
Real Madrid 1-1 Real Valladolid: «La eterna decepción»
El Real Madrid se ha dejado los primeros dos puntos de la temporada en su estadio, tras un partido en el que, sin duda, mereció mucho más pero en el que volvió a adolecer de los errores recurrentes de estos últimos años como son la falta de pegada y la bisoñez a la hora de afrontar los momentos decisivos del partido.
Aunque es cierto que, especialmente en la primera mitad, los de Zidane ofrecieron una imagen esperanzadora, con una presión alta en toda la cancha que maniató a los de Sergio y una cierta solidez defensiva, a la hora de cortar sus posibles contras, no es menos cierto que la segunda parte volvió a ser ese equipo sin ideas, lento y previsible.
Por si fuese poco, la gestión de los últimos minutos fue terrible, con un equipo a la deriva y lastrado una vez más por errores groseros de colocación y de salida de balón que volvieron a costarle puntos.
El gol del Valladolid viene precedido de un terrible fallo en cadena, iniciado por una pérdida de balón inexplicable por parte de Toni Kroos, que permite una contra en la que, a pesar de que el Madrid estaba en superioridad numérica, la salida a lo loco de Carvajal al corte, permitió que Sergi Guardiola se quedase completamente solo y batiese a Courtois… el minuto 88.

El equipo, una vez más, no supo jugar ese «otro fútbol», que es el que se ha de jugar en los últimos minutos de un partido que se pone de cara y en el que la falta de concentración acaba por costarle puntos. A eso hay que unirle que Zidane estuvo lento a la hora de «parar» el partido y frenar la ofensiva del Valladolid, que se vino arriba tras el 1-0.
Con todo a favor y con un cambio en la recámara, el técnico francés optó por seguir dejando en la cancha un centro del campo casi despoblado, merced al 4-2-4 con el que atacó valientemente el último tercio del encuentro para llevarse los tres puntos.
En vez de devolverle el «músculo» al mediocampo con un tipo como Fede Valverde y quitar a un delantero, toda vez que el trabajo de ponerse por delante en el marcador estaba hecho, optó por seguir con el mismo esquema y lo pagó muy caro.
Lo que, en todo caso, me parece aún más inexplicable es cómo sigue confiando en jugadores como Marcelo y Carvajal, cuyos mejores días de fútbol parecen haberse acabado y, sin embargo, ahí siguen, día tras día, como titulares indiscutibles.
James, una sorpresa muy agradable
Zinedine Zidane sorprendió a todos con un «once» absolutamente revolucionario, con James Rodríguez -que recordemos que no había disputado ni un solo minuto hasta la fecha- como titular en el vértice del ataque, dejando fuera a Vinicius, para darle una variante al 4-3-3, que con el colombiano de «agente libre» en el campo, se transformaba constantemente en un 4-4-2.

El Real Madrid apretó de lo lindo y tras unos primeros minutos de tanteo, se fue definitivamente a por el partido, por la vía rápida. Con James y Bale ofreciéndose constantemente y con una buena presión, que asfixiaba la salida de balón de los de Sergio, los locales se hicieron rápidamente dueños y señores del encuentro.
Aunque abusando en exceso del juego por las bandas, con unos desastrosos Marcelo y Carvajal, que arrinconaban con frecuencia a Bale y a James en «tierra de nadie» en el área, lo cierto es que la movilidad que ofrecían James, intercambiándose constantemente la posición con Isco y Bale, y el propio jugador galés, el Real Madrid embotelló al Valladolid.
James, con un par de disparos ajustados desde la frontal y Bale, que hizo lo propio en un par de ocasiones, dispusieron de ocasiones más que de sobra para abrir el marcador pero el balón no estaba hoy por entrar.
Inclusive, ese exceso de centros al área, generalmente bien resueltos por la nutrida defensa pucelana, trajo un par de ocasiones interesantes cuando James cabeceó fuera por poco un centro de Kroos y cuando, minutos más tarde, Bale también la tuvo de cabeza ante un pase de Isco.
Aunque de todas las oportunidades de las que gozó el Madrid en la primera mitad, la mejor llegó casi al filo del minuto 40, cuando tras una buena recuperación en ataque, Benzema se plantó ante Massip pero estrelló el balón contra el cuerpo del meta catalán, muy acertado en su despeje por abajo.

Desplome generalizado en la segunda parte
Tras el descanso, pronto se empezaron a divisar los primeros efectos del bajón del equipo. Con un James exhausto y con un Isco, que empezaba también a ofrecer unos evidentes signos de fatiga, el Real Madrid se empezó a venir abajo.
La presión, que tan buenos frutos le dio en la primera mitad, empezó a relajarse y el equipo empezó a mostrarse cada vez más estático y carente de ideas, lo que se tradujo en un descenso más que evidente en el ritmo del partido.
Y aunque el Valladolid seguía mostrándose romo, empezó a estirar las líneas, muy juntas hasta ese momento y a merodear con cierto peligro la zona de tres cuartos del Real Madrid, buscando encontrar ese último pase a la espalda de la defensa. La lesión de Moyano y su cambio por Waldo ayudó bastante porque los de Sergio, con un jugador mucho más ofensivo y vertical.
Bale volvió a intentarlo tras el descanso, después de una genial asistencia con el pecho de Isco en el área, pero no era el día.
Con la salida de James por Vinicius en el minuto 55, el juego del equipo se fue espesando cada vez más, con una peligrosa pérdida de ritmo, marcada por un fútbol cada vez más lento y previsible, con combinaciones al pie, donde sólo Bale se esforzaba (sin éxito, todo hay que decirlo) en buscar desmarques de ruptura en los pocos espacios que dejaban los de Sergio.
Vinicius no sólo no ayudó en desatascar el partido sino que, al incrustarse en la banda izquierda, se solapaba constantemente con Marcelo e incluso con Benzema, al tiempo que se embarcaba en aventuras imposibles, con regates y jugadas que acabaron indefectiblemente en las botas de los zagueros pucelanos.

Ante el considerable atasco de fútbol del equipo, Zidane se la jugó apostando por despoblar aún más el centro del campo retirando a Isco para dar entrada a Jovic en el minuto 68. Y a punto estuvo de salirle bien la jugada al francés ya que, apenas un minuto después de pisar el césped del Bernabéu, el serbio cabeceó a la cruceta un gran centro de Bale desde la izquierda.
Desgraciadamente, el riesgo de optar por un centro del campo donde sólo Casemiro podría ofrecer alguna capacidad defensiva también ofreció alternativas al Valladolid, que dispuso de dos grandes oportunidades casi consecutivas.
La primera, en el minuto 75 cuando Ramos salvó con el talón in extremis un pase de gol a Waldo, quien pese a todo tuvo la posibilidad de disparar entre los tres palos pero se encontró con los puños de Courtois.
Apenas cuatro minutos después, en la más clara ocasión del partido para los pucelanos, Sergi Guardiola le «robó» en boca de gol el tanto a su compañero Ünal, tras un gran pase raso de Míchel cuando el delantero turco sólo tenía que empujarla dentro.
Pero el Real Madrid tiene estas cosas y cuando peor parecía la situación para los de Zidane, apareció el apagafuegos madridista de estos últimos meses, Karim Benzema, para salir al rescate del equipo.
En el minuto 82, Varane, en una inédita versión como mediocentro, condujo casi sin oposición la pelota hasta la zona de tres cuartos pucelana. Allí sirvió a la frontal del área hacia Benzema, quien se revolvió con la rapidez de un tigre y se despachó un disparo envenenado raso y pegado al palo izquierdo de Massip, para poner al Real Madrid por delante en el luminoso.

Con ese panorama, todo apuntaba a que el partido se acabaría con los tres puntos en la buchaca madridista pero no. El Real Madrid también tiene este tipo de cosas y es que no supo «dormir» el encuentro.
Con el Valladolid más abierto, en vez de reforzar de nuevo el centro del campo, el equipo quedó a merced de los de Sergio, quienes además supieron aprovechar el incomprensible error de Kroos en el minuto 88 en la salida de balón.
El alemán perdió una pelota absurda en el centro del campo ante la presión de Oscar Plano, que se fue como una bala hacia el área, aprovechando entre otras cosas el carajal defensivo del equipo, y sirvió un magnífico centro a Sergi Guardiola.
El delantero mallorquín recibió completamente solo -entre otras cosas porque su marcador, Carvajal, se había ido como un loco a tapar a Plano- y batió por bajo a Courtois para sellar el empate.
A partir de ese momento, el Valladolid hizo lo que no supo hacer el Madrid instantes antes y es que no se jugase más y el encuentro, tras más de cinco minutos de añadido, murió para dejar escapar del Bernabéu los primeros dos puntos.
