
Athletic de Bilbao 1-1 Real Madrid: El muro fue Unai Simón
El siempre difícil campo de San Mamés ha supuesto el primer frenazo para el hasta ahora imbatible Real Madrid de Julen Lopetegui, merced a un empate en un partido que, si bien no pasará a la historia de los mejores del equipo, sí que es verdad que supo a poco y no hizo justicia a lo que se vio sobre el césped del estadio vasco.
A pesar de la «ligereza» arbitral a la hora de aplicar el reglamento sobre el excesivo ardor guerrero de los jugadores de Berizzo, el Real Madrid hizo merecimientos más que de sobra para ganar al Athletic pero en esta ocasión sus delanteros carecieron de la puntería necesaria, a lo que hay que unir el excelente partido llevado a cabo por el joven meta Unai Simón, que sacó varias manos, dos de ellas milagrosas, para evitar la derrota de su equipo.
Aun así, hubo fases del partido, especialmente en la primera parte, en las que el esquema defensivo planteado por el técnico argentino del Athletic enredó al centro del campo madridista, que tuvo bastantes dificultades para encontrar la profundidad necesaria para atacar con peligro el área rojiblanca.
Por último, decir que, una vez más, el equipo volvió a adolecer de una enorme fragilidad defensiva que hizo que, a pesar de que el Athletic apenas inquietó la meta de Courtois, a las primeras de cambio y en una jugada sin excesivo peligro, el Real Madrid encajó un nuevo tanto en contra.
Con las luces apagadas en la primera parte
De nuevo con Courtois bajo palos, el partido comenzó con un Real Madrid que apostaba sin tapujos por la victoria, con un 4-3-3 clásico, sin Casemiro y con Ceballos en la medular acompañando a Modric en la difícil labor de enlazar y suministrar de balones a Bale, Benzema y Asensio.
Los primeros minutos fueron de una presión asfixiante de un Athletic con las líneas muy juntas, cerrando todas las líneas de pase madridistas, acompañados de una intensidad muy por encima de lo permisible en ocasiones, a la espera de cazar una contra en la que Williams, Muniaín y un Raúl García, más marrullero que nunca pudiesen sacar petróleo.

El Real Madrid se encontró, pues, con bastantes dificultades para encontrar huecos para los tres de delante y aunque Modric y Ceballos lo intentaban, acompañados por Carvajal y Marcelo por las bandas, apenas lograron llevar peligro a la meta de Simón.
Aun así, los de Lopetegui no se descompusieron y a base de tocar y tocar, aunque con una circulación más lenta de pelota que en partidos anteriores, iban avanzando terreno y, sobre todo, transmitían la sensación de que el encuentro parecía más o menos controlado y que todo iba a ser cuestión de paciencia para encontrar ese último pase.
Algo que a punto estuvo de lograr Marcelo con una espectacular ruleta ante De Marcos para asistir a Asensio por su banda, que logró centrar al corazón del área para que volease Modric al fondo de la red pero la jugada había quedado invalidada por fuera de juego del delantero blanco.
Y como ese último pase o, mejor dicho, ese hueco no terminaba de aparecer la consigna fue la de intentarlo desde lejos y quién mejor para ello que Asensio.
Al filo de la media hora, cuando todo lo que se había vivido hasta ese momento fue un disparo alto de un desdibujadísimo Benzema y una internada de Williams que desbarató sin problemas Courtois, el delantero mallorquín se despachó un fabuloso disparo desde fuera del área que obligó a Unai Simón a lucirse en su primera gran parada de la noche cuando se cantaba el primer tanto de la noche.
Un mero espejismo puesto que apenas dos minutos más tarde, llegó el gol del Athletic en el enésimo despropósito defensivo madridista de la temporada.
Una aparentemente inocua internada de De Marcos por la banda de Marcelo a la que nadie opuso la más mínima resistencia, le permitió plantarse prácticamente solo ante Courtois y centrar al corazón del área pequeña donde, Wiliams, primero y Muniaín, después, apenas tuvieron que empujar la pelota a la red del meta belga, completamente desasistido.

El Madrid acusó el golpe y llegaron los mejores momentos del Athletic, que a punto estuvo de ampliar su ventaja tan solo cinco minutos después pero el gol de Raúl García, a la salida de una falta botada por Beñat desde la frontal del área, fue invalidado por claro fuera de juego.
Con una mayor movilidad, aunque sin crear el peligro necesario, en el minuto 38 Modric puso de nuevo a prueba a Simón, con un disparo raso y pegado al palo al que el meta vasco respondió con una nueva gran intervención para desviar la pelota.
El partido se fue al descanso tras una nueva falta, la enésima del partido, en este caso de Yeray y que le supuso al Athletic su primera amarilla, a pesar de la exhibición de dureza mostrada por el propio Yeray, Dani García y, sobre todo, por Raúl García, que desplegó todo su abundante catálogo de marrullerías y malas artes para con la defensa blanca, especialmente con Varane y Carvajal, con quienes se las tuvo tiesas el navarro.
Unai Simón, el gran protagonista
En la segunda parte se vio otro Real Madrid. Con la entrada de Casemiro por Ceballos, se pudo ver a un Toni Kroos mucho más adelantado, tomando la manija del equipo y asumiendo la dirección que Modric, muy flojo hoy, no había sido capaz de asumir en los primeros 45 minutos.
Aunque la segunda mitad comenzó con un aviso de Williams en forma de disparo lejano que se marchó por encima de la meta de Courtoi, lo cierto es que pronto se pudo ver a un Real Madrid mucho más dinámico y rápido en la circulación de pelota. Esto provocó que el Athletic se fuese aculando en tablas, con cada vez más problemas para tapar los espacios, que Marcelo y Carvajal iban encontrando en cada minuto que pasaba.
En los primeros minutos, ya había llegado el Real Madrid más veces al área que en toda la primera mitad. Bale mandó alto un balón que le cayó a bocajarro a la salida de un córner

Cuando el reloj marcaba la hora de juego, Bale probó a Simón desde fuera del área con una falta directa que rechazó el meta vasco con apuros hacia el centro del área. Allí apareció Sergio Ramos para recoger el rechace pero su remate a bocajarro lo despejó con el cuerpo Simón, en la mejor oportunidad del Real Madrid hasta ese momento.
En ese mismo instante, Lopetegui dio entrada a Isco por Modric, que prácticamente no había aparecido en la segunda parte y el cambio supuso una mejora importante para el equipo, que se veía cada vez más desatascado, a pesar de los intentos denodados de Raúl García para sacar del partido a los jugadores blancos, en este caso a Casemiro, con sus provocaciones, absolutamente transparentes para González González.
El cambio, en todo caso, fue providencial porque en el minuto 63 una excepcional asistencia de Bale desde la derecha hacia el área pequeña fue cabeceada por Isco al fondo de la red, en el único despiste que tuvo la defensa rojiblanca.
El Athletic notó el golpe y sólo el nuevo acierto de Unai Simón le salvó de la remontada blanca ya que en el minuto 67, un maravilloso pase al espacio desde su área a cargo de Ramos, encontró la velocidad de Asensio, quien se plantó solo ante el meta vizcaino, que se volvió a lucir ante el tiro cruzado del balear. El balón salió rechazado hacia la frontal del área y Benzema, sin pensárselo dos veces, disparó de primeras pero la pelota se marchó por encima del larguero.

A partir de ese momento, el partido cayó en picado. Tras el cambio de Lucas Vázquez por Bale en el minuto 70, ambos equipos acusaron el esfuerzo físico y lo que se preveía un aluvión por parte del Real Madrid no se produjo y el Athletic aprovechó para dar un par de sustos por la banda de Marcelo pero la cosa no fue más allá.
A falta de un minuto para cumplirse el tiempo reglamentario, Asensio protagonizó una vertiginosa internada desde la banda derecha pero cuando llegó a la frontal del área, en vez de tirar a puerta optó por centrar a Benzema. El francés dudó entre asistir a Lucas Vázquez o disparar y dio el tiempo suficiente a la defensa para interceptar el balón.
Y cuando el partido estaba ya en el descuento, una inexplicable falta de intensidad y de coordinación entre Varane y Ramos en la frontal del área blanca, le dejó botando el balón a Mikel Rico, pero su disparo flojo pero bien colocado, obligó a Courtois a adornarse.
Sin tiempo para más, el partido llegó a su fin y se alcanzó un inmerecido reparto de puntos que, atendiendo al juego y sobre todo a las oportunidades, debió haber sido blanco. Un punto que, por tanto, sabe a poco y abre el primer hueco entre el Real Madrid y el Barça, que tras su victoria agónica en Anoeta, encabeza ahora en solitario la clasficación de la Liga, a dos puntos de los de Lopetegui.
