Con la participación del Real Madrid en el Mundial de Clubes, es de rigor destacar que no es la primera vez que el club blanco juega un torneo de similares características. Y es que la Pequeña Copa del Mundo de Clubes de los años 50 y 60, celebrada en Caracas, también se disputó en unas circunstancias similares.

En 1952, el Real Madrid viajaría a disputar el torneo tras finalizar el curso 1951/1952 en blanco. En la Liga había quedado tercero detrás de FC Barcelona y Atlético de Madrid y había caído en semifinales ante el Valencia CF en la Copa del Generalísimo.
Tras esta eliminatoria, terminada un 18 de mayo, gozaría de un descanso de casi dos meses, antes de debutar en la Pequeña Copa del Mundo un 12 de julio. El torneo sería una liguilla de todos contra todos ante Millonarios, La Salle y Botafogo.
No le costaría derrotar en ambos encuentros a La Salle (3-2 y 1-6) y empataría los cuatro partidos ante Millonarios (1-1 ambos duelos) y Botafogo (2-2 y 0-0), llevándose finalmente el torneo, convirtiéndose en el primer campeón de la competición por goal-average general ante el club colombiano, en el que jugaba un tal Alfredo Di Stefano…
En 1956, el conjunto blanco fue nuevamente invitado al torneo, esta vez con la vitola de campeón de Europa, tras ganar su primer entorchado ante el Stade Reims y con la intención de lograr su segunda corona “mundial”, al ser este título el único de su estilo en la época ya que la Copa Intercontinental no nacería hasta 1960.

Además, también serviría para mejorar el mal sabor de boca nacional, donde había finalizado con una triste tercera posición en Liga tras Athletic y FC Barcelona, y habiendo caído en semifinales de Copa ante los «leones». Este había sido el último encuentro de la temporada en España (17 de junio, apenas cuatro días después de la final de la primera Copa de Europa) y apenas gozaron de dos semanas antes de embarcarse en su aventura americana (debutarían un 1 de Julio).
Los rivales en esta ocasión serían el Vasco da Gama (rival años después en la Copa Intercontinental de 1998), la Roma y el Oporto. El Madrid ganaría un encuentro y empataría otro ante los brasileños (2-5 y 2-2) y derrotaría en todos los duelos a italianos y portugueses (2-1 en todos los partidos) logrando con dos puntos de ventaja sobre los brasileños su segunda Copa.
En 1963, como última ocasión, volverían a disputar el torneo, pero esta vez reducido a tres participantes en vez de cuatro. El Real Madrid había ganado con suficiencia la Liga, cayendo nuevamente en semifinales de Copa (en esta ocasión ante el Real Zaragoza) y habiendo caído en unos tristes dieciseisavos de final ante el Anderlecht en la Copa de Europa.
El relanzamiento del torneo, en decadencia tras la aparición de la Copa Intercontinental, se presuponía como una buena forma de dar un título internacional a un año decepcionante en ese aspecto.
Jugado dos meses después del último torneo (15 de junio y 20 de agosto respectivamente), el torneo se vio perjudicado por el secuestro de Di Stefano, y el club blanco respondió peor de lo esperado. Ganaría ambos partidos al Oporto (2-1 en ambos casos) pero perdería un encuentro y empataría otro (2-1 y 2-2) ante el Sao Paulo, dando el título a los brasileños.

Siempre se agradecen este tipo de artículos que me retrotraen a las historias que me han contado mis abuelos y mi padre. En mi familia es tradición esas charlas que se van transmitiendo entre generaciones, sobretodo en lo que al Real Madrid se refiere.
Pero o se olvida o se refresca la memoria.
En ambos casos es muy agradable ver que hay gente como Tony la 15 que «se convierte en mi abuelo» y disfruto mucho recordar a mí abuelo, la cara de mis hermanos mayores atentos y felices, y mis veranos de vuelta a casa por vacaciones, siendo una niña y convirtiéndome en madridista.
Conocer la historia de alguien, acaba por hacerte su amigo. Las parejas se cuentan su pasado y afianzan su relación. Eso me ha pasado a mí con unos de mis amores.
El Real Madrid.