La insólita preocupación de Prensa Nostra por defender a Munuera Montero

Al hilo de la bochornosa y lacrimógena entrevista que perpetró ayer Juanma Castaño al ínclito Munuera Montero, al que han pillado con el carrito del helado de una posible incompatibilidad entre sus negocios particulares y su labor arbitral, me ha resultado curiosa la reacción de parte del fútbol español y de algunos de sus periodistas del «Régimen».

Pero también, como consecuencia de los tuits de apoyo incondicional y de exigencia de respeto y hablando de una presunta «maquinaria madridista» para acabar con el colegiado andaluz por parte del Atlético de Madrid (a la sazón, cliente de la empresa del árbitro) y de todo el trompeterío mediático habitual, me ha venido a la cabeza un caso similar que, por lo que sea, nunca gozó del mismo apoyo mediático ni generó tanta solidaridad entre el colectivo arbitral y afines.

Me refiero a que los mismos que hoy se rasgan las vestiduras y exigen que cese el acoso a los árbitros, son exactamente los mismos que se callaron como meretrices cuando un diario deportivo catalán como Sport, auténticos» portacoces» oficiosos del Barça, le montaron un aquelarre infecto no ya a un árbitro, casualmente otro Munuera (en este caso, Martínez Munuera) sino al propio padre del colegiado. Y todo porque éste osó pitarle un penalti a favor al Real Madrid en el Nou Camp en aquel Clásico de la 20/21, que finalizó con la victoria blanca por 1-3.

Esta gentuza de Sport, encabezados por Iván San Antonio, trasladó a Benidorm a un equipo «de investigación» (al estilo de las de Rubén Uría, otro «maestro investigador» y periodista de «raza» aunque no sé aún de qué tipo) para asediar al padre y amigos del colegiado, bajo la falsa acusación de que dirigía una peña madridista en dicha localidad.

Y que la acusación era falsa no lo digo yo, lo dijo un Tribunal al que Martínez Munuera acudió en defensa de su honor y condenó al medio a admitir públicamente que todo se lo inventó el periodista en cuestión, teniendo que publicar en el propio diario una vergonzante nota de rectificación.



Aquello fue un antes y un después en el asedio a un árbitro por parte de la misma prensa que hoy exige respeto hacia la figura de Munuera Montero y el colectivo arbitral. Nunca habían llegado tan lejos, porque hasta entonces, sus familias eran sagradas. Se podía poner en la picota y hasta obligarles a salir públicamente a pedir perdón, como hicieron con Hernández Hernández tras equivocarse en la concesión de un gol al Barça en la 16/17.

De hecho, no sé si por «casualidad» o tal vez por auténtica «causalidad», pero el caso es que al Real Madrid no volvieron a pitarle un penalti a favor hasta mediados de la siguiente temporada. Un dato que, por cierto, jamás despertó el celo ni el interés de los grandes «estadísticos» de Prensa Nostra, tan preocupados esta temporada porque el Madrid haya recibido 10 penaltis a favor y sólo dos en contra en la actualidad. 

Pero volviendo al tema, el caso es que nunca fueron tan lejos en Prensa Nostra en el asedio a un árbitro y, sin embargo, nadie se hizo eco de aquello. Nadie le hizo ninguna entrevista lacrimógena al colegiado en ninguna emisora nacional ni nadie se preocupó ni por su salud mental ni la de su familia, a la que esta gentuza, como digo, se dedicó a señalarles con el dedo acusador del delito de lesa patria de ser considerados «madridistas». Anatema. Pecado mortal. Penitenziagite! 

Es más, no sé si de forma casual o para meter aún más el dedo en el recto del Madridismo, el periodista de Sport, Iván San Antonio, sí, ese pésimo profesional que lideró aquella campaña infecta y, lejos de costarle el puesto de trabajo por su mala praxis, fue contratado por Raúl Varela para su programa «La Tribu» en Radio Marca, para que pudiese vomitar a gusto su odio antimadridista durante no menos de dos temporadas.

Por tanto, menos lecciones de ética, sobre todo por parte de los que ahora se ponen estupendos porque el árbitro cuestionado hizo una lamentabilísima actuación el pasado sábado contra el Real Madrid y de forma más o menos implícita están acusando al club blanco de esta campaña contra Munuera Montero, en vez de poner el foco en el grave hecho de que está incumpliendo la legislación vigente en cuanto a la compatibilidad de sus negocios particulares con su labor arbitral.

Tened claro que si no hubiese sido así, a nadie le hubiese importado una higa el sufrimiento del árbitro ni la de su famila. Porque como siempre digo, nunca les importa el «qué» sino el «quién». Y por lo que se ve, también el  «para qué».

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