¡….y parió un ratón!

Pep Guardiola

Y llegó el gran día, los gurús salivando y excitados se apostaban frente a la televisión para acceder a un mundo de sensaciones futboleras desconocidas hasta entonces, su Barcelona, el de los Valors, la Cantera y el Estilo se enfrentaba al reinventor del fútbol, Guardiola. Barça-City, ahí es nada, un duelo en la cumbre por el bello arte de la posesión, fútbol moderno, cool, de lo mejor.

Poco importaba que el City, con una plantilla muy semejante, fuese catalogado, cuando jugó las semifinales de la Copa de Europa con el Real Madrid hacía apenas seis meses, como una banda de jugadores de regional (y con problemas para mantener la categoría) sin remedio. Ahora estaba Pep, la filosofía, la cultura y el buen gusto, todo del tirón, se había impuesto en seis meses.

El guión que tenían en la cabeza los filósofos de baratillo que se arrastran en radios, televisiones e internet era este:

  1. Partido lleno de variantes técnico/tácticas propias de cabezas geniales y superdotadas (Guardiola y su alumno Luis Enrique)
  2. Una lucha encarnizada y apasionante por el control del balón
  3. Un resultado ajustado, ganando el Barcelona porque todavía les pueden mas los colores que los amigos, que les dejara a todos contentos y felices.
  4. Una demostración visible al mundo de la superioridad de la filosofía futbolera Barcelo-guardiolesca que les permitiera seguir insultando, por trogloditas y analfabetos, a los aún renuentes a la nueva fe del balompié moderno.

Y lo que ocurrió, desgraciadamente para ellos, fue lo siguiente:

  1. Partido infumable de principio a fin, duelo de jugar a nada y de aburrir a todos.
  2. Decisiones tácticas de Guardiola propias de un principiante al que el cargo le viene grande y al que encima los injustificados elogios se le han subido a la cabeza.
  3. Encuentro resuelto por Messi, prácticamente en solitario, demostrando que si en el banquillo del Barcelona en lugar de un entrenador se pusiese una muñeca hinchable daría exactamente igual.
  4. El juego tiki-taka quedó por los suelos, Guardiola quedó al nivel del betún y Messi demostró que sin él lo uno y el otro estarían en el basurero de la historia del fútbol.

Así que, ahora, los «intelectuales del fútbol moderno» andan de capa caída, están pergeñando continúas y patéticas explicaciones que exculpen a su amado Pep del ridículo del miércoles y no les sale bien. Pasó el «mejor partido del mundo» y… parió un ratón.

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