Sergio Ramos y el exceso

 

Si hay una característica que define a la perfección la personalidad y el estilo de Sergio Ramos es el exceso. El capitán madridista es excesivo en todo. En lo bueno pero también en lo malo.

Primordialmente en lo bueno, porque el camero pasará a la historia del club (del que ya forma parte por derecho propio, dicho sea de paso) por su corazón e intensidad, que derrocha cada día sobre el campo y que, desde hace años, le ha llevado a ser con mucha diferencia uno de los mejores centrales del mundo en la actualidad y, sin duda, el mejor defensa que ha tenido el Real Madrid en los últimos 30 años.

Pero sus excesos a veces le han llevado también a cometer errores, algunos de ellos gravísimos, tanto dentro como fuera del campo, especialmente por sus excesos dialécticos y su afán por meterse en charcos a veces innecesarios (p.ej.: cuando se puso una camiseta de Özil para reivindicarle en tiempos de Mourinho, dando carnaza a la prensa, ávida de noticias contra el técnico portugués o sus coqueteos con el Barça o el Manchester United para forzar su renovación en 2015).

No entraré a valorar los “errores extradeportivos”. Entre otras cosas, porque si algo hay que reconocerle a Ramos es que desde que asumió la capitanía del Real Madrid, abandonó determinadas posturas, especialmente de cara a la prensa (con la que durante tanto tiempo mantuvo una excelente relación gracias a las “gestiones” de su hermano y representante, René) y se ha convertido en un capitán casi ejemplar en todos los aspectos.

Y eso es lo más importante, ya que desde que el sevillano capitanea al club, nunca ha dudado en defender al club y a sus compañeros a capa y espada, prácticamente en todos los foros posibles.

Sin embargo, no podemos obviar que su exceso de personalidad en el campo, tan beneficiosa en algunos momentos, le ha jugado malas pasadas.

Por ejemplo, cuando llevado por algún que otro exceso de autoconfianza, ha cometido serios errores de concentración en marcajes o cortes en defensa que nos ha costado goles (y, desgraciadamente, algún que otro título). O llevado por ese mismo afán, le hemos visto fallar en la salida de balón, tratando de jugar balones largos y errando en pases fáciles que han dado lugar a situaciones de peligro contra el equipo.

No obstante y en descargo del sevillano, hay que decir que esta temporada Ramos se está consagrando como un fantástico pasador, con una impresionante mejora en cuanto a los pases lejanos y cambios de juego de larga distancia se refiere y este año está rayando a un gran nivel en este sentido.

El excesivo afán de protagonismo de Sergio Ramos

Con la salida de Cristiano Ronaldo, el capitán madridista ha asumido un rol inesperado como es el de ejecutor de las jugadas a balón parado.

Y no sólo los penaltis, que ha lanzado con una sorprendente maestría de los que desde que se señaló el primero de ellos en un partido oficial (en concreto, en la Supercopa europea disputada en agosto) hasta el último, señalado ante el Girona, por más que en ese encuentro, donde se pitaron dos, Ramos cedió su lanzamiento a Karim Benzema.

Ahora Ramos ha asumido también el papel de lanzador de faltas directas, una faceta igualmente sorprendente, entre otras cosas porque nunca fue una labor que el central sevillano llevase a cabo habitualmente ni el Real Madrid ni en la Selección española.

Ni desde la llegada de Cristiano Ronaldo en 2009, monopolizando desde entonces la práctica totalidad de lanzamientos de falta, ni tampoco antes ya que desde que llegó Ramos al equipo en 2004, dicha labor siempre estuvo reservada a especialistas como Beckham, Figo o sobre todo, Roberto Carlos.

Por tanto, este exceso de protagonismo asumido por Ramos ha resultado ciertamente chocante y, desde luego, no ha dejado indiferente al Madridismo, que debate ahora sobre si un defensa como él debe asumir la responsabilidad de ser el lanzador de penaltis y faltas o si, por el contrario, debe dejar dicha tarea a otros jugadores, como Bale, Asensio o Benzema, auténticos especialistas en la materia.

Sergio Ramos, un magistral lanzador de penaltis

Por mi parte, he de confesar que no me pareció en absoluto adecuado que Ramos asumiese el papel de lanzador de penaltis ya que, en mi modesta opinión, habiendo jugadores como los citados Bale o Benzema, sin ir más lejos, el Real Madrid no debía depender de otros lanzadores desde los 11 metros.

Sin embargo, confieso que me ha sorprendido gratamente la maestría demostrada por Ramos en el lanzamiento desde el punto fatídico.

Le había visto lanzar algunos en tandas de penalti tanto con el club como con la Selección y es cierto que, salvo aquel disparo a las nubes que nos dejó fuera de la Final de la Champions en 2012 ante el Bayern Munich, el camero estuvo ciertamente acertado y con algunos incluso ejecutados de forma maravillosa (como el que anotó con España a lo Panenka ante Portugal en las semifinales de la Eurocopa de Naciones)

A eso hay que añadir que el 100% de los lanzamientos realizados este año con el Real Madrid han acabado dentro de la portería, por lo que, aunque no sea lo que más desee ni me guste, habrá que aplicar ese viejo refrán que decía “gato blanco o gato negro, lo importante es que cace ratones”.

Por tanto, y por más que este afán de protagonismo de Ramos no me agrade, habrá que seguir disfrutando con sus goles ya que, al fin y a la postre, todo redunda en beneficio del equipo y sus victorias.

Sergio Ramos y las faltas: Zapatero a tus zapatos

En lo que ya no estoy en absoluto de acuerdo es en el hecho de que Ramos haya tenido a bien ahora lanzar también las faltas al borde del área. Una suerte que nos es esquiva, muy esquiva desde hace bastantes años y que, como se pudo ver ayer en el partido del Barça ante el PSV Eindhoven, donde los holandeses estaban manteniendo a raya a los culés pero el gol de Messi de falta directa “abrió la lata” y sobre todo, cambió el rumbo del partido.

En el Real Madrid, desgraciadamente, nos hemos tenido que acostumbrar a la tristeza de ver cómo el empeño de Cristiano Ronaldo de estos últimos años por lanzarlo todo, se ha venido traduciendo en una lamentable falta de gol, desaprovechando una suerte que, bien ejecutada, como digo, puede cambiar el signo de un encuentro.

De hecho, y como muestra, hay que decir que el Real Madrid tan sólo anotó dos lanzamientos de falta directa en Liga la pasada campaña (Asensio ante el Valencia en Liga y Cristiano Ronaldo en la final del Mundial de Clubes ante el Gremio) mientras que el Barça y otros equipos sí que supieron aprovechar mejor esta circunstancia.

Durante las últimas dos o tres temporadas tuvimos que aguantar impertérritos a ver cómo jugadores como James, en su día, o más recientemente Bale o Asensio –e incluso Modric- por citar a unos cuantos ejemplos, eran infrautilizados en detrimento de un Cristiano Ronaldo que, día a día, era incapaz de sacar partido de los golpes francos con los que éramos beneficiados.

Pues bien, resulta que ahora que el Real Madrid se ha podido sacudir de encima ese lastre que, sintiéndolo mucho, supuso Cristiano Ronaldo para el equipo (tan solo en este sentido, que no se me malinterprete) y dispone de libertad para que estos jugadores antes citados puedan probar fortuna, llega Sergio Ramos y se pone también a tirar faltas.

De momento, sólo ha sido una, la que lanzó el pasado sábado ante el Athletic de Bilbao, pero conociendo el ansia de protagonismo del sevillano, mucho me temo que le ha cogido el gustillo a esto de seguir sumando goles en su casillero y se va a sumar a la “fiesta”, en vez de que dos consumados lanzadores como Bale o Asensio.

Dos jugadores que, opacados por la presencia de Cristiano Ronaldo, en las pocas veces que pudieron sacar su cañón a pasear ya han demostrado su acierto, asuman por fin este rol y saquen partido de esta suerte que, a diferencia del Barça con Messi por ejemplo, le ha resultado esquiva estos años.

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