Muere Leo Beenhakker, el primer gran entenador de toda una generación de madridistas

El que fuese entrenador del Real Madrid entre 1986 y 1989 y también en 1992, Leo Beenhakker, ha fallecido hoy en Rotterdam a los 82 años de edad.

El técnico neerlandés siempre será recordado porque logró llevar la excelencia en el juego del Real Madrid de la Quinta del Buitre a cotas inimaginables en su primera etapa, siendo el último entrenador que logró ganar tres Ligas consecutivas y el doblete Liga-Copa del Rey. De hecho, desde que él ganase esos tres títulos ligueros, no ha habido ningún entrenador que lograse repetir ni siquiera dos campeonatos seguidos.

Por este motivo, además de por su eterna sonrisa y su simpatía, embutidas en su sempiterno chándal de la marca Hummel, Beenhakker pasó por derecho propio a la historia triunfal del club y siempre estará en el recuerdo de toda una generación de madridistas, la de los 80, que vivió la transición del Real Madrid de la épica y la testosterona a la de unos estándares de calidad en el juego que se ha visto muy pocas veces más en estos últimos 40 años.

Beenhakker y el gusto por el buen fútbol

Leo Beenhakker llegó al Real Madrid en junio de 1986 procedente del Volendam holandés y tras una muy buena trayectoria en el Real Zaragoza, donde había dejado un gran sabor de boca en las tres temporadas que estuvo en la capital maña.

Su misión era hercúlea ya que llegó para sustituir al mítico Luis Molowny, que había hecho una temporada excelente, logrando un histórico doblete, al ganar la Liga y la segunda Copa de la UEFA del club.

Sin embargo, el holandés no sólo aceptó el reto sino que, aprovechándose del talento de una generación casi irrepetible en el Real Madrid como fue la Quinta del Buitre, no sólo continuó la línea triunfal del equipo sino que, como digo, lo elevó a un nivel casi inigualable de juego y resultados.

Beenhakker, junto a Emilio Butragueño, otra leyenda madridista

En sus tres temporadas en el Real Madrid, Beenhakker ganó seis títulos y dominó el fútbol español. Destacan sobremanera las tres Ligas consecutivas ganadas (desde 1986 hasta 1989) y no sólo por su contundencia sino por su forma de ganarlas. Pero es que en estos tres años, el Real Madrid también logró levantar la Copa del Rey del año 1989 -la última vez, por cierto, que el club blanco ha logrado el doblete español- y también las Supercopas de 1988 y 1989.

En enero de 1992, Beenhakker, que ocupaba entonces el puesto de Manager General del club, cambió los despachos por el banquillo del Real Madrid en una fugaz y efímera etapa, que duró la segunda vuelta de aquella temporada.

El holandés actuó como recambio de Radomir Antic, quien había sido destituido de forma fulminante por Ramón Mendoza al acabar la primera vuelta, cuando el equipo iba líder de la Liga, por delante del «Dream Team» de Cruyff.

Sin embargo, en esta ocasión, las cosas le rodaron francamente mal al holandés, que vio cómo no pudo sostener a un equipo que se descosió en las últimas jornadas, hasta llegar a la fatídica «Tarde de los Transistores» en Tenerife.

El equipo necesitaba ganar para asegurar el título pero en una tarde horrible, marcada por el terrorífico arbitraje de García de Loza, vio cómo un «extramotivado» equipo tinerfeñista, dirigido entonces por Jorge Valdano, le remontó un 0-2 en la segunda mitad. El equipo acabó perdiendo el partido por 3-2 y, de paso un título, que semanas antes, tenía en sus manos. Fue despedido y ya no volvió a tener relación alguna con el Real Madrid.

A partir de ese momento, Beenhakker dirigió a numerosos equipos más por todo el mundo (Austria, Turquía, México, etc.) hasta que en 2005 decidió retirarse del mundo del fútbol, tras una última experiencia en el De Graafschap de su Holanda natal.

Leo Beenhakker festejando la Copa del Rey de 1989, su último gran título en el Real Madrid

Desde aquí, acompañamos en el sentimiento a toda la familia de Leo Beenhakker y a un Real Madrid que hoy, sin duda, está de luto. Descanse en Paz.

La Copa de Europa, la gran asignatura pendiente de Beenhakker

Su talón de Aquiles fue Europa, donde el Real Madrid no logró su ansiada Séptima. La tuvo muy cerca, especialmente en la temporada 1987/1988 en la que el Real Madrid firmó una de sus más duras eliminaciones de su historia, alcanzando las semifinales en sus tres participaciones.

Bajo el antiguo formato de la Copa de Europa, el Real Madrid fue eliminando a un sinfín de equipos históricos y en condiciones, a veces, extremas pero siempre acabó cayendo en la penúltima ronda, postergando nada menos que 10 años el sueño de la ansiada Séptima.

Temporada 1986/1987: El Bayern Munich, un muro inalcanzable

En su primera temporada como entrenador madridista, el Real Madrid no tuvo cruces sencillos, puesto que salvo en la primera ronda, en la que se deshizo de un rival fácil como el Young Boys suizo, ya no tuvo tanta suerte en el resto de emparejamientos.

En octavos de final, esto es, en segunda ronda, le tocó bregar contra un hueso durísimo de roer como era la Juventus. En el partido de ida, disputado en el Bernabéu, el Real Madrid logró la victoria por la mínima gracias al tanto de Butragueño a los 20 minutos. La vuelta, disputado en el Communale de Turín, se repitió el resultado de la ida pero del lado italiano. El partido, tras una prórroga sin goles, se decidió en los penaltis. Los blancos, con un gran Buyo que detuvo tres lanzamientos, se acabó imponiendo por 3-1, con goles de Butragueño, Valdano y Juanito desde los once metros.

En cuartos tocó el sorprendente Estrella Roja de Belgrado, que en un gran partido de ida, goleó al Real Madrid por 4-2. Un duro correctivo que los de Beenhakker supieron remontar en la vuelta, donde los blancos se impusieron por 2-0, con goles de Butragueño y Sanchís y se clasificaron por el valor doble de los goles fuera de casa en Europa.

Imagen del histórico Juventus-Real Madrid en Turín de 1986

Lo peor llegó en las semifinales. El sorteo deparó un nuevo «Clásico» europeo frente al Bayern Munich, la gran bestia negra de los madridistas en el continente. Y el duelo no defraudó. El partido de ida, disputado en territorio germano, fue el fiel reflejo de las grandes diferencias entre ambos clubes y de la superioridad del cuadro bávaro, que arrolló a los blancos por 4-1.

El solitario de Butragueño hacía albergar alguna remota esperanza para la vuelta disputada en el Bernabéu. Sin embargo, y a pesar de la temprana expulsión de Augenthaler, ocurrió todo lo que no debió ocurrir en un terreno de juego.

El gol de Santillana en la primera parte dio alas a los de Beenhakker pero la cosa se torció. El Bayern se defendió bien y no fue posible el milagro, provocando la impotencia del Real Madrid y las burlas de algunos jugadores alemanes.

Fruto de esa impotencia y de la rabia por una durísima entrada de Matthaus a Chendo, Juanito se fue hacia el alemán y tras increparle por lo ocurrido, le propinó un durísimo pisotón en la cabeza, que inmediatamente provocó su expulsión y el punto final a la carrera europea del Real Madrid esa temporada, en una bronca que, además, conllevó una durísima sanción, inédita en Europa.

La UEFA castigó con cuatro años de suspensión para el malagueño, que salió del club al acabar la campaña. Además, le impuso dos partidos a puerta cerrada al Real Madrid de cara a la siguiente temporada. Una sanción que fue reducida tras el recurso del club a un partido a puerta cerrada y otro a disputar a no menos de 300 kilómetros de Madrid.

Temporada 1987/1988: La gran decepción del PSV. La Séptima nunca estuvo tan cerca

La temporada 1987/1988 fue, probablemente, la mejor y más completa temporada europea del Real Madrid en décadas, no sólo por el juego del equipo -el mejor con diferencia de todo el panorama continental- sino por la calidad de los rivales a los que hubo que dejar en la cuneta desde la primera ronda.

En la primera eliminatoria le tocó bregar con uno de los equipos más en forma de Europa como era el Nápoles de Diego Armando Maradona, teniendo que jugar la ida a puerta cerrada, como consecuencia de la antes comentada sanción que recibió el club por aquel pisotón de Juanito a Matthaus.

Pues bien, aquel partido será siempre recordado no sólo por el silencio en unas gradas vacías y la victoria por 2-0 del Real Madrid, sino por el espectacular marcaje de Chendo a Maradona, al que secó por completo y al que prácticamente no le dejó tocar un solo balón.

La vuelta, en la caldera napolitana de San Paolo (hoy rebautizado con el nombre del genio argentino), los de Beenhakker acabaron empatando a un tanto y lograron el pase a la siguiente ronda, a pesar del infierno vivido por el equipo desde que desembarcaron en la ciudad italiana, dos días antes del partido.

El Real Madrid perdió su oportunidad europea ante el PSV, tras dos empates

En la ronda de octavos de final, el destino quiso emparejar al Real Madrid con el campeón de la edición de 1986, el Oporto. Un conjunto que había perdido a su estrella principal, Paolo Futre (que había fichado por el Atlético de Madrid) pero que seguía practicando un fútbol espectacular.

En esta ocasión, y como consecuencia de la misma sanción de la UEFA, el Real Madrid tampoco pudo disputar el partido en su estadio. Dicha sanción obligaba al Real Madrid a jugar el segundo de los dos partidos de castigo a más de 300 kilómetros de la capital de España y Valencia ofreció su estadio al club blanco para disputar este encuentro.

El Oporto, liderado entonces por el argelino Madjer, era un equipo temible. De hecho, los de Beenhakker tuvieron que remontar un tanto del astro argelino con los goles de Hugo Sánchez y Sanchís en los momentos finales del partido. La vuelta, en Das Antas, acabó con la victoria madridista por 1-2, con dos goles de Míchel y la exhibición de Paco Llorente.

Lejos de descansar, en la fase de cuartos de final le tocó otro «coco». Precisamente el que les eliminó el año anterior, esto es, el Bayern Munich. Sin embargo, el Real Madrid, que perdió en Alemania por 3-2, donde un gol de Hugo Sánchez de falta directa en los últimos minutos en un estadio nevado le dio la esperanza al equipo blanco. En la vuelta, los goles de Jankovic y Míchel le dieron la vuelta al marcador y lograron el pase a las semifinales.

En la otra parte del cuadro, infinitamente más asequible, el PSV Eindhoven había llegado a las semifinales y era la presunta «cenicienta» de entre los cuatro aspirantes a la gran final. Los blancos eran los grandes favoritos para ganar la Copa de Europa, de hecho, y todo apuntaba a que el Real Madrid se paseara ante el conjunto holandés, pero las cosas no salieron como se esperaba.

En el partido de ida, a pesar del dominio madridista, un gol de Linskens en una fugaz contra empataba el gol tempranero de Hugo Sánchez de penalti. La gran actuación madridista del meta visitante Van Breukelen evitó la victoria madridista y el partido se fue a Eindhoven con la ligera ventaja holandesa.

En la vuelta, el Real Madrid no pudo pasar del empate a cero, a pesar de sus esfuerzos de cara al marco local y el gran favorito cayó eliminado por el valor doble de los goles y el PSV acabó proclamándose campeón en los penaltis.

Aquella que fue, sin duda, una de las mayores decepciones de esa misma generación de madridistas porque fue la vez que el Real Madrid tuvo más cerca aquella ansiada Séptima.

Temporada 1988/1989: La goleada de San Siro, el adiós europeo a una gran generación

La siguiente y última temporada europea de Beenhakker en el banquillo blanco tampoco fue fácil. Tras dos primeras rondas ciertamente sencillas ante el Moss y el Gornik Zabrze, al Real Madrid le tocó enfrentarse en cuartos de final con el campeón vigente, el PSV Eindhoven, en la vendetta de la eliminación del año anterior.

La goleada por 5-0 ante el Milan fue el punto final de la Quinta del Buitre en Europa

En la ida, disputada en Eindhoven, el Real Madrid se volvió a la capital con un empate a un gol, donde un emergente Romario igualó el tanto inicial de Butragueño. Con esa ligera ventaja, los de Beenhakker afrontaron la vuelta, logrando la victoria por 2-1 gracias al gol de Martín Vázquez en una prórroga a la que se llegó tras repetir el resultado de la ida, con goles de Hugo Sánchez, de penalti, y Romario.

La gran diferencia con las semifinales de la temporada anterior estuvo en que el Real Madrid ya no era el favorito. El gran favorito para el título era el AC Milan de Arrigo Sacchi. Un equipo que había revolucionado el fútbol europeo con un sistema novedoso y totalmente sorprendente.

Una auténtica «apisonadora» futbolística que, además, gozaba de un excepcional plantel de jugadores, a cuál más talentoso. Junto a sus tres estrellas holandesas, Gullit, Rijkaard y, sobre todo, el fantástico Van Basten, Sacchi contaba con una de las mejores generaciones de jugadores italianos como Ancelotti, Donadoni, Maldini o Baresi. Y el sorteo, precisamente, deparó que nuestro rival sería el citado club transalpino.

En la ida, disputada en el Bernabéu, el Real Madrid logró empatar a uno en un partido más que aceptable, en el que un golazo de Van Basten en el último tercio del encuentro lograba igualar el tanto inicial de Hugo Sánchez. Lo terrible llegó en el partido de vuelta, disputado dos semanas después en San Siro.

El Milan hizo gala de su superioridad y vapuleó al club blanco en su estadio, en una de las noches europeas más negras del madridismo. Un dolorosísimo 5-0, con goles de Ancelotti, Rijkaard, Gullit, Van Basten y Donadoni, que sepultó las escasas opciones del Real Madrid para ganar el título.

Aquello fue el principio del fin de la generación de la Quinta del Buitre y el despido del propio Beenhakker al final de la temporada, a pesar de haber ganado su tercera Liga consecutiva, en lo que fue el inicio del dominio hegemónico del conjunto rossonero en Europa los siguientes tres años.

2 comentarios en «Muere Leo Beenhakker, el primer gran entenador de toda una generación de madridistas»

  1. Qué bonito es leer este tipo de artículos. Se nota escrito desde el cariño que proporciona la nostalgia y el respeto y buen gusto del madridista. Mi padre dijo «Ellos tuvieron a su holandés y nosotros al nuestro»
    Obviamente se refería a Cruyff y a Beenhakker, y aunque mi padre siempre añadía» salvando las distancias » , pues es un forofo inteligente, fue un fan de Leo y de la Quinta del Buitre y viajó a Valencia con uno de mis hermanos en uno de los autobuses que puso el club para los socios. Mi hermano ( ahora no recuerdo quién de los 7)
    iba contento porque en los asientos de atrás habían » repartido » a los Ultra Sur en cada uno de los buses y cantaban » humo, humo»
    en honor a Hugo Sánchez cada vez que pasaban por una fábrica de cuya chimenea salía humo. Eso le hizo mucha gracia a Luis
    ( me acordé) y a la vuelta de aquel viaje lo contó y lo contó hasta que lo escuché yo en el 90 y tantos y así sigue, contado la anécdota a mis sobrinos.
    Mi padre también «se merecía» la ansiada séptima que no pudo y mereció ganar Leo y los chicos. Así los llamaba.
    Gracias, Diego. Gracias por tus brillantes artículos, ya sean crónicas, notas u homenajes como éste. Me haces viajar a mi niñez, a mis recuerdos; que en mi familia casi siempre van unidos al Real Madrid y que yo transmitiré a los recuerdos de Mini Fede y tal vez si a algún otro madridista más.

    1. Gracias a tí por tus siempre amables palabras y por reconocer mi trabajo con el cariño con el que lo haces. Que Dios te bendiga, Claudia y ¡HALA MADRID!

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