
Alavés 0-1 Real Madrid: «Sobreviviendo a Soto Grado»
El Real Madrid ha arrancado tres importantes puntos del campo de Mendizorroza al imponerse por la mínima al Deportivo Alavés, merced a un golazo de Camavinga y a pesar de un sinfín de imponderables, en un partido marcado por la expulsión de Mbappé pasada la media hora y por un indecente arbitraje de Soto Grado, que hizo todo lo humanamente posible para que los de Carletto no ganasen.
Soto Grado y su empeño en impedir la victoria madridista
Cierto es que la expulsión de Mbappé es justísima. Como lo fue la expulsión de Manu Sánchez una hora más tarde, lo que igualó la contienda en cuanto a expulsiones. Pero es que hay que recordar que la jugada que dio lugar a la expulsión del jugador alavesista se saldó sin pitar ni siquiera falta, a pesar de su salvaje acción y de ser el último jugador y con el árbitro perfectamente colocado. Afortunadamente, Gil Manzano desde el VAR le avisó para revisar la jugada y, a regañadientes, tuvo que expulsar al jugador local
En este sentido, hay que decir que la expulsión de Mbappé, repito que justa, por una durísima entrada sobre Blanco (y que para Soto Grado fue amarilla y, de nuevo, el VAR tuvo que avisarle para rearbitrar la acción) vino precedida de una catarata de patadas y empujones, especialmente de Mouriño, muchas de ellas ni siquiera castigadas con falta.
Hizo mal el jugador madridista en tomarse la justicia por su mano, sin duda. Pero habría que analizar el marcaje al que fue sometido y la impunidad y lo fácil que resulta defender a los jugadores del Real Madrid.

A base de patadas y empujones sin que piten siquiera falta y sin tarjetas, todo es mucho más sencillo. De hecho, la primera amarilla al Alavés llegó al filo del descanso y, después de todo un festival de infracciones (algunas pitadas y otras no) Por ejemplo, y para comparar situaciones, el sábado por la noche en Leganés, la primera amarilla sobre el marcador de Yamal, llegó a los cinco minutos de partido y por un simple agarrón en el centro del campo, de modo que su defensor ya estuvo condicionado para el resto del encuentro.
Sabedores de la excesiva permisividad arbitra, el Alavés desplegó una auténtica panoplia de acciones antideportivas con las que no sólo logró defenderse sino que impidió cualquier atisbo de ataque o combinación madridista que, en el mejor de los casos se saldó con una falta, además de simular varias falsas agresiones que no existieron, buscando más expulsiones.
Para muestra, un botón. El Alavés cometió, o mejor dicho, le señalaron nada menos que 21 faltas y hasta el minuto 98 llevaba menos amarillas que el Real Madrid, que había cometido 12. Y alguna de ellas, como la que le muestra a Lucas Vázquez, absolutamente ridícula, sobre todo viendo el listón en las patadas del Alavés.
Por último, Soto Grado le anuló un gol a Asencio por una falta de Rüdiger más que discutible sobre Owono, el portero local y se tragó un penalti del propio Owono sobre Güler a los pocos instantes del partido que, para poner en contexto, es muy similar al que le pitaron a Dani Olmo hace apenas un par de semanas en un Barça-Osasuna, con la diferencia que en esa ocasión, el meta osasunista no tocó al jugador culé y aquí, Owono sí contacta con la pierna de Güler.
En definitiva, un arbitraje lamentable y absolutamente tendencioso que buscaba lo que sí lograron sus compañeros en los partidos ante Espanyol, Atlético de Madrid y Osasuna que, a la postre, nos descabalgaron del liderato que ostentaba el Real Madrid en ese momento.
Primera parte marcada por el golazo de Camavinga y la roja a Mbappé
Ciñéndonos a lo meramente deportivo, el Real Madrid hizo rotaciones, pensando sin duda en el partido del miércoles y sorprendió dejando en el banquillo nada menos que a Vinicius y a Bellingham De salida, Ancelotti alineó a Courtois bajo los palos, Lucas Vázquez, Asencio, Rüdiger y Fran García atrás, con Fede Valverde, Camavinga y Tchouameni en la medular, con Güler, Mbappé y Rodrygo.

El partido se le pudo poner de cara a los blancos muy pronto ya que, a los ocho minutos y en un balón a la espalda de la defensa, Güler se quedó solo ante Owono. Aunque el control se le fue un poco largo, al intentar volver a controlar, el meta local saltó y en ese momento zancadilleó al jugador madridista. Un penalti claro pero que se saldó con la nada más absoluta.
Ahí empezó el festival de Soto Grado que, no obstante, continuó apenas 10 minutos después. Tras un gran jugada personal de Rodrygo que acabó con el disparo del brasileño que Owono desvió a córner. El propio Rodrygo botó el saque de esquina hacia el segundo palo para que Asencio, aprovechando la mala salida del meta local, remató de cabeza para marcar el primer tanto.
Sin embargo, Soto Grado, a instancias del VAR, invalidó el gol argumentando que Rüdiger desplazó de un culetazo a Owono, aunque como se apreció en las imágenes, ese toque fue mínimo y el portero, que había medido mal en su salida aprovechó para tirarse al suelo simulando una agresión.
En un partido absolutamente imposible de jugar, ante la constante catarata de patadas y golpes, los minutos fueron pasando entre falta y falta del Alavés (eso sí, ni una tarjeta) Entonces, llegados al ’32, una pared entre Valverde y Camavinga en la frontal acabó con un espectacular zurdazo del francés, pegado al palo derecho de Owono, imposible de parar.
Con la cosa aparentemente más tranquila para los de Ancelotti, Davide para más señas porque su padre, sancionado por acumulación de amarillas contemplaba el partido desde un palco, llegó entonces la jugada que pudo marcar el partido.
En el minuto 37, en una jugada aparentemente sin trascendencia en el centro del campo, Blanco y Mbappé disputaron un balón dividido para el que el francés usó una fuerza desmedida y le calzó un plantillazo descomunal sobre la tibia del ex-canterano blanco. Una entrada durísima -e innecesaria- que se saldó de forma sorprendente con una amarilla para el astro galo.

Sin embargo, Soto Grado fue avisado por Gil Manzano desde el VAR para que revisara la acción y cambiase el color de la tarjeta y, a la luz de las imágenes en el monitor, el colegiado reconsideró su decisión y expulsó con roja directa a Mpappé.
Un varapalo para un Real Madrid que iba a tener que afrontar más de una hora con un hombre menos, obligando a un sobreesfuerzo innecesario de cara al partido del miércoles, sobre todo cuando las cosas, más o menos, le estaban yendo bien en Mendizorroza. Aun así, y a pesar de los esfuerzos locales, que apretaron aprovechando la inferioridad numérica del Real Madrid pero no llevaron peligro a la meta de Courtois y el partido se fue al descanso.
Tensión e intensidad sin goles en la segunda mitad
Tras la reanudación, y con un Alavés cada vez más cansado por el esfuerzo hercúleo de la primera parte, el partido bajó de revoluciones y, salvo un pequeño susto en forma de remate de cabeza del recién incorporado Toni Martínez a pase de Carlos Vicente en el ’63, detenido sin problemas por Courtois, los locales se fueron apagando. Y lo que es peor para ellos, dejando más huecos atrás.
Ya con Bellingham y Vinicius en el campo, por Güler y Rodrygo, llegó la jugada que selló el destino local cuando, en el minuto 67, fruto de ese desajuste defensivo alavesista, el brasileño aprovechó un balón largo al espacio para ganar a la carrera a Manu Sánchez. Entonces, el zaguero del Alavés -que era el último jugador local- cazó por detrás a Vinicius cuando éste si iba solo a por Owono.
Sin embargo, sorprendentemente, Soto Grado dejó seguir la jugada y dijo que ahí no había pasado nada, a pesar de los ostensibles gestos de dolor del brasileño. Entonces, pasados unos instantes, el colegiado riojano fue llamado de nuevo desde el VAR para revisar la acción y se encontró con un plantillazo descomunal de Manu Sánchez sobre la parte trasera de la rodilla y el gemelo de Vinicius, como mínimo igual de peligroso que el de Mbappé minutos antes.

Total, que entre que la entrada había sido brutal y que era el último jugador de la defensa, Soto Grado tuvo que expulsar al jugador local y el partido quedó igualado, al menos numéricamente.
El último tercio del partido fue infumable, con un Real Madrid al que le resultaba imposible ligar tres pases seguidos sin recibir una falta pitada o no por el árbitro (entre ellas cabe destacar una escalofriante entrada de Tenaglia sobre Bellingham que hizo presagiar lo peor), y con un Alavés impotente e incapaz de llegar con peligro a la portería de Courtois.
El partido llegó a su fin tras ocho interminables -e injustificados- minutos de prolongación y justo después de que Ceballos, que acababa de entrar al campo, dejase su impronta con una espectacular jugada que acabó con una zancadilla (la enésima) de Mouriño en la frontal y un golpe franco ejecutado por Lucas Vázquez que a punto estuvo de entrar por la escuadra derecha de Owono.
Ahora sí que sí, la suerte está echada y el modo Champions, activado. Soñar es gratis y entre creer o no, yo hace días que he elegido creer…
Ficha técnica del partido
Alavés: Owono; Tenaglia, Mouriño, Abqar (Diarra, ’76), Manu Sánchez; Antonio Blanco (Protesoni, ’83), Joan Jordán (Guevara, ’76); Carlos Vicente, Aleñá (Cabanes, ’83), Carlos Martín (Toni Martínez, ’60); y Kike García.
Real Madrid: Courtois; Lucas Vázquez, Asencio, Rüdiger, Fran García (Brahim, ’77); Fede Valverde (Ceballos, ’91), Tchouameni, Camavinga; Güler (Bellingham, ’62), Mbappé y Rodrygo (Vinicius, ’62).
Arbitro: Soto Grado (Col. Riojano) Por el Alavés vieron tarjeta amarilla Jordán, Carlos Martín y Tenaglia, además de la roja directa a Manu Sánchez. Por parte del Real Madrid, fueron amonestados Camavinga, Lucas Vázquez, Vinicius y Courtois, mientras que Mbappé vio la roja directa.
