Este jueves asistimos a un episodio cuando menos curioso que, sin duda, dio bastante que hablar. Me refiero al fuliminante despido de Germán «Mono» Burgos, el conocido ex-ayudante del Cholo Simeone quien, tras una efímera carrera como primer entrenador, estaba trabajando como comentarista en Movistar.

Pues bien, en un momento de la retransmisión del partido de Champions entre el PSG y el Barça, mientras Lamine Yamal hacía una serie de toques con el balón en el calentamiento de dicho partido, ante las cataratas de almíbar sobre la técnica del joven jugador culé, «Mono» Burgos afirmó en tono de broma que si le iba mal en el fútbol (algo poco probable, pese a la juventud del chico) siempre podría ganarse la vida en un semáforo.
Dicho comentario trascendió a los responsables de comunicación del Barça y cayó como una bomba, hasta el punto que no sólo los jugadores y técncios del primer equipo sino también los del PSG, en solidaridad con los primeros, se negaron a hacer declaraciones a Movistar al final del partido, tremendamente ofendidos.
Aquello llevó a Movistar no sólo a pedir públicas disculpas, tanto en directo en las figuras del propio Burgos y de la conductora del programa, Susana Guasch, sino que además la operadora televisiva también rectificó por escrito, por medio de un comunicado en el que, además de disculparse, anunció que tomarían medidas.
Pues bien, ni 24 horas habían transcurrido de dicha presentación de excusas por parte de la operadora, cuando se conoció que Germán Burgos había sido despedido fulminantemente y Susana Guasch, apercibida por su presunta complicidad con el ya ex-comentarista argentino.
Una medida desproporcionada: La maldita doble vara de medir
Esta medida, absolutamente desproporcionada ya que, al menos como yo lo he entendido (y como yo, bastantes espectadores de Movistar que así lo hicieron constar en las redes sociales), la mención a «ganarse la vida en un semáforo» carecía de connotación xenófoba o racista y sólo se refería a la triste realidad de ver a tantas personas que, por desgracia hay en España y otras partes del mundo, se tienen que ganar la vida haciendo acrobacias en los semáforos.

Pero, sobre todo, resulta grotesca la apelación al racismo cuando llevamos tres años soportando día tras día conductas y comentarios exageradamente racistas contra Vinicius. Y no sólo por parte de muchos aficionados en muchos campos de España (los más significados, los del Atlético de Madrid, Valencia y FC Barcelona, aunque ha habido muchos más), sino también -y he aquí lo más grave- por parte de muchos periodistas y afines y en distintos medios de comunicación.
Que en este país hemos tenido que aguantar como un energúmeno llamado Pedro Bravo le dijo a Vinicius que dejase de «hacer el mono» y le mandó «a bailar al sambódromo», en El Chiriiguito, en vísperas de un derbi madrileño la pasada temporada.
Pero es que, en ese mismo medio donde no han dudado en despedir al «Mono» Burgos, es decir, Movistar tuvimos que ver cómo en «El Día Después» en 2021, mutiló de forma deliberada una pieza en la que un impresentable junto a su hijo pequeño llamaban «macaco» a Vinicius en el Nou Camp, sólo para presentar al delantero brasleño como un provocador que se encaraba motu proprio a la grada, cuando lo que estaba haciendo era afear su conducta a esas dos personas.
Por no hablar de las mil y una portadas de Superracis… digo Super Deporte, el panfleto valenciano, que tiene una enfermiza fijación con Vinicius. O los comentarios racistas continuos de Nacho Cotino en la cadena 8Mediterráneo TV.
Y qué decir las barbaridades dichas por Dani Senabre, quien recientemente llegó a dar «Me Gusta» y a retuitear un dibujo en el que se presentaba a Vinicius como un mono. O las chanzas constantes durante años de David Sánchez y de más gente en el Partidazo de COPE.

Como también recuerdo ese «Ficticius» con el que Mónica Marchante se dirigió al jugador madridista en un directo en el canal de Twitch de Rubén Martín y que encima tuvo el cuajo de negar, pese a que lo vimos y oímos todos.
Gareth Bale y Mourinho, otras víctimas sin castigo
Y sin centrarnos en Vinicius y, ya al margen del racismo, no hay que rascar mucho para saber que otros personajes, generalmente en la órbita del Real Madrid, han sido objeto de insultos y descalificaciones sin castigo por parte de muchos periodistas y asimiliados en estos últmos 15 años.
Barbaridades, muchas de ellas rayanas en los delitos de Injurias y Calumnias de nuestro Código Penal que hemos tenido que oír y que, al igual que ha pasado con Germán Burgos, deberían haber planteado, como mínimo, su continuidad a los directivos de sus cadenas.
Me refiero a gente como Germán Dobarro, el periodista gallego que durante una emisión de El Partidazo de COPE llamó hace años «despojo humano» a Gareth Bale, a cuenta de una de sus lesiones.
El galés ha sido uno de tantos a los que se le dijo una sarta inacabable de insultos y descalificaciones, tales como «jeta», «sinvergüenza», por parte de muchos de los que, años después, se han rasgado las vestiduras con el comentario, quizás desafortunado pero jamás ofensivo, del «Mono» Burgos sobre Yamal.
En este sentido, y puestos a cuestionar destituciones, me pregunto si no se debió hacer en su día lo mismo si nos remontamos más atrás en el tiempo y recordamos las «lindezas» que estos ofendiditos de tercera dijeron de José Mourinho, en directo o por escrito, en toneladas de medios de comunicación, llevadas incluso a los Tribunales.
Desde el «Nazi Portugués» de Carlos Boyero hasta decir de él en directo que era «un mierda» hasta escribir de él que era «como un conductor que atropellaba a un peatón y se daba a la fuga» o compararle con el capitán del buque Costa Concordia, como escribió del luso el inefable Roberto Palomar.

Sin embargo, y hasta ahora en que, oh casualidad, el jugador «ofendido» es la nueva estrella del Barça y sus compañeros y técnicos se han negado a realizar declaraciones ante los corresponsales de Movistar, nadie había perdido su trabajo ni se habían aplicado sanciones tan drásticas sobre ningún periodista y/o colaborador de niunguna cadena de TV, radio o periódico.
Lo peor de todo es que, si esto se hubiese producido y alguno de tantos periodistas y afines que han cargado contra nuestros jugadores se hubiese quedado en la calle, rápidamente se habría acudido al manido cliché de «los hilos de Florentino en los medios» y a la consabida apleación al «Nacionalmadridismo» mediático.
Pero como ha sido a un jugador culé, todos han visto con buenos ojos este despido, insisto, fulminante del «Mono» Burgos y nadie se ha planteado que este poderoso «aviso a navegantes» no sólo es una consecuencia de una presunta lucha contra el racismo que ni ellos se creen sino una clara advertencia de que a los de azulgrana, ni una crítica ni comentario o se les acaba el alpiste.
En todo caso, y siendo como digo, desafortunado el comentario del ex-ayudante rojiblanco, es una nueva (que no la última) prueba de que en España y, en particular en los medios, nunca es el «qué» sino el «quién». Tenedlo en cuenta para cuando se repitan hechos similares pero con otros protagonistas, especialmente si el agraviado viste de blanco y en su pecho hay un escudo redondito y con forma de despertador…
