
Real Madrid 2-0 Levante: «Aquelarre infernal»
El Real Madrid ha solventado con éxito un partido a priori sencillo ante el Levante por 2-0, gracias a los tantos de Mbappé de penalti y de Asencio y que no debería haber tenido más trascendencia pero que, sin embargo, pasará a la historia del club.
Eso sí, a diferencia de aquellos memorables partidos que todos, de una forma u otra tenemos en nuestra memoria, éste pasará a los anales de la historia más negra y repugnante del club por el inmenso aquelarre que se montó antes, durante y hasta incluso después del partido no sólo contra el palco presidencial -aunque en menor medida- sino contra el equipo y, en concreto, contra varios de sus jugadores.
Casi todos los futbolistas recibieron las iras del público, pero ésta fue más intensa para Valverde, Bellingham y, especialmente Vinicius. Y vaya por delante que, si bien, el público tenía todo el derecho -y casi la obligación- de mostrar su descontento por todo lo vivido estas últimas semanas, se pasó de la raya y no paró de pitar a sus jugadores durante la primera mitad, haciendo el ambiente irrespirable.
Primera parte sin fútbol y muchos pitos del público
Repito que cómo no iba a tener tenía derecho el público a estar enfadado con los jugadores. Sobraban, sin duda, los motivos, como diría Sabina. El paupérrimo juego de los últimos partidos, la deriva del equipo, la derrota en la Supercopa, la indecente eliminación en la Copa del Rey por el Albacete y, para rematar la faena, el cese inesperado de Xabi Alonso eran, desde luego, argumentos más que suficientes para que los aficionados estallasen.
Tras una «semana trágica» en la que la Prensa ya se encargó de ir calentando a la masa social, arengando curiosamente desde el sector más antimadridista a montar la que se montó finalmente, el público ya empezó a pitar a los suyos desde la misma llegada del autobús, como también hubo pitos durante el calentamiento, aun cuando las gradas no estaban ni mucho menos llenas.

Pero la cosa explotó cuando, tras el himno, el equipo saltó al campo. Entonces, de forma casi unánime, el «respetable» hizo sonar toda su trompetería e incluso hubo unos cuantos (no me atrevería a decir si fueron muchos o pocos, pero los hubo) que se giraron al palco gritando «Florentino Dimisión». Insisto, una muestra razonable -si se puede decir así- de hartazgo generalizado.
El problema estuvo cuando el partido comenzó y los pitos contra el equipo continuaron, pero se hicieron aún más patentes y sangrantes contra Fede Valverde, Bellingham y Vinicius, aunque jugadores como Huijsen también fueron víctimas de la ira del público.
Los pitos continuaron durante toda la primera mitad pero no dejaron de arreciar contra el brasileño hasta el final mismo del partido, quien sin embargo, no dejó de intentar generar peligro hasta el último minuto.
Esos pitos, sinceramente, opacaron todo posible análisis o resumen de lo ocurrido sobre el césped. Es más, el equipo fue una caricatura de sí mismo durante la primera mitad, en la que todos estuvieron a un nivel ínfimo, y jugadores como el propio Huijsen sintieron sobre sus espaldas el peso de esa afición tan inmisericorde y que sigue creyéndose esa chorrada de que sus pitos han hecho grandes a sus jugadores.
Nada más lejos. Ni un jugador dio pie con bola en los primeros 45 minutos. Y como muestra, un botón. El citado Huijsen estuvo tan superado mentalmente por la presión que incluso llegó a mandar fuera de banda un balón fácil sólo por el miedo a perderlo en jugada.
Sólo Mbappé, que juega en otra Liga y que es, de largo, el jugador más diferencial del planeta hoy día, se pudo salvar de la quema ya que fue el único que lo intentó y creó algo de peligro ante un Levante que se había encerrado en su área en estos primeros 45 minutos.
Salvo un breve espejismo en los primeros minutos, el juego del Real Madrid fue todo espesura, pases de seguridad (en la mayor muestra posible de inseguridad), errores no forzados y, sobre todo, mucho miedo a fallar, mientras sus jugadas eran acompañadas por el incesante sonido de viento que llegaba desde la grada.
De hecho, hubo que esperar al minuto 33 para ver el primer disparo a puerta del Real Madrid., cuando Mbappé remató de volea un excepcional pase lejano de Asencio a la espalda de la defensa y que se perdió ligeramente desviado.
A partir de ahí, nada con sifón. Vacuidad, lentitud en la circulación de balón y muchos, muchos pitos hasta el descanso.
Reacción madridista tras los cambios y goles para ganar el partido
Tras la reanudación, Arbeloa sentó a un terrorífico Camavinga y a Gonzalo, que a pesar de ser de los pocos «indultados» por el «populacho vil», que le dispensó de morir en la hoguera, su concurso fue ciertamente olvidable.
Sus sustitutos fueron Güler y Mastantuono, que le dieron otro aire completamente distinto al equipo. Eso sí y no los pitos, que por cierto, salvo para Vinicius -al que daba igual lo que hiciese- habían amainado bastante, fue lo que cambió radicalmente el panorama.

Su concurso, sobre todo el de Güler, que hoy sí fue ese faro que encontró luz en plena oscuridad, dio un aire diferente al equipo que, esta vez sí, empezó a carburar. Presionando muy bien, corriendo y buscando espacios, algo para lo que el turco es un especialista, el equipo cambíó como la noche y el día.
El Levante, que se había paseado con cierto peligro por la meta de Courtois aunque sin llegar a ponerle a prueba en la primera mitad, dejó de existir y acabó empotrado contra su área, mientras que el Madrid, sin dar una exhibición, pasó a dominar a placer aunque aún sin acierto de cara al gol. Entre otras cosas, porque Ryan, el portero levantinista se convirtió enseguida en el hombre del partido para los granotas.
A los cinco minutos de la reanudación, Tchouameni estuvo a punto de ver puerta con un gran disparo lejano y acto seguido, Güler hizo lo propio con un chut desde la frontal que Ryan desvió no sin apuros.
Aquello fue la antesala de lo que iba a venir. En el minuto 55, un clarividente pase de Güler a la banda sobre Mbappé, le permitió llegar al área por el flanco izquierdo con ventaja sobre Dela quien de forma bastante arriesgada e innecesaria, se lanzó a por el francés sin apenas posibilidad de ganar el duelo. Y como era previsible, llegó tarde, entró por detrás a Mbappé y le derribó claramente.
Ni una protesta y el propio Mbappé ejecutó con maestría el lanzamiento desde los 11 metros, engañando a Ryan para marcar un gol importante no sólo porque abrió la lata de un partido que tenía muy mala pinta sino porque le permitió sumar su 19º gol en el campeonato y abrir aún más brecha en su lucha por el «Pichichi».
Aquello fue el golpe de gracia para un Levante que ya estaba en las últimas y los de Arbeloa simplemente se limitaron a rematar la faena. Más que nada para evitar sustos y sorpresas desagradables que despertasen a una bestia, la del público que parecía haber saciado su sed de venganza, salvo con Vinicius, que seguía intentándolo sin cesar, inaccesible al desaliento, aunque sin éxito.

La sentencia llegó en el minuto 64 cuando Asencio, entrando desde atrás como un huracán en el Caribe en el mes de septiembre, conectó a la red un espectacular testarazo a un saque de esquina botado desde el perfil derecho por Güler.
Desde ese momento, el Madrid abrió la veda para buscar la goleada pero se encontró con un titán como Ryan que lo paró absolutamente todo. En el ’66 sacó un remate de Mbappé a bocajarro tras un gran servicio de Mastantuono y en el ’77 hizo lo propio con un cabezazo de Bellingham a escasos metros de la meta.
Y cuando no lo paró Ryan, lo hizo el larguero, como pasó con un espectacular zambombazo desde fuera del área de un hiperactivo Mastantuono en el minuto 75 que rebotó contra el travesaño, en lo que bien podía haber sido el gol de la jornada.
El asedio madridista continuó hasta el final pero, de nuevo, un imperial Ryan evitó la goleada sacando un balón de gol a Vinicius en el ’78 aunque eso no ayudase a aplacar las iras del público contra él.
Ni siquiera en el descuento dejó de insistir el Real Madrid pero se topó de nuevo con el meta granota, que evitó un gol ante el zurdazo de Bellingham en el ’90 y en el ’94 respondió a un nuevo intento de Mbappé desde la frontal.
Finalmente y, a pesar del ruido, el partido llegó a su fin tras el añadido y el público, aunque en mucha menor medida esta vez, volvió a pitar a los suyos pero al menos, con los tres puntos en la buchaca. Ahora espera el AS Monaco en otro reto de altura para los de Arbeloa. Entrar en el Top 8 está en juego.
Ficha técnica del partido
Real Madrid: Courtois; Valverde, Asencio (Alaba, 90), Huijsen (Ceballos, ’61), Carreras; Camavinga (Güler, ‘.46), Tchouameni, Bellingham; Gonzalo (Mastantuono, ’46), Mbappé y Vinicius.
Levante: Ryan; Toljan, De la Fuente, Matturro, Manu Sánchez; Vencedor (Raghouber, ’66), Pablo Martínez; Tunde (Cortés, ’83), Carlos Álvarez (Espí, ’83), Romero (Olasagasti, ’84); y Etta-Eyong (Losada, ’66).
Arbitro: Sesma Espinosa (Col. Riojano). Amonestó a Tchouameni y Gonzalo por el Real Madrid y a Vencedor por el Levante.

Nada que objetar a la crónica.
Me permito un apunte que no tiene que ver con la crónica, » los aficionados no hicieron grande al Madrid silbando. Los aficionados que merecen estar en esa condición son los que pusieron su dinero para construir el estadio»
– Claudia Reznik –
Una gran cronica del Real Madrid 2 Levante 0