Espanyol 1-0 Real Madrid: «Un equipo sin plan ni alma»
El Real Madrid se ha acostumbrado este año a mostrar en ocasiones un rostro absolutamente indolente, pasota y absolutamente indigno del escudo de esa camiseta. Y el del partido ante el Espanyol en el RCDE Stadium ha sido uno de esos.
Con un equipo absolutamente revolucionario y lleno de caras en teoría menos habituales, el once que saltó al césped de Cornellà-El Prat no sólo no dio la talla sino que mostró unos síntomas que, desgraciadamente, ya hemos visto en otras ocasiones.
Y no porque los jugadores no tuviesen calidad como para ganar al 15º equipo de la tabla de clasificación de la Liga, que no es el caso, sino por su actitud, que rayó en ocasiones lo desesperante y lo indignante.

Juego lento, parsimonioso, sin profundidad, sin mordiente, sin ambición, en definitiva, sin alma ante un equipo, el blanquiazul, que casi sin querer, fue creyéndose que se podía ganar al Real Madrid y acabó logrando el triunfo sobre la bocina. Curiosamente, esa bocina que tantos triunfos le dio el pasado año a los de Zidane y que esta temporada le ha costado ya tres derrotas (Betis, Villarreal y ahora Espanyol).
Por otro lado, Zidane tampoco tuvo su día y no porque el equipo que puso en liza no fuese de garantías sino porque no supo atajar una situación que desde antes del descanso se estaba viendo que no funcionaba. Además, volvió a andar una vez más lento de reflejos. Los cambios llegaron tarde y quizás no en los hombres que peor estaban sobre el campo.
De más a menos
Zidane sorprendió a todos con un equipo absolutamente revolucionario en todas sus líneas. A la ausencias conocidas a última hora de Cristiano Ronaldo, que se quedó en la capital de España por decisión técnica y de Casemiro, aquejado de molestias estomacales, el técnico francés cambió por completo el dibujo del equipo, apostando por un extraño 4-2-2-1
Con Keylor en la portería, una defensa inédita con Achraf, que volvía al once tras el desastre ante el Leganés, NRamos, Varane y Nacho, un centro del campo con Llorente y Kovacic en el doble pivote, Lucas y Asensio por las bandas, Isco de falso «9» y Bale en ataque.

Un experimento que en principio pareció funcionar ya que, aunque sin la velocidad de otras ocasiones, el Madrid dominaba la pelota que circulaba constantemente hacia las bandas, especialmente la derecha donde Achraf se ponía a los mandos, ayudado por un Lucas Vázquez menos escorado y más tirado hacia el centro.
Precisamente de las botas de Achraf salió el centro que dio lugar en el minuto 6 a la primera gran oportunidad del partido para el Madrid. Un centro que tocó en Aarón y acabó en la cabeza de Bale pero su testarazo, flojo y centrado, acabó en las manos de Diego López.
Al filo del cuarto de hora el peligro volvió a rondar la meta de DIego López cuando un centro de Isco, de nuevo desde la derecha, se envenenó tras tocar en Aarón y acabó estrellándose en la parte superior del travesaño de la portería espanyolista.
Con el Madrid dominando a placer, y casi sin tiempo para respirar, Varane estuvo a punto de abrir el marcador a la salida de un córner botado por Asensio, pero su remate de cabeza, algo forzado, se perdió junto al palo izquierdo de Diego López.
Y a partir de ahí se acabó el Real Madrid. Al menos tal y como lo habíamos visto hasta ese momento. La circulación del balón se volvió espesa, Asensio e Isco comenzaron una estúpida competición para ver quién hacía la jugada más espectacular y se olvidaron de mover rápidamente el balón y las ocasiones desaparecieron como por arte de magia, mientras que Llorente y Kovacic eran incapaces de dar más de tres pases seguidos sin regalar el balón.

Para más inri, la defensa blanca se mostró absolutamente desdibujada todo el partido, lo que acabó por meter en el partido al Espanyol hasta ese momento timorato y claramente dominado. A eso ayudó sobremanera el tremebundo error cometido por Raphaël Varane en el minuto 25.
En un fallo absolutamente intolerable, el central francés intentó un centro en profundidad muy comprometido desde su área que interceptó Carlos Sánchez de cabeza y el balón le cayó a Gerard Moreno que completamente solo se plantó ante Keylor, que desvió milagrosamente la pelota a córner aunque el árbitro decretase por error saque de puerta.
Esa tremenda ocasión supuso un aldabonazo en los de Quique Sánchez Flores que, de repente, vieron que el león no era tan fiero como lo pintaban y se sacudió miedos y complejos y empezó una presión adelantada que rápidamente se le atragantó al Madrid, incapaz de sacar el balón jugado con un mínimo de criterio.
Entró, pues, el partido en una dinámica en la que el Madrid perdió ese dominio hegemónico del balón y el Espanyol empezó a achuchar y a contraatacar con bastante peligro y apenas cinco minutos después de la ocasión de Gerard llegó la primera jugada polémica del partido.
Un nuevo error defensivo, en una jugada embarulladísima del ataque blanquiazul acabó con un disparo lejanísimo de Carlos Sánchez que pilla a la defensa blanca tirando el fuera de juego y Gerard Moreno, de nuevo libre de marca, recogió el balón de su compañero para batir por bajo a Navas.
SIn embargo, la jugada quedó invalidada por posición antirreglamentaria del delantero catalán, muy justa por cierto, ya que Llorente, despistado, se quedó ligeramente atrás, quedando casi en línea con Gerard en el momento de encarar al meta costarricense.

A partir de ese momento, apenas sí llegaron más oportunidades salvo un disparo de Marcos Llorente en el minuto 34 desde la frontal del área blanquiazul que se marchó desviado a la derecha de Diego López.
Con un juego espero y embarullado por parte de ambos equipos el partido se acercaba al descanso hasta que en el minuto 40 Víctor Sánchez se tiró con todo para cortar un disparo de Bale dentro del área, deteniendo el balón clarísimamente con su brazo.
SIn embargo, Sánchez Martínez entendió que aquella mano no era voluntaria y dejó seguir la jugada ante las airadas protestas de los jugadores madridistas, que no entendían cómo no había señalado penalti. La jugada continuó hasta que instantes después Isco era derribado en la frontal del área blanquiazul. El golpe franco lo ejecutó el propio jugador malagueño pero su lanzamiento se perdió por encima del marco de Diego López.
SIn tiempo para más, el colegiado mandó a los jugadores a los vestuarios, sin que se hubiesen apagado los ecos de la polémica, especialmente por el penalti no señalado.
Un Madrid abúlico y sin ideas en la segunda parte
La segunda parte nos dejó a un triste Real Madrid, apático, sin velocidad y con isco empeñado en perder tantos balones como florituras intentaba, mientras que el centro del campo de Zidane se volvía transparente. Y no sólo en ataque, donde tanto Llorente como sobre todo Kovacic, se empeñaban en conducciones interminables sin peligro, sino en defensa, incapaces de contener las escasas acometidas espanyolistas.

A los tres minutos de la reanudación, el Espanyol volvió a enseñar los dientes con un disparo raso de Sergio García, al que ningún defensor blanco había seguido, al que Navas respondió bien, mandando el balón a córner.
Dicho lanzamiento de esquina fue rematado por Duarte, prácticamente sin oposición, buscando el primer palo pero su remate acabó estrellándose en el larguero de la meta de Keylor Navas.
Lejos de espabilar, los de Zidane empezaron a ver cómo poco a poco los jugadores espanyolistas iban comiendo terreno y bloqueando en su presión el fútbol, cada vez más cansino, lento y previsible de los madridistas, que no sólo no creaban juego ni oportunidades sino que mostraban una actitud peligrosamente pasiva, ausente y en la que la presión y la velocidad brillaron por su ausencia.
Sin ni siquiera la baza de las entradas por las bandas, con Asensio estorbándose con Bale e intentando hacer la guerra por su cuenta y con Lucas desplazado casi al centro del campo, el Madrid fue una caricatura de equipo.

SIn profundidad en ataque y absolutamente flojos en defensa, lo sorprendente fue que ZIdane no viese aquello y no fuese capaz de ponerle coto a esa peligrosa situación en la que el gol del Espanyol estaba mucho más cerca de llegar que el del Madrid.
En el minuto 56, Gerard Moreno estuvo a punto de anotar con un disparo lejano al que volvió a responder Navas con una gran intervención.
Hubo, sin embargo, un pequeño conato de reacción con dos arrancadas de Kovacic que acabaron con sendos disparos lejanos, uno del propio centrocampista croata que paró sin problemas Diego López y otro de Bale, apenas un par de minutos más tarde, que se marchó por encima de la portería del que fuese portero madridista.
Incluso Bale, en el minuto 67, estuvo a punto de batir al meta blanquiazul tras un fallo de la defensa pero el galés, que no se espera el error, apenas pudo armar la pierna y la pelota acbaó mansamente en las manos de Diego López.
Finalmente, y tras mucho esperar, en el minuto 70 llegó el primer cambio madridista, con la entrada de Benzema por un desacertadísimo Isco quien abandonó el campo, parsimonioso y con la sensación de que el partido era favorable al Madrid.
El francés pronto se puso manos a la obra y, si bien es cierto que no creó mucho peligro, su movilidad y sus ganas de ofrecerse a sus compañeros le dieron otro aire al ataque madridista, hasta ahora demasiado estático y limitado a lanzamientos lejanos.

Sergio García volvió a avisar en el minuto 77 con un disparo desde fuera del área que se estrelló contra el lateral de la red de la portería de Navas y un minuto después, Gerard volvió a poner a prueba al meta «tico» con un gran remate de cabeza que éste volvió a despejar, no sin esfuerzo.
Los últimos instantes del partido, ya con Ceballos como recambio de Bale en el minuto 82, entraron en una especie de locura en la que se abandonaron los rigores tácticos y ambos equipos buscaron la portería con mayor o menor peligro, especialmente el equipo «periquito», que aprovechó la fragilidad defensiva del Madrid para buscar con mucha más verticalidad la porteria blanca.
Bapistao, que acababa de entrar en el campo se hizo dueño y señor de la banda izquierda y de sus botas salió un gran balón cruzado hacia el otro lado del campo que culminó Gerard Moreno con otro gran disparo que salió fuera por bien poco.
Con Mayoral en el campo, a falta de dos minutos y con Sergio Ramos, no sabemos bien si por decisión propia o por orden directa de Zidane, decidió que se colocaría de delantero centro, buscando la superioridad en ataque, en una especie de zafarrancho de combate.

Ya en tiempo de descuento, una internada de Asensio por la derecha le permitió ganar la línea de fondo pero su «pase de la muerte» no encontró más rematador que Marc Navarro, que en su afán de desviar a córner, a punto estuvo de anotar en su propia portería.
Y cuando todos daban por bueno el empate a cero, en el minuto 92 los de Quique Sánchez Flores montaron una buena contra, aprovechando que el Real Madrid estaba roto en el centro del campo y, sobre todo, en defensa, con Sergio Ramos que se había quedado de «palomero» en el área del Espanyol.
En posición de extremo derecho, Sergio García colocó un magnífico centro al corazón del área donde apareció Gerard Moreno, casi en el punto de penalti, para rematar de primeras y con el alma -el que le faltó al Real Madrid en los 91 minutos anteriores- y, tras rechazar ligeramente en Varane, el balón se coló como un obús por debajo de Keylor Navas y los tres puntos se quedaron en Barcelona, ya que apenas sí hubo tiempo para sacar de centro y poco más.
