
Lo primero que recuerdo cuando morí fue una sensación de paz como nunca antes había sentido.
Lo segundo, y no menos importante, fue que comprobé que era verdad aquello de ver una luz blanca. Y a fe mía que no esperaba menos. Lo mínimo que se le puede ofrecer a una madridista recalcitrante y casi obsesa es que la recibieran a una en el más allá con luz blanca que no empaña.
Y una vez allí, guardando la fila por orden de aparición, intenté entablar conversación con los demás fallecidos allí presentes.
Como soy muy sociable, rompí el hielo, ya que todos estábamos muy callados y como intrigados. Así que le espeté al que tenía delante: «oye, ¿tú sabes cómo va ésto?»
Tuve suerte porque di con el enterado, tal vez no era la primera vez que se moría, que me dijo:
– «Sí, mira. Ahora hacen el triaje», me respondió.
«El triaje,» pensé no sin asombro, pues vi que nos trataban como en el médico en tiempo de pandemia…
El fallecido en cuestión, que resultó ser un excelente guía, me dijo que saldría San Pedro y pondría a un lado a los que habían estado en el lado bueno de la Historia y al otro lado a los que no. Yo no cabía en mi de gozo, pues siendo madridista, ya sabía en qué lado me iban a poner y mi alegría era doble por tener tan buen criterio a la hora de abordar un triaje.
Dicho y hecho. Salió un señor ataviado con una túnica blanca y unas llaves. Parecía Gandalf y eso me dió mucha confianza.
«A ver, se me van poniendo a la derecha los del lado bueno de la Historia y a la izquierda los que no, y rapidito que hoy queda mucho personal por venir aún».
Los que nos fuimos a la diestra íbamos con cara de alegría y los otros iban un tanto alicaídos. El enterado con el que hablé se fue a la izquierda y se quedó enfrente de mí. Le miré y le pregunté porqué había ido para allá, a lo que él me contestó que era del Barça.
Yo me quedé más muerta de lo que estaba cuando miré con tono inquisidor a los demás del lado izquierdo mientras me decían encogiéndose de hombros, yo es que soy del Mallorca, yo del Valencia, yo del Racing… Y así todos, ninguno del Madrid.
¡¡¡¡Bouahhh !!!! ¡Dios y yo estábamos en lo cierto! El lado bueno es ser del Madrid y por lo tanto, aquel periodista tenía razón en que Dios es del Madrid Miré a los de mi lado, y les pregunté si eran madridistas y todos contestaron que si. Cero dudas.
San Pedro dió unas palmas y nos abrió las puertas de un lugar que no sé cómo describir pero que era muy parecido a un estadio de fútbol inmenso, de millones de aforo. Millones de millones. Billones de billones. Creo, porque la vista no me dió para calcular una cifra.
Pero lo mejor vino cuando me encontré de sopetón con Amancio Amaro y el mismísimo Santiago Bernabéu departiendo amigablemente en el primer anfiteatro. Tímidamente me acerqué a ellos para presentar mis respetos y de paso, felicitarles por la reciente Champions conseguida. La Decimoquinta.
Así lo hice pero Don Santiago estaba de mal humor porque se acababa de enterar del dinero encontrado en las cuentas de la mujer de Enríquez Negreira. Yo le dije que les caería todo el peso de la ley pero no le vi muy convencido. Me preguntó, no sin cierto rentintín celoso, por Florentino. Yo le contesté qué esperaba que nos durara muchos años abajo y él asintió.
Me preguntó si era nueva y yo le dije que me acababa de morir. El abrió los ojos y preguntó por las cosas terrenales y si se vislumbraba ya la Superliga. Yo le dije que se estaba trabajando en ello, pero que lo peor es que el Barça no había bajado a segunda cuando correspondía y que aún nos daban mucho la lata con lo del equipo del régimen. Amancio metió baza diciendo que don Santiago se pasaba todo el espacio-tiempo cagándose en la madre que parió a unos cuantos.
Después de un silencio un poco incómodo, pues ninguno de los tres supimos que decir, oí un silbido inconfundible. Era mi buen amigo Rafael, un compañero de trabajo que murió tres años atrás. Madridista de pro, me contó que aquí lo pasamos muy bien entre flores de colores y viendo Real Madrid Televisión. Le pregunté sí se veían los partidos.
Rafael me dijo que tenían que piratear la señal, pues no había en nuestro lado nadie de Movistar ni de DAZN. Y que como los de Al Jazeera estaban en el paraíso musulmán, les costaba mucho pillar un buen enlace.
Así pasé lo que yo calculo que fué mi primer día en el cielo y que tanta sorpresa agradable me había dado. Enseguida me dí cuenta de que si iba a pasar allí toda la eternidad, al menos iba a ver jugar a Vini con Mbappé. Lo que me llenó de alegría. Pero me quedó la duda de adónde iría Javier Tebas cuando le llegara su hora. Pero se me olvidó enseguida pues me encontré a Juanito y me fui directa a saludarle.
Nota de la Redacción: Mavi nos hizo llegar este articulo el día antes de su fallecimiento y sirva desde aquí su publicación para hacer constar nuestro dolor y nuestro cariño y gratitud por su generosidad, sobre todo, por su enorme entereza y su fuerza de espíritu, que nos transmitió a todo el staff de Meritocracia Blanca, que llora y sufre el dolor de su pérdida. D.E.P. querida Mavi y que la tierra te sea leve

El cielo tenía que haber esperado , esta vez se adelanto mucho.
El twitter Real Madrid no será nunca lo mismo sin ti Mavi, descansa en paz y gracias por habernos regalado tu amistad y presencia en nuestras vidas.
Un abrazo desde acá para alguien que amó tanto a este club que nos apasiona.
Esto es una maravilla! Qué fuerza mental para escribir algo tan divertido mientras te estabas despidiendo. Esta mezcla de dolor y ternura que me provoca me tiene desconcertada. No sé si el cielo es así, pero debería serlo para tí. 🤍