
Real Madrid 3-0 AS Roma: “El Rey sigue imbatible”
El Real Madrid ha arrancado con muy buen pie en la defensa de su tercer entorchado europeo consecutivo, con uno de los mejores partidos que le recuerdo, al menos a nivel grupal, con una excelencia en el juego y una suficiencia que no veía desde la segunda parte de la inolvidable final de la Duodécima en Cardiff.
En una auténtica exhibición, los de Lopetegui trituraron sin piedad a una timorata Roma que, si bien es cierto que no pudo ofreció su mejor versión, hay que decir que gran parte de culpa de esa circunstancia la tuvo la altísima (y efectiva) presión en la salida de balón y la velocidad mostradas por los jugadores blancos, que desarbolaron a los de Di Francesco prácticamente desde la primera pelota de partido.
Desde el primero hasta el último minuto, el Real Madrid dominó a placer y ofreció toda clase de recursos tácticos, desde un juego asociativo y de posesión hasta contras fulgurantes, los de Lopetegui despedazaron el entramado defensivo italiano.
Basados siempre en una circulación vertiginosa de balón, gracias a unos inconmensurables Kroos y Modric y con la aportación de Isco y Asensio, moviéndose junto a Benzema entre líneas, los blancos desbarataron cualquier intento de la Roma de desplegar su juego, limitándose tan solo a quitarse el balón de encima a base de pelotazos que caían siempre en manos de los centrocampistas madridistas.
El partido fue un constante aluvión de ataques madridistas, por tierra, mar y aire que sólo la falta de inspiración de los delanteros blancos de cara al marco y la excelente participación del meta sueco Olsen, que sacó varios balones inverosímiles, impidieron que el resultado del partido de ayer fuese de escándalo y dejó en muy insuficientes los tres goles blancos.

Entre ellos, destacar el de Mariano. El joven delantero hispanodominicano no pudo tener mejor debut. Ante su público, en el marco de la máxima competición continental y con un auténtico golazo de bandera que hizo honor al dorsal elegido por el chaval.
Las sensaciones que dejó Mariano, especialmente con su actitud sobre el campo y el hambre demostrada en los minutos que estuvo en el césped, son inmejorables y hacen pensar que el gol de ayer no será ni mucho menos el último que marque con la camiseta blanca.
Un aluvión madridista en la primera parte
El partido comenzó con la gran sorpresa de volver a ver a Keylor Navas de nuevo bajo los palos de la meta blanca, tras sus ausencias ligueras ante Leganés y Athletic y con un 4-4-2 clásico, con Isco en lugar de Asensio.
Ni tres minutos tardó en dar el primer latigazo el Real Madrid cuando un pase de Kroos a la espalda de la defensa romanista habilitó a Bale pero su disparo, excesivamente cruzado acabó en saque de puerta.
A partir de ahí, el partido fue un constante rosario de oportunidades que, como fruta madura, iban cayendo. La primera en el minuto 7, un pase inverosímil al hueco de Modric que dejó solo a Isco ante Olsen, que empezó su recital, sacándole el balón por abajo.
A pesar de que el Real Madrid cercaba a la Roma, lo cierto es que la pelota no terminaba de entrar. Hasta Carvajal tuvo la oportunidad de anotar pero su remate de cabeza, completamente solo, demasiado flojo se marchó fuera.
Seguía el rosario de oportunidades y, con ellas, la figura de Olsen se fue engrandeciendo, sacándole dos balones de gol casi consecutivas. Primero arriba, volando para desviar un maravilloso testarazo de Ramos a la salida de un córner en el 37 y, apenas un minuto después, por debajo a Isco en un disparo desde fuera del área.

Y cuando todo apuntaba a que el partido se iba al descanso con un más que inmerecido empate sin goles y con la frustración de haber tenido todo para golear, llegó lo inesperado. De Rossi derribó a Isco en la misma frontal de área y el golpe franco fue ejecutado con una maestría absoluto por el mismo jugador malagueño.
Con una sutileza extrema, el de Arroyo de la Miel colocó el balón por encima de la barrera para alojarlo suavemente en la misma escuadra derecha de Olsen y con ello se echó al telón a la primera mitad, dejando la sensación de que el partido debería ir con un resultado mucho más abultado.
Un Real Madrid desencadenado en la segunda parte
Tras el descanso llegó el verdadero chaparrón y a la Roma le cayó un auténtico aguacero de fútbol y oportunidades que, sin embargo, bien pudo cambiar si a los cinco minutos Keylor Navas no saca de forma absolutamente inverosímil un disparo lejano de Ünder que, de haber entrado, podría haber dado otro rumbo bien distinto al partido
Aquel fue el último estertor de la Roma y su última posibilidad de cambiar la historia del encuentro ya que a partir de ahí, el equipo italiano desapareció, o mejor dicho, fue borrado del mapa definitivamente por el Real Madrid.
Sin conseguir cruzar siquiera el centro del campo, una tras otra se iban produciendo llegadas al área romanista pero la pelota, por unas cosas u otras, no quería entrar. Primero cuando, en el minuto 51, el larguero rechazó un disparo de Bale y cuatro minutos después, Olsen volvía a lucirse a pies de Modric.

Hasta que en el minuto 58 Modric vio la luz donde sólo había oscuridad y se despachó un pase magistral al hueco para Bale, que le ganó con facilidad la espalda a su defensor y, tras una gran galopada «marca de la casa», se plantó solo ante Olsen y anotó con facilidad el segundo.
Di Francesco adelantó las líneas y los de Lopetegui cambiaron automáticamente su fútbol de posesión por una velocidad aún más vertiginosa en la salida de balón, buscando la espalda de la defensa a base de contragolpes, especialmente desde la entrada de Asensio por Benzema en el minuto 61.
Precisamente, el balear estuvo a punto de marcar con sendas jugadas de fantasía. La primera de ellas con un regate en forma de ruleta en el punto de penalti y la segunda con un remate mirando «al tendido» pero sus dos remates acabaron estrellándose contra el cuerpo de Olsen.
Con Ceballos en el campo, el equipo empezó a acusar el cansancio y bajó ligeramente el pistón y, aunque el Real Madrid seguía llegando con peligro, la presión se relajó bastante y se notó porque la Roma volvió a asomarse con peligro por los dominios de Keylor Navas.
Sin embargo, el costarricense se empleó a fondo para evitar cualquier susto por parte de la Roma y se volvió a lucir de nuevo con un par de intervenciones espectaculares. La primera, sacando por abajo un disparo cruzado de Kolarov y la segunda, para despejar un cabezazo picado de Ünder.
Kroos retomó la fiesta con un disparo espectacular desde el área que Olsen volvió a sacar con una no menos espectacular palomita de Olsen, cuando se cantaba el tercero de la noche.

Así las cosas, llegamos al último tercio del partido con todo prácticamente decidido, por lo que el único aliciente que le faltaba era ver si, finalmente, Lopetegui daría entrada por fin a Mariano, que llevaba unos minutos calentando o si, por el contrario, el hispano dominicano tendría que volver a esperar para su debut.
Pronto saldríamos de dudas porque en el minuto 73, Bale dejaba su puesto a Mariano, ante el delirio de los madridistas, ávidos de ver por fin en acción al joven canterano, que no defraudó en absoluto.
Como si de un león enjaulado se tratase, Mariano saltó al césped del Bernabéu con ganas de comerse el mundo, peleando todos los balones dentro y fuera del área, moviéndose con total soltura por el ataque y buscando el gol con ahínco.
Lo tuvo en el minuto 78 con una arrancada espectacular, más propia de Ronaldo Nazario, desde su campo sorteando rivales pero al llegar al área de la Roma se le hizo de noche de golpe y no pudo continuar su camino. Incluso a la salida de un córner, en el que se estorbó ocn Ramos en el salto prácticamente al final.
Pero tanta lucha por parte de Mariano tuvo su justo y merecido premio cuando, con el tiempo cumplido, se encontró un balón en el borde del área, hizo un pequeño recorte y la puso con escuadra y cartabón directamente en la escuadra de Olsen, culminando con un auténtico golazo el debut soñado por cualquier jugador que se precie.
Sin tiempo para más, el árbitro decretó el final del partido y los primeros tres puntos de esta Fase de Grupos y ante el rival, en teoría, más duros se quedaron en casa.
