
Unionistas 1-3 Real Madrid: «Faena de aliño bajo el frío»
El Real Madrid se ha llevado una merecida victoria en un partido gris, tan frío como el ambiente reinante y en el que el bravo equipo salmantino vendió muy cara su derrota. Una victoria que en el argot taurino habría sido calificada de «faena de aliño», es decir, un trámite necesario y rápido para volver pronto y entero a casa.
Los de Zidane bastante hicieron con salir de una pieza en un campo absolutamente indecente, con una temperatura gélida y ante un equipo, el Unionistas, que se batió con honor y se dejó hasta la última gota de su sangre para intentar el milagro.
De hecho, el primer objetivo que era acabar con bien el encuentro no se logró ya que Gareth Bale, hoy titular, tuvo que dejar el campo nada más empezar la segunda mitad por molestias en su tobillo y es seria duda para jugar este domingo ante el Valladolid en Pucela.
Pero volviendo al partido, hay que decir que no tuvo demasiada historia y aunque la superioridad inicialmente prevista de los blancos, hoy de verde, no fue tan evidente, lo cierto es que, salvo un par de arreones de los de de Jabi Luaces en la segunda parte, la elminatoria no peligró en ningún momento para el Real Madrid.
Es más, fue tal la cantidad de oportunidades de gol malogradas por los jugadores madridistas hoy que, de haber materializado sólo la mitad de ellas, el partido habría acabado con una goleada.
Un Real Madrid timorato y apático en la primera parte
Eso sí, la actitud de algunos jugadores, bien por temor a una lesión, bien porque no se tomaron el partido con la seriedad necesaria, dejó en ocasiones bastante que desear. Eso nos permitió ver la peor versión de un centro del campo inédito, integrado por James, Casemiro y Fede Valverde y una delantera con un buen puñado de estrellas, con Bale, Benzema y Vinicius.

Es decir, a priori y salvo el previsto cambio en la portería de Areola por Courtois, Zidane demostró no querer sorpresas y de todo lo que se llevó a Salamanca, el francés sacó a Las Pistas un once de auténticas garantías, con jugadores de muy primer nivel, con Carvajal y Marcelo en los laterales y Nacho y Militao en el eje defensivo.
Pues bien, a pesar de ello, el Real Madrid saltó al campo excesivamente timorato, con miedo a meter la pierna o arriesgarse de más en algún control, entre otras cosas, porque el campo, helado y convertido en un patatal, invitaba más bien poco al juego preciosista y de toque.
En esas circunstancias los primeros minutos fueron de dominio alterno, y aunque no se generaba excesivo peligro en las áreas, el Real Madrid avisó al filo del primer cuarto de hora con un golpe franco botado por James que se estrelló en la barrera para, minutos más tarde, dar su primer zarpazo.
Llegados al minuto 19, en un gran balón cruzado desde la izquierda por James, la pelota le cayó a Bale, en el corazón del área pequeña para, tras un buen control, disparar con timidez a puerta. El balón tocó en un defensa y despistó al meta Brais Pereiro y se alojó suavemente junto al palo izquierdo.

Aquello no arredró a los valientes jugadores unionistas que siguieron luchando cada balón dividido y llegando con facilidad hasta la zona defensiva madridista, entre otras cosas porque el centro del campo blanco había dimitido de la labor de meter la pierna y presionar.
Góngora, de disparo lejano, probó fortuna pero se encontró con un atinado Areola, minutos antes de que James, tras un buen servicio de Casemiro, estrellase el balón en el larguero tras intentar un centro-chut que se fue envenenando hasta acabar en el travesaño.
Poco bagaje ofensivo para un Real Madrid cuyo único recurso parecía el desborde de Vinicius, el único que encaraba y se atrevía a hacer algo diferente pero cuyo desacierto fue casi tan oceánico como sus ganas de agradar.
Brahim, el hombre del partido
La segunda mitad comenzó de forma muy similar a la primera, con un luchador Unionistas y un Real Madrid que aprovechó la debilidad atrás del equipo blanquinegro para protagonizar otra de las grandes jugadas ofensivas del equipo y una de los fallos más clamorosos de la noche.
En un gran pase de Bale desde de la derecha, el balón llegó hasta Vinicius, en situación de «9» y con todo a favor pero no estuvo fino en el remate y la pelota muerta le llegó a James, que seguía la jugada para empujarla dentro. Sin embargo, el colombiano optó por tirar con fuerza y al centro y acabó estrellando inexplicablemente la pelota contra el cuerpo del portero.

En el minuto 52, un maltrecho y ciertamente abúlico Bale dejó el campo a cuenta de unas molestias en el tobillo para que entrase Brahim y el cambio tuvo efectos casi inmediatos. No tanto por el rendimiento que ofreció el joven delantero madridista -que también como veremos- sino sobre todo por la actitud y el hambre con el que saltó al campo.
De hecho, el Real Madrid con una cada vez más evidente caraja empezó a tontear sobre el campo hasta que en el minuto 58, Marcelo se despachó un auténtico melón desde su banda al que no llegó Militao, al que pilló a contrapié y el balón le cayó al recién ingresado Alvaro Romero. El jugador charro aprovechó el regalo para plantarse en la frontal del área sin apenas oposición debido a la pésima defensa de Nacho y soltar un espectacular disparo desde fuera del área que se coló pegado al palo derecho de Areola.
Pero le duró poco la alegría al Unionistas, que se las prometía muy felices tras la igualada. Apenas habían pasado tres minutos cuando Brahim anotó un gol tan extraño como ridículo. Marcelo centró raso desde la izquierda, Vinicius no acertó a rematar y el balón le cayó a Brahim quien, en semifallo y tras tocar en el palo y en un defensor, rompía el empate.
Demasiado castigo para los animosos jugadores salmantinos quienes, pese a que acusaron el golpe no le perdieron la cara al partido y siguieron achuchando, aunque cada vez con menos brío.

De hecho, a medida que avanzaba la segunda mitad el cansancio empezó a hacer mella entre los jugadores de Jabi Luaces, que cada vez llegaban más tarde a la presión y les costaba un mundo dificultar la circulación de la pelota de los jugadores madridistas.
Los últimos 20 minutos prácticamente se jugaron en el campo de Unionistas y empezaron a llegar las mejores ocasiones para los de Zidane. Benzema en un par de intentonas, anduvo torpe a la hora de definir ante Brais, estrellando uno de los balones en el lateral de la red y otro en el poste.
Incluso, ya con Jovic en el campo, el Real Madrid dispuso una triple y abracadabrante ocasión en la que quedó patente la absoluta carencia de gol y de pegada de la que adolece el equipo en estos momentos.
A cinco minutos del final, Brahim estrelló violentamente un balón contra el poste de Brais y el rechace le cayó a Carvajal, que metió un centro medido a la cabeza de Vinicius quien, completamente solo, remató a las manos de Brais quien despejó blando y al segundo palo. Allí se encontró a Jovic, libre de marca pero el serbio, que sigue absolutamente gafado, mandó el balón al poste y el rechace lo sacó Brais en la misma línea de gol.
Finalmente y cuando el partido parecía ya sentenciado, a pesar del encomiable esfuerzo de los jugadores de Luaces, que nunca bajaron los brazos, con el tiempo ya vencido Brahim se despachó una magnífica jugada que culminó con un espléndido zapatazo pegado al palo derecho de Brais para hacer el tercero y echar el telón a una eliminatoria que fue de todo menos plácida para los de Zidane.
