
La verdad es que, pasadas casi 24 horas de uno de los mayores fiascos de los últimos años, lo cierto es que no estoy tan mal como pensaba. Quizás, el hecho de tener una ya ciertamente provecta edad y, sobre todo, el haber vivido tantos años de infinita hambre y pobreza, en Europa y en España (bastantes más que los años de «vacas gordas»), me han permitido aprender a disfrutar enormemente de las victorias, pero también a relativizar las derrotas, por duras que sean, como la de ayer.
Está claro que el ciclo de Carletto ha llegado a su fin y, quizás de la peor forma posible. Con un equipo en una situación decadente y con algunos jugadores extenuados y agotados física y, lo que es peor mentalmente. En esta temporada se han juntado las peores circunstancias en los momentos menos propicios.
Lesiones de jugadores clave, errores en los planteamientos (que no seré yo quien discuta y menos a un señor que tiene el mejor palmarés de la historia del Real Madrid) y arbitrajes muchos de ellos indecentes que, como hemos visto esta temporada en la Liga, al menos a mí, me han hecho perder toda esperanza de poder ganar este campeonato. Y seguramente muchas más cosas que a mí, como mero aficionado y en absoluto aspirante a entrenador de élite o a preparador físico o director técnico de primer nivel, se me han podido escapar
Y dado que no quiero jugar a futurólogo, al menos a corto plazo, me niego a especular sobre lo que pueda pasar el sábado próximo en La Cartuja en la Final de la Copa del Rey ante el Barça y sólo quiero centrarme en lo que ha pasado en esta Champions. Nuestra competición, nuestro «fetiche» y en la que, les guste o no al antimadridismo, somos los que más hemos ganado (y también hemos perdido)
Además de una decepcionante Fase de Grupos, en la que el Real Madrid nunca dio la talla, salvo pinceladas concretas (de ahí que tuviésemos que sudar sangre para clasificarnos y jugar esa especie de fase previa para octavos ante un decadente Manchester City), nunca vimos a la mejor versión del equipo. Sufrimos para eliminar al Atleti y nos estrellamos contra el Arsenal, en una pésima eliminatoria donde jamás tuvimos opciones para el triunfo.
No a la política de «Tierra Quemada»
Pero no he venido aquí a hablar de estos partidos, de los que creo que ya está todo dicho. Quiero pensar en un futuro próximo y, contrariamente a lo que pasa después algo así, yo al menos me niego a quemarlo todo. A romper con el pasado y renegar de una serie de jugadores que, salvo unos pocos que, por distintos motivos, no dieron la talla, me parecen absolutamente aprovechables. Jugadores jóvenes, tremendamente talentosos y que han demostrado que saben ganar.
Tenemos una generación tremendamente válida para lo que pueda venir, en este nuevo Real Madrid que habrá de ser sin Carlo Ancelotti a los mandos. Me da igual quien venga. Entre otras cosas, porque será criticado y despellejado por los de siempre en cuanto vengan mal dadas, porque vendrán. Esto es deporte y nadie gana siempre. Como tampoco nadie pierde siempre…
Me asusta la política de «tierra quemada», de que ya no valga nada ni nadie y caer en la tentación de arrasar con todo. Y que, en ese afán de romper con el pasado reciente, se haga tabla rasa y se acabe renegando de una generación tremendamente válida.

Diego tiene hoy el día espeso. Como yo y como todos. Pero hoy ya he cazado en el artículo de notas y en éste, un par de cosas tontas, que procedo a exponer para que le quememos en la hoguera igual que a Florentino, a Ancelotti y a todos hasta el último utillero. Diego, en el artículo de notas has escrito algo raro, creo que en el párrafo dedicado a Rüdiger y en éste has dicho , cito textualmente, » nadie me va a convencer de que volveremos a reinar»
En serio, Diego? No será que nadie te va a convencer de que NO volveremos a reinar?
No soy quien para enmendar la plana a nadie, y menos a Diego Montero Escartín, pobre de mí, que apenas junto cuatro letras seguidas con mucho cuidado, en parte por mi dislexia y mi falta total de conocimientos lingüísticos.
Así que, pasaremos esta resaca amarga como buenamente podamos cada uno y poco a poco, verso a verso, seguro que volveremos ( tirando de típico) mejores y más fuertes.
Yo creía y creí. Y no me arrepiento porque fui más feliz que los descreídos y me puse a lamer mis heridas después del tortazo, que es cuando hay que hacerlo.
Allá los demás. Enhorabuena por tener razón, pero eso no nos sirvió a nadie de nada.
Hala Madrid.
Al leerlo ya me sonaba raro.. 😀 Perdón por mi espesura