Llegando el final de esta temporada 2017-18, la figura más controvertida en la plantilla del Real Madrid es la de Karim Benzema. Son continuas las críticas a su bajo rendimiento goleador, las apelaciones al hecho de que, llevando el “9” del equipo, su aportación ofensiva debería ser mayor, o que, directamente, juega por mandato de Zinedine Zidane, sin que haya contraído otros méritos para hacerlo (y es éste un asunto importante, especialmente en una publicación como “Meritocracia Blanca”).
A sus 30 años, conviene recordar que KB llegó en 2009 al Real Madrid. Esta es, por tanto, su novena temporada. En estos 9 cursos, ha anotado 190 goles y ha dado 113 asistencias. Hablamos del séptimo mejor goleador de la historia del club, que no es poco.

En las dos últimas temporadas, su participación directa en la producción ofensiva sufre un descenso importante, y se incrementa la distancia en la relación partidos/goles en los que participa. Esto deviene en una actitud de crítica y cuestionamiento hacia su rendimiento a lo largo de ellas, especialmente la última. No deja de ser cierto que, durante ese periodo, KB ha formado parte del equipo titular del Real Madrid en todas y cada una de las finales que ha disputado. Y que en todas se ganó. No obstante, también conviene analizar la gráfica de este presunto declive, al menos en lo que a aportaciones goleadoras se refiere.
Desde la llegada de Zidane al banquillo, coronada en la temporada 2015-16 con la Champions League de Milán, el rendimiento ofensivo de KB va experimentando un paulatino descenso que sólo empieza a mostrar signos de recuperación en base a las asistencias de gol, más que al hecho de marcar. ¿Qué motivos puede haber para que haya bajado así? Voy a tratar de aportar mi visión sobre el asunto, y creo que hay dos factores determinantes en este descenso: motivación y táctica.

La motivación de Benzema probablemente ha ido decayendo progresivamente en los últimos dos años. Está claro que cualquier jugador, solamente con vestir la camiseta blanca, tiene un plus de motivación al hacerlo, y KB no se sustrae a ese hecho. Pero también es cierto que la posibilidad de disputar Eurocopas o Mundiales con su selección es un factor de motivación extra para cualquier futbolista. Benzema no juega con su selección desde octubre de 2015, tres meses antes de la llegada de Zidane al Real Madrid. La decisión irrevocable de Deschamps de no convocarle para la selección le ha supuesto pasar cada parón de selecciones entrenando con jugadores poco habituales o juveniles, y está condenado a ver ese tipo de acontecimientos desde fuera del césped, por una decisión posiblemente injusta y de consecuencias deprimentes para cualquier jugador de fútbol.
En segundo lugar, y quizá de forma más decisiva, los cambios tácticos en el Real Madrid han supuesto una alteración muy relevante en el rol táctico de Benzema. Hay que recordar que era ese jugador que conducía el balón a toda velocidad, en el relampagueante contraataque de la era Mourinho, buscando el mejor pase y luego la mejor posición para rematar. Era un delantero que iba de cara, y que contaba con jugadores en las alas del corte de Di María o el propio Cristiano Ronaldo. Con la llegada de Bale y la famosa BBC, este rol se mantuvo, aun cuando aportara otras opciones tácticas en el ataque estático. Pero la salida del galés del once inicial, junto con la entrada de Isco y la nueva posición de ariete de Cristiano Ronaldo, a partir de finales de 2016, hacen que Zidane le de a Benzema un papel muy diferente. Más centrado en generar espacios en el área, facilitar los remates de Ronaldo arrastrando defensas, abrir a los centrales cayendo más que antes a bandas, y ofrecer continuamente apoyos a los cuatro centrocampistas que llegaban de cara al área, jugando entre líneas. Esos «intangibles» que muchos dicen que cualquiera podría aportar, pero que probablemente KB domina mucho mejor que otros. Y, aun así, siguió teniendo oportunidades de gol (aunque bastantes menos) y transformándolas con un alto índice de efectividad.

Pero es un hecho que, en la temporada actual, está teniendo un porcentaje muy bajo de remates por partido, y que muchos de ellos son fallidos. Eso sí, también descubrimos no hace mucho, gracias a una gráfica estadística muy reveladora de @FutbolAvanzado (https://twitter.com/FutbolAvanzado/status/986558788294578176), que Benzema participa en la generación de muchos goles del equipo con un rol más secundario, desde una actuación más propia de un centrocampista, algo que resulta coherente teniendo en cuenta la dinámica continua de salida del área y desplazamientos laterales que lleva a cabo en la actualidad.
De ser uno de los actores principales en la película que es el ataque del Real Madrid, hace tiempo que pasó a ser un actor de reparto, secundario. Pero todos conocemos a actores secundarios sin los que algunas películas son infumables. Probablemente, Benzema sacrifica desde hace temporada y media su rol estelar para llevar a cabo la misión de mejorar el rendimiento de sus compañeros (que sí pueden ir al Mundial). Genera sinergias inexplicables que hacen que el equipo gane partidos, especialmente los importantes, con su participación oscura y disimulada. Porque la cámara sigue al balón, nunca a los jugadores, y nadie ve cómo pasa una hora de partido sacando de sitio a los centrales contrarios, con el medio centro contrario paranoico, o con los laterales rivales enloquecidos porque les faltan piernas para esa línea de pase extra que ofrece.
Es muy probable que este ocaso goleador que está viviendo le lleve fuera del Real Madrid (especialmente si continúa recibiendo silbidos desde las gradas) o del once inicial en la próxima temporada. Pero sería enormemente injusto que la percepción final de un jugador como éste sea amarga, teniendo en cuenta lo que aporta a sus compañeros y al equipo para hacerlos mejores.

Escribo esto cuando quedan 5 encuentros en Liga y el partido de vuelta de semifinales de Champions League contra el Bayern. El futuro es impredecible, y Benzema y el Real Madrid lo son más aún, pero nunca es descartable que, en medio del ocaso, se recorte su figura a contraluz, haciendo esa jugada que suponga un billete a Kiev.
