
Real Madrid 3-2 Málaga: Sufrimiento innecesario
Victoria trabajada y sufrida del Real Madrid ante el Málaga que supuso tres puntos vitales para continuar enganchados al hilo de esperanza que muchos mantenemos para esta Liga, en un encuentro en el que los de Zidane tuvieron oportunidades más que de sobra como para haber salido del Bernabéu con una victoria mucho más holgada pero las circunstancias lo impidieron.
¿Y qué circunstancias? Muy sencillo, entre otras cosas porque es una película que hemos visto desgraciadamente muchas veces, especialmente en esta temporada.
La primera y más importante, la ausencia de pegada. El Real Madrid dispuso de muchas y muy buenas ocasiones pero Roberto, como suele ocurrir a los porteros que visitan el Bernabéu, hizo un partido auténticamente sobresaliente, llegando incluso a pararle un penalti a Cristiano Ronaldo, que sigue negado de cara al gol.
¿He dicho penalti? Sí, porque aunque parezca increíble -que lo es- el Real Madrid vio cómo, por fin, tras nada menos que 13 jornadas después y unos cuantos atracos de más, vio cómo un derribo de uno de sus jugadores era sancionado con la pena máxima. Sin embargo, esto enlaza con la segunda de las cuestiones, insisto, que también hemos vivido con demasiada frecuencia: El arbitraje.
El Real Madrid sufrió ayer una nueva carnicería arbitral que, en la línea de otras ocasiones, estuvo a punto de provocar que nos fuésemos con un punto a casa. De nuevo tres penaltis que se fueron al limbo, dos de ellos escandalosos y otro de esos que ahora está de moda denominar como «penalti de TV». Un limbo donde están los casi 20 que se quedaron esperando sanción en las 12 jornadas anteriores.
Pero es que además, un jugador rival se fue otra vez de rositas tras una coz indecente a un jugador madridista. En este caso Baysse, se salvó de la expulsión por un entradón al tobillo de Lucas Vázquez que en poco o nada tuvo que envidiar al que Savic propinó a Kroos la semana pasada en el derby del Wanda Metropolitano.
Y para redondear la faena, en una especie de triple combo infernal, Gil Manzano anuló un tanto legal a Cristiano Ronaldo por entender -erróneamente- que Lucas Vázquez había arrancado en fuera de juego antes de darle el pase de la muerte al portugués. Un error grave, habida cuenta que el extremo gallego estaba en línea en el momento de iniciar su desmarque, de modo que no era offside y, por tanto, el gol tuvo que subir al marcador.
Curiosamente, esos que nos niegan el pan y la sal de estos errores arbitrales, buscaron como coartada una jugada ciertamente polémica en el gol correctamente anulado a Baysse al filo del descanso, por falta clara a Carvajal en el salto y que, a pesar de lo evidente de la acción, muchos están intentando arrojar como basura sobre el merecido triunfo blanco.
Por último, y no por ello menos importante, hay que hablar de esa tercera pata del banco que también hemos visto tantas veces en el Coliseo blanco. Me refiero a esa especie de caraja, mezcla de indolencia y de despreocupación, de la que adolecen muchos de los jugadores madridistas, que se desconectan del partido y que hace que bajen los brazos en momentos puntuales.

Esos despistes, muchos de ellos ciertamente graves como los de ayer, metieron al Málaga en el partido y a punto estuvieron de costarnos al menos dos puntos. Y desgraciadamente, los protagonistas de esos despistes son «sospechosos habituales», de cuya desidia y falta de intensidad ya hemos tenido referencias esta misma temporada, sin ir más lejos. Me refiero a Marcelo, Kroos y a Kiko Casilla, los tres protagonistas negativos de la jornada.
En todo caso, y como consecuencia positiva, hay que sacar que el Madrid vivió los mejores momentos de fútbol desde hace semanas, si no meses, mostrando una interesante mejoría con respecto a semanas anteriores y sobre todo, volvió a mostrar esa garra competitiva que vimos en algunas de las remontadas de la temporada pasada. Además, Cristiano y Benzema han roto su nefasta sequía goleadora, algo que hay que celebrar porque sus goles, ahora más que nunca, serán absolutamente necesarios.
Una apuesta decidida por la verticalidad
Zidane sacó al césped del Bernabéu un «once» que suponía una clara apuesta por la verticalidad. Un claro 4-4-2, con Lucas Vázquez y Carvajal por la banda derecha y Marcelo e Isco por la izquierda y con Kroos y Casemiro en el centro de la sala de máquinas, para abastecer de balones a Benzema y Cristiano Ronaldo, en horas bajas.
Y la apuesta por este juego vertical y directo pronto se pudo ver plasmada en la forma de mover la pelota y el desborde por banda, especialmente por la derecha, las ocasiones de peligro no tardaron en llegar. Primero un testarazo de Lucas Vázquez casi en la primera jugada del partido y luego un gran centro de Isco que obligó al portero Roberto a emplearse a fondo.
Pero de la misma forma que otras veces el gol se le resistió a los de Zidane, viendo el juego alegre y directo del equipo, todo hacía presagiar que el gol no iba a tardar en llegar. Y así fue. En el minuto 9 Marcelo sirvió un balón excesivamente pasado desde la izquierda, aparentemente sin demasiado peligro.
Sin embargo, ahí emergió la figura inconmensurable de Cristiano Ronaldo, que logró rematar aquel «melón» de una forma inverosímil y mandó el balón al larguero, quedando muerto en el área pequeña. Ahí apareció Karim Benzema, que había venido siguiendo la jugada para, a puerta vacía, empujar el balón a las redes de Roberto.
Ese gol espoleó aún más a los de Zidane que siguieron tocando con rapidez y con Lucas Vázquez y un sobresaliente Carvajal, entrando como cuchillos calientes en mantequilla por la banda derecha y con Marcelo y un desacertadísimo hoy Isco, más lentamente por la izquierda.

En ese momento, Roberto se erigió en protagonista destacado del encuentro ya que, con el Madrid completamente desbocado y con el Málaga absolutamente groggy ante el aluvión blanco, sacó dos grandes manos a Isco y Carvajal casi consecutivas que impidieron que el Madrid terminase de romper el partido.
Pero el Real Madrid tiene estas cosas, que cuando mejor está, comete errores groseros, a veces infantiles generalmente en la salida de balón que provocan situaciones de peligro que, como en esta ocasión, les costó el empate. En el minuto 18, un error gravísimo de Kroos a la hora de sacar el balón en la frontal del área y, con toda la defensa blanca descolocada, el balón le cayó a Keko. El centrocampista malacitano colgó la pelota al punto de penalti donde un completamente solo -y pésimamente defendido- Rolan controló con el pecho y, a placer, batió por bajo a Casilla.
De nuevo y como en otras ocasiones, un error propio que condenaba al Madrid a tener que volver a remar en dirección contraria cuando mejor tenía las cosas. Pero en esta ocasión, afortunadamente, ese esfuerzo por remar a contracorriente duró poco porque apenas dos minutos más tarde, un córner botado por el propio Kroos era rematado de cabeza con saña por Casemiro, deshaciendo la igualada.
En ese momento, el Real Madrid recuperó el mando en plaza y recuperó el fútbol rápido y vertical y siguió disponiendo de las mejores ocasiones del partido, entre ellas un disparo cruzado de Benzema que se marchó fuera por poco en el minuto 29 y dos increíbles manos de Roberto. La primera para desviar a córner un gran disparo de Cristiano Ronaldo en el 37 y la segunda, en una de las paradas de esta Liga, sacándole de forma increíble un testarazo al portugués al filo del descanso.
El partido tuvo que interrumpirse en el minuto 30 ya que el defensa Juankar -excanterano madridista- tuvo que abandonar el campo por una lesión de rodilla en un choque con Lucas Vázquez, teniendo que dejar su sitio a Baysse. Un tipo que tuvo su cuota de protagonismo entre otras cosas gracias al colegiado Gil Manzano.
¿Por qué digo esto? Muy sencillo, en primer lugar porque a los pocos minutos de estar en el campo, Baysse realizó una feísima entrada a Lucas Vázquez en la frontal del área en el minuto 39, un pisotón a destiempo que estuvo a punto de desgraciarle la tarde al bravo delantero de Cuntis quien, tras ser atendido en la banda pudo reintegrarse al juego sin excesivos problemas. Eso sí, la acción, merecedora sin duda de tarjeta, probablemente roja, no fue ni siquiera sancionada como falta por el colegiado.

Y en segundo lugar, Baysse volvió a protagonizar otra jugada polémica y que, en este caso sí fue correctamente señalada por Gil Manzano. Cuando el partido tocaba a su fin en la primera mitad, una falta lejana botada por Recio era rematada a la red por el defensa francés, trepando literalmente por encima de la espalda de Carvajal.
En ese momento, el colegiado no sólo anuló el tanto por falta de Baysse sino que decretó además el final de la primera parte, con el consiguiente desbarajuste y protestas malaguistas.
Luka Modric al rescate
La segunda parte perdió parte del guión que tan brillantemente había escrito el Real Madrid en los primeros 45 minutos e inexplicablemente, renunció al juego alegre y vertical que tan buenos resultados le había dado por un fútbol de toque más lento y previsible.
Además, el Madrid poco a poco fue aculándose atrás y, sin motivo aparente ya que los de Míchel no es que estuviesen llevando a cabo una presión exagerada sobre los jugadores blancos, el equipo de Zidane acabó por entregarles la pelota. Esto provocó que el Málaga fuese recuperando terreno paulatinamente.
Las ocasiones blancas desaparecieron como por encanto, salvo un disparo de Kroos en el minuto 51 desde fuera del área, culminando una gran jugada coral del Madrid, que era desviado de nuevo por Roberto en otra gran intervención, aunque minutos antes se reclamó penalti por un posible agarrón a Casemiro en el área malagueña que bien pudo haber cambiado el curso del partido.
El desasosiego se hizo patente entre los aficionados que, conocedores de este tipo de situaciones, ya habían vivido esto antes. Y con motivo porque al filo de la hora de juego, un zurdazo del Chory Castro se colaba pegado al poste izquierdo de Casilla. Un gol tan injusto como, por desgracia, esperado y ante el que el meta catalán pudo haber hecho bastante más ya que se tiró tarde y, aunque es cierto que el disparo le botó delante, reaccionó extemporáneamente, tragándose la pelota.

A partir de ese momento, el Madrid perdió todo atisbo de control del partido. Sin embargo, tras un par de minutos en los que los de Zidane acusaron seriamente el golpe, el técnico francés supo entender que el equipo necesitaba un cambio de timonel y, de la misma forma que en otras ocasiones estuvo tardo en los cambios, esta vez lo vio clarísimo.
En el minuto 61 dio entrada en el campo a Luka Modric por Isco y el Madrid recuperó de inmediato la manija, que pasó rápidamente a las botas del futbolista croata, que asumió de inmediato los galones de Mariscal y empezó a mover con criterio la pelota.
No tardó el Madrid en volver a llevar peligro y así, apenas un par de minutos más tarde, Lucas Vázquez era objeto de un claro penalti al adelantarse a Adrián quien, en vez de dar a la pelota, impactó sobre la pierna del gallego, pero tampoco era el día para que el Real Madrid viese inaugurado su casillero de penaltis a favor.
Aunque sin crear demasiado peligro, el Madrid poco a poco recuperó la movilidad y el juego rápido aunque el tiempo apremiaba y daba la sensación de que los puntos podían volver a volar del Bernabéu. Un par de centros peligrosos de Marcelo y Lucas por las bandas no eran rematadas por Ronaldo, mientras crecía el nerviosismo en las gradas.
Pero éste no era el partido para que el Madrid se dejase puntos en casa. Demasiado castigo para un partido ciertamente potable del Madrid y, como en otras grandes ocasiones, los de Zidane siguieron intentándolo, cercando cada vez más el área de Roberto.
Y tanto fue el cántaro a la fuente que, en el minuto 75, un gran centro de Lucas Vázquez hacia el punto de penalti fue recogido por Modric y el croata fue trabado claramente por Luis Hernández, que llegó muy tarde al balón.
El penalti fue pésimamente lanzado por Cristiano Ronaldo, flojo y a la derecha de Roberto, quien logró repeler la pelota. Sin embargo, la fe del portugués le llevó a seguir a por el rebote y, esta vez sí, a puerta vacía, remachó a la red el tercer y definitivo tanto madridista, poniendo punto final a la sequía anotadora del luso.

El Madrid, ya con Theo Hernández y Borja Mayoral (que entraron por Kroos y Benzema, respectivamente) no sufrió más e incluso dispuso de alguna oportunidad más de ampliar el marcador. De hecho, llegó a hacerlo cuando una gran internada de Lucas Vázquez a pase de Carvajal culminó con un excelente «pase de la muerte» a Cristiano Ronaldo, quien remachó inapelablemente en el área pequeña.
Sin embargo, Gil Manzano apreció erróneamente que Lucas Vázquez había arrancado en fuera de juego al recibir del lateral madridista, por lo que invalidó la jugada y el gol del portugués no subió al marcador, en nuevo error arbitral en contra de los blancos. Una muesca más en el revólver…
Sin tiempo para más, y tras tres tediosos minutos de prolongación, el colegiado extremeño decretó el final del partido y los tres puntos, con más sufrimiento del necesario, se quedaron en casa, a la espera de lo que hagan Valencia y Barça, primero y segundo a fecha de hoy en la Liga, de modo que un pinchazo del líder metería de nuevo a los de Zidane en la pelea.
