La muerte no es el final (Mavi, In Memoriam)

He perdido la cuenta de las veces que he intentado escribirte estas palabras. Las he borrado y vuelto a escribir porque, como tú sabes, soy tan cabezota que sigo sin admitir que te has ido, esta vez para siempre.

Cuántas veces, como en tantas y tantas interminables charlas por WhatsApp me previniste de que esto iba a llegar más pronto que tarde y cuántas otras veces te decía que aún quedaba tiempo mientras que yo, como todos,te contestaba diciéndote que tú te morirías como me moriría yo pero no ahora.

Sin embargo, ha ocurrido. Esta madrugada se apagó tu luz y no hay nada que pueda llenar el maldito e insondable agujero negro que reconcome mis entrañas en estos momentos. Una hora en la que tú y yo, como casi a diario, nos estaríamos dando las buenas noches. Tú en tu perfecto castellano y yo en mi macarrónico francés inventado y que tanta gracia te hacía. Eso sí, si yo antes no me convertía en ese «geranio con gafas» y me «iba al sobre», si, esa expresión tan ochentera que tanto te chocaba…

Y mírame, ahora estoy intentando coser cuatro letras mal juntas para tratar de describir el enorme dolor que siento porque ya no estás aquí, al menos físicamente.

Recuerdo ahora nuestras charlas, cómo intentábamos arreglar el mundo, mientras comentábamos entre risas los primeros partidos de pretemporada del Real Madrid. Lástima que tu maldito cáncer terminal te impidiese marcharte sin ver lo que más te gustaba: Los partidos del Real Madrid.

Eso sí, sé a ciencia cierta que te enteraste de la victoria madridista ante el Chelsea porque te lo dijo tu maravillosa cuidadora, Marisol. Sí, la famosa «Agente Del Valle», esa adorable señora de 63 años que te llamaba «Mi Niña». Una  gran mujer que, a pesar del poco tiempo que estuvo a tu lado, te quiso como a una hija y que, en tu marcha te ha llorado como tal, acompañándote hasta la puerta que separa la vida de la muerte y te cerró los ojos mientras te acariciaba «los manitos» cuando tu luz se apagó físicamente entre nosotros.

Porque tú tenías muchas virtudes como tu personalidad magnética y arrolladora, que se llevaba todo por delante. Tu sentido del humor, tu cultura inagotable y tu agilidad mental. Y muchas más, que no detallo porque aqui no cabrían.

Pero de todas ellas, destacaría una y es que conocerte era quererte. La prueba está en las ingentes muestras de cariño y la catarata de amor que has recibido desde que tanto Norber como Javidatos como yo mismo anunciamos esa noticia que nunca habríamos querido dar.

Cualquiera que me lea podría pensar que te conocía de toda la vida pero no es así. Ni mucho menos. Aun recuerdo cuando contactaste conmigo por privado apenas una o dos semanas antes de la Final de Londres a través del Twitter de Meritocracia Blanca porque querías escribir algunos artículos. Pero tú eras así. Intensa. Sin reservas. Y conseguiste que viviese estos apenas dos meses y medio como si fuese una vida entera. Por eso te lloro ahora como lo estoy haciendo, a pesar de que me hiciste prometerte que no lo haría.

Me contaste tu situación personal (porque siempre fuiste transparente como el cristal) y que eso te iba a ayudar a sobrellevar mejor la terrible enfermedad que te estaba machacando. Y  recuerdo cómo conectamos de inmediato. Una especie de «flechazo» pero no amoroso sino de amistad que nunca había sentido. Y empezamos a intercambiarnos mensajes por Twitter hasta que nos dimos nuestros móviles y WhatsApp se convirtió en nuestro hábitat habitual.

Desde entonces y hasta este mismo martes, cuando con un hilo de vida, ya sedada y a escasas horas de tu inminente partida, te despediste de mí con un lacónico «Te quiero mucho» y me dejaste entrever que aquella seria nuestra última charla, yo nunca dejé de pensar que te irías del todo. Y no será porque no me lo habías avisado…

A partir de ahora, ya nada será igual en mi vida, mucho más vacía en lo anímico hasta el punto que algo tan trivial como ver los partidos del Real Madrid y comentar su actualidad ya nunca será lo mismo. Ahora bien, mi vida es ya tremendamente rica en cuanto a vivencias.

Tu experiencia vital me hizo mejor persona, sacó lo mejor de mí y aprendí de tí lo que es el carácter, la entereza a la hora de afrontar un destino tan terrible y sobre todo, que es verdad lo que dice esa maravillosa obra de Cesáreo Gabaráin Azurmendi que dice eso de «la muerte no es el final».

Y que, partido a partido (aunque no te gustaba mucho esa expresión) cada charla debía ser como si fuese la última. Y lo importante que era no dejarse nada en el tintero porque a lo mejor, no habría un mañana para decir las cosas que uno siempre quiso decir. Afortunadamente, gracias a eso, no nos hemos guardado nada y tú te has ido sabiendo lo importante que has sido en mi vida y lo mucho que te he querido y que amigos como tú sólo se encuentran una vez.

Ahora tu marcha es el final de un ciclo pero es también el inicio de otro que llevaré conmigo siempre. Tu recuerdo es y será imborrable porque nunca le agradeceré tanto a esta vida, que tan injusta y dura fue contigo, que te pusiese en mi camino. Porque, como dicen, lo que se recuerda, vivirá siempre y tu recuerdo, como nuestro amor por el Real Madrid, durará para siempre y sé que estarás para siempre a mi lado y serás esa Hada en la que me prometiste convertirte para acompañarme hasta el final de mis días.

Vuela alto, preciosa y logra allá donde estés la felicidad que esta maldita vida, tan injusta y cruel a veces (especialmente con quien menos lo merece) te negó. Te vas, pero te llevas el amor infinito e incondicional de todos los que tuvimos la inmensa fortuna de haberte conocido. Porque cuando me pregunten dentro unos años qué puedo destacar de mi vida, diré que fui amigo de Mavi, la ya inolvidable @fanblanca80 de Twitter.

Gracias por tantos momentos vividos en este escaso pero intenso lapso de tiempo y como dice esa excelente canción de Bruce que te puse en su día, «te veré en mis sueños».

Descansa en Paz y disfruta por fin de tu ansiado Campo de Estrellas. Y sé feliz allá donde estés y que la Eternidad te traiga la felicidad que la Tierra te impidió disfrutar. Hasta siempre, Mavi. Te quiero mucho.

2 comentarios en «La muerte no es el final (Mavi, In Memoriam)»

  1. Aquí se ve que la frase » hasta que la muerte nos separe» no es cierta mientras haya verdadero cariño entre amigos

Deja una respuesta