
Real Madrid 2-0 Sevilla: «Sangre, sudor… y tres puntos, a pesar de Mateu»
El Real Madrid se ha llevado del Bernabéu tres de los puntos más sufridos y trabajados, en el que ha sido, sin ningún género de dudas, el mejor de los partidos de la era Solari.
Y es que el Madrid tiene estas cosas, que cuando todo el mundo le da por muerto y enterrado, es cuando se crece y sus jugadores dan lo mejor de sí mismos para demostrar al mundo, por enésima vez, que esta camiseta y este escudo pesan mucho y su ADN ganador sale siempre a flote, incluso en los peores momentos.
Los de Solari se despacharon un partido redondo, monumental, pleno de juego pero sobre todo de lucha y competitividad, sin dar un solo balón por perdido. Eso sí, volvió a adolecer de fortuna y acierto de cara al gol, pero oportunidades tuvo y muchas.
Luchando contra el mal tiempo, en una tarde-noche muy desapacible, la tradicional dureza sevillista pero, sobre todo, contra Mateu Lahoz, que volvió a perpetrar un arbitraje deleznable.
Su famosa y ya tradicional forma de arbitrar de «dejar jugar», consistente en dejar que los rivales le aticen fuerte y flojo a los nuestros, nos dejó un arbitraje de lo más sibilino en el que, una vez más, nuestros jugadores salieron malparados (le abrieron una ceja a Modric y el labio a Lucas Vázquez) y se llevaron las amonestaciones.

De la misma forma que hizo en Bilbao el año pasado, cortando un mano a mano de Cristiano cuando se plantaba solo ante Kepa y pitando una falta a favor anterior, ayer Mateu volvió a hacer lo mismo con Benzema. El colegiado valenciano no dudó en parar al delantero francés cuando iba a marcar y señalar una infracción anterior, anulando todo vestigio de la Ley de la Ventaja.
Por no hablar de su doble vara de medir en la aplicación de las faltas y las tarjetas, que le llevaron a que el Sevilla, con 14 faltas (señaladas, porque hubo más que no señaló) acabó con tres amarillas, una de las cuales llegó casi al final del partido, por dos amarillas del Real Madrid, que sólo cometió nueve.
Así como su indecente «colegueo» con los jugadores, especialmente las risas con Banega, al que ni siquiera amonestó tras una brutal entrada a la rodilla de Modric. En definitiva, un arbitraje tendente únicamente a evitar que el Madrid se llevase los tres puntos.
Y hay que reconocer que casi lo consigue pero la fe, la tenacidad y la lucha de todo el equipo, que nunca bajó los brazos, a pesar de todo, tuvo sus frutos cuando a falta de 10 minutos, Casemiro abría el marcador con un golazo espectacular y Modric, con el tiempo cumplido, anotaba el segundo, poniendo algo más de justicia en el luminoso.
Control absoluto en la primera parte
En un Santiago Bernabéu repleto y con un ambiente cálido, a pesar del frío y la lluvia reinante, Solari puso sobre el césped un equipo que, salvo la entrada de Reguilón por Marcelo, no distaba mucho de su «once» tipo, con el 4-3-3 ya conocido, con la defensa y el centro del campo casi de gala (salvo la entrada de Ceballos por el lesionado Kroos) y la terna atacante, con Lucas Vázquez, Benzema y Vinicius.
Y el resultado de esa combinación de jugadores fue fantástica. No sólo por la actitud ofensiva, sino por la defensiva, ya que sin el agujero negro de Marcelo, la sensación de seguridad que aportó Reguilón, hizo que Varane y sobre todo Ramos, estuviesen más centrados y eso se notó. Vaya si se notó.

El centro del campo, con la ayuda siempre inestimable de Lucas Vázquez, presionó desde el principio del partido, haciendo casi imposible la salida de pelota del Sevilla, muy atenazado en esos primeros minutos.
Precisamente, fruto de esa presión surgió la primera gran oportunidad del encuentro a los seis minutos, cuando un balón recuperado al alimón entre Benzema y Modric habilitó a Vinicius, quien se plantó ante Vaclik y, de forma un tanto precipitada, cruzó el balón pero el meta checo no tuvo problemas para detenerlo.
Con el partido completamente controlado, sin embargo, el Real Madrid estuvo a punto de recibir el primer tanto de la tarde, entre otras cosas, gracias a la inestimable ayuda de Mateu. En el minuto 22, un claro derribo a Vinicius en la zona de tres cuartos del ataque blanco, que el valenciano dejó sin señalar, dio lugar a una fulgurante contra sevillista, que acabó con el disparo de Escudero al lateral de la red de Courtois.
Aquella jugada sumió al Madrid en un mar de dudas y eso provocó que el Sevilla diese un paso adelante y se sacudiese el agobio y el dominio aplastante de los de Solari y tuviesen sus mejores momentos del partido, aunque sin generar peligro, ésa es la verdad.
En el minuto 35, Vincius, omnipresente hoy, protagonizó un gran slalom dentro del área y asistió a Benzema pero su disparo, flojo y raso, acabó sin problemas en las manos de Vaclik.
Apenas un minuto más tarde, Modric y «Mudo» Vázquez chocaron sus cabezas de mala manera, llevándose el croata la peor parte ya que, si bien el argentino acabó la primera parte con un casco protector, el jugador madridista sufrió una aparatosa brecha en la ceja y volvió al campo al más puro estilo Camacho, con un vendaje en la cabeza.

Aunque esta jugada parece bastante fortuita, no era la primera vez en el partido que un jugador blanco acababa sangrando. El primero fue Lucas Vázquez, quien al cuarto de hora del partido sufrió un duro codazo de Sergi Gómez en el labio y que, cómo no, Mateu decidió obviar y acabó en el limbo.
En todo caso, aquel parón en el juego fue más perjudicial para el Sevilla que para el Real Madrid ya que, a partir de ese momento, recuperó su presión inicial, volvió a asfixiar al Sevilla y a meterle de, nuevo, en su área, aunque sin crear más ocasiones hasta el final de la primera mitad.
Lluvia de fútbol y goles en la segunda mitad
La segunda parte ofreció un semblante aún más serio y potente del Real Madrid en ataque. A pesar de sus evidentes dificultades de acabar las jugadas, con fallos en el último pase o en el remate final, lo cierto es que los de Solari fueron con todo a por el partido.
Con un Sevilla incapaz de dar tres pases seguidos debido a la presión asfixiante del Madrid, con unos inconmensurables Casemiro, que hoy sí fue ese «5» que asombró a Europa, y de un espectacular Ceballos, que movía con criterio la pelota.

Eso sí, a los cinco minutos de la reanudación, Banega protagonizó una espeluznante entrada a Modric, directo a la rodilla y sin balón que, una vez más, no fue objeto siquiera de falta para Mateu y que, de haberle cazado unos centímetros más arriba de la pierna, habrían desgraciado al croata por una buena temporada.
Pero ni la dureza consentida de Mateu iba a poder con los de Solari, que ya dieron un importante aviso en el minuto 52 con un disparo lejano de Casemiro que se fue ligeramente alto y dos minutos más tarde, era Modric quien, tras una gran internada, mandaba al lateral de la red su disparo.
En pleno asedio madridista a la meta de Vaclik, Vinicius, que estaba volviendo loca a la defensa sevillista con sus diagonales, tuvo en sus botas el primer gol pero su intento de vaselina se marchó fuera por bien poco.
En el minuto 66, el Real Madrid la volvió a tener, con un chutazo desde fuera del área, tras una combinación con Vinicius, que estaba volviendo literalmente loca a la defensa sevillista con sus diagonales, especialmente por la izquierda.
Daba pues, la sensación que el Real Madrid lo tenía todo hoy para ganar pero le estaba faltando acierto y, por qué no decirlo, algo de fortuna para marcar y eso hacía que la angustia empezase a inundar las gradas.
Pero no a los jugadores, quienes a diferencia de otras ocasiones, no perdieron la concentración defensiva y, a pesar de estar volcados en el área sevillista, no descuidaron en ningún momento la tensión y, con unos Casemiro, Varane y Ramos imperiales, no dejaron pasar ni un balón del Sevilla con peligro.

Y así, cuando parecía que los de Machín se iban a llevar un inmerecidísimo punto del feudo blanco, en el minuto 77 apareció la figura majestuosa de Casemiro. El brasileño recogió un balón en la frontal del área y, aprovechando que estaba completamente libre de marca, no se lo pensó dos veces y despachó un misil que se coló por la misma escuadra izquierda de Vaclik, que nada pudo hacer para desviarlo a pesar de su estirada.
Con el marcador en contra, el Sevilla abrió las líneas y se fue hacia delante pero el Madrid se había hecho dueño y señor de la pelota y tocó y tocó hasta la extenuación, sin que los de Machín pudiesen hacer absolutamente nada.
Es más, en ese fútbol de toque, el Real Madrid buscó constantemente los espacios abiertos que el Sevilla había dejado atrás en su afán por irse buscando el empate y a punto estuvieron de encontrarlos en el minuto 86.
Sin embargo, de forma inexplicable, Mateu Lahoz paró a Benzema cuando se disponía a encarar a Vaclik tras una gran asistencia de Vinicius, argumentando aún no sé qué de una pelota que había salido instantes atrás.
De nada sirve que el VAR exija que este tipo de jugadas, como los fueras de juego, se dejen seguir hasta el final para que sean los colegiados de la Sala, con la tecnología en la mano, los que dilucidan si hay que anular o no el tanto.
No, al Real Madrid eso no le aplica. Cuando es a favor, claro. Cuando es en contra se deja seguir y, como en el caso de Canales ante el Betis la semana pasada, se concede el tanto aun cuando, como quedó demostrado, hubiese fuera de juego.

Aun así, los de Solari no perdieron la compostura ante la enésima cacicada arbitral del año y siguieron en sus trece. No sólo atenazando al Sevilla, que ya no se acercó al área de Courtois en los minutos finales sino marcando un gol de esos que tanto gustan en el Bernabéu, apelando a eso que apeló Solari en su primera rueda de prensa como técnico blanco: los cojones.
Porque eso fue lo que le echó Modric prácticamente en la última jugada del partido, cuando estuvo más listo que Carriço y le robó la cartera en la frontal del área. El croata aprovechó el regalo y fusiló a Vaclik para anotar el segundo y cerrar definitivamente un partido que, sin duda, debió haber quedado cerrado mucho antes.
Sin tiempo para más, Mateu mandó a los jugadores a la ducha y se marchó con una pitada estruendosa porque, ni siquiera haciéndolo aposta, se puede hacer un arbitraje peor ni más sibilino y reafirma mi posición que hay pocos árbitros peores ahora mismo que Mateu en el mundo del arbitraje español.
