
La Presidencia de Honor del Real Madrid, que se había visto sacudida por el dolor hasta en dos ocasiones en este último año y medio por las pérdidas de Gento y Amancio, ya tiene una nueva cabeza visible.
Así pues, el Real Madrid ha designado a José Martínez, «Pirri», como nuevo Presidente de Honor del club, ocupando el puesto que el fallecimiento de su último responsable, Amancio Amaro, dejó vacante.
Un nombramiento tremendamente acertado porque pocos personajes como el bravo jugador ceutí representan como nadie la garra, la entrega, el ADN y la identidad madridista ni pueden presumir de tener la experiencia y el conocimiento que él tiene de la institución.
Pirri, un madridista integral
Y es que Pirri, de 78 años, puede presumir no sólo de haber tenido una dilatadísima (y exitosísima) trayectoria en el Real Madrid como jugador, donde militó entre 1964 y 1980, disputando 561 partidos y anotando 172 goles. Además levantó 15 títulos, entre ellos la mítica Sexta Copa de Europa, con el «Real Madrid Yé-Yé».
Es que, además de su sólida experiencia como futbolista en el club, salvo por la posición de entrenador, ha pasado por numerosos puestos en el organigrama del club. Desde responsable de los servicios médicos durante 13 años hasta secretario técnico, pasando por Director Deportivo, hasta su jubilación definitiva en el año 2000, con la llegada de Florentino Pérez a la presidencia del club.
Actualmente estaba desempeñando la Presidencia de la Asociación de Veteranos, que asumió en abril de este mismo año, tras sustituir en la misma al desaparecido Amancio.

Pero si to esto no fuese suficiente, tiene el honor de haber sido el primer jugador en activo en recibir la Laureada del Real Madrid de manos del mismísimo Santiago Bernabéu por su espectacular hazaña de la final de la Copa del Generalísimo de 1968 ante el Barça.
Aquejado de unas fiebres tifoideas contraídas en una gira en Irak días antes, Pirri jugó aquel partido con 40º de fiebre, a pesar de los esfuerzos de los médicos y encima, para más «inri», se rompió la clavícula a los 10 minutos de empezar el encuentro. A pesar de todo, logró acabar el partido con en brazo en cabestrillo ya que Miguel Muñoz apenas tenía 13 jugadores disponibles para aquella final.
Ese gesto heroico y de enorme profesionalidad fue recompensado por el presidente blanco, que le hizo entrega de la más alta distinción del Madridismo, algo que sólo ha ocurrido una vez más en la historia del club, con Goyo Benito. Pirri y el desaparecido «Hacha Brava» son los únicos futbolistas que cuentan con esa icónica medalla en su haber.
