¿Y ahora qué?

Qué difícil es ser del Real Madrid. Éramos los reyes y de pronto todo salto por los aires. Es verdad que el equipo daba síntomas de agotamiento, pero creo que nadie imaginó que todo se iría al carajo de la manera que lo hizo.

Tras la temporada pasada, que fue fea, difícil y aburrida, nuestro querido equipo afrontaba de nuevo una época de renovación. Ocurre a menudo, en todos los deportes y en todos los equipos, que llega un momento donde lo que hasta ahora era la certeza absoluta y lo mejor de lo mejor, que puede darnos las mayores glorias, pasa a ser la nada y lo peor de lo peor, y sobre todo en el Real Madrid, donde se pasa de héroe a villano de un día para otro.

Y el problema es ese, que no sabemos desprendernos en Chamartín del pasado con facilidad -ni con facilidad ni elegancia en algunos casos- aunque supongo que casi nadie sabe hacerlo bien.

Debíamos dejar marchar a muchos de nuestros héroes en nuestros dos últimos años y no lo hemos hecho. Tendemos a adorar nombres y números, el que aquí escribe el primero, y luego pasa que es duro aceptar que esos ídolos son humanos y que fallan como cualquiera.

Necesitamos nuevos jugadores, nuevos héroes, otras caras y otros nombres y obviamente Zinadine Zidane no puede sacarlos fuera de la ecuación de los títulos, ya que fueron esos hombres los que le dieron todo. La marcha de Cristiano Ronaldo nos dejó huérfanos –no entraré si fue buena o mala su salida para el club- y no hay figura que le supla a día de hoy.

Además, el equipo desde hace meses no juega a nada -me encanta esta frase-, ni parece saber en qué dirección va la idea del juego. Es cierto que la sensación que tengo durante toda la vida es que este equipo no juega nunca en condiciones de ganar pero es el que más gana.

Quizá nuestro estilo sea no jugar a nada, con una bonita placa en el túnel de vestuarios, o en los propios vestuarios, rezando esa frase. Entonces nos encontramos en la tesitura de no saber hacia dónde tirar, con un mercado hiperinflacionado, sin la aparente posibilidad de traer a esa tortuga ninja parisina y con la sensación de que la directiva va por un lado con algunos jugadores y el cuerpo técnico por otro.

Tenemos una plantilla que para nada es mala, tenemos grandes jugadores eso sí, pero algo corta en algunos puestos, y si además sumamos que la locura diaria de las lesiones rompen al equipo, pues el desasosiego y la tristeza campan a sus anchas por la Castellana.

Por tanto, y como dice el titulo de este artículo: ¿Y ahora qué? ¿Podremos afrontar nuevos retos con garantías y seguir ganando para nuestras memorias grandes actuaciones, o por el contrario languideceremos con el tiempo y seremos un equipo que vague sin rumbo ni dirección definida?

La respuesta irá apareciendo delante de nuestras narices conforme pase el tiempo, que es el que siempre da en la tecla correcta. Si es cierta una cosa, ahora arranca una nueva edición de la Champions League, y a los madridistas nos da ese cosquilleo de saber que la Copa casi nos pertenece por derecho.

Suena esa melodía y nosotros estamos dispuestos a creer que con este equipo ganaremos de nuevo. Porque con el amor al Madrid ocurre eso, que hay que creer e ilusionarse y dejarse llevar en el baile de cada temporada.

Como nunca he sido muy pesimista, más bien lo contrario, creo que igual esta temporada puede acabar siendo divertida y no sería la primera vez que el Madrid obra el «milagro ́ ́. Yo veo a esos tíos salir con la camiseta blanca con los destellos dorados y no se a ustedes, pero a mí me apetece ilusionarme. Vamos a por más.

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