Leganés 0-1 Real Madrid: «Una victoria para mostrar el camino»

El Real Madrid dio un importante paso para continuar en la presente edición de la Copa del Rey al imponerse por la mínima en Butarque a un correoso Leganés que, como se esperaba, vendió muy cara su derrota.
Los de Zidane, hoy con la mal llamada «Unidad B», volvió a defraudar, ofreciendo de nuevo una penosa imagen en cuanto a creación de juego y, en lo que está siendo un mal endémico esta temporada, mostrando una peligrosa carencia de generación de oportunidades.
Incluso, en ocasiones -especialmente en la segunda parte- el Real Madrid se vio claramente superado por un Leganés, al que además no le hizo falta desplegar un buen juego sino que, a base de corazón y empuje, puso contra las cuerdas a los de Zidane durante un largo rato.
Sin embargo, una genialidad de Marco Asensio prácticamente al final del encuentro, cambió las tornas y puso la eliminatoria muy a favor para el club blanco, que afrontará la eliminatoria de vuelta la próxima semana en el Santiago Bernabeú con una importante ventaja.

Una victoria que, no obstante, le ha salido ciertamente cara a Zidane ya que el joven Vallejo, que ayer volvía a gozar de titularidad en el eje de la zaga, tuvo que abandonar el campo en la primera mitad con un fuerte pinchazo en su pierna derecha, aún pendiente de valoración médica.
Ahora bien, y visto cómo jugaron hoy los chicos de Garitano, lo que parece evidente es que será un partido que exigirá de los de Zidane el máximo esfuerzo y concentración, para evitar sustos como el vivido hoy en Butarque.
A Butarque con la «Unidad B»
Contrariamente a lo que mucho podrían imaginarse y, dado que Zidane había cifrado gran parte del éxito de la temporada en esta Copa del Rey, el Real Madrid saltó al césped de Butarque con un equipo absolutamente revolucionario… y muy osado.
No hace mucho se pedían cambios, se señaló a determinados jugadores, especialmente tras los últimos tropiezos. Pues bien, esos cambios llegaron en la figura de los que han venido disputando las dos eliminatorias previas ante Fuenlabrada y Numancia, que fueron los elegidos para el compromiso en Butarque.
Con una defensa inédita con Carvajal y Theo por las bandas y una improvisada pareja de centrales, con Varane y Vallejo, Zidane optó por dejar en casa a la BBC y poner sobre el campo un claro 4-2-3-1. Con Llorente y Mateo Kovacic en la trastienda y a Ceballos al frente de la «sala de máquinas», acompañados por Asensio y Lucas Vázquez en las alas, el francés dejó a un solitario Borja Mayoral en punta.

El experimento no resultó precisamente bueno ya que el Real Madrid comenzó dubitativo, un tanto acogotado por el entramado defensivo montado por Asier Garitano, que decidió esperar atrás y salir a la contra a la primera ocasión de la mano de un bullicioso Beauvue.
Con muchas dificultades para mover la pelota, el Madrid se enredaba una y otra vez en la tela de araña tejida por el técnico vasco y todo el peligro de los de Zidane venía de algunos centros poco afortunados de Lucas Vázquez y Asensio.
Precisamente, al cumplirse el primer cuarto de hora de partido y tratando de defender una rápida contra del Leganés, Vallejo caía a plomo sobre el césped llevándose la mano al muslo derecho al sentir una fuerte contractura. Una inoportuna lesión que obligó a Zidane a sacar a Nacho al campo casi sin calentar.
Beauvue fue el protagonista en estos primeros minutos ya que minutos antes de la lesión de Vallejo debió ser amonestado tras dejarle los tacos a Kiko Casilla en una fea acción, cuando el francés ya no podía llegar al balón.

Pero también cuando le ganó la espalda a Carvajal en otra contra y el lateral madrileño midió mal, embistiéndole cuando se iba solo, en una jugada que también debió ser cobrada no sólo con falta, ya que el colegiado no la señaló, sino con una cartulina amarilla, en la que parecía la jugada con más peligro del partido hasta el momento.
En el minuto 23 se produjo el primer acercamiento madridista con cierto peligro a la meta defendida hoy por el argentino Champagne, cuando en una gran jugada de estrategia, Asensio le puso un magnífico balón a Varane, pero su remate de cabeza se marchó por encima del larguero.
A partir de ahí, el partido entró en una fase soporífera, en la que no pasó absolutamente nada y en la que la pelota deambulaba por el centro del campo sin apenas criterio. Hubo que esperar hasta la media hora para ver algo de peligro, con un disparo lejano de Eraso desde la frontal del área.
Sin embargo, apenas un minuto después el Leganés le puso en bandeja al Real Madrid su primera gran oportunidad del encuentro cuando, en una jugada sin aparente peligro en la zona defensiva pepinra, Siovas le cedió el balón a Rubén Pérez quien inexplicablmente le regaló el balón a Kovacic que se quedó completamente solo ante Champagne.
Sin embargo, el jugador croata no supo definir y tiró el balón fuera cuando lo más fácil era meterlo, sobre todo, porque a su izquierda tenía a Borja Mayoral con la caña absolutamente desmarcado.
Aquel fue el último estertor de un Real Madrid que, a cada minuto que pasaba se le atragantaba más la presión blanquiazul y el fútbol comenzó a brillar por su ausencia.

Estos momentos de ausencia casi total de fútbol dieron paso a unos minutos de cierta tensión y nerviosismos que dejaron un par de rifirafes entre ambos equipos. El primero, protagonizado por El Zhar, que propinó un alevoso pisotón a Theo cuando el lateral madridista se dolía en el suelo de un golpe, una acción ciertamente innecesaria que mereció más castigo que la amarilla que recibió el jugador marroquí.
El segundo se produjo cuando Lucas Vázquez forcejeaba con Rubén Pérez y finalmente, la pugna entre ambos, que se venían empujando desde metros atrás, acabó con el jugador pepinero empotrado contra la valla del campo, lo que dio lugar a una pequeña tangana.
La última oportunidad de la primera parte llegó en el minuto 44 cuando Carvajal, de volea a saque de una falta de Ceballos, remató con fuerza pero su volea acabó desviada a córner, tras golpear en un mar de piernas.
Vuelve la «pegada»
La segunda mitad no nos dejó un panorama mucho mejor. El Madrid comenzó tan atenazado en su zona de creación como en la primera parte, al tiempo que los de Garitano empezaron a ganar en confianza.
Sin apenas juego pero a base de empuje y coraje, el Leganés empezó poco a poco a achuchar al Madrid y, aunque tímidamente, se empezó a animar a poner a prueba a Casilla. El primero en hacerlo fue Naranjo en el minuto 55, pero su disparo se marchó fuera.

Apenas un par de minutos después, el mismo Naranjo tuvo en sus botas el primero de su equipo tras una gran jugada de Diego Rico, con caño de tacón a Carvajal incluido, pero tampoco tuvo suerte el jugador blanquiazul.
Con el Leganés, ahora sí, volcado sobre el campo del Madrid, sobre todo tras la entrada en el campo de Amrabat, que trajo por la calle de la amargura a Theo desde el mismo instante en que puso el pie en el césped de Butarque.
El colofón a esta presión llegó en el minuto 66 cuando Marcos Llorente, muy gris durante toda la noche, se anticipó a Kiko Casilla y metió la cabeza para despejar una peligrosa falta de Diego Rico al corazón del área madridista, mandando el balón al larguero de su propia portería.
A pesar del pequeño espejijsmo que supuso ver la primera pared con sentido entre Modric, que acababa de entrar al campo por Ceballos y Lucas Vázquez, y que acabó con un disparo flojo del delantero gallego, el desconcierto táctico y de juego de los de Zidane era evidente, con muchos problemas de creación y de salida de balón.
En el minuto 75 el Leganés la volvió a tener cuando un gran pase de Amrabat desde la izquierda lo enganchó Beauvue de volea, obligando a Casilla a realizar la mejor intervención de la noche.
A partir de ahí, el equipo pepinero empezó a bajar la presión, seguramente motivado por el enorme desgaste físico que habían acumulado hasta ese momento y el Madrid, aunque a duras penas, ya con Isco en el terreno de juego, empezó a mover con más criterio el balón.

Y cuando todos en Butarque daban por bueno el empate a cero, un buen resultado sin duda para el Leganés, llegó la sorpresa de la noche. Con el reloj a punto de señalar el tiempo reglamentario, una gran internada de Theo por su banda le dejó un maravilloso balón a Asensio, quien remató de primeras en el vértice izquierdo del área pequeña, batiendo a Champagne.
Sin tiempo para más y, con un mazazo de proporciones bíblicas sobre la ruidosa afición del Leganés, Sánchez Martínez pitó el final del partido y la victoria, quizás inmerecida, cayó del lado del Real Madrid pero que marca el camino de la esperada recuperación del equipo blanco de cara a este tramo tan exigente de la temporada.
