
Real Madrid 2-1 Villarreal: «Creyendo hasta el final…y a pesar del VAR»
No pudo ser y, aunque se luchó hasta el último aliento , se cumplieron todos los pronósticos y el Atlético de Madrid se llevó uno de los títulos más manchados por la corrupción y los desmanes arbitrales que se recuerdan.
De hecho, se peleó hasta el último minuto se luchó para ganar los tres puntos, a sabiendas de que el Atlético iba ganando en su partido en Pucela y prácticamente no había posibilidad de que el campeonato cayese de su lado. Y sin embargo, el equipo no bajó nunca los brazos y creyó, si cabe, con más fe para ganar el partido.
Por supuesto, no pudo faltar el sempiterno atraco arbitral de esta temporada, destinado como no podía ser de otra forma a poner su granito de arena para evitar que el Real Madrid pudiese siquiera pelear en igualdad de condiciones.
Ayer Martínez Munuera y, sobre todo, el inefable De Burgos Bengoetxea desde el VAR nos volvieron a hurtar un nuevo penalti, al obviar una tremenda mano de Parejo en el área y desde la Sala VOR se trazaron unas líneas, cuando menos sospechosas, para determinar que Benzema estaba en fuera de juego por unos escasos centímetros y anular su tanto, de la misma forma que anularon los goles de Mariano en Getafe o al propio Benzema ante el Sevilla.
Un Real Madrid muy estático en la primera mitad
En lo relativo al partido en sí, Zidane no se reservó nada y sacó todo lo que tenía, con la única salvedad de darle entrada a Varane para darle un más que merecido descanso a Nacho. El típico 4-3-3 del francés, con el tridente ofensivo Asensio-Benzema-Vinicius para atravesar la que se esperaba nutrida defensa amarilla.

Sin embargo, quizás atenazados por la responsabilidad y a pesar de que se supo muy pronto el Real Valladolid estaba dando la sorpresa poniéndose por delante en el marcador en su partido ante el Atlético, el Real Madrid no carburaba.
Con el equipo muy estático y atragantado por causa del entramado defensivo montado por Emery, con dos líneas de cuatro muy juntas que cortocircuitaban la circulación de balón de los blancos, el equipo no conseguía moverse con fluidez. Y aunque se intentaba, los ataques morían en las bandas, donde ni Odriozola ni Vinicius lograban penetrar y sólo Miguel Gutiérrez, el mejor en esos primeros minutos, lograban algo positivo, al tiempo que el equipo mostraba una carencia de remate absolutamente preocupante .
Pero lo peor estaba aún por llegar ,porque al filo del minuto 20, en una jugada tremendamente afortunada del Villarreal, un par de rebotes favorecieron al ataque amarillo y la pelota acabó en las botas de Yeremy Pino, quien con algo de suerte, se deshizo de Odriozola y cruzó el balón a la izquierda de Courtois, que aunque rozó la pelota, no pudo evitar que se colase con suavidad en su meta.
Un impacto y de los duros en toda la línea de flotación madridista, que veía con impotencia cómo no sólo no estaba aprovechando el tropiezo del Atleti en Valladolid sino que, para más «inri», su partido, en el que estaba obligado a ganar, se le ponia aún más cuesta arriba con este gol.

Demasiado premio para un Villarreal que, si bien se estaba defendiendo con orden, apenas había cruzado el centro del campo hasta ese momento se encontraba con un resultado tremendamente favorable ante el cual, el Real Madrid, lejos de bajar los brazos, decidió remar otra vez más contra viento y marea.
Un viento en contra que se tornó en tempestad apenas cuatro minutos más tarde, cuando Munuera Montero desde el campo y, lo que es más grave, De Burgos -qué boda sin la tía Juana- desde la Sala VOR, no quisieron ver un diáfano penalti en el área del Villarreal, tras un balón dividido que impactó directamente en la mano de Parejo.
Una mano que cumplía con todos los pronunciamientos que no hace mucho el ínclito Velasco Carballo marcaba como requisitos necesarios para calificar esa mano como penalti y que, sin embargo, acabó durmiendo el sueño de los justos, como tantas otras esta temporada.
Que sí, que el Real Madrid se ahogaba ante la tela de araña de los jugadores de Emery y que apenas creó peligro en la primera mitad, pero el atraco -una vez más- estaba ahí y los de Zidane se volvieron a ver perjudicados por el pecado capital del VAR y del criterio arbitral de esta temporada, que no es otro que la discrecionalidad a la hora de tomar las decisiones.
Eso sí, y al margen de esta jugada, hay que decir que, aunque escasas, los de Zidane tuvieron dos clarísimas oportunidades para empatar en la primera parte pero, entre los nervios y que hoy muchos no tuvieron su día, ambas se fallaron estrepitosamente.
La primera, de Luka Modric, en el minuto 33 cuando, a trancas y barrancas, se deshizo de media defensa con un par de quiebros pero, con todo a favor, disparó ligeramente desviado, pegado al palo derecho de Rulli. La segunda, prácticamente con el tiempo vencido, con un remate franco de cabeza de Casemiro en el segundo palo pero que el brasileño envió directamente a las manos del meta del Villarreal.
Gol anulado a Benzema por el VAR y un Madrid muy diferente
Tras el descanso, vimos a un Real Madrid muy, muy diferente. Con otro ritmo, sabedores de que la Liga aún estaba en sus manos, los de Zidane salieron a comerse al rival y lo hicieron, hasta el punto de que prácticamente el Villarreal fue literalmente borrado del mapa en el segundo período.
Pero claro, no contaban con que de nuevo el VAR volvería a hacer de las suyas. Así, a los 10 minutos de la reanudación, el mismo De Burgos Bengoetxea, que había sido incapaz de ver la clarísima mano de Parejo en el área, sí supo apreciar un fuera de juego milimétrico de Benzema y con unas líneas tiradas de forma cuando menos discutible, decidió anular un fantástico tanto de cabeza del francés a pase de Casemiro y tras una magnífica jugada coral de casi todo el ataque madridista.
De nuevo, la polémica servida y el Real Madrid, como ya ha tenido que soportar en Getafe, con aquel gol injustamente anulado a Mariano, con las líneas pintadas instantes después de que Modric ya hubiese soltado el balón o el infausto día ante el Sevilla, con esa «pierna elástica» de Odriozola y esa línea de banda que atravesaba la pierna del linier, otras líneas trazadas de forma arbitraria, se quedaba sin el premio del gol y, de nuevo, tocaba seguir nadando a contracorriente.

En este momento, llegaron los primeros cambios en el Real Madrid, un tanto inexplicables, dando entrada a Isco y a Rodrygo por Vinicius y Asensio, absolutamente desaparecidos durante todo el partido. Unos cambios que, dicho sea de paso, lejos de aportar nada, descolocaron un tanto al equipo que, con más garra que juego, ya había embotellado a los de Emery en su área.
Pero como tantas otras veces esta temporada, le estaba faltando la guinda del último pase y del acierto rematador, especialmente de Benzema cuando en el minuto 66 no supo aprovechar el inteligente robo de Rodrygo a Rulli, quien se durmió ante el brasileño. Un regalo que le dejaba solo y a puerta vacía pero el francés, que bien pudo devolverle el favor a Rodrygo, se eternizó en el control y disparó al lateral de la red ante la desesperación de su compañero.
Una desesperación que se tornó en frustración apenas un par de minutos más tarde cuando se supo en el Di Stéfano que Luis Suárez había logrado revertir el resultado para el Atlético en Pucela y los rojiblancos, ahora sí, tenían el título en sus manos.
La locura de los últimos minutos
Sin embargo, lejos de venirse abajo y con los tres últimos cambios ya en el campo (Marcelo, Mariano y Nacho por Miguel Gutiérrez, Casemiro y Odriozola), el Real Madrid pisó defintivamente el acelerador y se volcó definitivamente en el área visitante, convirtiendo el partido en una auténtica ruleta rusa, sabedores de que una contra de los de Emery podría dar al traste definitivamente con las aspiraciones al menos de empatar el partido y maquillar mínimamente el resultado
Un acelerado Mariano estuvo a punto de enganchar de cabeza un buen centro de Isco pero las cosas seguían sin salir. Ni siquiera a Modric, el mejor ayer y quien estuvo a punto de clavar un soberbio golazo desde la frontal en el minuto 83.
Pero la ambición del Real Madrid en esta segunda parte no podía quedar sin premio y, cuando todos daban ya perdidos no sólo la Liga sino también el partido, en el minuto 87 apareció Rodrygo por la derecha para asistir a Benzema quien, desde el punto de penalti y de primeras, colocó el balón con su derecha y, con ese auténtico guante de seda que tiene en sus botas, lo alojó en la misma escuadra izquierda de Rulli para empatar el partido.

Un resultado que, unido a las victorias de Betis y Real Sociedad a domicilio frente al Celta y Osasuna, respectivamente, condenaba indefectiblemente al Villarreal a ese nuevo engendro creado por la UEFA para seguir recaudando dinero a costa de los clubes llamado Conference League y hacía inútil el esfuerzo de Emery de poner hoy a todos los buenos, a pesar de jugarse la final de la Europa League este próximo miércoles ante el Arsenal en Gdansk.
Quizás por eso, los que sí bajaron los brazos fueron los jugadores del «Submarino Amarillo», más preocupados de que Munuera Montero pitase el final que de seguir jugando, perdieron toda la concentración de la que habían hecho gala en los 87 minutos anteriores.
Por eso no es de extrañar que en los escasos cuatro minutos de añadido que concedió el colegiado (a pesar de los 10 cambios en ambos equipos y el tiempo de consulta al VAR en el gol anulado a Benzema) el Real Madrid atacase los espacios que dejó la defensa amarilla con dos contras de manual.
La primera, cuando Mariano rompió la espalda de Albiol tras un magnífico servicio de Marcelo pero el delantero hispanodominicano, torpe con el balón en los pies, se aturulló y malogró la oportunidad. La segunda, casi al filo del tiempo añadido, sin embargo, fue mucho más efectiva.
Tras un gran cambio de juego a la izquierda, Benzema apareció en labores de extremo y asistió al punto de penalti para que Modric, cómodamente y sin oposición, bajase el balón con el pecho y, práciticamente sin dejar caer el balón al suelo, estampó el balón junto a la escuadra derecha del meta del Villarreal.

Se le daba, pues, la vuelta al partido y, lo más importante, se hacía justicia en el marcador, sobre todo vistos sobre todos los merecimientos de unos y otros durante el partido.
Lamentablemente, no llegaban noticias positivas desde Valladolid puesto que el marcador ya no se movió en el José Zorrilla, lo que le daba la Liga al Atlético, pero al menos el Real Madrid acabó haciendo lo que necesitaba para aspirar al título, que era ganar su partido. Y lo hizo, como lo ha hecho durante toda la temporada, tirando de garra y sobreponiéndose a todo y a todos.
Sin nada que celebrar, a pesar del gol, Munuera decretó el final del encuentro que puso punto final a un curso, el 2020/2021, que pasará a la historia como el más controvertido y el de la mayor persecución arbitral hacia el Real Madrid que se recuerda en los últimos 30 años y en el que el equipo logró competir como pocas veces, a pesar de las circunstancias tan anómalas vividas, especialmente en los últimos meses (lesiones, COVID y sobre todo, los arbitrajes).
