajal, por sanción, y de Nacho por Ramos y Bale por Benzema, por lesión.
Asimimo, Isco volvió al «once», tras su ausencia en el Clásico y, por delante, el reto de no perder más comba con culés y atléticos, que habían ganado sus respectivos compromisos ante Levante y Getafe, respectivamente.

Sin embargo, los de Zidane salieron con una caraja considerable. Acogotados por la presión del Celta, el Madrid se encontró con bastantes problemas a la hora de la circulación del balón y Modric y Kroos apenas sí podían sacar el balón con unas mínimas garantías.
Afortunadamente para los blancos, el Celta tampoco tenía su día y, más preocupados por destruir el juego madridista que de crear peligro, lo cierto es que la pelota tampoco les duraba demasiado.
En un mar de imprecisiones, el Real Madrid poco a poco fue dominando el juego pero sin ninguna mordiente. El juego del Madrid, lento y previsible, se basaba en meras conducciones de Isco y algún intento baldío de Marcelo y Achraf por las bandas pero, como digo, carentes de peligro.
El problema para los de Zidane es que al darles las bandas íntegramente a sus laterales, y como por desgracia es ya una constante en este equipo, tanto Achraf como Marcelo -sobre todo este último- olvidaron que además de atacar debían defender y el Celta, bien aleccionado, descubrió pronto el agujero negro en el que se convirtió especialmente la banda izquierda madridista.
Y bien pronto que se dieron cuenta de ello los celtiñas cuando, aprovechando el enésimo fallo defensivo de Marcelo, en el minuto 13 Hugo Mallo entró como Pedro por su casa y Aspas, tras ganarle la espalda a un despistado Nacho, remachó desde el mismo área pequeña pero el balón se estrelló contra el poste izquierdo de la meta de Navas.
Lejos de espabilar, el Madrid siguió con su fútbol de toque plano y vacío, dejándose enredar en la presión celtiña, que había abierto un melón ciertamente jugoso como era la banda de Marcelo y no parecía dispuesto a desperdiciar esa bicoca.
De hecho, el Celta volvió a avisar seriamente en el minuto 24 con una nueva contra de Iago Aspas por la banda izquierda del Madrid, que dejó el balón en la frontal del área para que Wass, viniendo desde atrás y sin oposición, disparase flojo y desviado a la derecha de Keylor.

Apenas un minuto después, el Real Madrid puso a prueba por vez primera a Rubén Blanco en una acción personal de Casemiro quien, desde más de 30 metros, se guisó y se cocinó un magnífico disparo al que el meta olívico respondió con una no menos excepcional parada.
Aquello no fue más que un espejismo porque la falta de intensidad defensiva del Madrid no hacía presagiar nada bueno, como así fue. En el minuto 32 un balón inocente perdido en la zona defensiva del Celta permitió una contra explosiva del equipo gallego comandada por Aspas, quien vio completamente libre de marca a Wass por la banda izquierda blanca.
La galopada del centrocampista danés, sin ninguna oposición, le permitió plantarse solo ante Keylor Navas, al que batió con una suave vaselina y la sombra del desastre empezaba a cernirse como un negro nubarrón sobre las cabezas de los de Zidane.
Pero el Madrid tiene estas cosas. Apenas tres minutos más tarde, una larguísima conducción de Kroos desde su propio campo habilitó a Bale, que había ganado la espalda a Cabral y el galés cruzó el balón ante la salida de Rubén Blanco para anotar el empate.
Un golpe duro e inesperado que los de Unzué no supieron encajar y tras sólo dos minutos, Bale volvió a sorprender rompiendo a la defensa celtiña y aprovechado un gran servicio de Isco desde la banda derecha para anotar el segundo y darle la vuelta al marcador.
Con ventaja en el luminoso, el Madrid controló sin problemas los últimos minutos de la primera parte y, aunque no volvió a acercarse por los dominios de Rubén Blanco, lo cierto es que dominó a placer, dando la sensación de que el partido estaba finiquitado para los blancos.
Una lamentable segunda parte
La segunda mitad volvió a mostrar de nuevo la peor cara de los de Zidane y ese fútbol-control y, lo más importante esa superioridad mostrada en los últimos minutos de la primera parte desaparecieron como por arte de magia. El Celta redobló la presión en la salida de la pelota como al inicio del partido y el Madrid se empezó a deshacer como un azucarillo en el café.

Kroos y Modric se convirtieron en sendas caricaturas de sí mismos, incapaces de sacar un balón en condiciones y Casemiro ya no daba abasto ante las acometidas del centro del campo del Celta, mientras que Achraf y Marcelo seguían en Belén con los pastores.
Los primeros minutos fueron un completo desastre para el Real Madrid, al que apenas le duraba la pelota y, aunque sin demasiados agobios, veía cómo el Celta iba acercándose cada vez más a los dominios de la defensa madridista.
En el minuto 53 Nacho tuvo que emplearse a fondo para sacar de cabeza un balón de Pione Sisto que iba directo hacia Wass quien, completamente solo, esperaba el balón para empujarlo al fondo de la red.
El único peligro que era capaz de llevar el Madrid al área del Celta venía a base de fogonazos sueltos. En el 54 fue Cristiano Ronaldo el que dispuso de una gran oportunidad. Pero no era el día del portugués, absolutamente desdibujado durante todo el partido, y su disparo se marchó fuera.
También lo intentó Isco un minuto después pero su lanzamiento desde dentro del área, con la rosca marca de la casa, se marchó por encima de la escuadra de Rubén.
Dos destellos que no podían tapar el pésimo juego que el Real Madrid estaba desplegado en ese momento en Balaídos y que una vez más, Aspas se encargó de desnudar con una nueva internada por la banda de Marcelo.
Al filo de la hora de partido, el balón, pésimamente defendido por una nube de jugadores madridistas, acabó suelto en la frontal del área donde Jonny se despachó un zapatazo que se marchó por encima de la meta de Navas por bien poco.

Con el equipo roto en defensa y, sin visos de cambiar, el partido llegó al minuto 70 cuando una perfecta contra dirigida por Aspas y Jonny,que devolvió de primeras al delantero gallego para romper una vez más la defensa madridista. Aspas se plantó solo ante Navas, quien trabó al delantero gallego en su salida en un clarísimo penalti.
Sin embargo, Navas obró el milagro y detuvo el lanzamiento flojo y pegado a su poste derecho, otorgándole al menos algo de oxígeno a un Real Madrid que parecía completamente fuera de sitio, tanto en ataque como sobre todo en defensa. Un desastre que veíamos todos dentro y fuera del campo, menos Zidane que seguía erre que erre confiando en los mismos once.
Tuvimos que llegar al minuto 75 para que el técnico francés se decidiese a llevar a cabo las primeras sustituciones. Un doble cambio, además, controvertido porque retiró a Bale del campo para dar entrada a Lucas Vázquez, cuando el galés -aunque desaparecido en la segunda parte debido a la ausencia de balones- estaba siendo de lo mejor del equipo esta noche, al tiempo que Modric dejaba su sitio a Kovacic.
Con el cambio, el Madrid recuperó algo de verticalidad y desborde por la banda derecha pero aquél no era el día y aunque en varias ocasiones el Madrid lograba romper la espalda de la defensa del Celta por su banda derecha, los centros de Achraf y del propio Lucas apenas sí llevaron peligro, mientras que Cristiano Ronaldo y Marcelo se estrellaban una y otra vez contra la defensa celtiña.
Parecía, pues, que el Madrid podría dar algún que otro susto a los de Unzué y, al menos, obligarles a retrasar su línea de presión. Y, de hecho, a punto estuvieron de hacerlo en el minuto 81, pero el disparo flojo de Cristiano Ronaldo acabó suavemente en las manos de Rubén.

Aquello fue el acabóse. O como dice la inolvidable Mafalda, la maravillosa protagonista de los cómics de Quino, aquello fue el «empezóse del acabóse» ya que en la siguiente jugada ocurrió lo inevitable.
Marcelo culminó su pésimo partido con un intento fallido de ruleta intentando sacar el balón por su banda en el centro del campo y con todo el equipo saliendo. Una frivolité ante la cual, y para más inri, el defensa brasileño se quedó maldiciendo su suerte en vez de perseguir al «Tucu» Hernández.
El argentino no desaprovechó el carril vacío del «3» madridista y abrió sobre Aspas quien, sin ninguna oposición, colgó un balón franco al corazón del área pequeña donde apareció Maxi Gómez, igualmente solo, para triturar de un durísimo testarazo a Navas, ante la pasividad de hasta tres defensores madridistas,
En ese momento y como suele venir ocurriéndole al Madrid de Zidane en muchas ocasiones, le entraron las prisas y las ganas de correr pero, como dije antes, no era el día aunque no fue por falta de oportunidades.
Con el Madrid volcado sobre el área celtiña Cristiano Ronaldo pudo marcar el tercero en una jugada personal desde la izquierda pero su disparo se fue al lateral de la red, cuando Asensio, que acababa de entrar por Isco, estaba completamente solo en el área pequeña para empujarla.
Y aún dispuso de otra gran oportunidad, la mejor sin duda de la segunda parte. A falta de tan solo un minuto para cumplirse el tiempo reglamentario, Casemiro colgó un excelente balón al punto de penalti donde se encontraba Lucas Vázquez, completamente libre de marca.
El control orientado con el pecho del delantero gallego le dejó en una situación inmejorable frente a Rubén Blanco pero, inexplicablemente, disparó al muñeco cuando tenía toda la portería para él, desperdiciando la última ocasión del partido.
Un partido que, apenas un minuto antes, nos dejó un piscinazo descomunal de Iago Aspas, que simuló un derribo de Marcelo y que, en mi opinión, debió haber sido sancionado con tarjeta amarilla.
Finalmente y sin que el colegiado Jaime Latre apurase siquiera los tres minutos que había decretado como prolongación (pitó cuando faltaba aún medio minuto para cumplirse el tiempo previsto), el partido llegó a su fin. Sobre la tumba liguera del Real Madrid cayeron quizás, las últimas paletadas de tierra para sepultar las últimas y remotas posibilidades de revalidar su título.
