Xabi Alonso: Lo que pudo haber sido y no fue

Recuerdo perfectamente el día en que llegaste. Era el 26 de mayo de 2025. Un lunes. No suele ser el día preferido de la semana para nadie, pero había una expectación enorme en todo el universo madridista. Desde que te convertiste en entrenador soñábamos con que algún día te sentaras en el banquillo del Real Madrid para dirigir al equipo.

Ya sé que me dirás que no hace tanto, que apenas han pasado poco más de seis meses. Pero han cambiado tantas cosas que parece que haga mucho más tiempo. Y creo que tú opinas lo mismo.

Recuerdo tu cara de ilusión y tu sonrisa mientras contestabas las preguntas de los periodistas en la rueda de prensa de tu presentación. Cuando nos hablaste de rock&roll. Yo te miraba y sé que sólo escuchaba música celestial. Con tu porte, tan apuesto.

Nosotros estábamos muy ilusionados. Creíamos que íbamos a ver a un equipo diferente al de la temporada anterior, que se había ido desgastando y había ido perdiendo el brillo. Esperábamos un equipo ganador, con garra y carácter, que nos iba a volver a divertir en el terreno de juego. Te soñábamos poniendo en su sitio de forma contundente a la prensa vomitiva y malintencionada que tanto odia al Real Madrid y todo lo que tiene que ver con él. Dando lecciones, pasando facturas y callando bocas. Lo deseábamos tanto…

Recuerdo también la ilusión de ver las imágenes de los primeros días de entrenamiento.

Sé que preferías llegar tras el Mundial de Clubes. Querías disponer de tiempo para trabajar y preparar la temporada. Pero te pidieron incorporarte para que tú ya fueras el técnico para ese torneo.

Actualmente, en los equipos grandes, no puede haber ni un minuto de demora. Y dado el paradigma actual del fútbol en el que todo está encaminado a hacer caja, lapre temporada se ve ya como algo romántico de tiempos pasados. Ahora le llaman vintage. Ya no existe.

El Mundial era una gran oportunidad para ganar un título que, aunque aún no se es muy consciente, va a tener una importancia muy destacada en los próximos años. Además, era la primera edición del campeonato y el Real Madrid quería ser el primero en ganarlo.

Llegaron los primeros partidos del torneo y ya empezamos a ver otras cosas: presión, alegría… Quizá no un juego bestial, pero si algo bien atractivo de ver. Tanto como tú.

Entonces, vino el partido contra el PSG. Sí, un desastre. El primer desastre, pero te perdonamos. Al fin y al cabo era el primer partido con un rival fuerte de verdad, el actual ganador de la Champions. Y ahí cambiaste el sistema. Un sistema que nos había venido fenomenal hasta el momento.

¿Era necesario? Me pregunto si realmente fue decisión tuya o recibiste alguna instrucción. Creo que fue lo segundo, pero quizá te anticipaste para no tener problemas. Nunca lo sabremos.

La cosa es que nos pasaron por encima. Y nos fuimos para casa, ya que no pudimos clasificarnos para la final. Por lo que sea, ellos perdieron la final contra el Chelsea sorprendentemente, con la misma goleada que nos metieron a nosotros. Se llama Karma. Jódete, Al-Khelaifi.

Después de esto, hubo unos escasos días para preparar la temporada. Ni siquiera le llamaría pretemporada, porque realmente no lo fue. Viajasteis a Innsbruck, y ahí, entre montañas, con un paraje de postal de fondo, se jugó contra el WSG de Tirol en el Tivoli Stadion Tirol, al que ganamos por 0-4. Nos vino la memoria de aquellas pretemporadas que se jugaban antaño por Europa con partidos intrascendentes y contra equipos que nadie conocía.

Pocos días después empezó la liga. Esa competición manchada de corrupción hasta las orejas. Esa competición que nadie se cree. Pero que hay que jugar y ganar igualmente. Porque el Bernabéu no perdona. La afición siempre exige lo máximo y hay que ganarlo todo. O al menos, intentarlo con todo lo posible. Y eso no se ha hecho. Por eso estamos tan molestos, pero no todo es culpa tuya. De hecho, creemos que la menor parte de ella la tienes tú. Sobre todo lo son los jugadores y la directiva por permitirlo.

Esos jugadores que no han sido profesionales, que no han seguido tus instrucciones, que no han querido trabajar y que se han comportado como auténticos niños de guardería.

Y mira que la mayoría de las veces jugar la liga es un suplicio. Ya sé que se escribe con mayúscula, pero lo hago en minúscula intencionadamente. Esta competición no me merece ningún respeto.

El nivel de la liga es paupérrimo desde hace años. La pandemia de 2020 se lo llevó todo por delante y los clubes cayeron en la trampa del CVC del gran salvador del fútbol patrio, Javier Tebas Medrano (ya tenéis todos en mente la rima, bribones). Unos clubes arruinados, vilipendiados cada dos por tres por el club tramposo, al que encima le hacen reverencias y limpiezas de sable continuas.

Pero que con el Madrid lo dan todo. Y no es sólo motivación, no, que se entiende. Es que saben que tienen barra libre para hacer cosas que con otros no pueden. Así que se hinchan a dar patadas y a hacer faltas sin tener consecuencias y se aprovechan de rascar puntos por la gestión vergonzosa de los jueces de campo.

Tú ya lo experimentaste como jugador, pero entonces aún no conocíamos la verdad. Habían cosas raras, sí. Pero el 15 de febrero de 2023 conocimos una noticia, que en un país normal, hubiera hecho saltar todo por los aires y paralizar la competición doméstica el tiempo necesario para reunir las pruebas y comprobar el grado de culpabilidad.

Y curiosamente, esto se descubrió desde la Cadena SER, en Cataluña, por un periodista abiertamente culé, que estaba intentando conseguir hacerse con alguna prueba de que el Madrid había podido adulterar la competición de alguna manera. Y cuál fue su sorpresa, que no sólo no fue así, sino que quien había hecho eso era el club de sus amores.

Se confirmaba que el Fútbol Club Barcelona había pagado durante 17 años al vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros, José María Enríquez Negreira.

También experimentaste esto en tus carnes: goles anulados por un fuera de juego surreal (milimétrico), penaltis clamorosos no pitados, amarillas recibidas vergonzosas y miles de faltas que nos han hecho y que ni siquiera han pitado.

Recordarás, seguro, el partido en Anoeta contra la Real Sociedad cuando ya se te hincharon las narices y te dirigiste al árbitro de esta manera: “Jesús, tío, yo no quiero, pero me hacéis pensar mal”. Jesús Gil Manzano. Aquél que hace ahora dos temporadas en Mestalla anuló un gol que ya estaba dentro de la portería porque, mientras el balón describía el arco para acabar en la red, decidió dar por finalizado el partido. Por sus huevos.

Era el 2-3 que daba la victoria al Real Madrid. Pero eso no podía ser, ya que el equipo blanco se estaba afianzando demasiado como líder. Así que se le despojó de dos puntos de una manera totalmente vil.

Jude Bellingham, el artífice del tanto, no pudo creer la ofensa y dijo la famosa frase de “It’s a fucking goal”. Es un puto gol. Y es que era un puto gol. Pues el muy sinvergüenza lo tergiversó todo para señalar al bueno de Jude como que le había insultado gravemente con “fuck you” o no sé que chorrada similar y le sacó la roja directa. Dos partidos de sanción se tuvo que comer el inglés, aunque se intentó todo lo posible para que fueran más.

Pero igualmente no pudieron con nosotros y ganamos esa liga con solvencia. Y la Champions. (Pedorreta y dedo corazón hacia arriba para todos).

Otros se pueden cagar directamente en el árbitro y en español. Mirándole a los ojos, eh. O hacerles butifarras una vez que el entrenador había sido expulsado y ya no podía seguir en el banquillo. Y no me refiero a las butifarras que se hacen a la brasa y que tan ricas están, una comida muy típica de mi tierra, no. Me refiero a un gesto muy vulgar también conocido como corte de mangas.

Estamos a punto de cumplir tres años de que saltara la noticia y la cosa sigue igual: impunidad total por parte de estos, siguen los mismos árbitros que estaban entonces sin que hasta ahora hayan sufrido ninguna consecuencia, y se sigue perjudicando notablemente al Real Madrid y beneficiando al Barcelona. Sí, los árbitros son muy malos. Los peores de Europa. Y se equivocan muchísimo. Pero es que además son unos prevaricadores. Una mafia que haría palidecer al mismísimo Al Capone.

A pesar de todo esto, los primeros partidos de liga se ganaron. Y no sólo eso. Se jugaba bien al fútbol. Un juego dinámico, con profundidad y verticalidad, líneas juntas y bloque alto. Se presionaba y por eso, enseguida que perdíamos el balón, lo recuperábamos con rapidez.

Pero llegó el derbi. El partido contra el Atleti. Y de nuevo decidiste cambiar el esquema de juego para poner a un jugador que venía de lesión larga y que no estaba preparado para ser titular ese día. Tú lo sabías y aún así lo hiciste. De nuevo, nunca sabremos si fue una decisión completamente tuya, si lo hiciste por temor a los problemas que te podría traer o porque alguien, desde más arriba, así te lo indicó.

Fuera como fuera, fue una mala decisión. El Real Madrid palmó 5-2 en uno de los peores partidos que se recuerdan. Aún así, seguramente el club no pero sí la afición, seguíamos contigo. Ciegamente.

Pero desde aquel momento algo pasó. Algo se quebró, aunque no se rompió del todo. La grieta previa al derrumbe. Ya estaba roto de antes quizá y no lo sabíamos. Sólo podéis saberlo el vestuario y tú.

A eso le siguió la derrota contra el Liverpool. Un Liverpool que también está teniendo una temporada muy difícil y que es muy posible que el entrenador, Arend Martijn Slot, no termine. Hay más de uno que pensamos (entre los que me encuentro) que tú serás el relevo y que les harás triunfar.

Porque eres un gran entrenador. Nadie duda de eso. Conseguiste una hazaña con el Bayer Leverkussen. ¿Qué te pasó con el Real Madrid?

Después de varios altibajos y días de incertidumbre llegó el mal llamado Clásico en el Bernabéu. Ganamos al Barça pero el partido no convenció del todo, aunque hubo minutos en los que jugamos muy bien al fútbol. Pero decidiste cambiar a un jugador. El jugador estandarte, porque marcó en las dos finales con las que nos hicimos con la 14ª y la 15ª Copa de Europa. A él no le gustó y se desató un gran lío.

Sólo vosotros sabéis qué pasó ahí realmente. Si fue una discusión tremenda o si no fue para tanto. Ya me creo que la prensa tóxica y dañina que tenemos en este país, deseando siempre todo lo peor para nuestro club, exagerara todo mucho. Pero ahí pasó algo grave. Y ya no se volvió de aquello.

Perdiste al vestuario y el juego cada vez se volvió más errático, apático, sin brillo, sin intensidad y… sin juego en general. Sin fútbol. Eso nos hizo perder muchos puntos contra equipos muy inferiores a nosotros. Y sobre todo la paciencia, aunque el madridismo tiene muy poca.

Aún así, lo que más nos duele no es eso. Nos duele que sabemos que no seguiste tu criterio, sino que intentaste tener contento a todo el mundo. Y eso nunca funciona. Queríamos que fueras fiel a tus ideas porque confiábamos en ellas. Además, tú no eres así. Lo sabemos. ¿Por qué te traicionaste a ti mismo? ¿De verdad es tan aterrador ese vestuario, esa directiva?

La situación era cada vez peor. Muchos de nosotros ya querían que te fueras en septiembre. Precisamente, los que más te habían pedido, de manera muy enérgica y prepotente, despreciando a Carlo Ancelotti. Los mismos que lo querían de vuelta mientras estabas tú.

Pero también había muchos, y me atrevería a decir que éramos mayoría, los que queríamos que te quedaras a pesar de todo. Al menos acabar la temporada. Era lo justo.

Pero la Espada de Damocles colgaba sobre tu cabeza continuamente y en cualquier momento iba a caer para atravesarte sin piedad. Perdimos la final de la Supercopa de Arabia (me niego a llamarla de España) contra el equipo corrupto y, a pesar de que la afición dábamos por hecho que seguirías, ése fue tu último día como técnico del Real Madrid. Y no fue ni mucho menos un mal partido: la derrota fue por la mínima en un encuentro que podríamos haber ganado perfectamente con algo más de fortuna.

El club ya había dictado sentencia. El emperador había bajado el pulgar (esto es un bulo hollywoodiense, porque en la antigua Roma no se utilizaba este gesto). Ya se te había acabado todo el crédito con ellos. O simplemente, te rendiste. O quizá fueron ambas cosas. Y yo al menos lo entiendo. Lo habías intentado todo y sí, te habías equivocado en muchas cosas. Pero estabas muy solo y así no se puede. Completamente solo.

La noticia nos sentó como un jarro de agua fría de un lunes en el que aún estábamos digiriendo la derrota de la Supercopa: el 12 de enero de 2026, sobre las 18:00 hora española, dejaste de ser el entrenador del Real Madrid oficialmente, aunque tú lo sabías desde muchas horas antes. Llegaste en el peor día de la semana para transformarlo en un domingo y te marchaste en el peor día de la semana. También un lunes.

Y se marchó contigo tu porte, tu sonrisa (que por desgracia hacía mucho tiempo que había desaparecido), la ilusión con la que llegaste y las respuestas de las preguntas que querríamos hacerte pero que nunca podremos hacer. Quizá algún día lo sabremos. O quizá nunca lo hagamos.

Lo que sí que a mí me gustaría es que volvieras algún día, con la lección aprendida de lo que debes hacer esta vez, con convicción e ideas firmes y que triunfes por todo lo alto. Sé que no soy la única. Somos muchos lo que lo pensamos, porque lo mereces. Porque te seguimos sintiendo como uno de los nuestros.

Qué pena, Xabi. Con lo que podría haber sido…

2 comentarios en «Xabi Alonso: Lo que pudo haber sido y no fue»

  1. Ojalá triunfe en la Premier (siempre que no se enfrente con nosotros), y ojalá algún día vuelva al club, y jugadores y presidente le den la confianza que no le han dado ahora, y por supuesto triunfe con nosotros.
    Lo merece.

  2. Es una carta que me representa.
    Tal vez ese tipo de cosas que pensaría acordándome de un ex. Tuvimos una bonita y corta, pero intensa historia con Xabi. Un amor de verano de los que ilusionan, en los que crees estar viendo al amor de tu vida y cuando se acaba y vuelves a casa tras tus mejores vacaciones te quedas como vacía, añorando lo que hubo, aunque no todo fuera bonito.
    Gracias, Olga por compartir aquí la carta que estoy segura habríamos querido escribir muchos.

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