Culevisión Española, el Barça y la Final de Copa: Nada nuevo bajo el sol

La Final de la Copa del Rey, disputada ayer el Wanda Metropolitano entre el Sevilla y el Barça nos ha dejado una nueva muestra del sectarismo informativo y de la enorme doble vara de medir que hay en los medios de comunicación para con todo lo que respecta al conjunto culé.

La retransmisión que perpetraron ayer en TVE dos «ilustres culés» como Juan Carlos Rivero y Julito Salinas, acompañados como comparsa de Joaquín Caparrós, habrían abochornado a BarçaTV. La catarata de almíbar, empalagosa hasta el vómito, que recibió el conjunto culé por la plana mayor de la televisión nacional rozó casi lo sexual.

Centrados en las figuras superlativas de Iniesta, del que Salinas se aprestó a decir que estaba siendo el mejor del partido ¡¡¡cuando sólo se llevaban disputados cinco minutos!!! y de Messi, del que volvieron a repetir ese falso mantra de que siempre aparece en los partidos importantes (el de la Roma no debía serlo, claro), la televisión pública española volvió a ganarse ese apelativo tan divertido de «Culevisión Española», con el que el programa «90 Minuti» de Real Madrid TV denominan a la que un día fue la televisión de todos los españoles y no sólo la de los aficionados culés.

No obstante, esta doble vara de medir se extendió a todos lo medios españoles, sin excepción una vez que acabó el partido. Qué diferencia de trato a la goleada, curiosamente por el mismo resultado, que el Real Madrid le infligió a los sevillistas el pasado mes de diciembre en el Santiago Bernabéu.

Pero, a diferencia de aquel partido de Liga en el que el Sevilla, que había sido goleado por el Real Madrid por 5-0, fue un equipo paupérrimo, que salió sin competir y saltó al Bernabéu derrotado de antemano, en la final no dejaron de vendernos que el Barça estaba machacando a un poderosísimo Sevilla, un durísimo rival para los culés, al nivel del Milan de Sacchi o el Brasil del 70.

Foto de perifl del Twitter de JC Rivero

Un conjunto que los comentaristas no pararon de recordarnos su glorioso pasado reciente de victorias en la Europa League, pero que en esta ocasión había sido borrado del mapa por el tsunami futbolístico azulgrana. Una apisonadora barcelonista, que impidió al fortísimo club hispalense desplegar su gran fútbol, que había eliminado incluso al Manchester United en la Champions.

Y ayer volvió a pasar, pero con la salvedad de que ese baboserío infecto, ese papanatismo extremo y absurdo para con los culés, se dio como en pocas otras ocasiones he tenido la posibilidad de contemplar.

Pero no por esperado, no deja de ser indignante ese doble rasero, vergonzoso doble rasero, como denunció Isco en su polémico tuit de la semana pasada, que acostumbra a presentarnos las victorias azulgranas como grandes y heroicas gestas.

Hazañas deportivas en las que todos sus rivales, siempre elogiados hasta la náusea, son arrasados por el poderío deportivo culé, en el que nunca hay equipos que salen derrotados de antemano ni ha influido la suerte. Fútbol y sólo fútbol, que ponen lo culés.

Sin embargo, para toda esta patulea los rivales del Real Madrid o son gordos o son viejos prematuros o ambas cosas. Y por supuesto, nunca le compiten al Madrid y, como ocurrió en el caso del mismo Sevilla en esta misma temporada, ya no tienen historial, salen al campo a arrastrarse y a abrirse de piernas ante los blancos.

Y todo ello a pesar de que, como suele ocurrir, esos rivales a los que denostan (sobre todo si acaban perdiendo) salgan a dejarse la vida contra el Real Madrid como sin duda harán los sevillistas en el Sánchez Pizjuán el próximo 9 de mayo, en el partido aplazado que disputarán ambos equipos a causa precisamente de la Final de ayer.

Por eso, y como el Real Madrid cometa el disparate de ganar nuevamente al Bayern Munich, habrá que volver a taparse los oídos para no escuchar cómo nos presentan al conjunto bávaro como un equipo de petanca para jubiletas, recién salido de un hotel para vacaciones de la Tercera Edad de Palma de Mallorca y que están acabados todos para la práctica del fútbol profesional.

Y lo peor de todo, tendremos que verlo, entre otros medios, en TVE y en ese bodrio antimadridista llamado Estudio Estadio. El programa que un día fue referente en el mundo del periodismo deportivo en una televisión que entonces era de todos pero que, desde que desembarcó su Dirección de Deportes en Sant Cugat, se convirtieron en la división pública de Barça TV, pagada con los impuestos de todos los españoles (incluyendo a los madridistas, a los que tanto desprecian).

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