¡Bendito VAR!

Ayer leí en Twitter una frase de esas que, como dice Carlos Herrera, “merece mármol”. Desgraciadamente no me quedé con el nombre del brillante tuitero pero eso de que “el VAR ha sido el mejor fichaje del Real Madrid en décadas” además de una frase ingeniosa, es una verdad como un templo.

De hecho, desde el inicio de la temporada, con la disputa de la famosa Supercopa de España en Tánger que fue la primera vez que se utilizó en nuestro país, el VAR está empezando a corregir una peligrosa tendencia, mantenida desde años y que, de forma sistemática venía aplicándose aquí.

Me refiero a la fórmula recurrente de levantar la bandera para anular por fuera de juego cualquier gol dudoso en contra del Barça o a favor del Real Madrid o a la hora de señalar o no el punto de penalti.

Ocurrió, de hecho, en la citada Supercopa, cuando se anuló de forma sorprendente un gol de Sarabia y el VAR, bendito VAR, empezó a hacer justicia y a “balancear”, que diría el ínclito Sandro Rosell, una situación absolutamente desbalanceada desde hacía ya demasiado tiempo.

En ese momento, imagino que porque el Barcelona acabó ganando la Supercopa, nadie en Can Barça, el principal beneficiario de esa rutina que llevaba a la práctica totalidad de árbitros para anular (y conceder, por el contrario) goles polémicos así como en la concesión de penaltis dudosos a favor y a la no señalización de la práctica totalidad de caídas en el área blaugrana, puso en solfa el VAR.

Más bien todo lo contrario, sobre todo cuando gracias a ese sistema de control el Valladolid vio cómo se invalidaba por fuera de juego (y además bien anulado) un tanto en el último minuto que le privó de un merecido punto en su partido contra los culés en Pucela.

Pero héte aquí que ayer, durante el partido ante su equipo “B” como es el Girona, propiedad del ilustre socio culé Jaume Roures y el hermanísimo de Pep I el Humilde, Pere Guardiola), vio cómo el hasta ahora maravilloso VAR trajo consigo un hecho histórico en la Liga española, como fue la expulsión de un jugador culé.

Algo casi inédito en nuestro país en estos tres últimos años en los que el Barça ha vivido plácidamente jugando en superioridad un importante número de partidos, por tan solo tres veces que lo ha hecho en inferioridad. Un dato que, unido al elevado número de penaltis a favor y escaso en contra, así como de goles ilegales anotados en estos años, ayudarían mejor a entender el por qué de su dominio con puño de hierro en la Liga.

Pero ésa es otra cuestión. Lo interesante ha sido el gran pollo que jugadores, encabezados por Busquets y seguidos por el propio entrenador culé, Valverde y cómo no, la Prensa Nacional del Movimiento a cuenta de la jugada de Lenglet y que, gracias al VAR, le costó la expulsión al defensa francés.

En un movimiento absolutamente antinatural, a pesar de lo que nos quiso vender el citado Busquets tras el encuentro, Lenglet sacó a pasear su codo en una jugada aparentemente sin peligro, golpeando el rostro de Pere Pons, quien tras acabar el encuentro, compareció en zona mixta con su nariz claramente inflamada y una leve herida en el párpado.

Un fiel reflejo del impacto del codo del central galo en una jugada que, dicho sea de paso y siguiendo con la tónica habitual de los arbitrajes al Barça, no sólo había pasado inadvertida para Gil Manzano, el colegiado del encuentro, sino que para más “inri”, había sido castigada con falta del propio Pons sobre Lenglet.

Es decir, viejos vicios arbitrales para nuevas situaciones pero que, afortunadamente, como pasó en esta ocasión, al igual que en la Supercopa, corrigió el VAR y Gil Manzano, tras visualizar la jugada, acabó decretando la expulsión del francés y el Barça, no sabemos bien si por este motivo, empató contra todo pronóstico el encuentro, llevándose un importante punto del Nou Camp.

Tal vez por eso, un indignadísimo Busquets se encabritraba al reconocer que era más difícil jugar contra 10 que contra 11. Claro, imagino que la falta de costumbre, pero a lo que un equipo como el Real Madrid, desgraciadamente, ha tenido que acostumbrarse en estos últimos años debido a que ha tenido que jugar en inferioridad incluso más veces que equipos mucho más “rocosos” como el Atlético de Madrid o el Sevilla.

El VAR y el Real Madrid

Cuando se empezó a rumorear la instauración definitiva del VAR en nuestra Liga, desde el desvergonzado entorno culé se afirmó con rotundidad que el Real Madrid sería el principal perjudicado de su implantación.

Ese entorno que sigue viviendo de las mentiras de Franco, Plaza y que, a pesar de los estudios de Saldo Arbitral y las estadísticas de arbitrajes a favor del Barça en España de estos  le unimos que el VAR lleva un par de jornadas haciendo justicia al Real Madrid (que no “beneficiando” como torticeramente se está vendiendo desde la prensa, especialmente la de la capital de España), en Can Farça y en todas sus infinitas terminales mediáticas se ha desatado la indignación.

De nuevo, y continuando con la tradición arbitral de estos últimos años, los árbitros fueron bastante “ligeros” a la hora de anular goles legales a los nuestros. Goles que, como en el caso de este sábado en el Bernabéu ante el Espanyol, fueron decisivos a la postre para llevarnos los tres puntos.

Lo mismo ha ocurrido, por cierto, con los penaltis. Gracias al VAR caídas como las de Asensio en Girona o recientemente ante el Leganés en el Bernabéu habrían pasado inadvertidas para el árbitro y se habrían ido al limbo, como hemos podido ver en temporadas anteriores. Jugadas que, como en el caso de Montilivi, fueron decisivas para “abrir la lata”, en partidos atascados.

Pero centrándonos en el caso de los fueras de juego, ya ocurrió hace un par de jornadas ante el Leganés, cuando el colegiado aragonés Jaime Latre, llevado de esa inercia arbitral de anular todo lo anulable al Real Madrid, se inventó una fantasmagórica falta de Benzema en su disputa con Jonathan Silva y anuló el gol que rompía el empate ante el conjunto “pepinero” y metió de nuevo a los de Lopetegui en el partido.

Sin embargo, aquella jugada que, sin ir más lejos la temporada pasada vimos demasiadas veces en nuestra contra y nos acabaron costando puntos y quién sabe si algo más, fue debidamente corregida desde la Sede de la RFEF en Las Rozas y los colegiados del VAR revocaron la injusta decisión del árbitro y concedieron aquel importante gol.

Y algo parecido ocurrió este sábado, como digo. En esta ocasión, Mateu Lahoz, sí, el ínclito Mateu que el año pasado nos estafó vilmente tres puntos en nuestro estadio ante el Betis y un par de ellos más ante el Athletic en San Mamés, se inventó un falso fuera de juego de Marco Asensio para anular el gol del balear que nos ponía por delante en el marcador.

Afortunadamente, gracias a las indicaciones del VAR, Mateu tuvo que recular y acabó dándole validez a un gol que, a la postre, fue decisivo para llevarse los tres puntos e igualar al Barça.

Quizás por este motivo la indignación culé, tan acostumbrado a jugar con red durante tantos años, ha sido mayor ya que, a su juicio y por primera vez en años, veían cómo los árbitros en vez de dejar al Madrid a cuatro puntos, acababa la semana con un inesperado empate a puntos en la cabeza de la tabla.

De hecho, esta semana se presentaba propicia para dejar al Madrid bien lejos en la clasificación. El calendario, casualmente, juntó de forma consecutiva a un rocoso Espanyol -que vaya por delante que, con independencia de todo, hizo un grandísimo partido- al Sevilla en el Sánchez Pizuján y, para concluir, este fin de semana el Atlético de Madrid.

Por ello, la elección de Mateu, para pitar a un rival que “rasca” de verdad, no fue en absoluto casual, como tampoco lo fue la de Gil Manzano en el Nou Camp, para un partido en el que no se preveía que hubiese las entradas ni el juego brusco que mostraron los de Eusebio ante el Real Madrid.

Sin embargo, las cosas no fueron como debían y gracias al VAR, al cada día más bendito VAR, el Real Madrid no sólo no perdió dos puntos, a pesar del infame y sibilino arbitraje de Mateu, sino que ahora está de nuevo empatado en la cabeza y contrariado por haberse dejado dos importantes puntos ante el más inesperado de sus rivales de este año.

Ahora sólo falta que el Real Madrid recupere la senda del buen juego y supere con bien los importantes escollos que tiene por delante esta semana y rezar para que, visto lo visto, el Barça pueda dejarse algún punto al menos no ya con el Leganés (algo que se antoja imposible vista la trayectoria de los de Pellegrino en Liga, con 0 puntos).

Pero sí al menos con el Athletic de Bilbao que si juega contra los de Valverde con la mitad de intensidad que lo hicieron ante el Real Madrid hace una semana, no sería nada descabellado que “pescasen” algo en el río revuelto de Can Barça

¡Crucemos los dedos mientras seguimos bendiciendo al VAR!

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