Cuando el río Sena, agua lleva

La crítica de hoy llega “desde París con desamor”…

Hoy no es día para sacar pecho, celebrar ni para disfrutar la lectura, pero hay que hacer un esfuerzo para escribir lo que todos pensamos; hoy puede ser el día que lo que cambie todo, es por ello que hay que hacer autocrítica y reflexionar acerca de dónde estamos y dónde queremos llegar.

En la Ciudad de las Luces, el Madrid se apagó, durante hora y media no pudimos ver a ese equipo que tanto deseamos, mientras los espectadores neutrales pudieron contemplar un partido del PSG sin rival enfrente. Si es que jugamos fue a ver pasar el tiempo.

Las señales son inequívocas, tras una temporada terrible, una pretemporadahorrorosa, una planificación discutible y la ilusión por los suelos, la nueva obra de Zidane no tiene ni cimientos.

El de ayer es el culmen de un equipo que va dando tumbos desde hace un año, y que cuando teníamos la esperanza de verlo renacer vuelve a las andadas: de mal en París…

No toca hablar de la consabida resistencia de madrileños frente a franceses, no hubo tal cosa. El Arco del Triunfo ayer fue el de Keylor Navas, que ha tenido que irse para que le demos un partido tranquilo (ni un disparo a puerta).

El Rey de Europa abdicó hace unos meses en casa, y ayer ni llegó al nivel exigido del Parque de los Príncipes. Sufrimos al baño Di María en la primera parte, y en la segunda no hubo reacción. Su triunfo se refleja en el mejor de sus jugadores ayer, llevaba escrita la victoria “Gana-27”, Idrissa Gueye se comió un centro del campo que a día de hoy no existe, ni aunque estuvieran todos disponibles.

Hay un preocupante vacío entre una defensa que no da abasto y una delantera que no recibe balones, tienen que ser ellos los que, partiendo desde atrás, creen lo que no llega delante. Individualidades, técnica vs táctica inexistente.

Más allá del batacazo, algo previsible, las sensaciones que veníamos a contar son el resultado de un pasado que no se ha resuelto y la consecuencia de un futuro nada halagüeño; no hay plan y si lo hay, desearíamos no tenerlo. Mientras Zizou hablaba de intensidad otros lo hacían de fútbol, entre ambos problemas sólo hay una letra, la que va de aptitud a actitud, y en cualquier caso la conclusión es pésima: o no se quiere o no se puede. Preocupante.

Existe una desambiguación del refrán que titula este artículo “Cuando el río suena, piedras lleva”, pues eso, y cuidado que llegan hoces…

¿Llegaremos al mar?, o por el contrario ¿nos despeñaremos en una cascada? El Madrid antes que nada es Real, que no se le olvide a nadie, y es a ello a lo que en tiempos de crisis debemos aferrarnos: “El Madrid siempre vuelve”.

Hay jugadores de sobra, un entrenador con tres Champions y el espíritu que envuelve al club, esa aura de grandeza que nos acompaña desde nuestra creación y nos hace aún más grande que el palmarés.

Y lo mejor de todo, lo que hay es tiempo, a día de hoy (Septiembre), en lucha por el liderato y con una única derrota y en fase de grupos. Estamos a tiempo de invertir la situación, de asimilar nuestros errores, aceptarlos y darle la vuelta a la situación. El trabajo es la única vía.

Cabeza abajo y a hablar en el campo. Como todo en la vida hay maneras de afrontar las cosas, y aún hoy ciertos motivos para creer, y para los más supersticiosos, deciros que siempre que jugamos en París en época Champions la acabamos ganando, como los niños las Copas de Europa vienen de allí.

Pero ojo, que en cuatro días cambiamos la Torre Eiffel por la del Oro y, sin lugar a dudas, los que tenemos que estar más brillantes somos nosotros.

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