Cuando en el pasado Gran Premio de Singapur de Fórmula 1 Sebastian Vettel decidió, obviando las más elementales leyes de la física, empezando por esa que impide a dos cuerpos ocupar el mismo lugar en el espacio de forma simultánea, embestir a Max Verstappen (y accesoriamente, a su compañero de equipo, Raikkonen, y a Fernando Alonso) para salvaguardar su primera posición, todos los aficionados al automovilismo de competición nos dimos cuenta de que el alemán había tirado el Mundial a la basura de la forma más eficiente: obviando el instinto de supervivencia y pegándose alegremente un tiro en el pie.
No deja de ser un hecho destacable que en el Real Madrid nos encanta hacer un Sebastian Vettel (que no serlo, ya que los de blanco tenemos el palmarés que tenemos por méritos propios). En numerosas facetas de la vida diaria del seguidor merengue se manifiesta esa dinámica suicida, tanto en los buenos como en los malos momentos.
La situación más evidente (y que dio la idea para hacer este artículo) vino con la última lesión de Gareth Bale. Aceptando que la situación deportiva del galés no es la mejor, ni mucho menos, para el equipo, cabe cuestionar el acierto de numerosas muestras de acritud vertidas por el faranduleo tuitero que gusta endiosarse a sí mismo (hasta el punto de que el autor de los más graves comentarios se excusó diciendo que hacía lo que fuera por un par de RTs). Quiero insistir en el hecho de que el estado físico del jugador abre la puerta al debate sobre la conveniencia de su permanencia en el club. El debate, realizado dentro de los límites de la educación, las buenas maneras y el respeto es una de las mejores vías para mejorar una situación, y el hecho de plantearlo no supone una adscripción previa a cualquiera de las posturas confrontadas. Por otro lado, llamar a un jugador de nuestro equipo “hijo de las mil perras” en repetidas ocasiones no es ni fruto de la tensión de un momento que se pueda dar dentro de los noventa minutos que dura un partido, ni un planteamiento remotamente correcto o adecuado.

Desgraciadamente, esta es sólo la punta del iceberg. Habría que plantearse por qué los registros del equipo son mejores cuando juega como visitante que como local, y muchos pensamos que en eso una parte importante de la afición del Bernabéu tiene la culpa. Pepe, ya como jugador en Turquía, hizo una seria de declaraciones tan acertadas como reprochables: acertadas por dar con la tecla con el problema de la afición del Santiago Bernabéu; reprochables por su oportunismo, hechas ya junto a las aguas del Bósforo a salvo de las iras de su antigua afición (no, Pepe, así no: las quejas se hacen en lugar y momento correctos). No es de recibo que a ciertos jugadores se les reciba siempre con jaleos y aplausos mientras otros son objeto constante de silbidos e iras por parte de cierto sector. Por Concha Espina ha pasado una larga lista de buenos, o incluso grandes, jugadores y entrenadores que no triunfaron porque no les fue dada una oportunidad o porque su proyecto fue dinamitado, llámense Illarramendi, Danilo, Diego López, etc.
De aquí podemos pasar a otra de las divertidas formas que tiene la parroquia blanca de emular al piloto germano en su maniobra de aquel 17 de septiembre de 2017: el consumo del mass media. Es necesario recordar el famoso Principio de Hanlon (cuya autoría, es en realidad, de Robert Heinlein): No atribuyas a la maldad lo que puede ser atribuido a la estupidez. El aficionado madridista que consume ciertas publicaciones y que se deja influir por ellas no es, per se, una persona mala, pero esos actos dicen mucho de su capacidad crítica. Ahora se tacha de “oficialismo” el rechazo a ciertos periódicos o programas de radio que han hecho el ataque a, no sólo el equipo, sino a la misma institución del Real Madrid su forma de vida. Es también un hecho reseñable y que llama poderosamente la atención que los jugadores del equipo señalados por estos medios sean los que posteriormente sean señalados por la afición del Bernabéu.
Los “salvapatrias” me producen cierto rechazo. En este país hemos tenido una larga tradición de ellos, y a ellos son atribuibles muchos de los problemas tanto sociales como políticos que vivimos actualmente en España. El Real Madrid no es la excepción. Cuando un iluminado aprovecha la tribuna que le otorga un gran medio, en algunos casos medios públicos que son financiados con el dinero de todos, podemos estar seguros de que no va a usar ese altavoz para defender al Madrid. Al revés, va a intentar convencer a una gran masa de personas de que le hagan de voceros de su “ideología”. Lo peor no es sólo eso, el problema viene cuando los adalides del movimiento “underground” que antes mencionaba toman las formas y las ideas de estos voceros, convirtiéndose en una corrupción del pensamiento que decían defender. No voy a ser yo el que reparta los famosos carnets, pero no pueden, ni a mí ni a ningún otro seguidor del Madrid, decirme cuál es el camino correcto, así como tampoco me pueden obligar a aceptar ciertas actitudes inaceptables de aquéllos que se llaman “luz y faro del madridismo”. Si alguien quiere aceptar a estos personajes, adelante, pero Cristóbal Soria también va en el mismo pack.
Es evidente que no estamos en la mejor situación. Tal y como decía antes, la crítica es bienvenida y necesaria, pero por favor, no perdamos la cabeza, no seamos Vettel y no tiremos todo por el retrete, mucho menos en noviembre.
