
Real Madrid 1-2 Alavés: «El hambre y las ganas de comer»
De auténtico escándalo se puede tildar lo vivido esta noche en Valdebebas, con un arbitraje demencial, absolutamente desquiciado y desquiciante, que condenó a un Real Madrid a una inmerecida derrota. Nada menos que tres penaltis, a cuál más claro (uno de ellos, el del agarrón del pelo a Marcelo, debió además haber acabado con Laguardia expulsado) y un desigual ejercicio del reparto de justicia.
Sinceramente, no sé quién estuvo peor. Si Cordero Vega en el campo o el inefable González González, quien se inhibió en jugadas clave desde el VAR y su actuación conjunta dio lugar a uno de los mayores escándalos arbitrales de esta temporada.
Ahora bien, si a este hándicap le sumamos un partido bastante malo en términos generales del equipo, que confirmó su tendencia cada vez más habitual a asomarse al abismo, sin más alternativas para remontar partidos adversos que colgar balones al área sin ton ni son y la ausencia absoluta de un patrón de juego mínimamente reconocible en según qué momentos, pues como pasó anoche, el desastre estuvo servido.
Pero lo de Cordero Vega, quien ni él ni sus allegados directos, recibirán este domingo ninguna visita para amedrentarles y acogotarles como hicieron los sinvergüenzas de Sport con el padre de Melero López el domingo siguiente al Clásico, es sencillamente de juzgado de guardia. De nevera perpetua. El y González González desde la Sala VOR.

Parece incomprensible que vea clarísima y nítidamente el penalti de Nacho en el minuto 4, muy discutible. Lo absolutamente abracadabrante es que ni el árbitro en el césped ni desde el VAR no hayan visto ni el agarrón de Laguardia a Casemiro, que le hace una llave de judo ni, sobre todo, el derribo de Duarte a Hazard ni, lo que es más grave, el tirón de pelos de Laguardia a Marcelo (que además debió costarle la roja al jugador alavesista).
Lo triste es que, como ya pasó en Valencia (donde tres de los cuatro goles del conjunto «ché» fueron ilegales) esta semana no se hablará día y noche de «polémicas arbitrales» como sí se ha hecho cuando el VAR ha acertado a favor del Madrid. No, se hablará de ZIdane, de su alineación y del paupérrimo juego del equipo. Y el arbitraje, de nuevo, se habrá amortizado de nuevo a título de inventario.
Atraco sin paliativos en la primera mitad
Y es que la alineación volvió a ser objeto de comentario. Es cierto que el Real Madrid llegó a este partido plagado de bajas y que las próximas dos semanas tiene un calendario duro que obliga a las rotaciones. Pero hay jugadores que no están ni para estos partidos en los que parece obligado hacer cambios.
Zidane optó por dar descanso a Mendy y dio entrada a Asensio y a Marcelo y volvió a la fórmula de Lucas Vázquez en el lateral derecho, mientras que Rodrygo y Vinicius esperarían desde el banquillo, junto a Militao, el único defensa puro que le quedaba a Zidane.

El partido pronto se puso cuesta arriba porque a los cuatro minutos, Laguardia remató de cabeza un córner botado por Lucas Pérez y el balón impactó contra la parte del antebrazo de Nacho, que además estaba de espaldas a las pelota. Una jugada confusa que, curiosamente, Cordero Vega debió tener muy clara porque decretó penalti sin dudar a pesar de las protestas.
El penalti, perfectamente ejecutado por Lucas Pérez, a la derecha de Courtois supuso un golpe muy duro a un equipo que, por lo que se vio en el campo, había llegado cogido con pinzas al partido.
A partir de ahí llegó el desquiciamiento general. Como era de esperar, el Alavés se echó con todo atrás, se encerró en su área a resistir e intentar sorprender a la contra, mientras que el Madrid empezó un festival de balones colgados al área, sin poder o querer intentar otra cosa.
Si a ese desbarajuste le unes el despropósito arbitral, el resultado no podía ser otro. Un cóctel explosivo en forma de pérdida de papeles y de identidad a medida que Cordero Vega iba dejando penaltis sin señalar. Sobre todo, habida cuenta el rasero aplicado en el minuto 4 con Nacho.
Pero no. A los pocos minutos, Laguardia derribó a Casemiro en el área tras un leve agarrón en el que, claramente, el brasileño exageró la caída. Demasiado poco para pitar penalti, tal vez. Sin embargo, esa misma jugada se repitió en el minuto 15, de nuevo a la salida de otro córner rematado tímidamente por Mariano pero en el que, en paralelo, Laguardia sí agarra con más más fuerza a Casemiro y le derriba de forma más clara, pero la jugada se fue al limbo.

En el mismo limbo acabó otra jugada polémica, sin duda bastante más evidente cuando, en el minuto 19 Hazard, tras disparar a las manos de Pacheco, recogió el rechace y tras un regate en el área, fue zancadilleado por Duarte y cayó al suelo. Pero no era el día. No se pitó tampoco penalti y el equipo acrecentó su nerviosismo.
Por si esto fuera poco, el desabarajuste táctico del equipo era colosal y a punto estuvo de costarle el segundo. Corría el minuto 23 cuando, en la primera vez que lograba enganchar una contra, en la que pilló a todo el Real Madrid dormido, Lucas Pérez se plantó ante Courtois y, tras intentar picársela por encima, el meta belga sacó sus brazos como si fuesen tentáculos y desvió el balón de forma inverosímil, evitando el tanto.
Y como a perro flaco, todo son pulgas, un par de minutos más tarde Hazard, resentido en su pierna tras el penalti, tenía que dejar el campo y era sustituido por Rodrygo, que pasó a ocupar la banda derecha y Asensio a su banda natural.
Pero el cambio no funcionó porque nada funcionaba en esa tarde. El Madrid se empecinó en colgar y colgar balones, que o bien no llegaban a su destino o, simplemente, eran despejados con facilidad por Laguardia y Lejeune, dos titanes que se llevaron todos los balones por alto, eivtando que Casemiro y Mariano pudiesen llegar prácticamente a ninguno.

Sólo un error gravísimo de Lejeune en el minuto 38 le abrió las puertas a los de Zidane para lograr la igualada. El defensa blanquiazul perdió en el borde del área ante Rodrygo y Kroos, completamente solo, falló por dos veces ante Pacheco a pesar de que tenía a Mariano desmarcado para empujarlo.
El festival arbitral acabó cuando, ya casi con el tiempo vencido, dejó sin señalar un inexplicable tirón de pelos de Laguardia a Marcelo en la frontal del área. Una jugada que se produjo en las mismas narices de Cordero Vega y que acabó con el brasileño por el suelo pero ni el colegiado ni el VAR consideraron punible y lo que tenía que haber sido penalti y expulsión, acabó nuevamente durmiendo el sueño de los justos.
Despropósito atacante en la segunda mitad
Tras el descanso, la cosa siguió igual. O mejor dicho, peor, para los de Zidane porque a los tres minutos de la reanudación llegó el mazazo definitivo. Courtois trató de sacar el balón jugado desde atrás y se equivocó gravemente, dándole el balón a Joselu quien sólo se tuvo que limitar a marcar a puerta vacía desde fuera del área.
Un palo descomunal que sólo acrecentó la ruina del equipo quien, además, perdió a Modric, absolutamente extenuado tras su labor hercúlea de sostener a sus compañeros en la primera mitad. Kroos, que también había estado muy activo durante el primer período tomó ese testigo pero acabó desquiciado con el árbitro y su rasero a la hora de interpretar las faltas (y las tarjetas).

De hecho, el alemán fue de los pocos que intentaron algo distinto, como por ejemplo disparar desde fuera del área. Primero, con un lanzamiento desde la frontal «marca de la casa» en el minuto 53, pero su disparo raso y colocado fue detenido por Pacheco y un par de minutos más tarde, con otro lanzamiento con rosca buscando la escuadra izquierda, pero el balón se marchó desviado.
Kroos acabó sustituido junto a Modric y Marcelo en el minuto 68 porque, entre otras cosas, fue sancionado por protestar con una tarjeta amarilla a pesar de que sus marcadores le dieron fuerte y flojo, sin ver ninguna. Un craso error, por cierto, porque dejó al equipo sin timón ni dirección ninguna ya que ni Odegaard, ni Isco ni Marcelo, sus recambios, aportaron nada interesante.
Unos pocos minutos antes Vinicius había entrado en el campo sustituyendo a un desaparecido Asensio, pero no era el día. El brasileño se mostró absolutamente inoperante, nulo en el desborde e incapaz en el pase, ni siquiera en los centros cercanos.
El partido se embrolló del todo, convirtiéndose en un auténtico correcalles en el que, precisamente, las cosas se le pusieron peor al Madrid porque se olvidó por completo de defender.
Esto provocó varias contras del Alavés que pusieron en serios aprietos a Courtois, quien se redimió de su error con una gran parada a tiro de Lucas Pérez, mientras que Joselu malogró otra oportunidad, lanzando por encima del marco del belga, cuando estaba a puerta vacía.

En pleno zafarrancho madridista, cuando más reinaba el caos, Rodrygo y Lucas Vázquez, casi de forma consecutiva en los minutos 72 y 74, estuvieron a punto de anotar pero sus respectivos disparos se marcharon rozando el palo derecho de Pacheco.
Incluso hubo tiempo de ver otra jugada de esas «grises», que tanto le gustan a algunos para justificar según qué decisiones arbitrales. En un gran centro desde la derecha, Mariano remató de cabeza y su testarazo superó a Pacheco. Sin embargo, cuando parecía que la pelota iba a entrar, Lejeune sacó in extremis sobre la misma línea
Digo «gris» porque ninguna de las dos escasa repeticiones que la televisión ofreció de la jugada, ciertamente esquinadas además, nos permitió ver si la pelota había cruzado o no la línea. Una perspectiva (y un conjunto de tomas) bastante diferente y menos ilustrativa de la jugada que la que nos ofreció el mismo realizador, por ejemplo, apenas 15 días antes en el autogol de Varane en Valencia. Ahí pudimos ver muchas más tomas, hasta que encontró la que, efectivamente, delataba que el balón había entrado en la meta.
Y ya con todo perdido, llegó el gol madridista fruto precisamente de ese toque a rebato blanco. En el minuto 85, a la salida de un córner botado por Odegaard, en quizás el único despiste de la zaga alavesista, el balón le cayó a Vinicius, completamente desmarcado en boca de gol.
El brasileño volvió a evidenciar su alarmante falta de gol rematando mal al cuerpo de Pacheco. Sin embargo, el balón quedó muerto y Casemiro en boca de gol sólo tuvo que empujarla al fondo de la red.
Demasiado alta esa pared para escalarla en apenas cinco minutos, más los cinco de añadido impuestos por Cordero Vega. Aun así, el Real Madrid está acostumbrado desgraciadamente a este tipo de remontadas casi imposibles. Unos días como en Moenchengladbach salen bien y otras, como el día del Shakhtar, mal.
En esta ocasión, volvió a salir cruz porque Isco, que no había dado una a derechas en el tiempo que estuvo en el campo, con el crono vencido, se despachó un balón con rosca de esos que tan bien se le daban no hace mucho pero estrelló el balón en la cruceta de la meta de Pacheco y el sueño de salvar al menos un punto se tornó en pesadilla y el partido tocó a su fin y, con él, la tercera derrota liguera.
