Hoy toca una opinión impopular, aunque por lo que veo hay división de opiniones.

No me gustan las redes sociales y siempre he estado bastante alejada de ellas. Simplemente, no me interesan. Veía a mis conocidos utilizarlas muy al principio y pensaba que era absurdo. No entendía cómo a la gente le podía interesar lo que yo comía, qué ropa me gustaba o mi pensamiento del día. Y a mí me la traía al pairo lo más grande lo que pudiera estar haciendo en ese momento el resto de la humanidad o mi artista favorito.
Luego las vi como un lugar donde conectar con gente que tenía perdida la pista desde hacía muchos años. Pero seguía con indiferencia.
Después, por motivos profesionales sí tuve que abrirme perfiles en Instagram, los cuales están completamente abandonados porque es que me causa mucho rechazo y pereza.
Pero entonces llegué a Youtube como red social. Ya la utilizaba muchos años antes para escuchar música, pero durante la pandemia descubrí un mundo nuevo: los podcasts. Yo ya seguía algunos de temática histórica en otras plataformas gratuitas.
En el camino a la gloriosa y épica 14ª conocí Youtube Real Madrid y, con ello, decidí hacerme una cuenta en Twitter. Había oído mucho hablar de él y de su alta toxicidad. Hasta entonces no le veía ninguna gracia, pero me apetecía ver las reacciones y comentarios de los youtubers a los que seguía.
Entre Youtube y Twitter se me abrió un mundo nuevo. Empecé a conocer a un montón de madridistas de todas partes del mundo de los que, algunos de ellos, se han convertido en grandes amigos.
Yo estaba acostumbrada a un madridismo más sosegado. Al ser de Barcelona, aunque en Cataluña hay muchos vikingos, mi círculo blanco era poco amplio. Quizá por eso estamos todos muy unidos y con opiniones parecidas.
Hace ya más de tres años que abrí mi cuenta en “llamémosle X”. Es que ahora se llama así. “Eso”. Quizá porque es un poco indefinible. Y sí, a veces es porno del duro. Para mal más bien. Pero no me quiero desviar, no he venido a dar mi opinión sobre esta red social. Lo que observo desde hace ya casi dos años es la enorme división que existe entre el madridismo. Y eso me duele.
Me han dicho que pasa desde hace mucho tiempo. Es increíble la facilidad que tiene mucha gente para verter su odio y toda su miseria interior ahí. Lo polarizada que está la sociedad en cualquier tema. En cualquiera. Los extremismos que existen.
Soy muy de la cuerda de @angiemg82. Coincido en el 90% en su forma de sentir. Alguna discrepancia tiene que haber. Ni siquiera conmigo estoy al 100% de acuerdo.
Descubrí el fatalismo, el catastrofismo, las etiquetas y el reparto de carnets. Lo que son los Piperos, los Vinagres y los Oficialistas, entre otros. Yo desconocía totalmente todo este vocabulario.
Pero lo que de verdad me parece increíble, y lo pienso cada día, es que me discuta más, me resulten más insoportables y desgastantes algunos madridistas que los barcelonistas a los que tengo que sufrir cada día desde que nací por vivir donde vivo.
Ya conocía la exigencia del Madridismo. No soportamos perder y no soportamos no ganar. Sé que parece redundante, pero no lo es. Eso forma parte de la excelencia que perseguimos siempre y que tan grande ha hecho a este club. Pero últimamente creo que hemos perdido el norte. Hemos olvidado el sentido que tiene esto. Nos hemos acostumbrado a ganar y nos hemos pensado que es fácil hacerlo. Nada más lejos de la realidad. Y la exigencia se ha vuelto en una mentira tóxica.
Bueno, nosotros no. Ellos. Yo no pienso así, por tanto no me voy a incluir.
Es cierto que el último año ha sido complicado en la entidad. Un año sin títulos es signo de profunda crisis. Ya no te cuento con dos años consecutivos así. Estamos en marzo, aún vivos en Liga y Champions, pero tal y como está todo, es difícil ser optimistas. Y mira que yo lo soy. Muchísimo.
¿Pero por qué no puede haber un punto medio? ¿Por qué no puedo criticar aquello que veo mal pero alabar lo que está bien? Porque hay cosas bien, señores. ¿Por qué la gente tiene que hacer críticas destructivas? Amas al Madrid y si criticas es por su bien, ¿no? Entonces, ¿por qué no eres capaz de hacer una crítica constructiva? Perdón por la redundancia del interrogativo.
Me da una rabia tremenda la facilidad con la que muchos dirigen el club desde su sofá. Una cosa es opinar. Todos lo hacemos y es normal. Lo que pensamos que se debería hacer para que todo mejore. Pero otra muy distinta es querer quemar el club desde los cimientos. Y os digo algo: eso nunca funciona.
Tengo que escuchar a diario cómo, incluso amigos míos, (y son buenos de verdad) me dicen que es que soy conformista, que todo me parece bien y que si fuera por mí se perdería todo porque soy incapaz de exigir ni cambiar nada. Esto es completamente falso.
Pero no pienso que Florentino sea el peor presidente de la Historia del universo, ni que tenemos la peor plantilla del mundo y de estos 124 años que cumplimos recientemente, ni que el Real Madrid sea una casa de putas, como alguno me ha dicho. No me creo ni la mitad de las noticias que salen. Vengan de quien vengan. Y a veces vienen incluso de amigos míos muy queridos. De estos últimos no porque me mientan, sino porque quién me asegura que esas noticias sean veraces.
Las filtraciones son interesadas. Siempre. Las del vestuario, porque ningún jugador va a decir “sí, el problema soy yo. Mis compañeros son geniales, pero yo soy lo peor”. Y las otras, porque muchas veces se critica lo que hacen los demás por puro ego (yo lo haría mucho mejor).
Soy muy sensible. Siempre lo he sido. Y tengo una empatía enfermiza. Por eso quizá a veces soy sobreprotectora. Sé que eso no es bueno. Pero sí soy capaz de ver las cosas que fallan. Lo que no entiendo es lo despiadada que es la gente. No puedo con ello. Me molesta enormemente el desprecio con el que hablan de jugadores que llevan nuestro querido escudo en la camiseta. Esos mismos que son unos muertazos y deberían venderlos a final de temporada, pero que cuando marcan un golazo, beben los vientos por ellos.
Por decirlo de manera elegante. Yo diría algo soez, pero voy a mantener el perfil bajo.
Bueno, pues concretamente en el partido de ayer contra el Celta de Vigo, yo fui bastante Vinagre. Y me sorprendió porque yo no soy así. Y no, aunque haya tanto pesimismo, cada vez más creciente, a mí no me afecta. Siempre he tenido mi propio criterio, mis propias ideas y no me suelo dejar contaminar. Pero también escucho y leo todas las opiniones, porque es un gran ejercicio de aprendizaje.
Por un lado, aprendes a gestionar esas ideas que no te gustan. Y por otro lado, ves puntos de vista con los que no contabas y que te ayudan a tener una perspectiva más amplia.
El partido de ayer me pareció malo y aburrido, falto de ideas, sin verticalidad, sin profundidad y sin alma. No digo que hubiera una mala actitud, pero… Son incapaces de jugar como un equipo. No corrían, no se desmarcaban, sólo quieren jugar al pie y no al espacio, son lentos, previsibles y eso hace que los rivales, incluso siendo bastante inferiores, se sientan cómodos. Y me da mucha rabia.
Por no hablar del nefasto arbitraje con el que nos estuvieron atracando continuamente. Me desquicié y estaba deseando que terminara, enfadadísima por el empate. Pero entonces, llegó Valverde y marcó el gol de la victoria.
En cualquier otro día, hubiera chillado como una enferma. Hubiera empezado a hacer butifarras y aspavientos como una demente. Pero me quedé fría. Y eso no me gusta. Porque a mí en esta vida me ilusionan muchas cosas, pero el amor profundo y la pasión inmensa que siento por el Real Madrid no se puede comparar con nada.
Pero no os preocupéis, no es que me esté bajando del barco. Al contrario de esa gente que dice que prefiere no ver los partidos, que le amargan la vida y que cuando todo mejore, ya volverán, yo me quedo aquí. Es respetable. Al final, el fútbol y en especial el Madrid, es eso en lo que nos refugiamos de nuestros problemas del día a día. Si quieres distraerte y lo que hace es joderte más, pues hombre, mejor hacer otras cosas.
Yo no. Soy masomadridista. Me encanta esta palabra, ideada por Don Toni de @ElDiariodeMou. Es la mezcla de “sadomasoquista” y “madridista”. La dijo ayer en nuestro grupo de Whatsapp y me pareció brillante. Me la he apropiado.
No me importa lo que ocurra. Veo un partido con el que quiero arrancarme los ojos y cuando termina, estoy mirando cuándo volvemos a jugar.
Ayer tuve la suerte de poder participar en el directo de Box2Box y compartir mi madridismo. Es una de las cosas que más me gusta en la vida y ahí pude ver la diferencia de opiniones que tenemos todos. Y que me devolvió a la realidad, porque había olvidado el contexto del partido. Hoy, después de haber visto algunos vídeos y leído varias crónicas, puedo ser más fría en este sentido y hacer un análisis más global.
Y es cierto: tenemos al equipo en cuadros. 2.000 lesionados. A duras penas no sé cómo no acaba jugando Chendo, Pintus, el utillero o alguno de nosotros. Jugaron muchos chicos de la cantera que lo dieron todo, en especial Thiago Pitarch, que cada vez me gusta más. Pero es que yo a ellos los saqué de la ecuación porque no tenían la culpa.
Hoy, que me he visto el partido otra vez, pero saltándome varias partes, he podido ver que, además de los 15 primeros minutos en los que salimos muy bien, el Madrid dominó y no se cansó de buscar el triunfo. Hasta el final, Real. Y mira que intentaron por todos los medios que no sumáramos puntos. He vuelto a ser yo. He vuelto a ser Oficialista. Uf, menos mal. Qué susto.
También me molesta profundamente el “es que jugamos fatal, no podemos hablar de los árbitros”. ¿Por qué no? No es excluyente. Tú puedes hacer un partido de mierda, ¿pero eso le da derecho al de negro y a sus secuaces del VAR a hacer un arbitraje imparcial en nuestra contra? ¿A querer claramente perjudicarnos? Que sí, que son muy malos, pero es que también son prevaricadores y lo vemos constantemente.
No me da la gana. No pienso quedarme callada con eso y, ah bueno, como hemos ganado entonces lo puedo decir, pero como hemos perdido me tengo que aguantar. Ni hablar. Tengo ya una edad, dos más bien, en la que cada vez me callo menos cosas, aunque sepa que mi opinión no va a gustar.
Y después de este rollazo que os he soltado y que hasta ahora nada tiene que ver con el título, voy a hablar de el aplauso de ayer de Daniel Carvajal.
Un simple gesto que ha hecho arder una vez más al dividido madridismo. Cosa que me causa mucha decepción, porque es lo que quieren nuestros enemigos y nosotros se lo servimos en bandeja. Pero en fin…
Era el minuto 83 y el «2» del Madrid estaba calentando en la banda. Próximamente iba a ingresar en el terreno de juego. En ese momento, se anunció el cambio de Mingueza por Iago Aspas, una leyenda para su afición. La cámara enfocó a Carvajal y se le vio en primer plano aplaudiendo.
Pues levantó ampollas.
Nos estamos jugando la Liga. Y éste qué hace. Qué poco respeto por el Madrid. A éste se la suda todo. Y cosas peores he tenido que leer y escuchar.
Yo tampoco estoy contenta con sus actuaciones últimamente. Su nivel, que es bajísimo, y sus declaraciones en los períodos con la Selección, siendo muy tibio, con baños y masajes a la Federación y a los árbitros. Esas entidades que te han robado ligas durante décadas y que claramente están en tu contra, mientras que hacen todo lo posible para ayudar a un equipo corrupto que debería desaparecer.
Tío, menuda cagada, joder.
Pero esto, al menos yo lo veo así y por favor no me matéis, es distinto.
Quizá es por mi enorme grado de empatía, a veces demasiado, lo reconozco, tiendo mucho a pensar qué haría yo si estuviera en el otro lado. Qué sentiría. Y lo cierto es que nosotros emitimos estas opiniones con la bufanda puesta. Es normal, somos aficionados. Pero ellos están dentro y lo ven todo muy diferente. Porque una cosa es vivirlo desde dentro y otra en tu casa.
Por mucho que nos cabree, tenemos que entender que para un jugador de fútbol lo más grande, lo que ha soñado toda su vida, es ganar un mundial con su país. Y si fuéramos futbolistas todos pensaríamos igual. Que sí, que a mí la selección también me ha perdido para siempre. Que le tengo un hastío, una pereza y un asco tremendo. Pero no podemos pedir que los jugadores sientan lo mismo.
Y es verdad que pierden la perspectiva y se olvidan de quién les paga realmente y a quién se deben.
Mientras que muchos pensamos que hay jugadores de la selección que son idiotas, por ser suaves, ellos tienen una relación más cercana. Los conocen mejor y no les guardan rencor por cosas que nosotros sí lo hacemos. Y lo tenemos que respetar.
Yo no recuerdo que Iago Aspas dijera nada malo de Carvajal en concreto. Quizá estoy equivocada. Sí se ha quejado a veces del Real Madrid con tonterías absurdas que forman parte del Relato que tan bien se han encargado de expandir durante años la prensa tóxica y mamadora y el club de los Palanquistas.
Ése “gánatelo en el campo” que sacó como lema La Liga fue vergonzoso. Y recuerdo perfectamente com loo Iago se agarró a esto en una entrevista que le hicieron a pie de campo al terminar un partido por no sé qué polémica. Ya no me acuerdo y no me importa.
Pero seguramente era porque el Madrid no se puede quejar de los árbitros. No, claro que no. Nos joden desde hace milenios, pero nos tenemos que quedar callados. Y de hecho, tengo que reconocer que desde ese momento, le he cogido cierta manía.
Pero ayer Daniel Carvajal simplemente, al menos desde mi humilde opinión, estaba realizando un acto de deportividad. De señorío del que siempre presumimos. Y eso está bien. Creo que la deportividad es algo que hemos olvidado.
En los cambios, se aplaude al que sale y al que entra. Se hace siempre. A mí, a no ser que haya hecho alguna barbaridad o sea un jugador que no se merece ningún tipo de respeto por mi parte, me parece bien que se le aplauda en los cambios al rival. Y también al acabar el partido, aunque más bien aplaudes a tu equipo, pero lo haces de forma general. Lo que pasa en el campo, se queda en el campo. Repito, a no ser que sea algo inadmisible.
Yo lo hago cuando voy a ver un partido al estadio. Me gusta el respeto y la deportividad.
Dani estaba aplaudiendo a un compañero de profesión. Punto. No estaba faltando al respeto al Real Madrid. Estoy segura de que ni siquiera lo pensó. Reaccionó y punto.
Creo que somos demasiado estrictos con las reacciones de los jugadores. Son personas. Se ríen, se enfadan y ponen caras. Como tú y como yo. Y vale, no nos gusta porque interpretamos que deberían hacer otra cosa. Pero son naturales, no pueden medir absolutamente todo lo que hacen. Les nace y ya. Como a nosotros.
Tampoco me gustó cuando el otro día, mientras Asencio estaba tirado en el césped en el partido contra el Benfica con todos preocupados por él, Huijsen estuviera mirando el móvil riéndose. Pues no, no está bien. Pero es un crío. Y a veces los críos no saben estar. Pero los adultos tampoco. Lo veo continuamente.
Ya es casualidad que lo captaran, eh. Igual que cada puñetero gesto que hacen los nuestros. Vinicius, sin ir más lejos, tiene una cámara que lo sigue continuamente para ver qué hace y qué dice. Pero esa cámara desparece misteriosamente cuando le pegan una patada, que es siempre. Vaya.
Estos mismos gestos los hacen otros. Y mucho peores. Pero los ocultan. Los blanquean. Y no digo que haya que justificar o perdonarlos. No, está mal y no me gusta. Alguien debería decirles cómo comportarse.
Así que, querido lector, gracias por llegar hasta aquí y, por supuesto, eres libre de enfadarte con Carvajal si te pareció que se equivocó al aplaudir. Yo no pienso eso. Pero también te pido que, si puedes, intentes hacer el ejercicio de quitarte la bufanda por un momento, de pensar qué harías tú en esa situación realmente y de ser crítico pero un poquito más laxo. Sólo si te parece bien.
¡HALA MADRID Y A POR EL CITY!
