
Real Madrid 1-2 Leganés: «Ridículo histórico»
El Real Madrid de Zidane ha culminado su descenso a los infiernos de esta temporada con una derrota vergonzante y una dolorosísima eliminación copera ante un Leganés, que por mano de su técnico, Asier Garitano, le dio un auténtico repaso táctico a su colega francés y sobre todo, le dio una cura de humildad que será recordada durante mucho tiempo.
Y es que lo que perpetró ayer el equipo, salvo muy honrosas excepciones, sólo puede tacharse de charlotada, de memez, de ridículo. Sí, un ridículo histórico que por su calado pasará a los anales de la historia de las noches más negras del Madridismo, al nivel del Alcorconazo de Pellegrini, el Chorreo de Boluda o el Caso Cheryshev.
Una derrota sin paliativos ni excusas que tiran aún más por el sumidero una lamentable temporada en la que el Real Madrid se presentaba como principal favorito pero que, a falta de cuatro meses todavía para el final de la misma, el equipo está ya fuera de combate en dos de las tres competiciones a las que aspiraba.
El Real Madrid fue ayer un equipo sin alma, sin la más mínima intensidad ni afán competitivos, una marioneta que salió a ver cómo pasaba el tiempo y a esperar que la victoria llegase sola, sin esfuerzo ya que, como hemos visto en otras ocasiones, quizás «pensamos que estaba todo hecho»…
El escalofriante dato que indica que el Real Madrid se fue al descanso sin ningún tiro a puerta entre los tres palos es el mejor reflejo de la imagen de pasividad, de indolencia y de pasotismo que se vio en la primera parte. La nada más absoluta. Y la segunda parte, entre el gol tempranero de Benzema y el segundo gol del Leganés, tres cuartas de lo mismo.
Luego tocaron a rebato y como pollos sin cabeza, sin orden, sin concierto, sin ningún tipo de alternativas salvo el consabido centro a la olla, el resto del partido fueron la viva imagen de la impotencia madridista, con un Zidane absolutamente superado por las circunstancias y que, confiado en el resultado de la ida y por el hecho de la presunta entidad del rival y de jugar en casa, decidió no llevarse a la caballería, con lo que el equipo quedó absolutamente romo de soluciones para remontar la eliminatoria.
Ahora, con la Liga perdida y fuera de la Copa en enero, el Real Madrid se ha visto obligado a poner todos sus huevos en el cesto, tan inestable como peligroso de la Champions, donde para más «inri», nos espera el París Saint Germain, que como buen tiburón, sin duda ha olido la sangre y estará afilando sus colmillos para hincarle el diente a un equipo como el de Zidane que, visto lo visto, no ofrece ninguna garantía.
45 minutos de espanto
Como era previsible, y dadas las circunstancias que rodeaban el partido, Zidane siguió apostando por su politica de dejar a la flor y nata del equipo en casa y, salvo por las bajas obligadas de Vallejo, reemplazado hoy por Ramos, que volvía tras su lesión, y Ceballos, cuyo puesto fue ocupado por Isco, y el cambio de Benzema por Mayoral en la punta de ataque, el Madrid se presentó en el Bernabéu con un once prácticamente idéntico al que ganó en Butarque.

Desgraciadamente, como entonces, las prestaciones fueron casi idénticas. El Madrid salió andando, sin intensidad y muy superado por la tela de araña y la presión que mostraron como principales armas los de Asier Garitano, que saltaron al césped con la intención de comerse al Real Madrid por las piernas y cumplir su sueño de revertir la eliminatoria.
Y casi lo consiguen nada más empezar, cuando en el minuto 5 una mano de Kovacic cerca del área provocó un golpe franco que Beauveu lanzó a la cepa del poste derecho de Kiko Casilla, en lo que fue el primer aviso de que esa noche quizás no iba a ser tan plácida como se esperaba.
El Madrid lejos de inmutarse y fiel a su esquema de fútbol de toque, olvidándose de la verticalidad y la rápida circulación de balón que vimos el domingo en ese mismo estadio ante el Deportivo, apenas sí creaba peligro. De nuevo, el fútbol paupérrimo, de balones al pie, sin el más mínimo atisbo de desmarque ni de buscar los espacios.
Pero lo peor estaba aún por llegar. El Madrid lograba llegar sin excesivas dificultades a la zona de tres cuartos del Leganés, que perfectamente plantado, dominaba a placer y controlaba sin problemas el partido.
Entre otras cosas, porque debido a la escasa concentración de la que hicieron gala muchos futbolistas que convirtieron el partido en un festival de fallos, muchos de ellos groseros, en el pase y la entrega de balón, que hacía que los de Garitano pudieran salir con cierto peligro.
Errores en pases a dos o tres metros, intentos de cambios de dirección que acababan en la otra punta del campo, fallos en definitiva, que denotaban que prácticamente ninguno de los once jugadores blancos estaban con la cabeza en el partido. Y un sinfin de córners en corto que acababan siempre en la nada más absoluta.
Achraf era incapaz de dar un pase en condiciones, Llorente era una máquina de perder balones, Isco se perdía en aventuras sin sentido, con regates muchos de ellos tan aparatosos como intrascedentes, Kovacic corría sin criterio de un lado al otro del campo, Asensio estaba emperrado en colgar balones…. Sólo Lucas Vázquez y Benzema se ofrecían y lo intentaban pero claro, eran ellos dos solos contra todo un entramado defensivo, de ayudas y solidaridad que convirtió su guerra en algo sencillamente imposible.
El primer tiro con peligro, por decirlo de alguna forma, del Real Madrid llegó en el minuto 28 con una falta directa que Isco botó muy por encima del arco de Champagne, que hasta ese momento era un espectador más del partido.

Pero aquello no fue más que un espejismo ya que el Real Madrid, en base precisamente a esa carencia absoluta de concentración, le regaló el primer gol al Leganés de la forma más ridícula y lamentable posible. En el minuto 30 Ramos se despachó un cambio de banda en dirección a Achraf que controló mal ante la presión, tímida eso sí, de Amrabat.
El joven futbolista marroquí cedió el balón atrás a Nacho quien, inexplicablemente, dudó entre controlar o despejar y se quedó en nada. El balón le atravesó como si fuese transparente y Eraso, que seguía la jugada, avanzó completamente solo un par de metros y desde fuera del área lanzó un zapatazo que se coló como un misil tierra-aire por la escuadra de Kiko Casilla, que poco pudo hacer para detener ese golazo.
Lejos de lo que podríamos esperar, el Madrid no sólo no reaccionó ante el gol, que igualaba la eliminatoria, sino que siguió ofreciendo más de lo mismo. Toque lento, horizontalidad y balones a Lucas Vázquez y Asensio para que colgasen balones sin ton ni son, fácilmente despejados por la poblada defensa «pepinera».
Ah, y regates y más regates absolutamente absurdos, muchos de cara a la galería de Isco, empeñado en hacer la guerra por su cuenta y más balones perdidos por Kovacic y Llorente en 45 minutos que en casi en toda su carrera.
Es más, el marcador al descanso pudo ser aún mayor si el acrobático remate de chilena de Beauveu a punto de cumplirse el minuto 45, en un nuevo error defensivo al alimón entre Ramos y Achraf, se ajusta un poco más y no pasa a escasos centímetros del poste derecho de Casilla.
El marasmo madridista
La segunda parte no pudo empezar mejor para los de Zidane. Con una circulación de balón un poco más rápida y algo más de mordiente, el Madrid salió con otro espíritu, al menos a primera vista.
Y no hubo que esperar mucho para ver el empate. Apenas dos minutos de la reanudación y merced a esa velocidad que le había imprimido a su juego el Real Madrid en estos primeros instantes, una gran triangulación entre Benzema y Lucas Vázquez acabó con el remate del francés cruzando ante Champagne en el primer tiro entre los tres palos del partido por parte de los de Zidane.
Parecía, pues, que superada la caraja de la primera parte y ya con la eliminatoria encarrilada, el Real Madrid se volvería a parecer al del domingo. Pero nuestro gozo en un pozo.

Afectado por un mal que parece endémico, su incapacidad enfermiza para saber mantener un resultado, de jugar con un marcador favorable sin caer en la autocomplacencia o en el aburrimiento de verse por delante, los de Zidane volvieron a bajar los brazos. Pensando más en la ducha y en el compromiso liguero del sábado ante el Valencia, el Real Madrid literalmetne se «borró» del partido.
Lejos de lo que podía imaginarse, el Leganés no sólo no acusó el golpe sino que, viendo la actitud del Madrid, adelantó las líneas, redobló la presión y se fue a por el partido. Sin complejos y con la valentía del que nada tiene que perder, se comió literalmente al Real Madrid.
Por eso y dado que esa historia ya la habíamos visto tantas y tantas veces esta misma temporada en este mismo estadio, sobre todo en Copa del Rey como los días del Fuenlabrada y Numancia, sin ir más lejos, empezó a verse más cerca el 1-2 que el 2-1. Sobre todo cuando en el minuto 52, en un fallo incomprensible, Gabriel Pires no acertaba a cabecear a la red un centro de DIego Rico desde la izquierda, cuando estaba completamente solo y con Casilla batido.
Esto fue el preludio de lo que estaba aún por venir ya que cuatro minutos más tarde, un córner botado por Eraso lo remató con furia de cabeza Gabriel Pires al fondo de la red, en un fallo casi de infantil de Theo, que durante un par de segundos perdió la marca del jugador del Leganés y le ganó la espalda para rematar a placer.
En esos momentos, y con más de 30 minutos por delante el Real Madrid se encontraba ante el peor escenario posible. Un equipo bien plantado, con una estructura defensiva soberbia… y un banquillo en el que la única alternativa atacante era Borja Mayoral.
Pues bien, el Real Madrid dio un paso al frente pero la sensación de impotencia seguía creciendo. Sin ideas y de nuevo abusando del regate de Isco, negado hoy y con un centro del campo incapaz de crear el suficiente fútbol para abastecer de balones de peligro a Benzema, la única referencia ofenisva y con Lucas y Asensio carentes de mordiente por las bandas, muy bien tapadas por los laterales del Leganés, muy bien ayudados además por los centrales.

Aun así, pasaban los minutos y esa misma parálisis que se veía en las mentes de los futbolistas se adivinaba también en la de su técnico, cuya única alternativa fue esperar casi 10 minutos tras el gol y hacer un doble cambio que espoleó algo más al equipo y, sobre todo, empezó a dotarle de más fútbol y profundidad.
En el minuto 69 Llorente y Achraf dejaron sus puestos a Modric y Carvajal y aquello empezó a carburar. El tapón que se había producido en el centro del campo se deshizo y el Madrid empezó a mover la pelota con mucho más criterio, mientras que y la dupla Lucas Vázquez y Carvajal empezó a acaparar el juego ofensivo del equipo por la derecha, creando superioridades, por ma´s que luego quedase en nada por ese abuso de los centros a la olla.
Con el Madrid volcado en el área del Leganés, se esperaba alguna contra de los de Garitano en cuanto encontrasen la más mínima oportunidad y a punto estuvo de aumentar el marcador en el minuto 71, con una gran combinación del ataque pepinero que acabó con un disparo franco de Eraso ante el que Theo tuvo que aplicarse a fondo para desviar cunado se cantaba el tercero.
Sin embargo, pasaban los minutos y la banda izquierda seguía absolutamente inoperante, con un Isco cada vez más perdido y un Asensio totalmente desdibujado que, ni desbordaba como antaño ni tampoco ofrecía alternativas de pase entre líneas. De hecho, el malagueño tuvo en sus botas el empate en el minuto 73 pero tras un control interminable, optó por la peor de las soluciones intentando su conocido tiro con rosca, pero en esta ocasión el balón se fue alto, ante la desesperación de Lucas y Ramos.
Una situación que Zidane no atajó hasta el minuto 77, cuando sustituyó a Isco por Borja Mayoral. Un cambio que, unido a que Ramos se convirtió en un atacante más, convirtió el dibujo del Madrid en un 3-2-5 que embotelló literalmente a los de Garitano pero que hizo que el partido se convirtiese, a su vez, en un festival de centros al área.
Eso sí, el Real Madrid recuperó la frescura en el ataque y que, en cuanto se desatascó el centro del campo el Madrid tiró a puerta en 10 minutos más que en todo el resto del partido. Así, en el minuto 80 Champagne le sacó una excelente mano a un remate raso pero excesivamente centrado de Benzema tras un gran pase de Lucas.
Dos minutos más tarde, otro gran centro de Lucas Vázquez fue rematado por Mayoral pero su testarazo se marchó pegado al poste derecho de Champagne.

En plena orgía de ataque madridista, llegó la mejor oportunidad del Madrid cuando en el minuto 84, de nuevo Lucas Vázquez en este caso desde la izquierda le puso un balón majestuoso a la cabeza de Ramos quien desde el punto de penalti conectó un espectacular remate que Champagne sacó con una no menos espectacular parada.
A partir de ahí, más aturullamiento, pérdidas de tiempo más o menos veladas por parte de un ya amonestado Champagne y los tres minutos de añadido volaron en un santiamén y el desastre se consumó. El Madrid, impotente, quedaba eliminado ante la alegría de un Leganés que, en tras un magnífico partido, todo hay que decirlo, festejaba el primer pase a semifinales coperas de su historia sobre el césped del Bernabéu como si de un título se tratase.
