Crónica Benfica 4-2 Real Madrid | Champions League (Fase de Grupos)

Con este testarazo, Trubin firmaba el cuarto y definitivo gol del Benfica en el descuento | Benfica 4-2 Real Madrid

Benfica 4-2 Real Madrid: «La Yenka infernal»

El Real Madrid ha protagonizado un nuevo fracaso continental al caer con estrépito en Da Luz ante un Benfica que superó absolutamente en todo a los blancos que, como en el famoso baile de la Yenka. Sí, el de «izquierda, izquierda, derecha, derecha, delante, detrás… un, dos, tres».

Tras unos ilusionantes pasos hacia delante, el equipo ha vuelto a dar unos peligrosos pasos atrás en su evolución que, además, han traído como principal consecuencia la eliminación del Real Madrid del Top 8 europeo, a pesar de empezar la última jornada como tercero en la clasificación. Ahora, como ya le ocurrió el año pasado, tendrá que jugarse el pase a octavos en un play-off en febrero bien contra el mismo Benfica o contra el Bodo Glimt, verdugo hoy del Atlético de Madrid.

Unos pasos hacia atrás que suponen un nuevo jarro de agua fría a las expectativas de los de Arbeloa, que hoy han vuelto a naufragar ante un equipo, el lisboeta, que puso más intensidad, más garra y mucho más corazón que los de blanco (hoy de azul), superados en prácticamente todas las facetas del juego.

Desde el primer minuto se pudo ver que los de Mourinho, que hoy le ha dado un auténtico baño táctico a su fiel pupilo, iban a llevarse el partido. Y no porque fuésemos unos visionarios sino porque la actitud del equipo, lejos de parecerse a la que vimos ante el Monaco o el Villarreal, se pareció mucho más a la de días como el Atlético de Madrid o Liverpool.

Vimos a un Real Madrid decadente, abúlico e indolente, la viva imagen de la impotencia, con unos jugadores incapaces de llevarse un solo balón dividido, un solo duelo y que fueron desarbolados por las bandas con la facilidad que un profesional machacaría a un equipo de infantiles.

Sólo las paradas milagrosas de Courtois y los dos zarpazos de Mbappé, traducidos en gol prácticamente en las dos veces que los de Arbeloa pudieron tirar entre los tres palos, evitaron una goleada aún mayor, que tuvo su colofón en el cuarto gol lisboeta, marcado en la última jugada del partido por su portero, Anatolyi Trubin, para mayor escarnio madridista.

Pero lo peor no es sólo la deplorable imagen ofrecida por el equipo, que también, sino que el partido se saldó con las expulsiones de Asencio por doble amarilla y de Rodrygo, ésta con roja directa, por increpar al árbitro cuando éste le acababa de mostrar la cartulina amarilla por protestar. Ambos se perderán el primer partido de los play-off y quién sabe si el brasileño, si la UEFA estima un castigo mayor, también se puede perder la vuelta.

Davide Massa, un árbitro «made in Negreira»

Por último y como colofón a esta larga introducción, no quería dejar de hablar del colegiado italiano Davide Massa. Mira que siempre digo que los arbitrajes europeos están a años-luz de los Negreiros de la Mugrienta Liga Negreira. Pero lo de hoy hacía tiempo que no lo veía. Habría que remontarse a los oscuros tiempos del Platinato, Erzik y UNICEF para recordar un arbitraje así de malo.

Pésimo arbitraje del italiano Davide Massa, que perjudicó gravemente al Real Madrid | Benfica 4-2 Real Madrid

Y que conste que no estoy diciendo que el Real Madrid haya perdido por el árbitro. Ni muchísimo menos. Pero ayudó. Y bastante. Primero, concediendo un penalti inexistente por un leve agarrón de Tchouameni a Otamendi en el área, ya en el descuento. De hecho, si no es por el VAR, ya le habría pitado otro penalti también inventado por un falso derribo de Bellingham a Prestianni.

Además, aplicó un rasero exageradamente distinto a los locales, a los que permitió de todo (y eso que la primera amarilla fue para un  jugador lisboeta a los 10 minutos por un tremendo mamporro a Vinicius, al que dieron de todos los colores).

Los jugadores del Benfica, especialmente Otamendi – que debió haber visto como mínimo la amarilla por un codazo alevoso al rostro de Vinicius- pegaron todo lo que quisieron sin apenas sanción, mientras que los blancos, a los que les pitaban cada contacto, encima veían amarillas con bastante más facilidad. Sin ir más lejos, Tchouameni vio la primera amonestación del partido a los dos minutos de juego por una jugada que no la ameritaba de ninguna manera.

A grandes rasgos, el arbitraje de esta noche por parte de Massa no te lo hubiese firmado ni el peor Clos Gómez o el más rancio Fernández Borbalán en sus mejores momentos.

Calamitosa primera mitad del Real Madrid

En lo relativo exclusivamente al juego, decir que Arbeloa repitió «once» con respecto a Villarreal pero el equipo sólo se pareció a aquel en los nombres. Como digo, pronto se vio a un Real Madrid superadísimo que a los seis minutos pudo ver cómo recibía el primero, en una melée en el área que acabó con un balón rechazado que le cayó inesperadamente a Tomás Araujo. Al no poder controlar el balón, éste se marchó rebotado junto al palo derecho de Courtois.

Por las bandas, especialmente la izquierda donde Carreras era un agujero como el de la capa de ozono y con un mal Huijsen en las ayudas, unido a un equipo cada vez más hundido y roto por la mitad, el Benfica encontró petróleo y comenzó a atacar al Madrid.

A los 13 minutos, en el primer gran error de la defensa blanca, Pavlidis no acertó a controlar cuando se quedó solo ante Courtois y, en otro ataque fácil para los locales apenas un minuto después, Prestianni -la bestia negra para la defensa hoy- reclamó penalti por un derribo de Güler que, a mi modo de ver, fue el más claro de los que pitaron hoy.

Mal partido de Mastantuono, que estuvo muy desacertado todo el tiempo | Benfica 4-2 Real Madrid

El que sí pitó Davide Massa, sin embargo, fue el derribo que, sólo un minuto más tarde, se produjo en el área madridista cuando Bellingham se adelantó a Prestianni para despejar un balón. El italiano no lo dudó pero, afortunadamente, el VAR le avisó de su error y, tras chequear la jugada en el monitor y deshacer el entuerto.

Hubo que esperar hasta casi el minuto 20 para ver el primer acercamiento con un mínimo de peligro, con una galopada de Bellingham, que se planta ante el portero pero muy forzado, no logró transformar en nada positivo.

Un mero espejismo que se tradujo en otro grave error defensivo, en este caso de Fede Valverde, que provocó una contra del Benfica que acabó Prestianni completamente solo por la derecha con un espectacular disparo con rosca que sacó Courtois con una sensacional parada que, entre su mano y el larguero, evitaron el primer tanto local.

En un trepidante partido de ida y vuelta, trató de responder el Real Madrid en el minuto 25 con un disparo lejano de Güler desde más allá de la frontal que se marchó ligeramente desviado, junto al palo, previo tantarantán a Bellingham en la media luna que quedó en nada,

El problema para el Real Madrid es que su centro del campo había desaparecido ya a estas alturas de partido y le llegaban fácil hasta su área, y de nuevo por la banda izquierda blanca, en esta ocasión Sudakov entró sin oposición y acabó disparando contra el lateral de la red.

Pero como digo siempre, el fútbol es caprichoso e imprevisible y cuando peor estaba el Real Madrid, llegó la primera y casi única vez que los de Arbeloa sacaron jugado el balón y montaron un ataque que no fuese un voleón hacia delante. Todo lo contrario, el equipo basculó de un lado a otro, tocó con parsimonia buscando el hueco y encontró premio a la media hora de juego. Asencio, en posición de lateral derecho puso un espectacular centro al segundo palo para que Mbappé, muy atento, se adelantó a su par y colocó el primero de la noche con un certero cabezazo.

Mbappé adelantó a los blancos con este gol de cabeza en la primera parte | Benfica 4-2 Real Madrid

¿Injusto? Puede que sí, pero el fútbol tiene estas cosas. Es más, el gol animó a los de Arbeloa, que pudieron incluso aumentar la diferencia a los tres minutos con un gran remate de cabeza picado de Asencio a la salida de un córner sacado por Güler, que botó delante de Trubin y que éste sacó con una gran intervención.

Sin embargo, no le duró  mucho la alegría al Real Madrid, que a los cinco minutos recibió el justo castigo a su incalificable defensa. Con una contra fulgurante por la banda, sí, la izquierda, efectivamente, Pavlidis sorprendió a la zaga madridista. Asencio, que estaba cerrando se fue al suelo demasiado pronto y el griego le sorteó con facilidad y acabó sirviendo un gran centro al segundo palo donde apareció Schjelderup para batir a Courtois a bocajarro.

Pero la cosa no quedó ahí porque, de la mano de un público que se había venido de nuevo arriba y creyendo en sus posibilidades, el Benfica volvió a apabullar al Madrid que, sólo tres minutos después, vio cómo Fede Valverde sacaba bajo palos un tiro cómodo de Schjelderup, que a punto estuvo de ver puerta de nuevo.

Lo peor vendría después cuando, ya en el descuento y a la salida de un córner, Tchouameni agarró ligeramente por detrás a Otamendi que, rápidamente, al sentir el contacto se tiró al suelo como si le hubiese golpeado un mercancías y el árbitro, loco por pitar un penalti más pronto que tarde, no se lo pensó y señaló el punto fatídico.

De nada sirvieron las protestas madridistas ya que, a diferencia del primer penalti, esta vez el VAR no apareció para salvar a los de Arbeloa  y Pavlidis ejecutó el lanzamiento desde los once metros para adelantar a los locales justo antes de irnos al descanso.

Segunda parte de locura y goles en un carrusel de emociones

La reanudación comenzó de forma aparentemente distinta. Dio la sensación de que el Real Madrid había espabilado y, aunque de momento, el resto de resultados en Europa le permitían conservar su posición de privilegios entre los ocho mejores, se había animado a zanjar las dudas.

Y a punto estuvieron de lograrlo nada más comenzar la segunda parte, con una gran jugada personal de Mbappé por la derecha, que acabó él mismo con un excelente servicio al segundo palo donde esperaba Vinicius, pero su remate con la cabeza se le fue ligeramente alto.

Tchouameni tuvo muchos problemas durante el partido y acabó sustituido | Benfica 4-2 Real Madrid

Un engaño a los sentidos porque en el ’53 y, de nuevo por la izquierda, Schjelderup tocó a su antojo, se movió como pez en el agua en el área sin que nadie le molestase mínimamente y se despachó un durísimo disparo, raso y pegado al palo derecho de Courtois, que nada pudo hacer para evitar el tercero.

La cosa se empezaba a poner fea para los blancos que, sin embargo, volvieron a encontrar premio en una preciosa combinación entre Rodrygo, que acababa de salir al campo por un errático Mastantuono, y Güler, que vio la llegada de Mbappé y le puso un servicio tenso y raso que el francés no desaprovechó para empalar y ajustar el balón lejos del alcance de Trubin para hacer el segundo y acortar distancias.

Pero ni siquiera el gol espoleó a los de Arbeloa que, si bien lograban hilar más jugadas y tocar más el balón que en la primera mitad, en lo que fue la viva imagen de la impotencia, lo cierto es que no llegaron a intimidar al portero local, más allá de un disparo flojo de Vinicius en el ’60 a las manos del portero y un chut demasiado forzado de Bellingham ante Trubin que se fue arriba unos minutos más tarde.

Es más, el Benfica -que había optado por replegarse y esperar una contra- tuvo incluso varias ocasiones para aumentar la distancia en el marcador. En el minuto 68, el enésimo error de concentración de Huijsen, que estuvo espantoso, habilitó a Sudakov, que se plantó solo ante Courtois pero disparó demasiado cruzado.

Lo inexplicable del Real Madrid llegó en el ’77, cuando Arbeloa sacó del campo a Güler, el único que parecía poner algo de orden y concierto en el desafinado ataque madridista para sacar a Cestero. Y digo que es inexplicable porque apenas un minuto antes, Güler había intentado sorprender a Trubin con un disparo lejano y, acto seguido, asistió muiy bien a Rodrygo, que no estuvo fino en su remate,, demasiado flojo y centrado, fácil para el meta ucraniano del Benfica.

A partir de ese momento, el equipo se enredó en un juego incalificable, intentando centros al área imposibles e internadas de Vinicius, Bellingham y Rodrygo que no iban a ninguna parte. Es más, Barreiro tuvo el cuarto en sus botas con un remate a quemarropa que obligó a Courtois a lucirse de nuevo.

Un exultante Trubin festeja el gol que clasifica a su equipo para el play-off | Benfica 4-2 Real Madrid

Lo intentó Brahim tras una jugada en el área local tras un rechace en un saque de esquina, pero el hispano-marroquí, muy poco acertado en general hoy, la mandó a las nubes y con ellos, la última gran ocasión para el Real Madrid que, para más inri, perdió a Asencio en el descuento tras ver la segunda amarilla por una dura entrada.

Con 10 y contra el crono, todo apuntaba a que el partido había acabado para los blancos que, al menos, con los resultados que se estaban dando en Europa, lograba mantener la plaza de acceso a octavos a duras penas. El problema llegó cuando recibieron el mazazo definitivo y el colofón a una noche para olvidar, al conocer que el Sporting de Lisboa marcaba en San Mamés el gol de la victoria en el tiempo añadido y le condenaba a la novena posición, quedándose definitivamente fuera del Top 8, a falta de un milagro.

Un milagro que estuvo a punto de llegar en el descuento cuando Mbappé, muy listo, le arrebató de forma aparentemente limpia el balón a un despistado Trubin cuando iba a sacar de puerta. El francés marcó el empate, pero el colegiado italiano anuló el tanto y pitó falta del francés.

Eso provocó las protestas, entre otros de Rodrygo que se dirigió de forma airada a Massa quien le mostró la amarilla en primer lugar para, acto seguido, mostrarle la roja directa, dejando al equipo con nueve.

Y cuando parecía que el partido iba a acabar con la derrota madridista por la mínima, en el descuento llegó la puntilla para el Real Madrid. Víctima de una absurda confusión, Trubin se dedicó todo el descuento a perder todo el tiempo posible, pensando que la victoria era suficiente para clasificar al Benfica para el play-off, ante la desesperación del cuerpo técnico y del público de Da Luz, que le instaba a que se diera prisa en jugar el balón.

Y así fue. Con el tiempo vencido, Massa se inventó una falta de Valverde sobre Aursnes que sólo existió en su imaginación y la cosa acabó de la peor forma posible. El propio Aursnes botó la falta colgando el balón sobre el área donde apareció Trubin, que había subido a rematar a la desesperada.

El meta ucraniano conectó un formidable testarazo que se coló en la meta de Courtois de forma inapelable, desatando la euforia en las gradas del coliseo lisboeta que, gracias a ese gol, se metía contra todo pronóstico en el play-off de dieciseisavos, como 24º clasificado.


Ficha técnica del partido

Benfica: Trubin; Dedic, Otamendi, Araújo, Dahl; Barreiro, Aursnes; Prestianni (Rego, ’87), Schjelderup (Silva, ’93), Sudakov (Barrenechea, ’83); y Pavlidis (Ivanovic, ’93).

Real Madrid: Courtois; Fede Valverde, Asencio, Huijsen (Alaba, ’77), Carreras (Brahim, ’79); Tchouameni (Camavinga, ’55), Güler (Cestero, ’77), Bellingham; Mastantuono (Rodrygo, ’55), Mbappé y Vinicius.

Arbitro: Davide Massa (ITA). Por el Benfica amonestó a Barreiro y Dahl, mientras que por el Real Madrid expulsó a Asencio por doble amarilla y con roja directa a Rodrygo. Además, vieron amarilla Tchouameni, Huijsen y Carreras.

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